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Cuando el 12 de enero
pasado Haití fue azotado
por uno de los peores
desastres naturales de
la historia de América,
todo el orbe puso sus
ojos en la nación
caribeña. La naturaleza
había terminado por
devastar un país
explotado por siglos,
tal vez como precio a la
“insolencia” de haber
sido el primero del
continente en conquistar
su independencia en 1804
y fundar una República
de ex esclavos.
La rebeldía heredada de
aquella Revolución, “la
más compleja de los
tiempos modernos”, se
irradió por el Caribe y
del Río Bravo a la
Patagonia e inspiró los
movimientos
independistas que le
sucedieron en el
continente, desde donde
se le reconocen sus
aportes democráticos,
intelectuales y
culturales.
Un investigador de
Trinidad y Tobago, Cyril
Lionel Robert James,
escribió en el año 1938
un texto clásico de la
literatura caribeña y
universal para
comprender la
trascendencia de aquella
gesta. Los jacobinos
negros, ensayo que
publica por primera vez
en Cuba el fondo
editorial Casa de las
Américas como parte de
la revivida Colección
Nuestros Países, fue
presentado este sábado
en la sala Nicolás
Guillén de la Fortaleza
de San Carlos de La
Cabaña. Varios
intelectuales, entre los
que se encontraban la
investigadora Graciela
Challú, del Centro Don
Fernando Ortiz de la
Universidad de La
Habana; Roberto
Fernández Retamar,
presidente de la Casa de
las Américas; Yolanda
Wood, directora del
Centro de Estudios del
Caribe de la Casa;
Roberto Zurbano,
director de su Fondo
Editorial junto a Jean
Marius Bernard,
consejero cultural de la
embajada de Haití en
Cuba, compartieron
impresiones sobre la
trascendencia del
pensamiento de James en
la construcción de la
identidad cultural
caribeña.
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Si bien la intención de
convertir al Caribe en
un espacio cultural
común ha sido limitada
tanto por el mar que nos
separa, como por las
distancias idiomáticas,
es imposible no sentir
que nuestra cultura es
única y diversa a la
vez. Así lo reafirmó la
investigadora Graciela
Challú, quien aseguró
que la publicación de
este libro funciona como
homenaje desde Cuba y
Trinidad Tobago a la
resistencia del pueblo
haitiano.
Se trata de un estudio
imprescindible en el
camino de encontrar el
disfrute y
aprovechamiento de lo
mejor de la literatura
intelectual escrita en
inglés en el Caribe. La
doctora enfatizó que al
introducirse en sus
páginas, los lectores
experimentarán un gozo
múltiple y peculiar.
James maneja
las fuentes
bibliográficas más
actualizadas de su
tiempo, pero logra un
estilo novelado a través
de la narración y
análisis de los
convulsos hechos
sucedidos en aquellos
años, así como de la
capacidad organizativa
del líder
independentista
Toussaint L´Ouverture.
“La vida de James estuvo
vinculada a las
principales figuras de
su época”, aseguró
Challú, y aunque vivió
mucho tiempo en la
metrópoli inglesa, toda
su vida fue un marxista
convencido, teoría
palpable en su
producción intelectual.
El libro describe los
conflictos sociales,
clasistas y raciales que
movieron a la Revolución
de Haití y desmitifica
la interpretación que
hasta el momento había
divulgado la
historiografía burguesa
sobre el acontecimiento.
Como versa la
contraportada del libro:
“James no solo buscó en
el pasado, también supo
verlo en el presente que
le tocó vivir y en el
futuro que le llegó
después”.
Los jacobinos negros
tienen la intención ―en
las palabras del autor a
la segunda edición― de
mirar al Caribe en
relación con su propia
historia y no con la de
las potencias
colonialistas
occidentales. La edición
cubana incluye además un
epílogo redactado casi
30 años después y
añadido a la segunda
edición
cuyo título: “De
Toussaint L´Ouverture a
Fidel Castro”, explica
por sí mismo el objetivo
que augura el futuro del
Caribe demarcando dos
acontecimientos
fundamentales en su
devenir.
Graciela se refirió
además a las condiciones
contextuales en que se
escribió este texto, en
medio de la Revolución
de los años 30, del
período de entreguerras
donde confluyeron varios
autores que revelaron la
esencia de la
explotación y comenzaron
a formar una conciencia
caribeña. “Los
jacobinos… es la
historia de una
Revolución y de un
revolucionario, escrita
en tiempos de
revolución”, acotó.
Roberto Fernández
Retamar, único de los
presentes que conoció
personalmente al
escritor cuando visitó
Cuba en 1968, explicó
sus relaciones con lo
más avanzado del
pensamiento social y
anticolonial en el
continente, así como su
lucha contra la
discriminación racial.
James fue también
narrador y dramaturgo, y
entre sus libros
principales destacan
World Revolution
1917-1936.
The Rise and fall of
Communist International
(1937), History of
Negro Revolt (1938),
The Class Struggle
(1950), la novela
Minty Alley (1936) y
la obra de teatro
Toussaint L´Overture
(1937).
Los presentadores
elogiaron la traducción
de Rosa López, la
edición de Clara
Hernández y Reinier
Pérez Hernández, así
como el diseño de la
colección, a cargo de
Ricardo Rafael Villares.
La oportunidad de
revisitar la historia
del país caribeño, en
especial su Revolución,
llega en el momento
justo, tal como afirma
el prologuista John
Bracey. El tratamiento
mediático y político
hacia Haití por los
estadounidenses y
europeos “con demasiada
frecuencia expresa su
necesidad de ayudar a un
país desprovisto de todo
tipo de recursos
―políticos,
sociales, económicos y
culturales―
y con toda una historia
de pobreza,
superstición, violencia
y corrupción desde el
momento en que fueron
gestadas sus bases”.
Pensar una
“re-fundación” de Haití
es un argumento usual
por estos días, pero no
será posible si no se
respetan sus sólidas
bases históricas y
culturales. |