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En la tarde del 10 de enero del año en
curso, el público que asistió al Teatro
Amadeo Roldan, fue testigo de un suceso
singular en la música cubana. Se trató
de la unión de la Orquesta Sinfónica
Nacional con un trío, específicamente el
trío del pianista y compositor Ernán
López Nussa para tocar jazz, experiencia
cuyo resultado es avalado por la
intensidad de los aplausos de los allí
presentes. Si para la realización de
este proyecto, al talento de Ernán
López-Nussa se le añade el del maestro
Pérez Mesa, director titular de la
Orquesta Sinfónica Nacional además del
que distingue al maestro Roberto Sánchez
Ferrer, director titular de la Orquesta
Sinfónica del Gran Teatro de La Habana,
no podía ser otra la respuesta.
En conversación con el propio Ernán, nos
reveló que la propuesta inicial para el
concierto, era sencilla, al tenerse en
cuenta un formato orquestal más pequeño.
“Sin embargo —afirma el
entrevistado— nos fuimos por una
decisión realmente emprendedora como la
de tocar con la Sinfónica Nacional, algo
inusual en nuestro contexto. El asunto
era encontrar un orquestador en potencia
capaz de asumir ese reto de acoplar el
universo de la música popular con el de
la música de concierto. Y por eso
escogimos a Sánchez Ferrer”.
Justamente, para lograr que una orquesta
sinfónica aborde el jazz con pasajes de
solista así como que en la improvisación
acompañe al trío de Ernan formado por
Gastón Joya al contrabajo, Yaroldi Abreu
en la percusión y Enrique Plá en la
batería, constituye un desafió para
todos los músicos que en ese momento
están en la escena. De ahí la
importancia de la participación de un
arreglista de la talla de Sánchez Ferrer
quien ha realizado trabajos similares
con los pianistas Frank Fernández y
Chucho Valdés, respectivamente además de
arreglos para orquesta sinfónica con
Omara Portuondo, entre otros. En
entrevista para La Jiribilla,
Sánchez Ferrer nos ofreció sus
impresiones acerca de este memorable
suceso:
“Realizar estas orquestaciones a
originales de Ernán López-Nussa
significó para mí una labor muy
agradable a la vez de fácil y difícil.
Fácil porque la música de Ernán tiene
sólida factura, muy inspirada, con
armonías novedosas y de un gusto musical
exquisito. Difícil porque al ser una
obra concebida para piano por un
excelente intérprete, dueño de una gran
técnica e imaginación, llevarla a la
orquesta sinfónica requirió además de
los imprescindibles conocimientos de
orquestación, hay que tener una vasta
experiencia en lo que es este tipo de
agrupación instrumental, mucha
dedicación, un cuidado extremo y la
posibilidad del contacto preciso con el
compositor para la consulta de infinidad
de detalles,” afirma Sánchez
Ferrer.
Por su parte, el Mtro. Pérez Mesa a
quien, como director del concierto, se
le debe esa sensación de complicidad
implícita en el disfrute de los
integrantes de la orquesta por
participar en una propuesta nada
habitual en su desempeño cotidiano, hace
patente el rigor de Sánchez Ferrer como
orquestador:
“El Mtro.
Sánchez Ferrer es un conocedor de la
orquesta sinfónica. Sus arreglos son
brillantes, sobre todo desde el punto de
vista sonoro. Es muy difícil traducir el
jazz al mundo sinfónico. Siempre
respetando los originales, en las
orquestaciones se explotan todos los
recursos timbricos de las diferentes
familias de instrumentos. Supo, con
inteligencia, llevar a la partitura la
sonoridad del jazz tradicional, el
trabajo con las trompetas, las
diferentes sordinas así como el
clarinete siempre presente. Creo que fue
un concierto maravilloso.”
Similares puntos de vista manifiesta
Ernán desde los ensayos, al percatarse
de la singular dimensión para la cultura
cubana de esta agradecida reunión que le
permite escapar hacia el universo del
jazz. Precisamente en danzones suyos
como “Puesto y convidado”,
es donde la intensidad de la música
alcanza la mayor euforia por el nivel de
entrega de los participantes en el
concierto. Momento de plenitud absoluta
nos revela la sensibilidad de los
cubanos por sus vivencias desde este
querido terruño donde tradición y
modernidad son percibidas como una sola,
sin incisión en el tiempo. Es la
explicación de por qué una persona
relajada, un pianista apacible en el
escenario como Ernán López-Nussa se
levanta sorpresivamente del piano para
trasponer este momento de clímax y
continuar su inspirada descarga.
Semejante respuesta la explica como un
trance donde se tiene tantas ganas de
tocar como de bailar, circunstancia por
la que han pasado figuras legendarias
del jazz como Telonious Monk cuando en
una ocasión se paró del piano y se puso
a bailar o, hasta incluso, nuestro
Chucho Valdés quien en medio de un
concierto, al llamado de la vocalista
María Caridad Valdés, dejó de tocar y
comenzó a improvisar pasos bailables
propios de la rumba, experiencia de la
cual Ernán fue testigo y que reconoce
como inolvidable porque él mismo vibra
con la danza, y aborda la ejecución de
su música pensando en el baile.
En tal sentido, coincidamos con el
entusiasmo de Ernán López-Nussa por la
realización del DVD que recoge toda la
atmósfera de este concierto, cuya
próxima aparición en el mercado
representa la oportunidad de constatar
un suceso memorable donde las palabras
no resultan suficientes ante el
testimonio de una imagen ya anunciada. |