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A mí me gusta
mucho, Carola,
el son de altura, con sabrosura,
bailarlo a solas …
“Suavecito” (1930)
Le llamaban el Poeta del Son. Y
al preguntarle en una entrevista
sobre su mejor recuerdo, dijo:
“Lo guardo de cuando en los
barrios trabajaba por amor al
arte”.
Dicen que de esos días, de su
época de carretonero, le viene
lo de Piñeiro, cuando junto con
su hermano Prudencio, acarreaba
las mercancías desde el puerto
de La Habana hasta la bodega de
un tal Piñeiro, nombre que
acogió para su quehacer
artístico y que ya le había sido
dado por la gente de la
barriada: “Ahí vienen los de
Piñeiro”.
Sin formación musical académica
alguna, se le considera uno de
los músicos más importantes de
la Isla. Incluso el célebre
compositor norteamericano George
Gershwin, de visita en la
capital cubana en 1932, no dudó
en incluir después el tema
ejecutado en la trompeta del son
de Piñeiro “Échale salsita” en
su “Obertura cubana”, la que fue
estrenada en Nueva York por una
orquesta en la que señoreaban
los tambores y el bongó, las
maracas y el güiro.
Compositor de talento y
fecundidad excepcionales,
integran su amplio repertorio
cerca de 300 piezas, que abarcan
géneros tan diversos como la
clave, el guaguangó, y de forma
muy especial, el son, con el que
desarrolló una amplia sucesión
de variantes y le transmitió un
aura poética y la gracia de la
guajira.
Nacido el 21 de mayo de 1888 en
La Habana, hijo del asturiano
Marcelino Rodríguez Sánchez y de
la negra cubana Petrona
Martínez, asimiló desde muy
temprano en el barrio de Pueblo
Nuevo, donde la familia se
avecindó, los toques y cantos de
los cabildos africanos, que
luego incorporó a algunas de sus
obras.
"Desde niño —confesó—aprendí los
trucos y secretos de los negros
africanos, me los enseñaban en
sus cofradías, yo les hacía
mandados y ellos me dejaban
entrar en su mundo. Aquel
ambiente era quizá inquietante,
pero yo me desenvolvía entre
ellos con mucha naturalidad. Era
una esponja captando todo lo que
ellos sabían".
Con estos avales llegó a dirigir
el coro de clave y guaguancó de
Los Roncos de Pueblo Nuevo,
donde era decimista y
compositor. De esa etapa son:
“El Edén de los Roncos”, “El
desengaño”, “Dónde estabas
anoche”, y “Mañana te espero,
niña”.
En 1926 Piñeiro fue uno de los
fundadores, junto con María
Teresa Vera, del Sexteto
Occidente, con el cual realizó
su primera gira a los EE.UU.con
el propósito de grabar un disco.
De regreso en La Habana, en
1927, creó su propio Sexteto
Nacional y un año más tarde, con
la incorporación del
trompetista, el conjunto se
convertía en el Septeto
Nacional, todavía vigente, y uno
de sus aportes más
significativos al acervo musical
cubano.
“A esta importante agrupación
musical consagró —como afirma la
musicóloga Miriam Villa— todo su
potencial creador, sentando los
cimientos del cúmulo de obras
propias de este colectivo. …
‘Esas no son cubanas’, ‘Cuatro
palomas’, ‘No juegues con los
santos’, ‘Alma guajira’ o ‘Mi
son genuino’ y más tarde ‘El
castigador’, ‘El guanajo
relleno’, ‘Échale salsita’,
pueden ser tomados a modo de
ejemplo”.
“Es precisamente este, su
período sonero, en el que con
mayor vuelo artístico se plasmó
su mundo sonoro; es aquí donde
en forma más abierta rompe
esquemas y trasciende los
límites trazados por el son que
le precedió…”
En 1929 el Septeto Nacional de
Piñeiro ganaba la Medalla de Oro
en la Feria Exposición de
Sevilla, España, e introducía en
grande el son cubano en muchas
ciudades hispanas, como en La
Coruña, Santander y Madrid. En
1930 se presentaba en el lujoso
cabaret Sans Soucí, de la alta
aristocracia habanera, y en 1933
actuaba en la feria-Exposición
Un siglo de progreso, celebrada
en Chicago, EE.UU.
Como se sabe, en sus inicios el
son estaba marginado y recluido
en las escuelas de baile y
cabaretuchos de mala muerte. Las
sociedades negras tampoco
querían reconocerlo hasta que
poco a poco fueron aceptando su
valer.
El mérito de haber introducido
el son en los salones más
exclusivos le pertenece, sin
duda alguna, a Ignacio Piñeiro,
quien le confirió un nuevo
estilo y lo vistió de cuello y
corbata.
Grande entre los grandes, él es
uno de los creadores que abrió
el camino de la música cubana de
fundamento. Muchos de los ritmos
surgidos después tienen las
células y la creatividad de
Piñeiro.
El autor de “Suavecito” murió en
La Habana el 12 de marzo de
1969.
Todavía estaba al frente de su
Septeto Nacional. |