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Amigos todos de Miguel
Barnet y de Roberto
Fabelo:
Por misterioso azar,
este 28 de enero, fecha
muy especial para los
habitantes de esta Isla
en la que celebramos el
nacimiento del más
universal de los
cubanos: José Martí, dos
grandes de la cultura
nacional, que hoy nos
honran con su presencia:
Miguel Barnet y Roberto
Fabelo, festejan
aniversarios de vida.
Razón suficiente para
que amigos de todas las
generaciones nos
reunamos para agradecer
por sus existencias. Sin
embargo, como todos
saben, este sencillo
encuentro es ocasión
para entregar el Premio
Maestro de Juventudes,
el mayor reconocimiento
que los jóvenes artistas
y escritores cubanos
conceden por la obra de
la vida a quienes son
paradigma indiscutible
por su legado.
Maestros han sido y son,
aunque no se detengan a
pensarlo. Maestros son,
porque, para quienes
hemos tenido el
privilegio de convivir
con ellos desde
generaciones
posteriores, reconocemos
en sus vidas y obras,
además de indiscutible
inspiración para las
nuestras, a esos modelos
de artistas
comprometidos con su
tiempo y con su país.
Pintor, dibujante e
ilustrador Roberto
Fabelo, realizó sus
estudios en la Escuela
Nacional de Arte y en el
Instituto Superior de
Arte (ISA). Impartió
clases en tres niveles
de enseñanzas. Con más
de un centenar de
exposiciones personales
y colectivas, ha
recibido por su
destacada trayectoria
artística la Orden por
la Cultura Nacional y la
Medalla Alejo
Carpentier, que otorga
el Consejo de Estado, y
su obra hoy integra los
fondos de colecciones en
más de una veintena de
países.
Artista de fina
sensibilidad, se ha
definido a sí mismo como
“…un mirón y un
indagador de las gentes.
En sus rostros está todo
el escenario de sus
historias... Siempre los
estoy observando,
—ha
dicho—.
Lo hago con la misma
pasión y curiosidad con
que miro a la fascinante
variedad de plantas,
animales y cosas que
pueblan este raro
mundo”.
Escritor, etnólogo y
poeta, Miguel Barnet es
uno de los autores
cubanos
más publicados dentro y
fuera de la Isla.
Bastaría solo mencionar
Biografía de un
cimarrón para dar
idea de la magnitud de
su aporte literario y
antropológico a la
cultura nacional. Ha
recibido numerosas
distinciones en Cuba y
en el extranjero, entre
las cuales se destacan
la Distinción por la
Cultura Nacional, la
Medalla Alejo Carpentier
y la más alta distinción
de la cultura cubana: la
Orden Félix Varela de
Primer Grado.
En 1994 obtuvo el Premio
Nacional de Literatura.
Desde muy joven estuvo
vinculado a importantes
figuras de nuestra
cultura entre las que se
destacan Alejo
Carpentier, Nicolás
Guillén y
Fernando Ortiz.
Precisamente para honrar
la obra de este último
creó a comienzos de los
90 la Fundación que
lleva su nombre y de la
cual es presidente.
Al referirse a su propia
creación, Barnet ha
dicho: “…estoy
totalmente convencido…
de que todos los
personajes que yo he
creado, son la llamada
gente sin historia. Les
di un protagonismo que
ya tenían, pero que
estaba oculto, aunque no
en la oscuridad, porque
ellos siempre tuvieron
su luz. Los japoneses
dicen que en la
oscuridad está la luz,
lo que hay que descubrir
es dónde está esa luz, y
yo llegué, quizá con mi
brújula y una lupa, a
descubrir ese rayito de
luz y quise otorgárselo
a la historia social de
mi país. Ese es el
único, pequeño y modesto
aporte que he hecho a la
antropología, a la
literatura y a la
cultura de este
continente”.
Especial significación
tiene que este acto lo
hagamos en la sede de la
Unión de Escritores y
Artistas de Cuba,
organización de la que
ambos han formado parte
activa. Fabelo, que
hasta hace muy poco se
desempeñó como su
vicepresidente, es hoy
miembro del Consejo
Nacional. Barnet,
fundador y
vicepresidente por
muchos años, hoy es su
actual presidente.
Poéticas
extraordinariamente
sólidas, sustentadas en
los más altos valores
éticos de nuestra
nación, ofrecen estos
dos hombres a las nuevas
y futuras generaciones.
Es su quehacer un muy
peculiar testimonio de
lo que somos y aspiramos
a ser en esta Isla
revolucionaria,
insurgente y siempre
emancipada de la que
pintan
“el
fondo retador”.
Miguel, Fabelo:
Quizá este no será el
Premio más importante
que han recibido y
recibirán a lo largo de
su creativa y riquísima
existencia como hombres
de la cultura. De hecho,
no lo es. Sin embargo,
quisiéramos que tomaran
este reconocimiento de
la organización de los
jóvenes escritores y
artistas cubanos, como
testimonio del profundo
respeto y admiración que
sentimos por ustedes. Al
reconocernos nos
honramos.
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