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Compañeros y compañeras:
Ante todo felicito a
quienes a partir de este
momento integran la
Comisión Electoral
Nacional. Próximamente,
según los términos de la
Ley, se conformarán las
Comisiones provinciales
y municipales
correspondientes.
Sus miembros a todos los
niveles deberán cumplir
una misión cuya
importancia quisiera que
me permitan subrayar en
pocas palabras. Lo
primero que quiero
pedirles es que no la
vean como una tarea más.
Todo el proceso
conducente a las
elecciones de los
delegados de
circunscripción y las
elecciones mismas, tiene
que llevarse a cabo con
el rigor, la
sistematicidad y el
espíritu crítico y
creador a que nos ha
convocado el compañero
Presidente del Consejo
de estado. Ese estilo
debe guiar la conducta
de los revolucionarios
en todo momento y
especialmente en
actividades de
importancia decisiva
para el fortalecimiento
de nuestra
institucionalidad al que
no cesa de llamarnos el
compañero Raúl.
Corresponde a esta
Comisión Nacional velar
porque los principios y
normas de nuestro
sistema electoral sean
aplicados
consecuentemente en todo
el país. Ese sistema, no
nos cansemos de
recordarlo, es una de
las principales
conquistas de la
Revolución, a la que
jamás renunciaremos y
por el contrario debemos
empeñarnos en su
constante
perfeccionamiento.
El ejercicio cabal,
libre y conciente, de
sus derechos por parte
de todos los electores,
y su participación
voluntaria y entusiasta
en las votaciones de
abril y mayo harán que
estas sean como todas
las realizadas desde la
creación de los órganos
del Poder Popular, una
celebración de verdadera
democracia, algo que
jamás conocieron los
cubanos en la República
anterior a 1959 y que
sigue siendo un sueño
para miles de millones
de personas en todo el
mundo.
Porque, no lo olvidemos
nunca, la democracia es
víctima principal de la
dictadura que impone el
capitalismo globalizado.
Quien lo dude que mire a
Copenhague y su grotesca
farsa.
Fortalecer la
institucionalidad
significa perfeccionar
la democracia y ello
quiere decir
perfeccionar nuestro
socialismo.
En términos concretos se
trata de elevar a planos
superiores la
participación popular.
En Cuba, lo sabemos, los
ciudadanos elegirán el
próximo abril mediante
el voto, libre y secreto
al candidato de su
preferencia entre los
que antes fueron
postulados y
seleccionados como
candidatos directamente
por los propios
electores. Aquí no se
trata, como en otros
lugares, de un momento
excepcional en que se le
permite a una fracción
de los ciudadanos
seleccionar
aparentemente entre
candidatos muchas veces
desconocidos, cuya
presencia en las boletas
fue decidida por
maquinarias ajenas al
pueblo.
Entre nosotros no se
trata de un día de
elecciones sino de un
proceso que se inicia
cuando los electores
comprueban la veracidad
y exactitud de los
registros electorales,
proponen a quien quieran
como candidato, después
votan libremente por el
candidato que prefieran,
y finalmente verifican
el conteo de los votos y
sus resultados en cada
colegio electoral. Cada
uno de esos pasos es
importante y ofrece
espacio al
perfeccionamiento y para
que en cada uno se
manifieste del modo más
auténtico, el papel
protagónico, conciente,
sincero, de los
ciudadanos y las
ciudadanas.
Debemos empeñarnos
porque cada reunión de
nominación de candidatos
sea ejemplo de verdadera
participación ciudadana,
a las que todos se
incorporen activamente
para producir una
reflexión colectiva,
profunda, en la que
surjan las mejores
propuestas. Nada de
encuentros rutinarios,
para salir del paso
cumpliendo un trámite
formal, sino ejercicio
genuino de democracia
directa. Solo así
formaremos asambleas
verdaderamente
representativas de la
voluntad popular, que
aspiramos reflejen
adecuadamente a nuestra
población en cuanto a
género y diversidad
étnica, con delegados y
delegadas cuya autoridad
se verá acrecentada en
la misma medida que
surjan de un
protagonismo efectivo de
masas de electores
conscientes.
El delegado o la
delegada deberán ser
ante todo personas
capaces de guiar a sus
electores y promover la
iniciativa y el control
popular. No son ni
pueden ser
administradores ni
funcionarios
burocráticos. Son
dirigentes políticos que
cumplen la honrosa
misión de conducir la
lucha de su pueblo para
defender y mejorar una
obra revolucionaria que
resiste el asedio y la
agresión, hoy como
durante medio siglo. La
batalla por nuestra
economía, por garantizar
el ahorro y el uso
racional de los
recursos, por mejorar la
calidad y la eficiencia
de los servicios, por
erradicar toda
manifestación de
corrupción e indolencia,
es una batalla que sólo
se gana con los
trabajadores y con la
acción colectiva del
pueblo, es una batalla
que tenemos que librar
consecuentemente en cada
centro laboral y en cada
barrio.
Los felicito porque a
Ustedes corresponde una
responsabilidad que
confío sabrán asumir en
esta lucha que sólo debe
culminar con la
victoria.
PALABRAS DE RICARDO
ALARCÓN DE QUESADA,
PRESIDENTE DE LA
ASAMBLEA NACIONAL DEL
PODER POPULAR EN EL ACTO
DE CONSTITUCIÓN DE LA
COMISIÓN ELECTORAL
NACIONAL, MEMORIAL JOSE
MARTÍ, 6 DE ENERO DE
2010. |