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Marcos Ana

El árbol es la humanidad que le cobija

Liliana Rodríguez y Mabel Machado • La Habana

Fotos: La Jiribilla

 

Marcos Ana (Salamanca, 1920), el poeta español, “el preso de Franco” o “el hombre de la Guerra Civil que sufrió por más años la cárcel”, vive con el propósito de salvar del olvido la historia ejemplar de su tiempo.

A Cuba vino por primera vez en 1962 invitado por Raúl Castro. En aquella ocasión conoció al Che y a Fidel y agradeció los pronunciamientos de la Revolución cubana en pos de su liberación tras más de dos décadas de encierro.

En 2008, como parte de la Feria del Libro, Ana fue otra vez huésped especial de la Isla. En el espacio Encuentro con, presentó la edición española de su volumen biográfico Decidme cómo es un árbol. Memoria de la prisión y la vida. Dos años después, cuando el texto ha tenido siete ediciones, ocho mil ejemplares vendidos, cientos de  presentaciones por el mundo y ha sido versionado en cuatro idiomas, la Editorial Ciencias Sociales entrega el volumen a los lectores cubanos.

La Feria en La Cabaña no solo permitió que se escucharan los fragmentos de “la historia de España que se quiere sepultar” en la voz de Ana, y las líneas del poema que da título al volumen de memorias, ese que “escrito con el alfabeto del horror”, lanza un mensaje a los jóvenes para descifrar los signos del futuro. Ana fue recibido por los cubanos en la figura de Armando Hart, quien destacó las convergencias entre las ideas del escritor español y las de nuestro proceso social, y los valores de estas “memorias sagradas” que “enseñan a vencer obstáculos revolucionariamente”.

Por los hermanos de su generación “que se va despoblando”, por los hombres anónimos que como él lucharon en la Guerra Civil en busca de la libertad, Marcos Ana recibe los homenajes. “La utilidad de la virtud”, el que le ofrece esta vez la Sociedad Cultural José Martí en nombre de todos los martianos de Cuba, lo acepta diciendo que es “uno más” entre aquellos héroes que merecen este reconocimiento tanto como él.

Este autodefinido “chaval de 90 años”, orgulloso y conforme con la vida que lleva; el perseguidor del tiempo que se agota para convertir el mundo en un hogar mejor, concluye la introducción de su libro ante el público con unos versos que describen su “sueño de libertad”.

Después de ser liberado de la prisión seguramente tuvo que redefinir su concepto de libertad. Hoy, cuando ya han pasado tantos años de su excarcelación, ¿qué es la libertad para Ud.?

La libertad, como decía el Quijote, es el bien más preciado del ser humano. Lo que sucede hoy es que está adulterada en muchos lugares. Hay países capitalistas donde se habla de la libertad hasta en la constitución, pero luego esa libertad es hueca. Este concepto debe entender la solución de los problemas de los seres humanos, sobre todo, de la juventud. Está muy ligado a la palabra democracia, que es muy hermosa, pero a veces también se queda vacía.

Mucha gente me pregunta hoy qué ha sido más difícil para mí, la separación de la familia, la pena de muerte, la tortura o los 23 años de cárcel. Siempre respondo que lo más inesperado y lo más difícil ha sido adaptarme a la libertad. En la cárcel sabía vivir, me había acostumbrado, era una piedra más de la prisión, pero nacer después de los 40 años es algo muy serio, además de que físicamente tampoco estaba muy preparado para la luz. Ese ha sido el proceso más difícil, más que soportar la cárcel. Salir a la realidad con más de 40 años fue descubrir una vez más, a tientas, la vida. 

La imaginación lo salvó, en cierta medida, de los sufrimientos del encierro y la tortura. ¿Por dónde anda la imaginación de Marcos Ana hoy?

La imaginación es imprescindible en los seres humanos. En los tiempos de la cárcel me sirvió para reconstruir mi universo y pensar en cómo sería mi regreso a la realidad luego de la tortura. Mientras sufría aquellas vejaciones, tenía la mente en mis compañeros, quienes tal vez creyeron que  no podría resistir, e intentaba figurarme el reencuentro con ellos. Si volvía vencido, tendría que vivir como un muñeco sin resorte, tirado en un rincón del patio sin poder mirarlos a los ojos; aquello hubiese sido muy difícil para mí. Sin embargo, siempre volví sin rendirme ante el enemigo. El ser humano siempre busca la solución más fácil para enfrentar las situaciones límites. Lo más fácil para mí fue dejar que me hicieran pedazos, y tener la convicción de que volvería íntegro desde el punto de vista moral, por lo que la imaginación en este sentido fue muy importante.

Ahora sirve para muchas cosas, es una buena compañera. Siempre hay que tener la capacidad de sorprender y sorprenderse, y la capacidad de soñar, aunque sea con los ojos abiertos, no para perder el rumbo. Poder imaginar, soñar y crear permite pisar firmemente la tierra.

En una entrevista dijo que por mucho tiempo vivió entre los abrazos de sus amigos. Al llegar de nuevo a esta tierra,  ¿cómo recibe el abrazo de Cuba?

Ahora vivo entre los abrazos y el cariño de la gente, y eso me inquieta un poco, porque pienso en los compañeros que sufrieron lo que yo, que no tienen rostro porque nadie les conoce. A veces me resulta incómodo ir de un homenaje a otro y recoger tantos premios; eso me hace pensar en aquellos seres oscuros, en esos hombres y mujeres sin los cuales no se hubiera logrado nada, no habría funcionado el engranaje de nuestra lucha.

Me reconforta lo que Saramago dice en el prólogo de mi libro de memorias: “Marcos Ana en lugar de complacerse ante el espejo, lo  rompe en mil pedazos para que en cada fragmento se vea el rostro y el sacrificio de sus compañeros”. Ese es mi deseo, que a través de mí se le haga el homenaje a la que llaman generación de los vencidos, que no ha dejado de luchar por la libertad perdida.

Venir a Cuba es siempre una satisfacción, este país es como mi segunda patria. Recuerdo que después de mi primera visita a esta maravillosa Isla, me preguntaron en algún país que visité, mi opinión sobre Cuba y dije —tal vez de un modo muy radical—: “es más fácil morir por Cuba que vivir lejos de ella”. Así lo sentía en aquel momento, y lo sigo sintiendo, porque por una Revolución como esta se muere. La libertad de un pueblo merece el sacrificio de la vida.

¿Cómo ha concebido la presentación de esta nueva edición de su libro bajo el sello de una editorial cubana, en el último día de este evento tan importante de la literatura y la cultura de este país?

Soñando e imaginando como he hecho antes. Cuando veo esta hornada de jóvenes que llegan a la Feria, con ansias de leer, pensé que sería muy gratificante que esos mismos jóvenes leyeran mi libro. Este texto está dedicado en gran medida a la juventud, porque en las sociedades capitalistas y en la propia España, la juventud no conoce la historia de sus países. Los jóvenes españoles no saben que hubo una Guerra Civil impuesta por las fuerzas reaccionarias, que Franco mantuvo a los hombres por años en las cárceles.

En el año del centenario del poeta de Orihuela, algunas instituciones cubanas y españolas le han rendido tributo. ¿Qué significa para usted el nombre de Miguel Hernández?

Miguel y yo nos conocimos en la guerra, y después coincidimos en la cárcel del Conde de Toreno. Más adelante nuestros caminos se separaron, hasta que unos años después, el poeta murió. Miguel era, como decía Pablo Neruda, “el fuego azul de la poesía”. Lamentablemente murió muy joven, cuando su voz nacía, pero hoy es un poeta fundamental y para afirmarlo, basta mirar lo que hizo en su vida.

En España conmemoramos su centenario, lo cual tiene una significación especial para mí porque en 1960, cuando estaba en la cárcel, celebramos allí el 50 aniversario de su natalicio. Recuerdo que lo hicimos en la incierta protección de la noche: montamos un escenario, representamos la obra, y fue maravilloso. De aquel homenaje hicimos un libro que recoge cada una de las actividades de aquel día. Cuando salí en libertad, recuerdo que saqué los manuscritos que contenían una pequeña letra, casi ilegible que perpetuaba el homenaje de Burgos.

La obra de teatro Sino sangriento se ha presentado ya en algunos teatros en España como una de las actividades por el centenario de Miguel. Esto nos puede servir para que de una vez por todas se anulen todas las condenas dictadas contra los demócratas españoles; porque aunque en Alemania, Italia y Portugal, al terminar la guerra, quedaron anulados todos los procesos que habían comenzado contra los antifascistas, en España todavía no lo hemos conseguido. Hay un movimiento enorme para lograr que la figura y la memoria de Miguel Hernández sea rehabilitada, para que se cancelen los hechos por los que fue condenado, y que eso se haga extensivo a todos los ex presos, a todos los hombres y mujeres que fueron juzgados por los tribunales franquistas ilegales.

Miguel Hernández fue una persona entrañable, su obra es meritoria y hay que vincularla a las luchas que mantenemos en España por completar la transición. En nuestro país hay muchas cosas que faltan todavía por resolver, que en 20 años de democracia no hemos logrado. Una de ellas es que debemos hablar cada vez más con los jóvenes.

Los jóvenes y el mensaje de Ana para el futuro

Por ello, para que mis apuntes biográficos tributen a la construcción de la memoria histórica, he intentado hacer un libro muy sencillo de leer, a modo de novela. Hay escenas hermosísimas en él, muy humanas, para que se haga más cercano a la gente. Cuando me encontraba con un adjetivo que para mí tenía un significado, pero que no era del dominio común, iba al diccionario  en busca de un término más popular —al contrario de lo que hacía mi amigo Augusto Roa Bastos—. No pretendía hacer un ejercicio literario, buscaba llegar a todos, a través de las historias más tristes, las más bellas y también las más sorprendentes.

Mi libertad, este libro, mis luchas recientes están dedicados a los jóvenes. El futuro pertenece a ellos, que son los que pueden escribirlo. Si quienes tenemos experiencia somos capaces de articular un lenguaje que llegue a los jóvenes, estaremos dando un paso fundamental. Hay que aprender a ver cómo piensa la juventud y conseguir que haya una simbiosis entre el discurso de los más experimentados y los encargados del futuro. No se trata de enseñarles a levantar carteles y consignas, sino de hablar mucho con ellos, pensar como piensan y querer lo que quieren. Mucha gente joven, sin saberlo, está esperando que les llegue un mensaje.

 

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La Habana, Cuba. 2010.
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