Año VIII
La Habana
del 3 al 9
de ABRIL
de 2010

SECCIONES

Página principal Enlaces Favoritos Enviar correo Suscripción RSS

EL GRAN ZOO

PUEBLO MOCHO

NOTAS AL FASCISMO

LA OPINIÓN

APRENDE

LA CRÓNICA

EN PROSCENIO

LA BUTACA

LETRA Y SOLFA

LA MIRADA

MEMORIA

LA OTRA CUERDA

FUENTE VIVA

REBELDES.CU

LA GALERÍA

EL CUENTO

POESÍA

EL LIBRO

EPÍSTOLAS ESPINELAS

EL PASQUÍN

EN FOCO

POR E-MAIL

ENREDOS

¿DÓNDE QUIERES QUE
TE PONGA EL PLATO?

Exposición de Diana montero

Un lente, varias imágenes y Madrigales

L. R. Simón • La Habana

 

Sencilla y vertical,
como una caña en el cañaveral (…)
Madrigal
(1934), Nicolás Guillén

Con Madrigales pareciera que Nicolás Guillén y Diana Montero están de algún modo conectados, tan lejos en el tiempo el uno del otro pero a la vez tan cerca; quizá esa indiscutible debilidad por la poesía es la que convierte a la joven cubana en cómplice de los versos del poeta, o al menos así queda demostrado en esta, la más reciente muestra fotográfica de Diana, especialmente preparada para el XII Coloquio Internacional de Música y Poesía Nicolás Guillén, basada en uno de los poemas “Madrigal”, incluido en el libro West Indies LTD., en 1934.

Estudiante de cuarto año de la carrera de Historia del Arte en La Universidad de La Habana, Montero es aficionada a la fotografía desde hace ya algunos años. Con el lente en la llaga (2004), Delirium Tremens (2005) y la que hoy podemos disfrutar en su propia facultad, constituyen los antecedentes de un estudio mucho más amplio que pretende indagar acerca de la historia de la fotografía cubana. Este, aseguró en exclusiva para La Jiribilla, “es un período en el que estoy estudiando mucho las cuestiones formales de composición, iluminación, etc. Mi proyecto de tesis se concentra en el estudio de la fotografía cubana del período republicano, sobre todo de las décadas de 1920 y 1930, un momento de mucha actividad en el campo fotográfico”.

Para Diana la influencia de Joaquín Blez, Estudio Rembrandt, Estudio Encanto y otros muchos ha determinado el conocimiento que posteriormente se vuelca en sus trabajos, como lo es el uso de las luces y las sombras, uno de los elementos distintivos en su obra y que al mismo tiempo le permiten relacionar la fotografía con la poesía.

“El mundo de la poesía me ofrece muchas posibilidades. Siempre había tenido la intención de realizar una serie de autorretratos en los que a partir de la captación de detalles del cuerpo pudiera crear imágenes casi abstractas en las que predominara la síntesis, como ocurre en el poema de Guillén. Creí que utilizando determinados recursos técnicos como el primer plano, unido a una iluminación que me ofreciera un contraste de luces y sombras podía traducir en la fotografía el lenguaje de la poesía, cargado de metáforas, de imágenes poco evidentes, etc. Las fotografías, sobre todo las que componen el tríptico y la de la espalda, fueron hechas con la intención de mover al espectador a descifrar qué parte del cuerpo sugería la forma. Creo que el ritmo que producen las líneas es otro de los elementos que caracteriza a las imágenes. El predominio de las líneas —curvas en este caso— está dado también —además de por el uso del cuerpo cargado de ellas— por la manera de utilizar la luz. Y la poesía es también ritmo.”

Sobre por qué escoger entre todos los poemas de Guillén Madrigal de 1934, Diana explicó, “siempre había sentido un interés particular por los tres Madrigales que escribió, dos de ellos incluidos en Sóngoro cosongo (1931) y el tercero en West Indies LTD. (1934). Los tres tienen una fuerte carga erótica y están dedicados a la mujer. El madrigal es una forma de poema breve, casi siempre de tema amoroso, y lo que más me atrapó de ellos fue la síntesis lograda. Siento que esbozan una imagen de la mujer que resulta muy pregnante precisamente por la brevedad que presentan.

“Al final me decidí por el que aparece en West Indies LTD porque en él prima sobre todo lo erótico, elevándose incluso sobre la cuestión de la raza. Por otro lado, existe una alusión mínima a zonas determinadas del cuerpo de la mujer —a diferencia de los otros dos—, lo que me dio aún más libertad de creación —imagen abstracta y fugaz.”

La obra de Nicolás Guillén resulta de estudio obligatorio para cualquier estudiante tanto de Arte, como de Letras; sin embargo, Diana recuerda que desde mucho antes de ingresar en la universidad conoce y se interesa por la poesía guilleneana, a la que vinculó todo el movimiento cultural de su época que se proponía construir una imagen de lo cubano. Los textos del gran poeta cubano y caribeño “siempre habían estado presente, me acompañaban, así entonces cuando la Facultad me propuso participar con algún trabajo en este XII Coloquio, no lo pensé dos veces. Para mí es un gran honor poder realizar una serie fotográfica para homenajear a Nicolás Guillén basándome en una de sus obras. Solo fue cuestión de releer sus poemarios para inspirarme”.

 

ARRIBA

Página principal Enlaces Favoritos Enviar correo Suscripción RSS
.

© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2010.
IE-Firefox, 800x600