Año VI
La Habana
2008

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Seis horas de combate para la bandera azul   
Fidel Díaz • La Habana
Fotos: AIN

Primero de abril de 2010, poco más de las 2:00 a.m.: swin al aire, strike 3; un grito a coro estalla por toda la ciudad. Saltos y abrazos frente al televisor, los niños, despiertos por la escandalera, se suman tras el desconcierto. Se caen los teléfonos a llamadas, risas nerviosas, palabrotas exaltadas se entrecruzan sin otro sentido que el abrazo en la distancia; los claxons de los autos insisten, el kin kirikin, de las cazuelas y cencerros anuncian congas que comienzan a arrollar por los barrios de La Habana: ¡Industriales campeón!

Lo sucedido parece ficción, si se narra en una película, el espectador diría: ¡qué clase de paquete! Un equipo que en la temporada pasada ocupó el lugar 12 (de 15), y en esta clasificó el penúltimo día, con casi tantas victorias como derrotas, se lleva la corona ganándoles a los tres mejores trabucos de la pelota cubana. Primero, arrollando a Santi Spíritus, una aplanadora con una tanda de bateadores de terror que han roto casi todos los récords de jonrones, empujadas, average, etcétera.

Recuerdo que en una reunión de amigos, un espirituano, a sabiendas de mi fanatismo, me dijo en franca burla: ¡qué bueno que clasificaron para barrerlos en cuatro juegos! Conteniendo la ira, solo le dije, ¡cuidado, que Industriales puede sacar del camino al más pinto solo con el peso de su nombre! Y se cumplió el maleficio.

Llegó entonces el Habana, que ostentaba el título de campeón, con un equipo sin estrellas, pero con un pitcheo que es el mejor, por mucho, en nuestro béisbol. Una vez más la guerrilla de Germán rompió pronósticos en otro play off donde parecía que habían sacado un equipo y puesto a otro.

Por el oriente, Villa Clara, el más estable en la temporada, con un equipo muy equilibrado, salía airoso contra un Santiago que peleó sin armas, muy diezmado, y luego paseó la semifinal contra Ciego de Ávila, un equipo con todo para llegar menos con la fuerza de la fe que es imprescindible para llegar al fin.   

Así quedó planteada la final, una vez más entre dos de los cuatro grandes de la pelota cubana (Pinar y Santiago los otros), o sea, un clásico: Villa Clara-Industriales. Ya a esas alturas los pronósticos se anularon, si bien Industriales salía de la nada, tras derrotar al equipo más bateador y al de mejor pitcheo, era imposible descartarlos. Los villareños afirmaban que este era su año, tras 15 sin llevarse el cetro a pesar de llegar en varias ocasiones a la final.

Y llegaron dos juegazos en el Sandino, todo naranja, donde los locales, con pitcheo de lujo, ganaron 3x2 y 3x0. Empezó a gravitar el fantasma de la barrida, menos dentro de la fanaticada azul que creía en su empuje, sabían que la “Olla reina” —como han rebautizado al Latino— es un estadio que acoquina especialmente a los rivales. Los pronósticos se invirtieron cuando los azules le cayeron a batazos a los naranjas, con resultados de 12x6 y nocaut de 11x1, para empatar la final a dos. Se rompieron los récords de asistencia, hasta llegar al delirio en el juego dominical: 60 mil personas. Se cerraron las puertas del Coloso del Cerro desde las 11:00 a.m. para un juego pactado a la 1:00 p.m. Se dice que desde la noche anterior fueron los parciales a dormir en casas de campaña en los alrededores. 

Sin embargo, este del domingo, fue un juego muy enredado, con una discusión que tuvo suspendido largo rato el partido, y le dio a la tropa de Martín una victoria que puso a punto de mate a los muchachos de Germán; más si se tiene en cuenta que se regresaba al Sandino.

Con esa energía que da ganar el juego 5to, rompiendo el empate a dos victorias, salió Villa Clara a caerles por los ojos a Industriales, y en efecto, cuatro carreras a la altura del 2do inning daba a los centrales ya por campeones. Llegó a pasear el ataúd azul por el graderío de un estadio en el que igualmente no cabía un alma. Ahí llegó la garra del león, unida a la ansiedad que invadió a sus rivales (en no pocos momentos durante los siete juegos) para desenterrar un muerto y ganar 8x5 con lo cual se mandaba la final al juego 7mo.     

Ante ese choque, más allá de los deseos de cada cual, la victoria solo podía ser vaticinada a “escudo o estrella”, si bien ganar el juego 6to —y más virando una tortilla— te da un punto extra, estar en terreno ajeno empata la situación.

Salió Villa Clara con una delante, empató Industriales con jonrón de Serguei Pérez en la 4ta entrada, ripostaron los locales en el 5to, llegando al medio juego 2 x 1. Dos vuelacercas azules (Malleta y Rudy) pusieron delante nuevamente a Industriales que con dos más en el séptimo parecían tener el juego en el bolsillo. Pero faltaba mucho todavía, Yandris Canto, con dos en circulación despachó la mizuno por encima de las cercas para levantar el graderío y poner entonces a los villareños a punto de cumplir el sueño.       

Realmente con ese abrazo a cinco carreras, siendo visitadores y sin que les quedaran lanzadores a Industriales, las esperanzas estaban lejanas, casi un punto en el horizonte. Sin embargo, llegó lo increíble, un joven de 19 años (que solo había salido a lanzar en el juego 5to, y perdió), Joan Socarrás, se subió al box y ponchó a cinco rivales en 2 y un tercio, pasando de desconocido a héroe.        

Dos carreras en el inicio de la décima entrada, incluyendo hit de Rudy Reyes y largo doblete de Stayler Hernández fueron el cubo de agua fría que fue rematado con el ponche con que Socarrás, cerrando la 10ma entrada, coronaba a los azules tras 5 horas y 53 segundos de intensa batalla.  

El país entero estuvo pendiente de esta final que será recordada por mucho tiempo, azules y naranjas dieron un espectáculo seguido por millones en Cuba y allende los mares, y merecen ambos colectivos el agradecimiento por las angustias y alegrones durante estos días que han desatado las pasiones hasta límites insospechados. Industriales vuelve a ser el campeón, ha llegado a su título 12, con una postemporada mítica donde alternaron los protagonistas, quedando como saldo un equipo que jugó unido y que se fue por encima de cualquier pronóstico, sacando al terreno el extra en cada partido. Más razones ahora para que sea el equipo más amado y odiado; la fiebre azul echa más leña a su leyenda.

  

 

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La Habana, Cuba. 2008.
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