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Sencilla
y vertical,
como una caña en el
cañaveral (…)
Madrigal
(1934), Nicolás Guillén
Con Madrigales
pareciera que Nicolás
Guillén y Diana Montero
están de algún modo
conectados, tan lejos en
el tiempo el uno del
otro pero a la vez tan
cerca; quizá esa
indiscutible debilidad
por la poesía es la que
convierte a la joven
cubana en cómplice de
los versos del poeta, o
al menos así queda
demostrado en esta, la
más reciente muestra
fotográfica de Diana,
especialmente preparada
para el XII Coloquio
Internacional de Música
y Poesía Nicolás
Guillén, basada en uno
de los poemas
“Madrigal”, incluido en
el libro West Indies
LTD., en 1934.
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Estudiante de cuarto año
de la carrera de
Historia del Arte en La
Universidad de La
Habana, Montero es
aficionada a la
fotografía desde hace ya
algunos años. Con el
lente en la llaga
(2004), Delirium
Tremens (2005) y la
que hoy podemos
disfrutar en su propia
facultad, constituyen
los antecedentes de un
estudio mucho más amplio
que pretende indagar
acerca de la historia de
la fotografía cubana.
Este, aseguró en
exclusiva para La
Jiribilla, “es un
período en el que estoy
estudiando mucho las
cuestiones formales de
composición,
iluminación, etc. Mi
proyecto de tesis se
concentra en el estudio
de la fotografía cubana
del período republicano,
sobre todo de las
décadas de 1920 y 1930,
un momento de mucha
actividad en el campo
fotográfico”.
Para Diana la influencia
de Joaquín Blez, Estudio
Rembrandt, Estudio
Encanto y otros muchos
ha determinado el
conocimiento que
posteriormente se vuelca
en sus trabajos, como lo
es el uso de las luces y
las sombras, uno de los
elementos distintivos en
su obra y que al mismo
tiempo le permiten
relacionar la fotografía
con la poesía.
“El mundo de la poesía
me ofrece muchas
posibilidades. Siempre
había tenido la
intención de realizar
una serie de
autorretratos en los que
a partir de la captación
de detalles del cuerpo
pudiera crear imágenes
casi abstractas en las
que predominara la
síntesis, como ocurre en
el poema de Guillén.
Creí que utilizando
determinados recursos
técnicos como el primer
plano, unido a una
iluminación que me
ofreciera un contraste
de luces y sombras podía
traducir en la
fotografía el lenguaje
de la poesía, cargado de
metáforas, de imágenes
poco evidentes, etc. Las
fotografías, sobre todo
las que componen el
tríptico y la de la
espalda, fueron hechas
con la intención de
mover al espectador a
descifrar qué parte del
cuerpo sugería la forma.
Creo que el ritmo que
producen las líneas es
otro de los elementos
que caracteriza a las
imágenes. El predominio
de las líneas —curvas en
este caso— está dado
también —además de por
el uso del cuerpo
cargado de ellas— por la
manera de utilizar la
luz. Y la poesía es
también ritmo.”
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Sobre por qué escoger
entre todos los poemas
de Guillén Madrigal
de 1934, Diana explicó,
“siempre había sentido
un interés particular
por los tres
Madrigales que
escribió, dos de ellos
incluidos en Sóngoro
cosongo (1931) y el
tercero en West
Indies LTD. (1934).
Los tres tienen una
fuerte carga erótica y
están dedicados a la
mujer. El madrigal es
una forma de poema
breve, casi siempre de
tema amoroso, y lo que
más me atrapó de ellos
fue la síntesis lograda.
Siento que esbozan una
imagen de la mujer que
resulta muy pregnante
precisamente por la
brevedad que presentan.
“Al final me decidí por
el que aparece en
West Indies LTD
porque en él prima sobre
todo lo erótico,
elevándose incluso sobre
la cuestión de la raza.
Por otro lado, existe
una alusión mínima a
zonas determinadas del
cuerpo de la mujer —a
diferencia de los otros
dos—, lo que me dio aún
más libertad de creación
—imagen abstracta y
fugaz.”
La obra de Nicolás
Guillén resulta de
estudio obligatorio para
cualquier estudiante
tanto de Arte, como de
Letras; sin embargo,
Diana recuerda que desde
mucho antes de ingresar
en la universidad conoce
y se interesa por la
poesía guilleneana, a la
que vinculó todo el
movimiento cultural de
su época que se proponía
construir una imagen de
lo cubano. Los textos
del gran poeta cubano y
caribeño “siempre habían
estado presente, me
acompañaban, así
entonces cuando la
Facultad me propuso
participar con algún
trabajo en este XII
Coloquio, no lo pensé
dos veces. Para mí es un
gran honor poder
realizar una serie
fotográfica para
homenajear a Nicolás
Guillén basándome en una
de sus obras. Solo fue
cuestión de releer sus
poemarios para
inspirarme”. |