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Por las “ventanas
abiertas” de la 9na.
Muestra de Nuevos
Realizadores llegan los
vientos de Francia. Los
espectadores y creadores
jóvenes de Cuba pueden
confrontar realidades,
temáticas y modos de
hacer a partir de la
exhibición de filmes de
otras latitudes, que han
participado, entre otras
competiciones, en el
Festival de Cortometraje
Clermont-Ferrand del
país europeo. Laurent
Crouzeix, uno de sus
organizadores del evento
desde 1995, viene a la
Isla acompañando una
selección de trabajos
que concursaron en la
edición 2009 del
certamen.
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El representante de esta
cita, de consolidado
prestigio, tras más de
tres décadas de
convocatorias, habla con
admiración de la
Muestra, al considerarla
“una oportunidad única
para descubrir
materiales audiovisuales
de ficción, animados y
género documental,
realizados por cubanos”.
Para Crouzeix la cita de
nuevos realizadores en
La Habana es una fuente
de contrastes: “en
Europa no es frecuente
ver este tipo de
producción, que muestra
una imagen de Cuba muy
diferente a la que se
crea para el extranjero.
Para nosotros es muy
importante esta mirada
en la imaginación, las
ficciones y las
realidades del país
desde el punto de vista
del creador joven”.
Luego de observar y
valorar la producción
joven del audiovisual de
tantas naciones, ¿cómo
advierte su desempeño a
nivel internacional?
Lo que pasa es
apasionante, sobre todo
con el cortometraje: los
jóvenes no han dejado de
apostar por este tipo de
filme. Existe el cine
clásico —sobre todo en
cuanto a la narración—
que tiene excelentes
representaciones en
Europa, Brasil,
Argentina, Chile y otros
países; pero en este
momento, aparece un
fenómeno que hace más
próximos el documental y
la ficción. Esta última,
se apropia de las
rutinas de la otra: hay
solo una cámara, un
director y un sonidista.
Esto resulta muy
interesante, al ser una
propuesta distinta de
contar historias y de
estar conectados con la
realidad del mundo, con
las temáticas sociales.
Es, digamos, un cine de
la calle.
Con la competencia que
hemos hecho llamar Labo,
convocamos a creadores
de otras disciplinas
artísticas, que se
relacionan de alguna
forma con el
audiovisual. Se han
implicado las escuelas
de Diseño y Bellas
Artes, Medios de
Comunicación y
Arquitectura. Explorando
las potencialidades del
audiovisual para sus
trabajos estos artistas
crean obras que pueden
ser exhibidas en
galerías y museos, pero
también en festivales de
cine. Resulta muy
interesante la
confrontación de estas
obras de cine con las de
otras disciplinas y con
otras manifestaciones y
realizadores que están
más conectados a la
realidad, el sueño y la
imaginación.
En cuanto a las
temáticas de todos los
tiempos, las cuestiones
de identidad han sido y
serán muy importantes,
porque introducen
interrogantes sobre cómo
pertenecer a un grupo,
cómo articular las
relaciones familiares.
Por otra parte —y no
solo los jóvenes lo
abordan—, los
realizadores se acercan
al tema de la
emigración, y otras
temáticas que se derivan
de la existencia de este
fenómeno (emigración de
África a Europa, pero
también emigración
interna en el
continente). Hay muchos
directores de cine que
son fruto de la
emigración o hijos de
padres emigrados que se
agarran de esta
procedencia y de los
temas para escribir las
historias como comedia o
tragedia. Es muy fuerte
este momento en el que
se discute sobre
identidad: el conflicto
sobre quién es más
francés en Francia.
¿Por qué apostar por el
cortometraje que
generalmente no está
asociado a las ganancias
del mercado?
El corto es muy
importante para generar
el largometraje y no
solo para formar
directores, sino para
los guionistas o
directores de fotografía
en la dirección de
insuflar las ideas de
las nuevas generaciones.
Además, son chicos y
chicas que pueden
trabajar para la
televisión en clips
musicales, publicidad,
videos institucionales,
etcétera.
Se trata de un terreno
de experimentación; pero
sobre todo de innovación
sobren narrativa, de
maneras de filmar. Es
algo así como un
laboratorio de ensayo.
Por otra parte, con los
cortos no hay motivos
comerciales; en Europa
no es posible hacer
dinero con este tipo de
película. Lo que importa
es qué tiene que decir
los realizadores y cómo
quieren demostrar sus
intenciones. No están
presentes las presiones
del mercado, son las
películas que la gente
realmente quiere hacer,
con menos dinero y
sistema de producción;
pero con mucho amor y
voluntad. En este
formato de expresión,
hay una gran apertura de
ideas, lo cual hace
mucho bien al público,
que no tiene la
oportunidad de
apreciarlas en la
televisión o en
largometrajes
comerciales. El corto es
un terreno de libertad
para los creadores y
para los que se sientan
delante de la pantalla.
Esta Muestra, como otros
festivales, es el punto
común, el lugar donde se
encuentra esa libertad
de la creación y del
disfrute del público.
¿Cómo se organiza el
Festival Clermont-Ferrand
en Francia?
Este año celebramos la
edición 32 de Le Court
Métrage, un festival que
se celebra desde finales
de los 70 en una ciudad
ubicada en el centro de
Francia. En el pasado,
este lugar no tenía
abundantes propuestas
culturales; pero al ser
una ciudad de muchos
estudiantes (30 mil para
una población de 150 mil
personas) el Festival se
convirtió en un fenómeno
muy popular, reúne
alrededor de 140 mil
espectadores en nueve
días, solo para ver
cortometrajes. Se trata
de una competencia
nacional para nuevos
cortos de realizadores
franceses, un concurso
internacional que
convoca filmes de todo
el mundo. El Labo es una
competición para obras
más experimentales, que
mezclan otras
manifestaciones del arte
como la danza, la
arquitectura, artes
visuales y el cine.
Fuera de concurso se
desarrollan otros
programas de exhibición
por temáticas o por
edades, por ejemplo, los
dedicados a los niños.
¿Cuál es el proceso de
selección de las
muestras internacionales
o las obras extranjeras
para el concurso?
Es una selección muy
difícil, porque
recibimos más de cinco
mil obras cada año, para
dejar como finalistas
solo 75 películas. Hay
un comité de selección
de ocho personas, al
cual pertenezco. Cada
película ha de ser vista
por dos miembros del
comité, dividido este
por países, y debatimos
luego en conjunto, hasta
llegamos a luchar por
ellas. La idea
principal, nuestra razón
de ser, es la promoción
de la diversidad del
cine, por lo cual, se
admiten todos los
géneros y generalmente
se quedan películas de
40 ó 50 países.
¿Qué opinión tiene de la
Muestra de Nuevos
Realizadores en Cuba, y
de la producción
audiovisual expuesta,
ahora que ha podido
intercambiar con los
creadores, ver algunos
de sus materiales?
El espacio es muy
importante, esencial,
porque es el alma de la
nueva creación.
La calidad de las
películas varía de un
año a otro. Estuve en
Cuba en 2006,
participando de la
Muestra y ahora puedo
decir que aunque una de
las ediciones sea mejor
que la otra, y que se
trate de producciones
audiovisuales más que de
películas de cine, en
general lo que llama la
atención y me interesa
en particular, es lo que
los realizadores tienen
que decir. El resultado
de la película puede no
ser tan bueno, puede
que, incluso, resulte
larga pero esos detalles
se rectifican con el
tiempo, la experiencia y
la posibilidad de ver
otros filmes. Por eso,
la Muestra es
importante, permite ver
el trabajo de los otros,
comparar y descubrir
películas de otros
países y descubrir cómo
puede el creador
progresar con sus
propias iniciativas.
Lo que me marca de Cuba
son las ideas de los
filmes, su fuerza. El
formato no es siempre
igual, pero hay una
energía muy intensa. En
Francia, por el
contrario, hay dinero
para hacer películas
cortas, un sistema de
producciones, ayudas del
estado, pero faltan las
ideas y energía que
encuentro en los
trabajos de los
realizadores cubanos.
Aquí hay un subtexto en
cada filme, es una
manera de mostrar y una
manera de ser en el
mundo. Pero es difícil
para nosotros integrar
este tipo de
producciones en nuestros
festivales, porque la
cultura de producir
imágenes y las
experiencias del público
son diferentes. Sin
embargo, acá, en el
asunto de la difusión,
la Muestra es como una
iniciación, como la caja
de resonancia de la
guitarra. |