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La tarde lejos de
llorar, cantó y regaló
alegrías. Hasta mi hijo,
con apenas dos años,
obviamente sin
referencias previas,
cuando escuchó su voz,
abandonó a su ocasional
amiga de juegos y prestó
atención a lo que
ocurría en el escenario
devenido familiar. Así
siguió con sus menudos
pies y cuerpo el
contagioso ritmo de
aquella voz. Otra vez,
cuando corría libre por
el patio del Museo de
Guanabacoa donde
habitualmente acompaña a
su tío Pepe, disfrutaba
de la música.
Esta vez, había muchas
más personas. Rostros
familiares y otros,
vistos por vez primera,
todos compartían un baño
de luz. La sonrisa
colectiva se abrió muy
grande cuando hombres y
mujeres se abrazaron y
comenzaron a corear con
sus voces muy altas una
canción inmensa que
hacía a todos mirarse
con mucho amor. Mi hijo
continuó muy activo, y
entonces tocaba el cajón
para acompañar la
fiesta.
Aquellas mujeres con sus
melenas cortas y
canosas, ataviadas por
gafas y muchos años,
coreando como si
acabaran de nacer... "abrázame fuerte, mi
amor..." sin duda,
fue el mejor regalo para
la dominicana Sonia
Silvestre que confesó
sentirse en casa. Su
público fue heterogéneo,
no solo quienes le
recordaban llegaron
hasta el museo, jóvenes
y niños convencidos por
padres y abuelos acerca
del acontecimiento que
podrían protagonizar se
dejaron llevar por la
experiencia.
Recién llegada del
Festival Internacional
de la Trova de Santiago
de Cuba, Sonia Silvestre
estuvo invitada a la
Peña del trovador Pepe
Ordás, que se sucede los
terceros sábados de cada
mes, en Guanabacoa, la
tierra del babalawo y
donde es habitual que se
cree una magia entre
público y artistas
invitados, que en esta
ocasión llegó a su
clímax.
Después de una velada
así, una se queda como
en el aire, como tocada
por la gracia de estar
viva. Y no era para
menos, pues desde los
más jóvenes como el
bajista Carlitos, Pablo
José en la percusión y
José Manuel con su
guitarra o el dúo
Sinopsis que asombraron
por sus
interpretaciones,
cedieron también su arte
Raúl Torres, Rochy
Ameneiros, Tato Ayress,
Frank Upierre, Augusto
Blanca y el anfitrión,
quien siempre adereza la
trova con un peculiar
ingenio arrebatador de
explosivas carcajadas.
De manera, que en esa
verbena del espíritu
coincidieron muchos
ingredientes y se
escucharon antológicos
temas para los cubanos
como “Ella y él”
o “Por qué llora la
tarde” muy populares
en los 70 gracias a
la carismática mujer,
que hoy ha sido
designada como Ministra
Consejera encargada de
Asuntos Culturales de la
Embajada de República
Dominicana en Cuba.
Cuando se hace el
recuento de esa tarde,
antes había sido la
inauguración de una
exposición plástica del
amigo chileno Tato
Ayress, luego fueron los
cantos donde mezclaron
sus voces los
representantes de Cuba,
Chile y República
Dominicana. Una,
entonces, bendice la
hermandad entre los
pueblos. Uno confirma
el increíble poder de la
música. Uno se dice,
los cubanos cada día
agradecemos a la vida el
privilegio de compartir
una tierra que transmite
vibraciones singulares.
Por eso, René
Alejandro con sus dos
años fue susceptible
ante la presencia del
arte y fue capaz de
movilizar sus neuronas y
compartir protagonismo
en el convite. |