Año VIII
La Habana
del 27 de FEBRERO
al 5 de MARZO
de 2010

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FORMATO ROTO, DE DIANA BALBOA

Algunas herramientas musicantes

Sigfredo Ariel • La Habana

Fotos:  La Jiribillla

 

 

Lo que no servirá para ser percutido, servirá para ser pulsado o animado por un soplo. Lo que no aproveche al ritmo, cantará la melodía. En la imaginación, ese adentro raro, o en el mundo más o menos restringido de nuestras posibilidades auditivas, todo puede ponerse a sonar en este mismo instante. Cuanto objeto haya sido creado en este mundo podrá conocer su interpretación y re-formulación a través de la música. Rastros de madera, tela, papel, plástico o metal se integrarán en una misma canción sin época. Diana Balboa, con su orquesta de inconcebible formato, hace posible tal prodigio.

Se le atribuye a Shakespeare una frase que dice más o menos: “desconfiad de todo aquel que no ame la música”. Y tal certidumbre parece recorrer esta colección de piezas, pintadas, grabadas, esculpidas o edificadas, sin detenerse en la nimiedad de naturalezas, disciplinas u oficios: Diana Balboa-pintora-grabadora-luthier no  reconoce más frontera que la del sueño. Desde hace tiempo viene aproximándose al arcano de la música, uno de los más inextricables misterios que existen, porque es sustancia que entra y sale del espíritu libre, sobre el cual, por suerte, no hay nada escrito.

Ha producido cientos de grabados su serie litográfica Gracias por la música data del primer año de este siglo, de alabanza a cantantes e instrumentistas, de su voluntad por hacer público (y notorio) el goce de concebirse en medio de una lengua luminosa, la de la música, hermana de la poesía, de la que en remotos tiempos, por desgracia, comenzó a desentenderse.

"Miradas 2"

Diana nos hace comprender ahora la poesía del ángulo, de la curva, del gesto del cuerpo material que sirve para interpretar o acompañar la voz; ilumina la historia o la alusión-ilusión del objeto arrinconado (sea arpa veracruzana, sea caja de botellas, tecla, bastidor, cuerda o moldura), atribuyéndoles nueva, jubilosa función, concediéndoles la oportunidad de volver a existir, de volver a ser, paralizando el curso de la desintegración a la que parecían condenados sin remedio.

En lienzos y dibujos estuvieron también, primero, avíos musicantes, desarticulados, más sospechados que sugeridos, en ocasiones, tañidos por unos seres de fábula de conjetura medio cubista, uno de los idiomas figurativos que su expresión a menudo prefiere: en el interior de una ojiva toca aquí un trío fantasmagórico no se sabe qué nostalgia… En una tela otros personajes soplan imposibles caramillos...

“Arpa de troncos vivos” llamó Lorca a Cuba. No es casual que uno de los trabajos de esta muestra se titule así, pues entre las músicas que rodean a Diana, en centro primordial, está la múltiple sonoridad nuestra, y porque como buena cubana, no concibe la realidad y la irrealidad sin música.


"Arpa de troncos vivos"

Por eso el respaldo de una silla se convierte en signo guitarrero, un piano salta enloquecido, una bandeja se aproxima a un banjo. De superficies planas escapan hasta lograr corporeidad fragmentos y elementos disímiles: una brújula, un reloj, una trompeta de juguete… formación orquestal en la que cada uno de los instrumentos hace un solo, o narra una singular melodía, lírica o burlona, bailable o cantábile: basta con detenernos frente a cada una de las piezas para escucharlas.

Acrílico sobre lienzo, grabado, instalación, ensamblaje, mixtura sin discriminación, donde todo se integra y a la vez se desarticula en este concierto de una orquesta sin contorno que podrá crecer seguir creciendo hasta el infinito. Basta para ello que Diana Balboa continúe poniendo en la música su laboriosidad madura, su arte jovial, su confianza toda.

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2010.
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