|
Termino bien el año. La pausa la
quisiera en otro lugar; me desvelo
soñando con un cambio en el almanaque o
con la utopía de que Navidad y otros
festejos fueran asunto de mayo o junio.
Pero bastante me presionan mis sueños de
estrenos teatrales para gastar en ellos
estas líneas.
Ando, con Tania, por Pamplona. Estuve en
la puerta del hotel La Perla, donde
durmió Hemingway en los días en que
concebía su primera novela, que en Cuba
leímos con el sucinto título de
Fiesta, pero que ha recibido
diferente santo y seña en otras
latitudes o circunstancias. Me paro en
medio de la plaza y “le pinto monos”,
“le hago gracias” a mis acompañantes.
Pero hay algo de serio en lo que
improviso ante el lente de mi cuñada y
anfitriona. Cuando compré el libro de
ediciones Huracán, feíto pero masivo;
cercano a desencuadernarse pero
entrañable, andaba lejos de imaginar que
podría llegarme hasta los sitios en que
el narrador norteamericano ubicó sus
andanzas juveniles.
Pamplona es verde, amplia, con lugares
históricos y una esmerada conservación
de su casco antiguo. Lo comento con
Patxi, el único “nativo” de la breve
expedición, nuestro guía hasta un
hermoso convento medieval que vio nacer
el Reino de Navarra. En la mesa lo
obligamos casi a que nos enseñe los
cantos, de guerra deportiva, de Osasuna,
el centenario equipo de fútbol de
Pamplona.
Y entran otros países en la jornada. Nos
vamos al cine y vemos El secreto de
sus ojos, salimos hablando un poco
de Argentina, de Darín, de buenas
actuaciones y pasamos a La Habana y su
Festival de Cine.
Si en Tamarindo —como he recordado, en
un rincón de la tienda de ropa donde
novelas y ropa interior femenina
coexistían entre el disparate y la
coherencia— me hice con la novela que
más fama ha dado a Pamplona, aquí en la
capital de Navarra, me mudo a México de
la mano de Carlos Fuentes. Recorro el
siglo XX con su Laura Díaz, voto desde
mi insignificancia de lector de fila por
el Nobel para Fuentes. Solo suelto el
libro para asomarme a varios periódicos
navarros. Sigo en Cuba. En Urkiola, un
apellido de larga estirpe en la zona,
creo descubrir el antecedente del de uno
que entre nosotros usa un gran Segunda
Base de la pelota. Se lo comento a Patxi
que — gran noticia de este festejo
obligatorio— sabe algo de la maravilla
de defender esa posición del campo.
Pamplona es verde. Carlos Fuentes narra,
reflexiona, ilumina en nuestro idioma.
Dicen que mañana tendremos arroz congrí,
cerdo y yuca, antes del ritual europeo
de las doce uvas como cierre de año. No
está mal. Es como para seguir con esto
de La Crónica en el 2010 que se nos
viene encima, a la manera de las páginas
sueltas, de aquel Huracán de las
lecturas de adolescencia. |