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Entrevista con Keith Ellis

El Poeta, Cuba y su Revolución

Liliana Rodríguez • La Habana

Fotos: Yinet (UNEAC) y Kike (La Jiribilla)

 

La mitad de lo que hasta hoy ha vivido Keith Ellis tiene de manera indiscutible el nombre de Guillén, de Cuba y de su Revolución. Amigo entrañable de nuestro país y de su gente, a la que asegura, comenzó a entender y a querer mucho antes de pisar por primera vez esta tierra antillana. Jamaiquino de nacimiento, residente en la actualidad en Canadá, el ensayista, crítico literario y profesor de estudios hispanoamericanos en la Universidad de Toronto, es, ante todo, como lo definiera Nancy Morejón, “un caribeño, latinoamericano e iberoamericano que ama extraordinariamente el trabajo”.

Por ello, pero también por el amor que lo une a esta Isla viajó una vez más a La Habana, en esta ocasión para participar en el XII Coloquio Internacional de Música y Poesía Nicolás Guillén y compartir con estudiantes, críticos e invitados sus estudios y experiencias sobre la vida y la obra del poeta nacional.

Tal vez no imaginó este hombre que en su breve estancia en la capital y a pocos días de cumplir sus 75 años fuera homenajeado con el primer Premio Internacional Dulce María Loynaz que entrega la Unión de Artistas y Escritores de Cuba (UNEAC), no solo por sus aportes académicos sino porque, aseguró el ministro de Cultura Abel Prieto, “en estos momentos en los que contra Cuba existe una campaña mediática, en la que las mentiras se repiten implacablemente una y otra vez, uno recuerda y cuenta siempre con esos amigos que han estado con nosotros en todos los momentos, porque  como dijera Bertolt Brecht `hay hombres que luchan un día y son buenos; hay otros que luchan un año y son mejores; hay quienes luchan muchos años y son muy buenos; pero están los que luchan toda la vida: esos son los imprescindibles´ y ese es Keith Ellis”.

Siempre le interesó el español, como lengua y como cuna de los más grandes escritores y poetas a los que ha conocido, afirmó en entrevista exclusiva a La Jiribilla. “En la escuela secundaria estudiamos castellano, sin embargo, no tuvimos la oportunidad de leer como parte del currículum nada que tratara del Caribe ni de Latinoamérica. Me eduqué en los días de la colonia británica, entonces, las escuelas se regían por los planes de estudio de Inglaterra. Ellos eran los que decidían qué se estudiaba y qué no, por lo que preferían incluir cosas de España, otro amigo imperialista”.

No obstante, para Ellis y sus amigos siempre existió esa sed de conocer más, de ahondar en una cultura de la cual solo tenían referencias a través de lo que decían los medios de comunicación masiva como la radio. La cultura cubana entró muy fácilmente a Jamaica —recuerda. La música de Beny Moré por allá por los años 40 y 50 fue el comienzo de ese interés que se consolidó al escuchar los primeros versos de Nicolás Guillén, quien fuera “entre todos los poetas de esta parte del mundo, de este hemisferio, que escribían en español, el más atractivo para nosotros, fundamentalmente porque trataba cosas que desconocíamos, situaciones que nos eran ajenas”.

Desde entonces Keith Ellis se ha convertido en uno de los estudiosos más importantes de la obra de Nicolás Guillén, sus visitas constantes a la Isla comenzaron en 1972 con el propósito de conocer al gran poeta cubano después que la Universidad de Washington le negara la realización de su tesis de posgrado acerca del autor de Motivos de son.

A estos dos caribeños por excelencia los unió, además, una estrecha amistad. “Guillén me impresionó desde el primer momento en que lo conocí, yo esperaba un hombre muy formal”, recuerda entusiasmado aquella visita en el 72, en la que su amigo Ángel Augier lo llevó por los mismos pasillos que hoy recorre durante el Coloquio para conocer a Guillén. ¡Ellis!, cuenta que le dijo el poeta cubano sin verlo ni conocerlo, solamente fue necesario escucharlo conversar con Augier mientras subían las escaleras de la UNEAC. “Ese principio de informalidad y de cordialidad me impresionó mucho”.

Para Keith, Guillén constituye un hombre íntegro, un hombre que supo llevar a su obra todo lo que sintió y vivió. “Escribió de todo, temas concernientes totalmente a la época o las épocas en que vivió. A través de sus versos uno llega a interesarse por todo, por las cosas más disímiles, Guillén abrió el mundo para sus lectores. Muchos de los temas en los que me he interesado a lo largo de mi vida los encontré por primera vez en su poesía. Creó un interés en toda la sociedad cubana que uno tiene que pensar obligatoriamente en la ayuda que puede dar porque él extendió nuestra imaginación al pueblo, entonces llegamos a interesarnos por cosas más amplias: de manera inevitable la política, la organización de la sociedad y la existencia en Cuba de un pueblo civilizado y culto. Guillén abordó estos temas desde el principio, hay una validez en su poesía que es impresionante”.

Es entonces la pluralidad y la diversidad de los temas que aborda Guillén lo que le confiere una distinción única dentro de las letras caribeñas y latinoamericanas, al mismo tiempo que constituyen el mayor atractivo para quien se acerca por primera o duodécima vez a sus textos.  Ese margen que abrió con su poesía vive hasta hoy, pues la “importancia en su obra no depende solo de un mensaje, o del resumen de este, depende mucho de la manera en que él expresa las cosas, y por eso es que su literatura vive y continúa viviendo, y creo que eso puede tener su efecto continuo y su actualidad continua en los lectores”.

En su conferencia Nicolás Guillén y Haití, Ellis mencionó la bien defendida idea de nuestro Poeta Nacional acerca de la unidad, esa necesidad urgente de borrar todas las líneas que obstaculizan la integración de los hombres y los pueblos caribeños y latinoamericanos, al respecto agregó que en el Caribe “no hay fin para la relevancia de Guillén y su poesía, en esta región para ser culto hay que saber algo de él, pues el tema de la unidad es de mucha importancia en su obra, entonces es ahí donde radica la idea de borrar esas líneas, eso es muy importante, y el mensaje de Guillén en ese sentido es muy valioso”.  

Las palabras con el profesor Ellis tomaban, a medida que avanzaba la tarde, un sabor más interesante, su conocimiento de la obra guilleneana traspasa la frontera de la amistad y nos sitúa frente a una poesía en extremo amplia. “Fue Guillén un poeta de causas sociales, un poeta que observó lo que pasaba a su alrededor y escribió sobre ello, con la idea de la justicia social, pero también fue un poeta esencialmente del amor, del amor por su pueblo. Reconoció al mismo tiempo en su obra la necesidad de la lucha, esa idea de la unidad y de la armonía que no se concibe fácilmente, pues hay fuerzas que están insistentemente contra estas”.

Este coloquio constituye un espacio fundamental para preservar las ideas de Nicolás Guillén, las de su poesía y las de los jóvenes, quienes han participado activamente en el evento organizado por la Fundación que lleva el nombre del Poeta Nacional. Una mezcla inexpugnable de todas las razas, religiones y creencias, un amasijo que se distingue sobre todo por la solidaridad, “y ese es el sentido amplio que uno abarca leyendo la poesía de Guillen, hacer cosas y buscar planes en los cuales podamos integrarnos y ayudar. Uno no puede ser especialista de analizar solo poemas, uno tiene que hacer lo útil”.

A este también poeta, nuestro país le está agradecido por su apoyo y su amistad incondicional, el Premio Dulce María Loynaz es solo un pequeño gesto, como dijera Miguel Barnet, sin embargo, su sencillez lo conduce a afirmar que “tendría que vivir muchos años y trabajar mucho y bien para merecer este premio, es realmente un gran honor, y esas cosas tienen que inspirar a uno a trabajar mejor. Estoy seguro de que a Guillén le hubiera gustado mucho saber de este momento”.

Justo antes de culminar nuestra conversación me atreví a preguntarle qué significaba para él Cuba y la Revolución Cubana, he aquí su respuesta íntegra:

“En ningún país se vive lo que se vive en Cuba, es excepcional su responsabilidad por el pueblo. Para los que quieran ver una sociedad desarrollada en valores éticos, morales y sociales, este es el país. Es la gran cosa que ha pasado en el mundo, tiene efectos muy alentadores en muchos aspectos y en muchos lugares. Esta es la gran esperanza para quien quiera ver un mundo mejor.”

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2010.
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