Año VIII
La Habana
del 9 al 15 de ENERO
de 2010

SECCIONES

Página principal Enlaces Favoritos Enviar correo Suscripción RSS

EL GRAN ZOO

PUEBLO MOCHO

NOTAS AL FASCISMO

LA OPINIÓN

APRENDE

LA CRÓNICA

EN PROSCENIO

LA BUTACA

LETRA Y SOLFA

LA MIRADA

MEMORIA

LA OTRA CUERDA

FUENTE VIVA

REBELDES.CU

LA GALERÍA

EL CUENTO

POESÍA

EL LIBRO

EPÍSTOLAS ESPINELAS

EL PASQUÍN

EN FOCO

POR E-MAIL

ENREDOS

¿DÓNDE QUIERES QUE
TE PONGA EL PLATO?

 

Carta de Alejo Carpentier a su madre, Lina Valmont

 

                                                                                                                       París, 4 de septiembre[1]

Toutouche, Toutouche,

Son tantos los acontecimientos ocurridos desde mi última carta, que casi me asusta comenzar esta carta. Apenas llegué a Madrid, estalló como una bomba lo de Cuba. Y fue ese precisamente el momento en que más temí escribirte, sin saber realmente cuáles eran los aspectos de la situación. Tú te puedes imaginar, durante aquellos días tormentosos, cuáles no serían las noticias contradictorias publicadas por los periódicos europeos. Algunos llegaron hasta a decir que todo el levantamiento de los militares era una combinación del animal “para terminar honorablemente”. Otros, que el nuevo gobierno no era sino una prolongación del otro y que estaban ametrallando al pueblo en las calles, como antes, etc., etc. Sobre sesenta cables, veo ahora que apenas diez encerraban noticias verdaderas. Y era necesario para mí (verás por qué), saber la verdad antes de escribirte. Tu carta escrita después de la caída del régimen ha venido a darme precisiones interesantísimas. Y ya enterado, puedo decirte cosas que ignoras.

Yo era, desde hace dos años, el jefe de propaganda del A.B.C.[2] en París. En Cuba casi nadie lo sabía, desde luego, ya sabes que una de las características de la agrupación era el secreto completo y que en una célula cualquiera ignoraban quiénes formaban la otra. Yo era designado por las letras A.O. B.5. Casi todos los artículos publicados bajo firmas de franceses contra Machado salieron de mi casa. Yo nunca firmaba, claro está, porque hubiera sido muy poco hábil ponerse en evidencia ante la Legación de Cuba, que estaba llena de apapipios machadistas, y ya habían hecho expulsar a varios cubanos. Pero nuestra célula trabajaba muy seriamente, con junta dos veces por semana, en un local secreto (había que desconfiar de la policía francesa) que teníamos en un hotelito del barrio latino. Siempre a nuestras juntas asistía una de las nuestras: María Teresa Freyre,[3] la sobrina de los Freyre asesinados.[4] En fin, hago dos artículos para Carteles contando las actividades y aventuras del A.B.C. en París, y honrando a los individuos en quienes encontramos apoyo moral y material, para proseguir la campaña.[5] Ya supondrás, por lo tanto, con cuánta alegría te veo entusiasmada con la revolución, ya que yo no he dejado de trabajar para ella, y tú has estado moralmente con el partido[6] que es el mío también. 

Cuando yo te he hablado, hace meses, del exceso de trabajo que tenía y te enumeraba actividades, claro está que no te podía hablar del A.B.C. En todo el tiempo que trabajé para él he tenido una sola y constante preocupación: la de ponerte a salvo de todo peligro. Nadie sabe mejor que yo lo bárbaro que es Machado. Tengo en mi casa un archivo en que he recopilado todos los documentos posibles, cubanos y extranjeros, sobre el animal, sus palabras y sus horrores. Yo mismo he visto, en la cárcel, a un viejo de 70 años que estaba arrestado porque no habían podido detener a su hijo. Y yo sabía que si el animal quería hacerme volver a Cuba, para entregarme a su policía, no tenía sino un sistema muy fácil: con detenerte a ti, me habría tenido en La Habana diez días más tarde… Por ello, al principio de llegar a París, rehusé siempre tomar la palabra en meetings y ponerme de manifiesto. Pero el A.B.C. traía un plan de acción secreta, que me permitía desarrollar el maximum de actividad, en la sombra… Y claro está que después de tomar tantas precauciones, no iba a cometer la imprudencia de hablarte del A.B.C. en una carta, para que esa carta cayera en manos de alguien y se descubriera todo.

Cuando me sorprendieron en Madrid las noticias de la revolución, no me asusté en lo que se refiere a ti. Me acordaba de los tiempos de Bakú, con revolución y bombas, durante los cuales vivías con la mayor sangre fría. Además, en toda revolución, los únicos que corren verdadero peligro son aquellos que salen a la calle. Y yo suponía que no harías semejante imprudencia. Temí, en cambio, la escasez de víveres, la falta de pan, etc., etc. Pero tu carta me viene a indicar que no has padecido demasiado a ese respecto.

La caída de este gobierno trae consigo, creo, capitales consecuencias para nuestra vida. Ahora sí decido ir positivamente a Cuba, en noviembre o diciembre, para volver a tomar contacto con las realidades ambientes. Es posible que en la Transatlántica me den el pasaje gratis. Y en ese caso, estaré en La Habana mucho antes de lo que tú misma te figuras. Es este un momento en que sería una locura permanecer alejado de Cuba. Aunque sea por dos meses o tres, creo necesario estar presente. Cuando acabe el período del gobierno provisional, llegará la época de campaña efectiva. Y, sin saber aún si tomaré parte en ella, quiero ver la orientación que toman los acontecimientos. No lo digas a nadie todavía, porque no quiero que se imaginen que esta decisión obedece a un criterio oportunista. Pero en este momento de reconstrucción y de barrer con los viejos vicios, la presencia de los jóvenes se hace necesaria… Además, no soy yo solo el que quiere ir a Cuba ahora, sino que el jefe de la célula del A.B.C. en París quiere contar absolutamente conmigo para una campaña que él piensa iniciar en Cuba. Tratar, no compromete a nada… Además, necesito absolutamente revolver los archivos de La Habana para poder terminar mi segunda novela —El castillo de Campana-Salomón— que comienza en La Habana en 1910 y termina, precisamente con la caída de Machado.

Dime lo que piensas de este proyecto. A mí me entusiasma la idea del salto a Cuba, sobre todo ahora, ya que mi libro ha quedado en prensa en Madrid y saldrá antes del invierno.

[…]


Notas:

[1]
Fragmento de carta de Carpentier a su madre, Lina Valmont, a quien se dirigía con el apodo de Toutouche. Forma parte del epistolario que se publicará próximamente con el título Cartas a Toutouche.
[2] Se refiere a la organización antimachadista clandestina de estructura celular que funcionó entre 1931 y 1933, y en la que participaban numerosos intelectuales cubanos; Jorge Mañach y Francisco Ichazo, entre otros, estaban responsabilizados con la propaganda.
[3] María Teresa Freyre de Andrade (1896-1975), destacada intelectual cubana; directora de la Biblioteca nacional a partir de 1959.
[4] Los grupos de acción del ABC, en coordinación con los grupos armados del Directorio Estudiantil Universitario (DEU) ajusticiaron al senador machadista Clemente Vázquez Bello y, en represalia, los órganos represivos del dictador asesinaron en septiembre de 1932 a los hermanos Gonzalo, Leopoldo y Guillermo Freyre de Andrade.
[5] Los artículos a que se refiere son «Homenaje a nuestros amigos de París», publicado en Carteles el 24 de diciembre de 1933 y «La revolución de Cuba y el público europeo», publicado en Carteles el 18 de febrero de 1934.
[6] Aquí se refiere a la estructura política pública del ABC, creada para participar en la llamada «Mediación» en abril de 1933 y que existió hasta la década de 1940.

 

ARRIBA

Página principal Enlaces Favoritos Enviar correo Suscripción RSS
.

© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2010.
IE-Firefox, 800x600