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Entrevista con Heidi Hassan, directora de Tormentas de verano

“Mi presente está ligado a mi condición de cubana”

M. González • La Habana

 

Heidi Hassan es una realizadora cubana. Quiso dejarlo claro hace cuatro años, cuando el Bisiesto la interrogó por su debut en la dirección: Miserere, presentado en la 5ta. Muestra. Vino luego a las dos ediciones que siguieron. En la de 2008, su cortometraje Tierra roja mereció el Premio de Ficción. 

Nació en La Habana, en 1978. Graduada de la Escuela de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños en 2002, en la especialidad de Fotografía, Heidi Hassan reside actualmente en Suiza. En Ginebra, cursó nuevamente estudios en Bellas Artes. Si bien la casi totalidad de su obra ha tenido como locación al país europeo, la joven cineasta insiste en los lazos intelectuales y espirituales que la vinculan a Cuba.  

Este año, como en tres de las ediciones anteriores, concursa en la Muestra de Jóvenes Realizadores con una obra sui generis: Orages d´été (Tormentas de verano), es un documental de 25 minutos que “revela sus miedos, dudas e intimidad. Una autoficción llena de poesía”, según su sinopsis. Teniendo en cuenta que la casi totalidad de los documentales que se exhiben en la Muestra se enfocan en la realidad social que circunda a sus autores —es decir, la Cuba de hoy—, la obra de Heidi inquieta a los espectadores. 

Sobre algunas de sus “tormentas” conversa con La Jiribilla, gracias a una web que nos socorre en el empeño de acortar distancias: 

“Esta vez me concentré en la dirección. Igual he seguido trabajando en paralelo como fotógrafa de proyectos audiovisuales de otros, lo que me ha permitido adquirir un cierto dominio técnico. Pero Tormentas de verano, por su tema tan íntimo y la necesidad de estar lista para filmar en cualquier momento, exigió que yo misma me encargara de todos los puestos. En el montaje me ayudó Patricia Pérez, que es una amiga de la infancia graduada de Dirección, alguien que me conoce muy bien y con quien comparto gustos temáticos y estéticos.” 

Tormentas de verano es un documental que se aleja un tanto de lo que se acostumbra a hacer en Cuba, que es digamos la mirada hacia lo social. ¿Te atreverías a documentar la realidad cubana? ¿Esta mirada hacia tus miedos y tus dudas, tiene algo que ver con la distancia?  

Me interesa mucho el cine documental que denuncia o cuestiona los problemas sociales, los conflictos, modos de vida o alegrías de otros. La realidad cubana es increíblemente rica. Sin embargo, para poder adentrarme en un proyecto debo estar suficientemente sensibilizada e informada sobre el tema. Debido a mi trabajo y mi vida por el momento solamente voy a Cuba una vez cada dos años. Me gustaría muchísimo poder hacer cosas que tengan una relación más directa con mi país y de hecho es algo que no deja de darme vueltas en la cabeza. Sin embargo, me parece ambicioso e irrespetuoso intentar capturar una realidad que indiscutiblemente conozco; pero que necesita un trabajo mucho más profundo que el que permiten mis breves estancias. En todo caso, trabajar en Cuba es algo que me planteo para el futuro. 

Sobre el corte intimista de mi documental, creo que de todos modos existiría, esté yo donde esté, ya que está muy relacionado con mi carácter. Pienso que aunque Tormentas de verano parece un trabajo volcado hacia la individualidad, en realidad se sirve de ella para hablar de un tema universal. 

¿Cuánto te ha servido esa doble formación —en la EICTV y en Bellas Artes, en Cuba y en Europa— para enfrentar tu propia creación audiovisual? 

La institución que me dio las bases de mi formación audiovisual es la Escuela de San Antonio de los Baños. La escuela de Ginebra más que nada me brindó un espacio en el cual probar y experimentar la realización, ya que me proporcionó los medios técnicos y económicos necesarios. El resto lo puso la vida y las experiencias que fui teniendo.  

Me resulta curioso que en Cuba consideren que mis cortos tienen un  estilo un poco “europeo” y en Suiza los vean “latinos”. Por ejemplo, me llama la atención que la escena donde estoy en la casa friendo un huevo, a los europeos les da mucha gracia... Uno se va nutriendo todo el tiempo; es difícil saber exactamente lo que hay en nosotros, de cada gente que conocemos, de cada película que vemos, de cada lugar donde estamos. Es un incesante intercambio.

¿Qué te anima a participar en la Muestra cubana, aun cuando no puedas venir tú misma?

Tierra roja, mi trabajo anterior presentado en la 7ma. Muestra, trataba un tema más vinculado con la realidad de mi país; sin embargo, aunque llevo unos cinco años viviendo fuera de Cuba, mi presente está inevitablemente ligado con el hecho de ser cubana. La Muestra es el espacio que tenemos para mostrar las cosas que nos interesan o nos preocupan. Muchos estamos  viviendo fuera del país y me parece enriquecedor que cada cual hable —bajo diversos temas y formas— de lo que vive.

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2010.
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