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Con más de medio siglo
de vida e historia el
Instituto Cubano del
Arte e Industria
Cinematográficos (ICAIC)
es una de las
instituciones
emblemáticas de la
política cultural de la
Revolución. El ser casi
contemporáneo al triunfo
revolucionario mismo y
la profunda preocupación
social, vinculada a un
amor raigal por el
séptimo arte, le han
permitido marcar de
manera ineludible el
quehacer cinematográfico
cubano. Durante años,
aunque existían los
Estudios Fílmicos de la
Fuerzas Armadas
Revolucionarias (FAR) o
algunas obras realizadas
con la televisión, el
ICAIC era “la”
productora cubana por
antonomasia a pesar de
que no era, ni es, esa
su única función. Hoy,
con el desarrollo de las
nuevas tecnologías y el
acceso de un mayor
número de realizadores a
ellas, el Instituto se
encuentra abocado a
nuevos desafíos. Un
diálogo coral con Susana
Molina, vicepresidenta
de Relaciones
Internacionales; Esther
Hirzel, directora de los
Estudios de Animación;
Marisol Rodríguez,
directora de la Oficina
de Creación Artística y
Roberto Smith,
vicepresidente de
Exhibición, permiten
vislumbrar las pautas y
proyecciones del trabajo
de este proyecto que
fuera fundado por
Alfredo Guevara, Tomás
Gutiérrez Alea y
Santiago Álvarez cuando
todo en Cuba respiraba
futuro.
Fundado hace 50 años el Instituto
Cubano del Arte e
Industria
Cinematográficos es una
de las instituciones
emblemáticas de la
política cultural de la
Revolución. Con estas
cinco décadas de
historia, ¿qué es el
ICAIC hoy?
Susana Molina:
Desde sus inicios el
ICAIC ha asumido los
mismos principios, las
mismas líneas de
trabajo: sigue siendo la
más importante
productora de cine en
Cuba, quien programa,
exhibe y distribuye los
filmes en la Isla
—aunque las salas no les
pertenezcan al ICAIC,
sino a los gobiernos
provinciales—, continúa
siendo el sitio que
guarda el patrimonio
cinematográfico del
audiovisual cubano, el
lugar desde donde
también se organizan
casi todos los eventos
de cine que se realizan
en Cuba, la promoción
internacional del cine
cubano tanto de los
autores, como de sus
obras. Es quien
establece, además,
vínculos internacionales
muy fuertes,
principalmente con
América Latina, con el
comité de cineastas. Lo
que han cambiado son las
circunstancias: los
soportes tecnológicos,
el país, se han creado
dos escuelas de cine, la
de San Antonio de los
Baños y la Facultad de
Medios de Comunicación
Audiovisual del
Instituto Superior de
Arte.
La institución se encuentra hoy ante
la realidad de que la
producción
cinematográfica del país
desborda sus espacios,
tal como se aprecia en
la Muestra de Nuevos
Realizadores. ¿Existen
mecanismos creados para
que los mejores de esos
jóvenes puedan
integrarse
posteriormente a la
filmografía producida
desde el instituto, o al
menos, a sus circuitos
de distribución?
Susana Molina: El ICAIC fue fundado
eminentemente por un
grupo de jóvenes, que
entonces hicieron en él
sus primeras obras por
no haber tenido
oportunidad en los
momentos anteriores al
triunfo de la
Revolución. En la
actualidad los jóvenes
sí tienen instituciones
a las cuales poderse
acercar y trabajar, y el
ICAIC tiene la dicha de
que, a partir de la
política cultural de la
Revolución Cubana, hay
una masa de jóvenes —no
solo realizadores de
audiovisual— de las
cuales puede nutrirse.
Lo que le sucede al
ICAIC es que la masa
creativa desborda las
capacidades de una
institución cultural por
la cantidad de escuelas
de arte que el país
creó, desarrolló y ha
sostenido a lo largo de
estos 51 años; pero eso
sucede con todas las
demás manifestaciones
artísticas. Esa masa
juvenil son los
creadores actuales que
están estudiando en el
ISA y otras escuelas y
academias de nivel
superior. Una parte de
ellos tiene acceso a las
nuevas tecnologías,
fundamentalmente los
radicados en Ciudad de
La Habana, pero no
ocurre lo mismo con los
del resto de las
provincias. Es una
diferencia que se debe
tener en cuenta, y
debemos pensar en el
conjunto. Por otra
parte, no es para nadie
secreto que la
industria, la cultura y
el país han atravesado
por una crisis económica
fuerte, muy agudizada en
los últimos tiempos por
lo cual se limitan en un
grado preocupante las
posibilidades de la
industria de sostenerse
a sí misma, a todo el
universo de trabajo del
ICAIC: la exhibición, la
programación, la
conservación… ello
afecta la posibilidad
para apoyar tanto como
quisiera a los jóvenes
realizadores.
Una de las estrategias
fundamentales que ha
desarrollado el ICAIC en
ese sentido es la
celebración de la
Muestra de Jóvenes
Realizadores, que cumple
diez años en la próxima
edición. En ella se ha
tratado de establecer
una relación con los
nuevos realizadores a
tono con los tiempos
actuales. Cabe destacar
que en toda su vida el
cine cubano ha tenido su
relevo, pero en estos
últimos años ha habido
una preocupación muy
particular con esos
vínculos, ha habido una
avalancha de jóvenes
salidos de las escuelas,
hay una situación
económica diferente y un
desarrollo tecnológico
que propicia la creación
audiovisual de manera
independiente o al
margen de la industria,
aunque siempre hay un
modo de poder participar
en las obras. Por eso
surge la Muestra de
Jóvenes Realizadores,
que no es solamente un
evento de siete días,
sino un proyecto pensado
para todo el año, para
sostener una estrategia
de trabajo con los
jóvenes. La Muestra
tiene como objetivo
fundamental la relación
entre todo el universo
creativo audiovisual
cubano con la
institución del estado
que es el ICAIC, o sea,
estimular la interacción
entre los jóvenes
realizadores y de la
institución con un fin
claro: el sostenimiento
y el futuro del cine
cubano.
Marisol Rodríguez: La Muestra desde
su concepción ha sido un
mecanismo creado por el
ICAIC no solo para
descubrir al talento
joven, exhibir sus obras
e integrarlos a la
producción
institucional, sino
también para propiciar
condiciones donde los
autónomos, con sus obras
y sus maneras de
producir, establezcan
una relación profesional
con la industria.
La manera actual en que
el ICAIC coexiste y
convive con los jóvenes
creadores, no es una
contradicción en estos
momentos como en muchas
ocasiones se ha querido
ver. Incluso, no a pocos
llama la atención el
hecho de que exista una
Muestra realizada desde
la institución que
aliente un audiovisual
no necesariamente
producido por ella. Para
nosotros este es un
signo de plenitud y
desarrollo que refleja
los avances producidos
no solo en Cuba, sino en
el mundo contemporáneo.
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Para la industria —que
en nuestra época (con el
apogeo de las nuevas
tecnologías), incluye a
la institución, no la
singulariza—, este
fenómeno es parte de un
proceso natural donde
cada vez se advierte el
empeño por lograr un
vínculo profesional con
ellos y su producción,
que no siempre es
“puramente”
independiente, pues las
ayudas provienen de
diversas fuentes,
personales o no, y
generalmente el papel de
la institución es
determinante en alguna
etapa del proceso. Es lo
usual en cualquier
parte, y va siendo hora
de que no sigamos
analizando el asunto con
herramientas viejas,
como se ha dicho más de
una vez por la actual
dirección del ICAIC.
En el año 2000 tuvimos
la suerte de que un
grupo de personas desde
la institución tuvieran
la voluntad de hacer un
espacio que propiciara
el conocimiento y la
reflexión alrededor de
una producción
alternativa, lo cual
evidenciaba comprensión,
sensibilidad y
aceptación por el
audiovisual realizado
fuera del ICAIC. Aquella
decisión se adoptó para
garantizar el
crecimiento de este
fenómeno, su plenitud, y
que trasciende al evento
como tal.
Desde el ICAIC existe un
programa de atención y
desarrollo a los nuevos
realizadores que intenta
trabajar de una manera
sistémica y coherente,
aun cuando nos
enfrentamos a todo tipo
de problemas,
principalmente los
económicos, de los que
no escapan otros
espacios de la sociedad
cubana actual. Si bien
una de las acciones más
visible es la Muestra
que se realiza cada
febrero, no es justo
reducir a ella lo que se
viene haciendo.
Apoyar la producción
constituye la prioridad
dentro de este programa
ya que es uno de los
intereses esenciales de
los nuevos realizadores.
Pero si para las
producciones del ICAIC
hay dificultades
materiales, ¿cómo será
para quienes vienen de
fuera, pidiéndonos
ayuda?
Hemos encontrado algunas
variantes que
representan una
colaboración importante
para la realización de
sus proyectos. Haciendo
cine es un espacio
dentro de la Muestra que
ha posibilitado la
materialización de
varios proyectos de
ficción con un esquema
de financiamiento de
bajo presupuesto.
Entidades que
regularmente apoyan la
producción audiovisual
como la Escuela
Internacional de Cine y
Televisión de San
Antonio de los Baños
(EICTV), la Asociación
Hermanos Saíz (AHS), la
Casa Productora de
Telenovela, el Centro
Memorial Dr. Martin
Luther King y el ICAIC,
entre otras, asisten a
una presentación de
proyectos (pitching)
en el marco del evento,
involucrándose a partir
de sus intereses y
posibilidades, en los
que consideran mejores
propuestas para
producir, ya sea en
régimen de producción
total o en
coproducción.
Por otra parte, se han
lanzando convocatorias
de documentales también
con un esquema de bajo
presupuesto, cuyas bases
admiten integrar las
maneras en que realizan
los jóvenes sus trabajos
independientes con la
experiencia de la
institución. Los
ejemplos más recientes
han sido los
documentales sobre el
aniversario 50 del
ICAIC, cuyo asesor
general fue Jorge Luis
Sánchez, pero en el que
intervinieron cuatro
jóvenes realizadores, y
la serie de documentales
sobre el amor, aún en
proceso, que será
asumida por tres jóvenes
realizadoras.
En relación con el apoyo
a los proyectos
realizados por los
estudiantes, la
Productora Audiovisual
mantiene un colaboración
estable desde el 2001 a
la producción de muchas
de las tesis y trabajos
de curso de 4to. año que
se realizan en la
facultad de medios
audiovisuales del ISA.
La ayuda fundamental es
tecnológica. También se
realizan asesoramiento
en diferentes
especialidades, apoyo en
la posproducción y se
aportan elementos
escenográficos, entre
otras necesidades
básicas de producción.
Independientemente de
estas vías creadas para
encauzar algunas
propuestas de los más
jóvenes, existen las
establecidas por el
instituto donde lo mismo
puede presentar un
director consagrado que
cualquier joven que se
inicia.
Muchos premiados en la
Muestra vienen con
proyectos relativamente
avanzados, realizados
con tecnologías propias,
buscando apoyo en alguna
etapa del proceso y han
sido respaldados por la
Productora. Es una
variante que el
instituto ha asimilado y
permite además
diversificar la
producción.
Como la realización, la
divulgación es esencial
dentro del programa. Ha
sido siempre, y continúa
siéndolo un reclamo de
los jóvenes en todos los
encuentros que tenemos
con ellos. A diferencia
de años anteriores se ha
podido diseñar una
estrategia de exhibición
y programación desde los
espacios de la
institución y otros
coordinados con la
televisión.
Susana Molina: A lo largo
de los años ese vínculo
se ha ido acotando y
desarrollando un poco
más y en el intercambio
hemos sabido cuáles son
las insatisfacciones de
los jóvenes y del ICAIC.
Respondiendo a uno de
los reclamos de los
jóvenes realizadores
sobre la exhibición de
manera continuada y
sostenida de sus obras,
se presentan en la
actualidad en 34 salas
de cine a lo largo de
todo el país.
Marisol Rodríguez: Los últimos
viernes de cada mes se
realiza en el Centro
Cultural Cinematográfico
el espacio DeMuestraHoy,
además en el Cine 23 y
12 cada viernes, en las
tandas 5 y 8 p.m., se
exhiben programas de una
hora y media. En el
resto del país se
repiten los viernes
alternos algunos de los
programas en las salas
de cine.
Susana Molina: Se han creado también
talleres, seminarios,
clases magistrales;
mensualmente la oficina
de la Muestra lleva a
cabo un encuentro, en
ocasiones se ofrecen
talleres de guión, de
fotografía, de derecho
de autor —porque ese es
uno de los problemas que
tienen las obras de los
nuevos realizadores, que
ponen música de
cualquier compositor y
después por esa razón
los audiovisuales no se
pueden comercializar ni
exhibir en muchos
espacios.
Durante los días de la
Muestra se hace un
concurso y el premio es
el apoyo a la
realización en
diferentes fórmulas de
esas obras. También está
la posibilidad de que
los jóvenes participen
en otras convocatorias
que hace la industria,
como la convocatoria
para documentales, la
que hace el fondo de
Fomento, y se selecciona
lo que más calidad
tenga. El primer taller
realizado con jóvenes
fue el de guión,
dirigido por Senel Paz,
donde cada uno de los
talleristas debía
presentar un proyecto
para un cortometraje y
esos cortos se iban a
unir en filmes. Los
seleccionados fueron los
de Esteban Insausti,
Lester Hamlet y Pavel
Giroud, y salió la
película 3 veces 2.
O sea, allí surgen
estos tres realizadores
del cine cubano que
después de esa obra han
tenido la oportunidad de
filmar con el ICAIC. El
más afortunado ha sido
Pavel, que hizo La
edad de la peseta
basado en el guión de
otro joven realizador:
Arturo Infante, y
después tuvo la
oportunidad de hacer
Omerta. También se
terminaron el rodaje de
Casa vieja, de
Lester; y Larga
distancia, de
Esteban. Además están en
producción
Pleistation, de Ian
Padrón y La piscina,
de Carlos Machado, que
fue un proyecto salido
de la Muestra de Jóvenes
Realizadores. El
resultado en general ha
sido satisfactorio para
la industria; es un
orgullo que, a partir de
esa estrategia de
desarrollo de jóvenes
talentos, hayan salido
varias obras. Esto
demuestra que hay un
talento, una capacidad
creativa que la
institución debe apoyar,
darles todas las
oportunidades que se
merecen y para que
después haya un
resultado concreto para
la cinematografía
cubana.
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Marisol Rodríguez: También en
coordinación con la
Televisión, se colabora
con los espacios Nuevos
Aires, ISA TV y la
revista cinematográfica
Secuencias los
cuales divulgan el
trabajo realizado por
los jóvenes
realizadores.
El pasado año comenzamos
la Gira Nacional de la
Muestra, de manera
conjunta con la AHS y la
UNEAC en las provincias
orientales; en los
próximos meses debe
tener continuidad en las
provincias centrales, y
después en Matanzas,
Pinar del Río e Isla de
la Juventud. En estas
muestras participan los
realizadores y se
debaten las obras
presentadas.
Por otro lado, los
distintos festivales que
auspicia el instituto
como el Festival
Internacional del Nuevo
Cine Latinoamericano,
Festival Internacional
del Cine Pobre de
Humberto Solás y el
Festival Internacional
Santiago Álvarez in
Memoriam abren sus
espacios a la obra
audiovisual de muchos
jóvenes, siempre y
cuando se ajusten a las
bases de cada evento.
Susana Molina: El año pasado, junto a
la mayor parte de las
muestras que salieron
hacia todas partes del
mundo para conmemorar el
aniversario 50 del
ICAIC, llevamos las
obras de los jóvenes
realizadores, realizadas
independientemente del
ICAIC, con su ayuda o en
coproducción. Cuando
hicimos la lista de las
obras presentadas en el
programa, había 300
funciones de obras
de jóvenes realizadores
con presencia
internacional en
distintos eventos en los
últimos años.
Marisol Rodríguez: Las muestras
presentadas en el
festival de documental
de Bellaria (Italia),
Montreal (Canadá), Casa
América (Madrid),
Sección de Mercado en
Clermont Ferrand y
Montpellier (Francia),
Festival de Lebu-Caverna
de Benavides (Chile),
Semana de cine cubano en
Italia y el Festival
Internacional de Cine de
Lima permitieron
divulgar esta otra
mirada como parte de
nuestra cinematografía
nacional.
Es cierto que la Muestra
como evento y programa
ha favorecido la
inserción y el
desarrollo de muchos de
los jóvenes creadores,
no solo en la industria
cinematográfica, sino
también en el medio
audiovisual en general.
Su concepción y sus
estrategias desde el
inicio han estado
encaminadas hacia ese
fin, pero han sido
fundamentales la
comprensión, la
aceptación y la
sensibilidad ante este
fenómeno por parte de
quienes tienen la
responsabilidad de
crear, mantener, cuidar
y defender proyectos
como estos.
En mi opinión, todavía
falta más cultura sobre
los fenómenos
audiovisuales, cada vez
más condicionados por
las nuevas tecnologías.
Se necesita más
información y
conocimiento sobre estos
temas y una mirada
desprejuiciada a las
propuestas artísticas y
estéticas que hacen los
más jóvenes.
El ICAIC como
institución cultural no
va a abandonar la labor
formadora que lo ha
caracterizado desde su
fundación. Continuará
con la responsabilidad
de preparar a los
jóvenes para que
trabajen dentro de la
industria, y cuando lo
hagan fuera de ella
mantener una relación
profesional con ellos.
Uno de los reclamos que hacen
también los jóvenes es
que existe una cierta
lentitud dentro de la
industria, pero esa no
es una problemática que
afecte únicamente a los
jóvenes, sino que atañe
a todos los realizadores
cubanos.
Susana Molina: La lentitud que tiene
la industria, no le
atañe solo a ella, pero
el primero en querer
cambiar esa realidad es
el ICAIC. Tanto es así
que en el proceso previo
del Congreso de la UNEAC
creamos un frente de
institución y
realizadores con
presencia de los jóvenes
realizadores donde
estaba Pavel Giroud,
Carlos de la Huerta, que
es un productor joven, y
también Rebeca Chávez, o
sea, estaban juntos
gentes con más tiempo en
el ICAIC y otros más
jóvenes halando la misma
cuerda para hacer
cambios y
transformaciones
necesarias. Estas son
algunas, otras deben ir
hasta el parlamento
porque se necesita
transformar una ley y
eso no se puede hacer a
nivel de institución;
otros cambios serían en
materia de derecho de
autor, la creación de un
fondo de fomento en la
que cualquier persona, a
título individual, pueda
presentar un proyecto y
ser beneficiado, después
de que haya sido
aprobado por un comité
de cineastas, con dinero
para hacer una
producción total o
parcialmente. Se
hicieron otras
peticiones como el
reconocimiento del
realizador y del
productor audiovisual
autónomo, como mismo
existe el creador
independiente en el caso
de las artes plásticas.
Con estos planteamientos
se busca implementar un
sistema legal que
pudiera reconocer la
realidad actual, o sea,
de ese “deber ser” a
tono con las
circunstancias; y
trabajamos todos unidos.
A la industria se le
acusa de lenta, de
gigante, pero tiene los
mismos problemas que
cualquier otra, pues
debe regirse por las
leyes que el gobierno
cubano tiene en cuenta
para las direcciones
estatales, para el
control de los recursos,
para el uso del
financiamiento líquido,
para la aplicación de
las leyes relacionadas
con el derecho de autor
o con las leyes
laborales. El dinero que
tiene que invertir el
ICAIC para hacer una
producción es
considerablemente mayor
al que puede necesitar
un joven de manera
independiente por varias
razones; pongamos por
ejemplo las fórmulas de
contratación: cuando un
actor hace una obra con
el ICAIC firma un
contrato, y la
institución debe
pagarle. Lo que gana un
actor cuando trabaja con
el ICAIC es muy superior
a cuando lo hace con una
obra independiente, con
la que casi no cobra
nada; sin embargo,
cuando lo hace con el
ICAIC se le paga porque
su trabajo tiene un
valor que se debe
respetar, como mismo
respetamos el trabajo de
un director de
fotografía y de un
productor. Si se le
pregunta a Cremata
cuánto le costó
Chamaco dirá que 100
CUC, pero ninguna de las
personas que trabajaron
en esa película cobraron
un salario por su
trabajo, lo hicieron
porque se sentían
comprometidos por el
proyecto que Cremata
quería hacer y por el
interés de trabajar en
una película cubana. Si
esa misma obra la
hubiera hecho Cremata
con el ICAIC, como mismo
hizo El premio flaco,
allí todo el mundo
hubiera cobrado su
salario, las cosas
tuvieran que hacerse
como lo tiene estipulado
la institución, y el
costo hubiera sido
diferente.
Roberto Smith: Susana explicó qué es
el ICAIC; pero vuelvo a
eso porque sobre todo
los jóvenes tienen una
visión parcial de la
institución como una
productora, pero debemos
verlo como una
integridad. Con respecto
de si existe o no una
política dirigida a la
promoción, a la
captación, a la
protección del talento
de los jóvenes, sí, y
ahí están los hechos
para probarlo. No es
solo asimilar que quien
quiera hacer una
película la haga, sino
la captación de jóvenes
a la industria en
edición, sonido, cámara…
La primera pregunta
sería: ¿el ICAIC puede
satisfacer todas las
ambiciones de los
jóvenes, puede darles
espacio a todos? No lo
puede hacer, ni para los
más jóvenes ni para los
más viejos, porque el
cine es muy caro. Hay
una especie de fantasía
en los jóvenes de que el
cine puede ser barato y
que es caro porque
nosotros operamos a la
antigua, porque somos
dinosaurios. Quizá la
antigüedad y la
complejidad de la
producción actual tengan
muchas razones, pero el
cine no es barato. Hay
producciones baratas
dentro y fuera de la
industria en todas
partes del mundo, pero
dentro de la industria
no hay espacios para
todos. Es imposible en
estos momentos, donde
hay una avalancha de
jóvenes formados en las
escuelas y los formados
en la práctica porque
muestran interés.
En segundo lugar, habría
que preguntarse: ¿el
ICAIC ofrece
oportunidad de hacer
películas? Sí, y lo está
haciendo de una manera
coherente, sistemática,
diaria. Desde hace diez
años empezó este
proyecto que comenzó
como un festival más en
la primera Muestra, y se
ha consolidado como un
mecanismo de atención
permanente para que los
proyectos de más
posibilidades y los
talentos puedan entrar.
Hay una política
cultural consistente,
aunque sus resultados
pueden no ser lo que
quisiéramos.
Otro mecanismo es la
compra de derechos: uno
siempre piensa que
pueden existir distintos
mecanismos para la
promoción de esa obra de
los jóvenes, puede ser
que ellos sean
trabajadores de la
industria, y que con
algún mecanismo de
convocatoria, del Fondo
de Fomento uno pueda
financiar total o
parcialmente una
película. Puede ser que
aunque el ICAIC no ponga
el dinero se edite aquí
o aportemos las cámaras,
el sonido, o puede ser
que una película se haga
totalmente fuera del
ICAIC; pero cuando se
presente como obra
terminada, al ICAIC le
interese y compre los
derechos para exhibirla.
Son fórmulas existentes
en todas partes del
mundo.
¿Cuáles son los proyectos que asumen
hoy los jóvenes dentro
de la institución?
Marisol Rodríguez: Con la
democratización de las
nuevas tecnologías y la
labor de las escuelas de
cine, en nuestro país se
creó un escenario mucho
más favorable para la
formación y el
desarrollo del joven
relevo. Sin lugar a
duda, ha posibilitado la
entrada de jóvenes que
dominan muy bien la
tecnología. En la
posproducción se observa
mucho esa renovación. No
obstante, el ICAIC tiene
sus propios cursos de
asistente de dirección,
de producción, de
fotografía, de sonido,
etc., que vienen a
fortalecer esta
formación, sobre todo en
las especificidades de
nuestro medio
cinematográfico.
Todos los jóvenes
insertados, ya sea como
parte de su servicio
social o no, han tenido
la posibilidad de
incorporarse a diversas
producciones, que no
solo han representado
fuentes de empleo, sino
también una vía útil de
aprendizaje.
Desde hace varios años,
muchos de los graduados
de la facultad de medios
del ISA son ubicados en
diferentes áreas del
ICAIC como parte de su
servicio social. Los más
aventajados y talentosos
terminan asumiendo la
dirección de proyectos
auspiciados por la
propia institución o por
encargo de otras.
Varios jóvenes
guionistas han trabajado
conjuntamente en
proyectos de
largometrajes de ficción
de reconocidos
directores de cine.
Estos junto con otros se
han encargado desde hace
unos años de la
evaluación de muchos
proyectos nacionales e
internacionales, y se
han consolidado en un
equipo de lectores y
analistas reconocidos
por su profesionalismo.
Los jóvenes
realizadores, editores,
guionistas, fotógrafos,
sonidistas, que cada
vez son más, asumen
paralelamente el trabajo
que realizan con la
industria con su
producción
independiente. Hacen su
cine a como dé lugar.
Esto también es común
para el medio
televisivo.
En producciones como
Kangamba, El Beny,
El viajero inmóvil,
Los dioses rotos,
Rojo vivo,
Omertá, Lisanka,
José Martí: el
ojo del canario, por
citar solo algunas de
las más recientes, han
participado, formando
parte del equipo de
filmación, muchos
jóvenes productores,
fotógrafos, sonidistas,
editores, asistentes de
dirección que a criterio
de los directores de
estas películas se
desempeñaron con un gran
profesionalismo.
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José
Martí: el ojo
del canario |
Esther Hirzel: En los estudios de
animación estamos
cumpliendo 50 años y en
este edificio se puede
apreciar cómo están
conviviendo tres
generaciones de
realizadores del género,
la primera de ellas
compuesta por aquellos
jóvenes que crearon el
Departamento de Estudios
Animados del ICAIC como
Juan Padrón o Tulio
Raggui. La plantilla de
este lugar hoy es casi
el 50 % menor de 30
años.
Se ha ido introduciendo
la posibilidad real de
que estos jóvenes
realizadores comenzaran
a hacer su ópera prima;
empezamos con el
movimiento de los videos
de canciones infantiles,
les dimos oportunidad a
un porcentaje muy alto
y, por supuesto, se
fueron destacando unos
más que otros. Hoy
tenemos como resultado
que las películas de
dibujos animados más
premiadas en los últimos
tres años han sido de
jóvenes. Por ejemplo, de
Ernesto Piña han
recibido reconocimientos
desde El propietario
hasta la serie
Pubertad, Alexandre
Rodríguez ha sido el
otro premiado, con su
Quietud interrumpida
y su Nené traviesa.
Acabamos de tener
premios con 20 años,
una obra de stop
motion. Eso es una
muestra de cómo el
dibujo animado cubano
está marcado por los
nuevos realizadores del
género quienes están
estableciendo una
estética, contemporánea
y renovada, que denota
dinámica.
En Dibujos animados han encontrado
espacio también jóvenes
salidos de la Muestra de
Nuevos Realizadores
Esther Hirzel: Sí, ese es el caso de
Ernesto Piña, quien era
muy conocido dentro de
los artistas
independientes de la
animación por su M5
y Todo por Carlitos.
Piña se quedó en la
industria y empezó
haciendo El
propietario, una
idea que él traía, con
la cual ha obtenido
premios, pero luego
aceptó un reto muy
grande para un nuevo
realizador, que es hacer
una obra por encargo: la
serie Pubertad,
premiada en Italia en un
Festival de la radio y
televisión italiana como
mejor serie de este
tipo, y actualmente está
compitiendo en el
Festival Prix Jeunesse
de Alemania de programas
para la televisión. Este
es el caso de un joven
talentoso que decidió
apostar por la industria
y dentro de ella es
premiado tanto con un
proyecto personal, como
con un proyecto por
encargo.
Aquí vienen además
muchos jóvenes
estudiantes del ISA que
tienen inquietudes y
quieren participar en
una obra o hacer una
tesis, y nosotros
también los apoyamos.
¿Cuáles son los principales desafíos
a los que se enfrentan
hoy el ICAIC y el cine
cubano?
Susana Molina: Tenemos que cambiar
algunas legislaciones y
regulaciones vigentes
que permita a la
industria como
producción
cinematográfica poder
deshacerse de
regulaciones que en un
momento funcionaron,
pero que no están a tono
con la realidad. Tenemos
que transformar también
el pensamiento de los
que están aquí adentro.
En su mayoría las
estructuras nuestras
están acostumbradas a
funcionar a través de un
estado que te lo provee
todo, donde puedes hacer
tu idea completa. Hay
una diferencia
sustancial con respecto
a la producción: en casi
todos los lugares del
mundo el productor es
quien dirige, y aquí lo
hace el creador, el
realizador.
Estamos acostumbrados a
trabajar con ese tipo de
producción donde no
falta nada: hay un
director asistente, un
asistente y un asistente
del asistente para no
dejar que se descuide
nada. En una producción
del ICAIC no se va a
filmar si no se tienen
dos plantas eléctricas,
es decir, hay un sistema
creado para una gran
industria que en estos
momentos no existe. Y la
mentalidad tiene que ser
cambiada dentro y fuera
de la industria. Hay que
lograr acoplar el
pensamiento en nuestras
diferentes estructuras.
Hay otros problemas de
parcelas que también
debemos saltar, lograr
que un área y la otra se
apoyen más, que nos
demos cuenta también de
que la industria es una
sola y que un asunto de
producción tiene que ver
con la promoción
internacional, con el
patrimonio. Una obra de
arte audiovisual
pretende vivir
eternamente, no es se
filmó y ya. Esa obra
lleva después un
proceso: debes
exhibirla, difundirla.
En el terreno de la
producción los retos son
hacer equipos mucho más
flexibles y eficientes,
a tono con la actualidad
tanto tecnológica, como
económica. En cuanto al
área de patrimonio,
estamos en un proceso de
restauración de las
edificaciones para
lograr que la estructura
arquitectónica y de
refrigeración llegue a
nivel óptimo, para
después entrar en la
restauración del
patrimonio.
Otro tema que nos
preocupa y que debemos
transformar es la
exhibición, en primer
lugar las salas de cine
donde exponemos nuestras
películas; en este país
hay más de 300 salas de
cine, más otras tantas
de video y de
televisión. ¿Qué empresa
de cine tiene tantas
salas? ¿Cuántas podemos
atender para que el
pueblo de Cuba pueda ver
películas en una buena
sala de cine? Hay solo
seis salas en Cuba
mantenidas por el ICAIC,
y a pesar de eso
nosotros tratamos de
tener una sala buena en
cada provincia. Habíamos
reparado 17 salas antes
del paso de los ciclones
y de ellas una buena
parte perdieron sus
condiciones. El reto es
lograr de conjunto entre
el ICAIC y los gobiernos
provinciales que las
salas mejoren su
condiciones.
La preocupación nuestra
por la formación del
talento joven no es
después de que salen de
las escuelas. El ICAIC
ha convocado a un grupo
de trabajo para la
atención al ISA,
integrado por el ICRT,
la UNEAC, el ICAIC, la
UJC, todo el que
nosotros podamos sumar a
ese grupo, con el
objetivo de elevar la
calificación del
personal docente de la
escuela. Hemos trabajado
en el perfeccionamiento
de los planes de estudio
en las escuelas. En los
estudios de animación se
hace un taller para los
estudiantes de la
escuela de cine, ya que
no tiene dentro de su
currículo oficial la
animación, y para que
puedan tener lo demás de
manera opcional.
La preocupación del
ICAIC por los jóvenes es
tan grande que el
Ministerio de Cultura
nos iba a financiar un
proyecto al igual que a
otras instituciones
culturales, mediante el
cual grupos de artistas,
irían a diferentes
países de América
Latina: Ecuador, Brasil,
Venezuela. El ICAIC
formó ocho grupos de
realización y filmación
para hacer proyectos,
los cuales no fueron
constituidos por
personas del ICAIC, sino
con alumnos de las
escuelas de cine y
realizadores
independientes. De allí
salió La dimensión de
las palabras, una
película sobre la
campaña de
alfabetización llevada a
cabo por Cuba en
diferentes países de
América Latina y África
con el método de Yo sí
puedo. Se filmaron
filmes en Guatemala,
Venezuela, Bolivia
dirigidas por equipos
completamente ajenos al
ICAIC, de jóvenes
realizadores cubanos. De
algún modo, es una
prueba del interés del
instituto.
|

La dimensión de
las palabras |
Podríamos estar hablando también de
avances en lo que la
institución se propone…
sigue con los mismos
lineamientos, pero de
algún modo se
transforma…
Susana Molina:
¿Cómo empezó a trabajar
Fernando Pérez en el
ICAIC? Fernando
pertenecía a un equipo
de traductores. Antes
todos empezaban
limpiando, pintando,
prensando. Aquí no había
escuela de cine, para
entrar al ICAIC incluso
algunos venían y
trabajaban hasta como
vigilantes en la puerta.
Todo el mundo entraba al
ICAIC para hacer algo,
algunos escribían para
la revista Cine
Cubano. Así llegaron
Chijona, Rebeca y otros
con una cultura que se
fue explotando en la
escuela en la que se
convirtió el ICAIC.
Ahora no es así, se le
da un título de director
al que sale de una
escuela con 23 años.
Muchos como Fernando
Pérez estaban afuera,
tratando de ser
directores porque aquí
no podían entrar. En el
94 se unieron dos cortos
y se hizo la única
película que produjo el
ICAIC en ese año, ¿quién
iba a entrar si
estábamos asfixiados? A
la vez empezaron las
tecnologías, las
escuelas…
Se ve cómo el público continúa
identificándose con las
propuestas de los
realizadores cubanos…
¿Qué importancia tiene
este hecho en un momento
en que en el mundo
entero las salas de cine
están llenas de cine
comercial?
Susana Molina:
Nosotros debemos
sentirnos muy orgullosos
del respaldo que el
público cubano le da a
su cinematografía. Fue
una tarea titánica la
que tuvo el ICAIC con su
surgimiento al conformar
y alfabetizar a un
público, al
democratizar las
pantallas de cine en
todo el país, pues aquí
se veía solo cine
argentino, mexicano y de
Hollywood ―descontando
los cineclubes
respetables existentes
que sí tenían un acceso
diferente a otra
filmografía. El ICAIC
puso a disposición de la
gente cinematografía de
todas partes, y lo hace
hoy todavía.
En un período
determinado, por razones
fundamentalmente
económicas, el ICAIC
tuvo que poner en la
mayor parte de las salas
cine comercial de EE.UU.
Hoy esa realidad ha
cambiado, el 60 % de lo
que se exhibe proviene
de todas partes del
mundo.
No hay un retroceso del
público, sino un cambio
por la presencia de las
nuevas tecnologías en
las casas, donde la
gente hace copias de
películas de cualquier
tipo. Por eso, hay menos
público en los cines.
Pero no ha cambiado el
apoyo a la
cinematografía cubana.
Cuando sale una película
cubana, la gente
desborda las salas de
cine. Si el país no
tuviera la complejidad
de las dos monedas ―el
cine cuesta como
promedio aproximado 80
centavos en el país― y
no tuviéramos como
política lograr que el
pueblo acceda
masivamente a la
cultura, y la entrada
costara más, todas las
obras del cine cubano
recuperarían su
inversión por la
cantidad de público que
va a verlas. Tenemos la
contradicción de que las
películas se hacen
fundamentalmente en
moneda convertible, pero
las entradas se cobran
en moneda nacional. No
hay una relación entre
el gasto de la
institución y el costo
de los servicios que
brinda, porque hay una
política cultural
revolucionaria que
prioriza el acceso del
pueblo a la cultura.
Sobre los hombros del
estado caen esta
institución, la
cinematografía cubana,
los Estudios de
Animación, el desarrollo
del talento joven, la
formación en las
escuelas de cine ―la
enseñanza es sumamente
cara porque requiere de
equipamiento―, etcétera.
En una entrevista reciente Omar
González afirmaba que:
“Desde su surgimiento el
ICAIC se ha pronunciado
por un cine que no eluda
los problemas de nuestra
realidad, que no eluda
los conflictos”, que
fuera un cine
revolucionario; de algún
modo esto se sigue
viendo en la obra de los
jóvenes, pero también de
los consagrados…
Marisol Rodríguez:
Nuestro cine
hasta el día de hoy
continúa
caracterizándose por esa
premisa. La
Muestra como evento y
programa es un ejemplo
de ello.
Susana Molina: Hay personas que tal
vez no estén tan
informadas o que quizá
no han seguido la
historia, y piensan que
a la Muestra de Nuevos
Realizadores, por
ejemplo, van obras que
complejizan la realidad
de un modo diferente.
Sin embargo, hay una
consecuencia en el cine
cubano que es la
preocupación que tienen
los cineastas cubanos
desde el surgimiento del
ICAIC hasta nuestros
días de hacer una
introspección en la
sociedad y la cultura
cubanas. Lo hacen con
mucha dignidad y
responsabilidad.
A los cineastas cubanos
en general les preocupa
lo que pasa en su país,
quieren lo mejor para
él, quieren
transformarlo y van en
busca de los problemas
de cualquier índole por
los que atravesamos. Hay
varios ejemplos de ello:
El propietario,
tiene un contenido ético
filosófico muy
relacionado con lo que
ha ocurrido en el mundo
en los últimos años,
pero también con lo que
ha acontecido en Cuba.
Otra obra de animación,
Tribus urbanas,
habla de cómo los medios
de comunicación han
diseñado una estética y
quien no entra en ella
se queda fuera de todo,
y con esa estética
llegan a una comunidad
indígena. Esa
preocupación la ha
planteado un muchacho
muy joven.
Este año hubo una
película muy importante
en la Muestra de Nuevos
Realizadores, titulada
A dónde vamos. Es
un documental realizado
por la Televisión
Serrana, referido a la
situación en algunas
comunidades montañosas,
donde se ha producido un
éxodo de los campesinos
y, por tanto, una
parálisis en la
producción agrícola. Es
un estudio interesante
porque da información,
complejiza la realidad,
propone ideas, ofrece
datos, hace reflexionar.
También lo hace Fernando
Pérez en José
Martí…, lo hizo en
Suite Habana, una
obra que complejiza
nuestra realidad, que
defiende nuestra
cultura, la
característica de los
cubanos de seguir
soñando aun en medio de
la situación económica
más difícil.
|

Suite Habana |
Sí hay una diferencia.
En la Muestra, hay obras
que se inscriben como
documentales y no lo
son, sino reportajes muy
bien hechos desde el
punto de vista
periodístico. Hay una
buena parte de
responsabilidad por
parte de las
instituciones, que a
veces no les damos
visibilidad a
determinados aspectos de
la realidad, pero que
podrían tener un
análisis en los medios,
sobre todo los que tiene
que ver con problemas
coyunturales. Pero el
documental es una obra
de arte con una
profundidad determinada,
y el reportaje tiene una
inmediatez. Los acogemos
en la Muestra porque en
algún lugar han de tener
divulgación.
Ahora están teniendo
mucha fuerza las mujeres
en las Muestras.
Aumentan las
realizadoras, las
directoras de
fotografía, las
animadoras, y hacen
obras de un nivel de
gravedad y fuerza
dramática, con un
desenfado en
determinados temas que
nos hacen muy felices y
orgullosos. La presencia
de mujeres realizadoras
podía haber sido un
problema histórico del
ICAIC, aunque podemos
mencionar a Sara Gómez,
Belkis Vega, Rebeca
Chávez; pero esa
realidad también se está
subvirtiendo en la
actualidad.
Marisol Rodríguez: El ICAIC siempre
apostará por proyectos
que asuman un riesgo
artístico y estético
dentro de nuestra
sociedad, aun cuando
estos no sean resultados
de producciones propias,
como suceden con muchas
obras de la Muestra. Sin
embargo, al asumir su
exhibición y
distribución, el ICAIC
se compromete con ellas
como si fueran suyas. |