Año VIII
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2010

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El testimonio de una imagen anunciada

Guille Vilar • La Habana


En la tarde del 10 de enero del año en curso, el público que asistió al Teatro Amadeo Roldan, fue testigo de un suceso singular en la música cubana. Se trató de la unión de la Orquesta Sinfónica Nacional con un trío, específicamente el trío del pianista y compositor Ernán López Nussa para tocar jazz, experiencia cuyo resultado es avalado por la intensidad de los aplausos de los allí presentes. Si para la realización de este proyecto, al talento de Ernán López-Nussa se le añade el del maestro Pérez Mesa, director titular de la Orquesta Sinfónica Nacional además del que distingue al maestro Roberto Sánchez Ferrer, director titular de la Orquesta Sinfónica del Gran Teatro de La Habana, no podía ser otra la respuesta.

En conversación con el propio Ernán, nos reveló que la propuesta inicial para el concierto, era sencilla, al tenerse en cuenta un formato orquestal más pequeño.Sin embargoafirma el entrevistadonos fuimos por una decisión realmente emprendedora como la de tocar con la Sinfónica Nacional, algo inusual en nuestro contexto. El asunto era encontrar un orquestador en potencia capaz de asumir ese reto de acoplar el universo de la música popular con el de la música de concierto. Y por eso escogimos a Sánchez Ferrer”.

Justamente, para lograr que una orquesta sinfónica aborde el jazz con pasajes de solista así como que en la improvisación acompañe al trío de Ernan formado por  Gastón Joya al contrabajo, Yaroldi Abreu en la percusión y Enrique Plá en la batería, constituye un desafió para  todos los músicos que en ese momento están en la escena. De ahí la importancia de la participación de un arreglista de la talla de Sánchez Ferrer quien ha realizado trabajos similares con los pianistas Frank Fernández y Chucho Valdés, respectivamente además de arreglos para orquesta sinfónica con Omara Portuondo, entre otros. En entrevista para La Jiribilla, Sánchez Ferrer nos ofreció sus impresiones acerca de este memorable suceso:

“Realizar estas orquestaciones a originales de Ernán López-Nussa significó para mí una labor muy agradable a la vez de fácil y difícil. Fácil porque la música de Ernán tiene sólida factura, muy inspirada, con armonías novedosas y de un gusto musical exquisito. Difícil porque al ser una obra concebida para piano por un excelente intérprete, dueño de una gran técnica e imaginación, llevarla a la orquesta sinfónica requirió además de los imprescindibles conocimientos de orquestación,  hay que tener una vasta experiencia en lo que es este tipo de agrupación instrumental, mucha dedicación, un cuidado extremo y la posibilidad del contacto preciso con el compositor para la consulta de infinidad de detalles,” afirma Sánchez Ferrer.

Por su parte,  el Mtro. Pérez Mesa a quien, como director del concierto, se le debe esa sensación de complicidad implícita en el disfrute de los integrantes de la orquesta por participar en una propuesta nada habitual en su desempeño cotidiano, hace patente el rigor de Sánchez Ferrer como orquestador:

El Mtro. Sánchez Ferrer es un  conocedor de la orquesta sinfónica. Sus arreglos son brillantes, sobre todo desde el punto de vista sonoro. Es muy difícil traducir el jazz al mundo sinfónico. Siempre respetando los originales, en las orquestaciones se explotan todos los recursos timbricos de las diferentes familias de instrumentos.  Supo, con inteligencia, llevar a la partitura la sonoridad del jazz tradicional, el trabajo con las trompetas, las diferentes sordinas así como el clarinete siempre presente. Creo que fue un concierto maravilloso.”

Similares puntos de vista manifiesta Ernán desde los ensayos, al percatarse de la singular dimensión para la cultura cubana de esta agradecida reunión que le permite escapar hacia el universo del jazz. Precisamente en danzones suyos como “Puesto y convidado”, es donde la intensidad de la música alcanza la mayor euforia por el nivel de entrega de los participantes en el concierto. Momento de plenitud absoluta nos revela la sensibilidad de los cubanos por sus vivencias desde este querido terruño donde tradición y modernidad son percibidas como una sola, sin incisión en el tiempo. Es la explicación  de por qué  una persona relajada, un pianista apacible en el escenario como Ernán López-Nussa se levanta sorpresivamente del piano para trasponer este momento de clímax y continuar su inspirada descarga.  Semejante respuesta la explica como un trance donde se tiene tantas ganas de tocar como de bailar, circunstancia por la que han pasado figuras legendarias del jazz como Telonious Monk cuando en una ocasión se paró del piano y se puso a bailar o, hasta incluso, nuestro  Chucho Valdés quien en medio de un concierto, al llamado de la vocalista María Caridad Valdés, dejó de tocar y comenzó a improvisar pasos bailables propios de la rumba, experiencia de la cual Ernán  fue testigo y que reconoce como inolvidable porque él mismo vibra con la danza, y aborda la ejecución de su música pensando en el baile.

En tal sentido, coincidamos con el entusiasmo de Ernán López-Nussa por la realización del DVD que recoge toda la atmósfera de este concierto, cuya próxima aparición en el mercado representa la oportunidad de constatar un suceso memorable donde las palabras no resultan suficientes ante el testimonio de una imagen ya anunciada.

 

 

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La Habana, Cuba. 2008.
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