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Llega a su fin la 19
Feria Internacional del
Libro, y nuevamente el
público más joven se
sintió a gusto ante la
variedad literaria y
recreativa. Como ya se
hace habitual, la
Editorial Gente Nueva
trajo múltiples y
variadas propuestas.
Casi un centenar de
títulos puso a
disposición del público,
los cuales abarcan
disímiles estilos,
tendencias y géneros
para todos los gustos.
Entre los libros más
seguidos por los niños
estuvieron:
Había una vez,
La Edad de Oro,
El Principito,
y el
Diario de Ana Frank.
También, entre las
novedades de esta Feria:
Constandina y las
telarañas, del
escritor griego Alki Zei;
La muñeca del
alquimista, de la
italiana Bianca Pitzorno
y María Virginia, mi
amor, del cubano
Gumersindo Pacheco. Los
tres, de la Colección
Veintiuno —promotora de
autores contemporáneos—
permitieron un
acercamiento desde una
perspectiva actual al
acontecer literario y a
temas renovadores y
considerados impropios
para el lector infantil
durante mucho tiempo,
como las drogas, la
separación familiar, el
erotismo.
Cuatro seductoras
propuestas trajo la
Colección Ámbar, que se
ha ido consolidando y
promueve la fantasía
como línea estética:
Cuentos maravillosos y
escalofriantes:
selección de cuentos de
horror y suspenso, de
paradigmas del género
(Edgar A. Poe, Hoffman,
Stevenson, Guy de
Maupassant, H.G. Wells);
El reino de
las sombras,
de Robert E. Howard;
El testamento de un
lugar llamado tierra,
del catalán Jordi Sierra
i Fabra, que integra la
trilogía de ciencia
ficción Las Tierras.
No faltaron para los más
pequeños los gustados
minilibros. Muy
demandados resultaron
Un hada y una maga en el
piso de abajo, de
Magali Sánchez; Olor
a canela, de
Lorenzo Luna y Rebeca
Murga; y El sol me da
en la cara, de
Consuelo de los Ángeles.
Para los enamorados, la
Colección Pétalos
regresó con textos
apasionados como:
Cantos de caminos,
de Luis Sánchez Caissés;
La voz en
llamas, poesía
íntima amorosa de Rubén
Martínez Villena y Mirta
Aguirre; y Poemas del
árabe, de Ana Núñez
Machín, sobre el enigma
del amor, la espera, la
tristeza y la esperanza.
Y los aventureros
pudieron disfrutar de
El hijo de Sandokán,
y La sombra del
buitre (Sonya La Roja),
donde una atractiva
muchacha cautiva desde
las primeras páginas por
su habilidad e
intrepidez.
Entre las editoriales
que también trajeron
propuestas estuvo Unión
con Mi cocinaíto,
de Ivette Vian; Un
viento aburrido, de
Ana María Valenzuela; y
El gato y la luna,
de Olga Marta Pérez, del
cual resalta la labor de
ilustración y diseño de
Alejandro Rodríguez
Fornés.
Casa de las Américas,
celebrando el centenario
de Javier Villafañe,
precursor de la difusión
del teatro de títeres en
Argentina, publicó La
calle de los fantasmas y
otras obras de títeres.
La Editora Política,
alejándose de su perfil
habitual, también puso
su granito de arena al
ofertar Nuestras aves,
de Marilina Santa Coloma
y Luis Hidalgo
Fernández. La Casa
Editora Abril llegó esta
vez con libros de
diversos formatos, entre
los que despertó la
atención de los niños
estuvo Arco iris de
ensueño.
Las editoriales
provinciales no quedaron
a la zaga en este
quehacer por la
literatura infanto-juvenil.
La Editorial Oriente
presentó Dopys,
donde Niurki Pérez
García y Rodrick Dixán
recrean un imaginario
pueblo jamaicano; y la
Editorial Cauce, de
Pinar del Río: Alicia
y el mundo de las
maravillas, de Eldys
Baratute, La isla
sorpresa, de Omar
Felipe Mauri y Solo
un humito, de Nersys
Felipe.
El Encuentro teórico
Niños, autores y libros.
Una merienda de locos,
organizado y dirigido
por Gente Nueva, resultó
entre los
acontecimientos más
provechosos relacionado
con la literatura
infanto-juvenil. Durante
el evento se
intercambiaron criterios
y abordaron temas que
favorecen la ruptura de
estereotipos y el
desarrollo de la
literatura infantil,
acorde a los intereses
del niño.
Entre los tópicos más
polémicos estuvieron:
“¿qué literatura para
qué niño?” y “¿qué
ilustración para qué
niño?”. En este último,
destacados ilustradores
como el multipremiado
Arístides Hernández y
Raúl Martínez
intervinieron de manera
fructífera. Trataron las
carencias que aún sufre
la ilustración infantil,
así como elogiaron a
nuevos ilustradores, y
al decir de Ares “En
Gente Nueva ha habido un
trabajo serio desde el
punto de vista del
departamento de diseño,
ha tratado de crear un
diapasón bastante amplio
de maneras diferentes de
hacer y cuenta con gente
muy joven que está
utilizando técnicas y
maneras novedosas”.
A propósito del
centenario del natalicio
de Dora Alonso, se
organizó un panel para
rendirle homenaje.
Asimismo se reeditaron
los clásicos de esta
autora: Aventuras de
Guille y Cuentos
inolvidables, en el
que se incluyó
El caballito enano,
que
llegó, troquelado y con
un nuevo formato, para
agotarse en su
presentación.
De manera paralela, se
mantuvo durante toda la
jornada de la Feria una
exposición con las
ilustraciones de estos
textos, entre las que
sobresalen “El valle de
la pájara pinta”, de
Nelson Ponce; “El
caballito enano”, de
Pilar Fernández; “El
cochero azul”, de Raúl
Martínez; “Tres lechuzas
en un cuento”, de Yusell
Marín; “Los payasos”, de
Ares; y “La flauta de
chocolate”, de Juan
Darién. Tal exposición
se podrá seguir
disfrutando en la Casa
de la Poesía de la
Habana Vieja.
Se dedicó un espacio a
la literatura infantil y
juvenil de Rusia,
Invitado de Honor, en el
que intervinieron
destacados intelectuales
rusos, como Marina
Moskvina, escritora de
literatura
infantil y guionista de
dibujos animados;
Eduardo Uspenski,
creador de libros
infantiles, y Eleonora
Filina,
periodista-pedagoga.
Para acercar a los niños
a sus tradiciones y su
folclor, se proporcionó
Cuentos populares rusos
donde desfilan lobos,
zorros, campesinos,
hechiceros, zares y
zarinas, en atrapantes
historias.
En el ámbito del evento,
devino momento especial
la entrega de los
Premios La Edad de Oro,
que en esta ocasión
alcanzaron: la obra
teatral
Verde que te quiero
verde,
del matancero José
Manuel Espino, quien
obtuvo el premio por
quinta ocasión; el
poemario
Mirarse adentro,
de Alberto Hernández,
que enfoca el tema del
adolescente en la
búsqueda de su
identidad; y la novela
Arnoldo enamorado,
de
Arnaldo Muñoz. Mientras
el Premio de la Crítica
fue concedido a Pablo
en la luna con las
musarañas, de Denia
García Ronda, y Un
gato siberian husky,
de Josefina de Diego.
El Pabellón Infantil
Tesoro de Papel estuvo
de fiesta celebrando,
por todo lo alto, su
décimo aniversario.
Durante los diez días de
Feria, fue uno de los
lugares más concurridos,
y el preferido de los
niños, pues en todo
momento
encontraron
diversión a la vez que
instrucción. En el sitio
de animación Tesoro
Escondido, el Instituto
Nacional de Deporte y
Recreación (INDER)
organizó rifas de
libros, canciones y
juegos tradicionales.
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En el pabellón, que
contó con un excelente
diseño escenográfico que
atrapaba la atención de
los pequeños,
se mantuvieron
articulados, a cargo de
los instructores de arte
de la Brigada José
Martí, tres talleres: el
de Origami —que propició
un acercamiento de los
niños a esta técnica—,
el de Artes Plásticas y
el de El papalote. En
este último, los niños
tuvieron la posibilidad
de conocer la historia
del papalote,
construirlo, empinarlo
durante el Festival del
Papalote, y llevarlo a
casa. El espacio Te
Cuento, de Octavio Pino
y su grupo estuvo
dedicado a las
narraciones rusas.
Todas estas actividades
y el número de libros
presentados reafirmaron
la existencia de una
literatura cubana
destinada a los niños,
que responde a sus
verdaderos intereses y
refleja las tendencias y
maneras creativas. Sigue
siendo inestimable
contar en cada edición
de la Feria con este
espacio para el público
infantil, el cual cada
vez se consolida y
legitima con mayor
fuerza. |