Año VIII
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Diálogo coral a medio siglo del surgimiento del ICAIC

Yinett Polanco • La Habana

 

Con más de medio siglo de vida e historia el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) es una de las instituciones emblemáticas de la política cultural de la Revolución. El ser casi contemporáneo al triunfo revolucionario mismo y la profunda preocupación social, vinculada a un amor raigal por el séptimo arte, le han permitido marcar de manera ineludible el quehacer cinematográfico cubano. Durante años, aunque existían los Estudios Fílmicos de la Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) o algunas obras realizadas con la televisión, el ICAIC era “la” productora cubana por antonomasia a pesar de que no era, ni es, esa su única función. Hoy, con el desarrollo de las nuevas tecnologías y el acceso de un mayor número de realizadores a ellas, el Instituto se encuentra abocado a nuevos desafíos. Un diálogo coral con Susana Molina, vicepresidenta de Relaciones Internacionales; Esther Hirzel, directora de los Estudios de Animación; Marisol Rodríguez, directora de la Oficina de Creación Artística y Roberto Smith, vicepresidente de Exhibición, permiten vislumbrar las pautas y proyecciones del trabajo de este proyecto que fuera fundado por Alfredo Guevara, Tomás Gutiérrez Alea y Santiago Álvarez cuando todo en Cuba respiraba futuro.

Fundado hace 50 años el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos es una de las instituciones emblemáticas de la política cultural de la Revolución. Con estas cinco décadas de historia, ¿qué es el ICAIC hoy?

Susana Molina: Desde sus inicios el ICAIC ha asumido los mismos principios, las mismas líneas de trabajo: sigue siendo la más importante productora de cine en Cuba, quien programa, exhibe y distribuye los filmes en la Isla —aunque las salas no les pertenezcan al ICAIC, sino a los gobiernos provinciales—, continúa siendo el sitio que guarda el patrimonio cinematográfico del audiovisual cubano, el lugar desde donde también se organizan casi todos los eventos de cine que se realizan en Cuba, la promoción internacional del cine cubano tanto de los autores, como de sus obras. Es quien establece, además, vínculos internacionales muy fuertes, principalmente con América Latina, con el comité de cineastas. Lo que han cambiado son las circunstancias: los soportes tecnológicos, el país, se han creado dos escuelas de cine, la de San Antonio de los Baños y la Facultad de Medios de Comunicación Audiovisual del Instituto Superior de Arte.

La institución se encuentra hoy ante la realidad de que la producción cinematográfica del país desborda sus espacios, tal como se aprecia en la Muestra de Nuevos Realizadores. ¿Existen mecanismos creados para que los mejores de esos jóvenes puedan integrarse posteriormente a la filmografía producida desde el instituto, o al menos, a sus circuitos de distribución?

Susana Molina: El ICAIC fue fundado eminentemente por un grupo de jóvenes, que entonces hicieron en él sus primeras obras por no haber tenido oportunidad en los momentos anteriores al triunfo de la Revolución. En la actualidad los jóvenes sí tienen instituciones a las cuales poderse acercar y trabajar, y el ICAIC tiene la dicha de que, a partir de la política cultural de la Revolución Cubana, hay una masa de jóvenes —no solo realizadores de audiovisual— de las cuales puede nutrirse. Lo que le sucede al ICAIC es que la masa creativa desborda las capacidades de una institución cultural por la cantidad de escuelas de arte que el país creó, desarrolló y ha sostenido a lo largo de estos 51 años; pero eso sucede con todas las demás manifestaciones artísticas. Esa masa juvenil son los creadores actuales que están estudiando en el ISA y otras escuelas y academias de nivel superior. Una parte de ellos tiene acceso a las nuevas tecnologías, fundamentalmente los radicados en Ciudad de La Habana, pero no ocurre lo mismo con los del resto de las provincias. Es una diferencia que se debe tener en cuenta, y debemos pensar en el conjunto. Por otra parte, no es para nadie secreto que la industria, la cultura y el país han atravesado por una crisis económica fuerte, muy agudizada en los últimos tiempos por lo cual se limitan en un grado preocupante las posibilidades de la industria de sostenerse a sí misma, a todo el universo de trabajo del ICAIC: la exhibición, la programación, la conservación… ello afecta la posibilidad para apoyar tanto como quisiera a los jóvenes realizadores.

Una de las estrategias fundamentales que ha desarrollado el ICAIC en ese sentido es la celebración de la Muestra de Jóvenes Realizadores, que cumple diez años en la próxima edición. En ella se ha tratado de establecer una relación con los nuevos realizadores a tono con los tiempos actuales. Cabe destacar que en toda su vida el cine cubano ha tenido su relevo, pero en estos últimos años ha habido una preocupación muy particular con esos vínculos, ha habido una avalancha de jóvenes salidos de las escuelas, hay una situación económica diferente y un desarrollo tecnológico que propicia la creación audiovisual de manera independiente o al margen de la industria, aunque siempre hay un modo de poder participar en las obras. Por eso surge la Muestra de Jóvenes Realizadores, que no es solamente un evento de siete días, sino un proyecto pensado para todo el año, para sostener una estrategia de trabajo con los jóvenes. La Muestra tiene como objetivo fundamental la relación entre todo el universo creativo audiovisual cubano con la institución del estado que es el ICAIC, o sea, estimular la interacción entre los jóvenes realizadores y de la institución con un fin claro: el sostenimiento y el futuro del cine cubano.

Marisol Rodríguez: La Muestra desde su concepción ha sido un mecanismo creado por el ICAIC no solo para descubrir al talento joven, exhibir sus obras e integrarlos a la producción institucional, sino también para propiciar condiciones donde los autónomos, con sus obras y sus maneras de producir, establezcan una relación profesional con la industria.

La manera actual en que el ICAIC coexiste y convive con los jóvenes creadores, no es una contradicción en estos momentos como en muchas ocasiones se ha querido ver. Incluso, no a pocos llama la atención el hecho de que exista una Muestra realizada desde la institución que aliente un audiovisual no necesariamente producido por ella. Para nosotros este es un signo de plenitud y desarrollo que refleja los avances producidos no solo en Cuba, sino en el mundo contemporáneo.

Para la industria —que en nuestra época (con el apogeo de las nuevas tecnologías), incluye a la institución, no la singulariza—, este fenómeno es parte de un proceso natural donde cada vez se advierte el empeño por lograr un vínculo profesional con ellos y su producción, que no siempre es “puramente” independiente, pues las ayudas provienen de diversas fuentes, personales o no, y generalmente el papel de la institución es determinante en alguna etapa del proceso. Es lo usual en cualquier parte, y va siendo hora de que no sigamos analizando el asunto con herramientas viejas, como se ha dicho más de una vez por la actual dirección del ICAIC. 

En el año 2000 tuvimos la suerte de que un grupo de personas desde la institución tuvieran la voluntad de hacer un espacio que propiciara el conocimiento y la reflexión alrededor de una producción alternativa, lo cual evidenciaba comprensión, sensibilidad y aceptación por el audiovisual realizado fuera del ICAIC. Aquella decisión se adoptó para garantizar el crecimiento de este fenómeno, su plenitud, y que trasciende al evento como tal.

Desde el ICAIC existe un programa de atención y desarrollo a los nuevos realizadores que intenta trabajar de una manera sistémica y coherente, aun cuando nos enfrentamos a todo tipo de problemas, principalmente los económicos, de los que no escapan otros espacios de la sociedad cubana actual. Si bien una de las acciones más visible es la Muestra que se realiza cada febrero, no es justo reducir a ella lo que se viene haciendo.   

Apoyar la producción constituye la prioridad dentro de  este programa ya que es uno de los intereses esenciales de los nuevos realizadores. Pero si para las producciones del ICAIC hay dificultades materiales, ¿cómo será para quienes vienen de fuera, pidiéndonos ayuda?

Hemos encontrado algunas variantes que representan una colaboración importante para la realización de sus proyectos. Haciendo cine es un espacio dentro de la Muestra que ha posibilitado la materialización de varios proyectos de ficción con un esquema de financiamiento de bajo presupuesto. Entidades que regularmente apoyan la producción audiovisual como la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños (EICTV), la Asociación Hermanos Saíz (AHS), la Casa Productora de Telenovela, el Centro Memorial Dr. Martin Luther King y el ICAIC, entre otras, asisten a una  presentación de proyectos (pitching) en el marco del evento,  involucrándose a partir de sus intereses y posibilidades, en los que consideran mejores propuestas para producir, ya sea en régimen de producción total o en coproducción. 

Por otra parte, se han lanzando convocatorias de documentales también con un esquema de bajo presupuesto, cuyas bases admiten integrar las maneras en que realizan los jóvenes sus trabajos independientes con la experiencia de la institución. Los ejemplos más recientes han sido los documentales sobre el aniversario 50 del ICAIC, cuyo asesor general fue Jorge Luis Sánchez, pero en el que intervinieron cuatro jóvenes realizadores, y la serie de documentales sobre el amor, aún en proceso, que será asumida por tres jóvenes realizadoras.

En relación con el apoyo a los proyectos realizados por los estudiantes, la Productora Audiovisual mantiene un colaboración estable desde el 2001 a la producción de muchas de las tesis y  trabajos de curso de 4to. año que se realizan en la facultad de medios audiovisuales del ISA. La ayuda fundamental es tecnológica. También se realizan asesoramiento en diferentes especialidades, apoyo en la posproducción y se aportan elementos escenográficos, entre otras necesidades básicas de producción.

Independientemente de estas vías creadas para encauzar algunas  propuestas de los más jóvenes, existen las establecidas por el instituto donde lo mismo puede presentar un director consagrado que cualquier joven que se inicia. 

Muchos premiados en la Muestra vienen con proyectos relativamente avanzados, realizados con tecnologías propias, buscando apoyo en alguna etapa del proceso y han sido respaldados por la Productora. Es una variante que el instituto ha asimilado y permite además diversificar la producción.

Como la realización, la divulgación es esencial dentro del programa. Ha sido siempre, y continúa siéndolo un reclamo de los jóvenes en todos los encuentros que tenemos con ellos. A diferencia de años anteriores se ha podido diseñar una estrategia de exhibición y programación desde los espacios de la institución y otros coordinados con la televisión.

Susana Molina: A lo largo de los años ese vínculo se ha ido acotando y desarrollando un poco más y en el intercambio hemos sabido cuáles son las insatisfacciones de los jóvenes y del ICAIC. Respondiendo a uno de los reclamos de los jóvenes realizadores sobre la exhibición de manera continuada y sostenida de sus obras, se presentan en la actualidad en 34 salas de cine a lo largo de todo el país.

Marisol Rodríguez: Los últimos viernes de cada mes se realiza en el Centro Cultural Cinematográfico el espacio DeMuestraHoy, además en el Cine  23 y 12 cada viernes, en las tandas 5 y 8 p.m., se exhiben programas de una hora y media. En el resto del país se repiten los viernes alternos algunos de los programas en las salas de cine.

Susana Molina: Se han creado también talleres, seminarios, clases magistrales; mensualmente la oficina de la Muestra lleva a cabo un encuentro, en ocasiones se ofrecen talleres de guión, de fotografía, de derecho de autor —porque ese es uno de los problemas que tienen las obras de los nuevos realizadores, que ponen música de cualquier compositor y después por esa razón los audiovisuales no se pueden comercializar ni exhibir en muchos espacios.

Durante los días de la Muestra se hace un concurso y el premio es el apoyo a la realización en diferentes fórmulas de esas obras. También está la posibilidad de que los jóvenes participen en otras convocatorias que hace la industria, como la convocatoria para documentales, la que hace el fondo de Fomento, y se selecciona lo que más calidad tenga. El primer taller realizado con jóvenes fue el de guión, dirigido por Senel Paz, donde cada uno de los talleristas debía presentar un proyecto para un cortometraje y esos cortos se iban a unir en filmes. Los seleccionados fueron los de Esteban Insausti, Lester Hamlet y Pavel Giroud, y salió la película 3 veces 2. O sea, allí surgen estos tres realizadores del cine cubano que después de esa obra han tenido la oportunidad de filmar con el ICAIC. El más afortunado ha sido Pavel, que hizo La edad de la peseta basado en el guión de otro joven realizador: Arturo Infante, y después tuvo la oportunidad de hacer Omerta. También se terminaron el rodaje de Casa vieja, de Lester; y Larga distancia, de Esteban. Además están en producción Pleistation, de Ian Padrón y La piscina, de Carlos Machado, que fue un proyecto salido de la Muestra de Jóvenes Realizadores. El resultado en general ha sido satisfactorio para la industria; es un orgullo que, a partir de esa estrategia de desarrollo de jóvenes talentos, hayan salido varias obras. Esto demuestra que hay un talento, una capacidad creativa que la institución debe apoyar, darles todas las oportunidades que se merecen y para que después haya un resultado concreto para la cinematografía cubana.

Marisol Rodríguez: También en coordinación con la Televisión, se colabora con los espacios Nuevos Aires, ISA TV y la revista cinematográfica Secuencias los cuales divulgan el trabajo realizado por los jóvenes realizadores.

El pasado año comenzamos la Gira Nacional de la Muestra, de manera conjunta con la AHS y la UNEAC en las provincias orientales; en los próximos meses debe tener continuidad en las provincias centrales, y después en Matanzas, Pinar del Río e Isla de la Juventud. En estas muestras participan los realizadores y se debaten las obras presentadas.

Por otro lado, los distintos festivales que auspicia el instituto como el  Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, Festival Internacional del Cine Pobre de Humberto Solás y el Festival Internacional Santiago Álvarez in Memoriam abren sus espacios a la obra audiovisual de muchos jóvenes, siempre y cuando se ajusten a las bases de cada evento.

Susana Molina: El año pasado, junto a la mayor parte de las muestras que salieron hacia todas partes del mundo para conmemorar el aniversario 50 del ICAIC, llevamos las obras de los jóvenes realizadores, realizadas independientemente del ICAIC, con su ayuda o en coproducción. Cuando hicimos la lista de las obras presentadas en el programa, había 300 funciones de obras de jóvenes realizadores con presencia internacional en distintos eventos en los últimos años.

Marisol Rodríguez: Las muestras presentadas en el festival de documental de Bellaria (Italia), Montreal (Canadá), Casa América (Madrid), Sección de Mercado en Clermont Ferrand y Montpellier (Francia), Festival de Lebu-Caverna de Benavides (Chile), Semana de cine cubano en Italia y el Festival Internacional de Cine de Lima permitieron divulgar esta otra mirada como parte de nuestra  cinematografía nacional.

Es cierto que la Muestra como evento y programa ha favorecido la inserción y el desarrollo de muchos de los jóvenes creadores, no solo en la industria cinematográfica, sino también en el medio audiovisual en general. Su concepción y sus estrategias desde el inicio han estado encaminadas hacia ese fin, pero han sido fundamentales la comprensión, la aceptación y la sensibilidad ante este fenómeno por parte de quienes tienen la responsabilidad de crear, mantener, cuidar y defender proyectos como estos.

En mi opinión, todavía falta más cultura sobre los fenómenos audiovisuales, cada vez más condicionados por las nuevas tecnologías. Se necesita más información y conocimiento sobre estos temas y una mirada desprejuiciada a las propuestas artísticas y estéticas que hacen los más jóvenes.

El ICAIC como institución cultural no va a abandonar la labor formadora que lo ha caracterizado desde su fundación. Continuará con la responsabilidad de preparar a los jóvenes para que trabajen dentro  de la industria, y cuando lo hagan fuera de ella mantener una relación profesional con ellos.

Uno de los reclamos que hacen también los jóvenes es que existe una cierta lentitud dentro de la industria, pero esa no es una problemática que afecte únicamente a los jóvenes, sino que atañe a todos los realizadores cubanos.

Susana Molina: La lentitud que tiene la industria, no le atañe solo a ella, pero el primero en querer cambiar esa realidad es el ICAIC. Tanto es así que en el proceso previo del Congreso de la UNEAC creamos un frente de institución y realizadores con presencia de los jóvenes realizadores donde estaba Pavel Giroud, Carlos de la Huerta, que es un productor joven, y también Rebeca Chávez, o sea, estaban juntos gentes con más tiempo en el ICAIC y otros más jóvenes halando la misma cuerda para hacer cambios y transformaciones necesarias. Estas son algunas, otras deben ir hasta el parlamento porque se necesita transformar una ley y eso no se puede hacer a nivel de institución; otros cambios serían en materia de derecho de autor, la creación de un fondo de fomento en la que cualquier persona, a título individual, pueda presentar un proyecto y ser beneficiado, después de que haya sido aprobado por un comité de cineastas, con dinero para hacer una producción total o parcialmente. Se hicieron otras peticiones como el reconocimiento del realizador y del productor audiovisual autónomo, como mismo existe el creador independiente en el caso de las artes plásticas. Con estos planteamientos se busca implementar un sistema legal que pudiera reconocer la realidad actual, o sea, de ese “deber ser” a tono con las circunstancias; y trabajamos todos unidos.

A la industria se le acusa de lenta, de gigante, pero tiene los mismos problemas que cualquier otra, pues debe regirse por las leyes que el gobierno cubano tiene en cuenta para las direcciones estatales, para el control de los recursos, para el uso del financiamiento líquido, para la aplicación de las leyes relacionadas con el derecho de autor o con las leyes laborales. El dinero que tiene que invertir el ICAIC para hacer una producción es considerablemente mayor al que puede necesitar un joven de manera independiente por varias razones; pongamos por ejemplo las fórmulas de contratación: cuando un actor hace una obra con el ICAIC firma un contrato, y la institución debe pagarle. Lo que gana un actor cuando trabaja con el ICAIC es muy superior a cuando lo hace con una obra independiente, con la que casi no cobra nada; sin embargo, cuando lo hace con el ICAIC se le paga porque su trabajo tiene un valor que se debe respetar, como mismo respetamos el trabajo de un director de fotografía y de un productor. Si se le pregunta a Cremata cuánto le costó Chamaco dirá que 100 CUC, pero ninguna de las personas que trabajaron en esa película cobraron un salario por su trabajo, lo hicieron porque se sentían comprometidos por el proyecto que Cremata quería hacer y por el interés de trabajar en una película cubana. Si esa misma obra la hubiera hecho Cremata con el ICAIC, como mismo hizo El premio flaco, allí todo el mundo hubiera cobrado su salario, las cosas tuvieran que hacerse como lo tiene estipulado la institución, y el costo hubiera sido diferente.

Roberto Smith: Susana explicó qué es el ICAIC; pero vuelvo a eso porque sobre todo los jóvenes tienen una visión parcial de la institución como una productora, pero debemos verlo como una integridad. Con respecto de si existe o no una política dirigida a la promoción, a la captación, a la protección del talento de los jóvenes, sí, y ahí están los hechos para probarlo. No es solo asimilar que quien quiera hacer una película la haga, sino la captación de jóvenes a la industria en edición, sonido, cámara… La primera pregunta sería: ¿el ICAIC puede satisfacer todas las ambiciones de los jóvenes, puede darles espacio a todos? No lo puede hacer, ni para los más jóvenes ni para los más viejos, porque el cine es muy caro. Hay una especie de fantasía en los jóvenes de que el cine puede ser barato y que es caro porque nosotros operamos a la antigua, porque somos dinosaurios. Quizá la antigüedad y la complejidad de la producción actual tengan muchas razones, pero el cine no es barato. Hay producciones baratas dentro y fuera de la industria en todas partes del mundo, pero dentro de la industria no hay espacios para todos. Es imposible en estos momentos, donde hay una avalancha de jóvenes formados en las escuelas y los formados en la práctica porque muestran interés.

En segundo lugar, habría que preguntarse: ¿el ICAIC ofrece oportunidad  de hacer películas? Sí, y lo está haciendo de una manera coherente, sistemática, diaria. Desde hace diez años empezó este proyecto que comenzó como un festival más en la primera Muestra, y se ha consolidado como un mecanismo de atención permanente para que los proyectos de más posibilidades y los talentos puedan entrar. Hay una política cultural consistente, aunque sus resultados pueden no ser lo que quisiéramos.

Otro mecanismo es la compra de derechos: uno siempre piensa que pueden existir distintos mecanismos para la promoción de esa obra de los jóvenes, puede ser que ellos sean trabajadores de la industria, y que con algún mecanismo de convocatoria, del Fondo de Fomento uno pueda financiar total o parcialmente una película. Puede ser que aunque el ICAIC no ponga el dinero se edite aquí o aportemos las cámaras, el sonido, o puede ser que una película se haga totalmente fuera del ICAIC; pero cuando se presente como obra terminada, al ICAIC le interese y compre los derechos para exhibirla. Son fórmulas existentes en todas partes del mundo.

¿Cuáles son los proyectos que asumen hoy los jóvenes dentro de la institución?

Marisol Rodríguez: Con la democratización de las nuevas tecnologías y la labor de las escuelas de cine, en nuestro país se creó un escenario mucho más favorable para la formación y el desarrollo del joven relevo. Sin lugar a duda, ha posibilitado la entrada de jóvenes que dominan muy bien la tecnología. En la posproducción se observa mucho esa renovación. No obstante, el ICAIC tiene sus propios cursos de asistente de dirección, de producción, de fotografía, de sonido, etc., que vienen a fortalecer esta formación, sobre todo en las especificidades de nuestro medio cinematográfico.

Todos los jóvenes insertados, ya sea como parte de su servicio social o no, han tenido la posibilidad de incorporarse a diversas producciones, que no solo han representado fuentes de empleo, sino también una vía útil de aprendizaje.

Desde hace varios años, muchos de los graduados de la facultad de medios del ISA son ubicados en diferentes áreas del ICAIC como parte de su servicio social. Los más aventajados y talentosos terminan asumiendo la dirección de proyectos auspiciados por la propia institución o por encargo de otras.

Varios jóvenes guionistas han trabajado conjuntamente en proyectos de largometrajes de ficción de reconocidos directores de cine. Estos junto con otros se han encargado desde hace unos años de la evaluación de muchos proyectos nacionales e internacionales, y se han consolidado en un equipo de lectores y analistas reconocidos por su profesionalismo.

Los jóvenes realizadores, editores, guionistas, fotógrafos, sonidistas,  que cada vez son más, asumen paralelamente el trabajo que realizan con la industria con su producción independiente. Hacen su cine a como dé lugar. Esto también es común para el medio televisivo.

En producciones como Kangamba, El Beny, El viajero inmóvil, Los dioses rotos, Rojo vivo, Omertá, Lisanka, José Martí: el ojo del canario, por citar solo algunas de las más recientes, han participado, formando parte del equipo de filmación, muchos jóvenes productores, fotógrafos, sonidistas, editores, asistentes de dirección que a criterio de los directores de estas películas se desempeñaron con un gran profesionalismo.


José Martí: el ojo del canario

Esther Hirzel: En los estudios de animación estamos cumpliendo 50 años y en este edificio se puede apreciar cómo están conviviendo tres generaciones de realizadores del género, la primera de ellas compuesta por aquellos jóvenes que crearon el Departamento de Estudios Animados del ICAIC como Juan Padrón o Tulio Raggui. La plantilla de este lugar hoy es casi el 50 % menor de 30 años.

Se ha ido introduciendo la posibilidad real de que estos jóvenes realizadores comenzaran a hacer su ópera prima; empezamos con el movimiento de los videos de canciones infantiles, les dimos oportunidad a un porcentaje muy alto y, por supuesto, se fueron destacando unos más que otros. Hoy tenemos como resultado que las películas de dibujos animados más premiadas en los últimos tres años han sido de jóvenes. Por ejemplo, de Ernesto Piña han recibido reconocimientos desde El propietario hasta la serie Pubertad, Alexandre Rodríguez ha sido el otro premiado, con su Quietud interrumpida y su Nené traviesa. Acabamos de tener premios con 20 años, una obra de stop motion. Eso es una muestra de cómo el dibujo animado cubano está marcado por los nuevos realizadores del género quienes están estableciendo una estética, contemporánea y renovada, que denota dinámica.

En Dibujos animados han encontrado espacio también jóvenes salidos de la Muestra de Nuevos Realizadores

Esther Hirzel: Sí, ese es el caso de Ernesto Piña, quien era muy conocido dentro de los artistas independientes de la animación por su M5 y Todo por Carlitos. Piña se quedó en la industria y empezó haciendo El propietario, una idea que él traía, con la cual ha obtenido premios, pero luego aceptó un reto muy grande para un nuevo realizador, que es hacer una obra por encargo: la serie Pubertad, premiada en Italia en un Festival de la radio y televisión italiana como mejor serie de este tipo, y actualmente está compitiendo en el Festival Prix Jeunesse de Alemania de programas para la televisión. Este es el caso de un joven talentoso que decidió apostar por la industria y dentro de ella es premiado tanto con un proyecto personal, como con un proyecto por encargo.

Aquí vienen además muchos jóvenes estudiantes del ISA que tienen inquietudes y quieren participar en una obra o hacer una tesis, y nosotros también los apoyamos.

¿Cuáles son los principales desafíos a los que se enfrentan hoy el ICAIC y el cine cubano?

Susana Molina: Tenemos que cambiar algunas legislaciones y regulaciones vigentes que permita a la industria como producción cinematográfica poder deshacerse de regulaciones que en un momento funcionaron, pero que no están a tono con la realidad. Tenemos que transformar también el pensamiento de los que están aquí adentro. En su mayoría las estructuras nuestras están acostumbradas a funcionar a través de un estado que te lo provee todo, donde puedes hacer tu idea completa. Hay una diferencia sustancial con respecto a la producción: en casi todos los lugares del mundo el productor es quien dirige, y aquí lo hace el creador, el realizador.

Estamos acostumbrados a trabajar con ese tipo de producción donde no falta nada: hay un director asistente, un asistente y un asistente del asistente para no dejar que se descuide nada. En una producción del ICAIC no se va a filmar si no se tienen dos plantas eléctricas, es decir, hay un sistema creado para una gran industria que en estos momentos no existe. Y la mentalidad tiene que ser cambiada dentro y fuera de la industria. Hay que lograr acoplar el pensamiento en nuestras diferentes estructuras. Hay otros problemas de parcelas que también debemos saltar, lograr que un área y la otra se apoyen más, que nos demos cuenta también de que la industria es una sola y que un asunto de producción tiene que ver con la promoción internacional, con el patrimonio. Una obra de arte audiovisual pretende vivir eternamente, no es se filmó y ya. Esa obra lleva después un proceso: debes exhibirla, difundirla.

En el terreno de la producción los retos son hacer equipos mucho más flexibles y eficientes, a tono con la actualidad tanto tecnológica, como económica. En cuanto al área de patrimonio, estamos en un proceso de restauración de las edificaciones para lograr que la estructura arquitectónica y de refrigeración llegue a nivel óptimo, para después entrar en la restauración del patrimonio.

Otro tema que nos preocupa y que debemos transformar es la exhibición, en primer lugar las salas de cine donde exponemos nuestras películas; en este país hay más de 300 salas de cine, más otras tantas de video y de televisión. ¿Qué empresa de cine tiene tantas salas? ¿Cuántas podemos atender para que el pueblo de Cuba pueda ver películas en una buena sala de cine? Hay solo seis salas en Cuba mantenidas por el ICAIC, y a pesar de eso nosotros tratamos de tener una sala buena en cada provincia. Habíamos reparado 17 salas antes del paso de los ciclones y de ellas una buena parte perdieron sus condiciones. El reto es lograr de conjunto entre el ICAIC y los gobiernos provinciales que las salas mejoren su condiciones.

La preocupación nuestra por la formación del talento joven no es después de que salen de las escuelas. El ICAIC ha convocado a un grupo de trabajo para la atención al ISA, integrado por el ICRT, la UNEAC, el ICAIC, la UJC, todo el que nosotros podamos sumar a ese grupo, con el objetivo de elevar la calificación del personal docente de la escuela. Hemos trabajado en el perfeccionamiento de los planes de estudio en las escuelas. En los estudios de animación se hace un taller para los estudiantes de la escuela de cine, ya que no tiene dentro de su currículo oficial la animación, y para que puedan tener lo demás de manera opcional.

La preocupación del ICAIC por los jóvenes es tan grande que el Ministerio de Cultura nos iba a financiar un proyecto al igual que a otras instituciones culturales, mediante el cual grupos de artistas, irían a diferentes países de América Latina: Ecuador, Brasil, Venezuela. El ICAIC formó ocho grupos de realización y filmación para hacer proyectos, los cuales no fueron constituidos por personas del ICAIC, sino con alumnos de las escuelas de cine y realizadores independientes. De allí salió La dimensión de las palabras, una película sobre la campaña de alfabetización llevada a cabo por Cuba en diferentes países de América Latina y África con el método de Yo sí puedo. Se filmaron filmes en Guatemala, Venezuela, Bolivia dirigidas por equipos completamente ajenos al ICAIC, de jóvenes realizadores cubanos. De algún modo, es una prueba del interés del instituto.


La dimensión de las palabras

Podríamos estar hablando también de avances en lo que la institución se propone… sigue con los mismos lineamientos, pero de algún modo se transforma…

Susana Molina: ¿Cómo empezó a trabajar Fernando Pérez en el ICAIC? Fernando pertenecía a un equipo de traductores. Antes todos empezaban limpiando, pintando, prensando. Aquí no había escuela de cine, para entrar al ICAIC incluso algunos venían y trabajaban hasta como vigilantes en la puerta. Todo el mundo entraba al ICAIC para hacer algo, algunos escribían para la revista Cine Cubano. Así llegaron Chijona, Rebeca y otros con una cultura que se fue explotando en la escuela en la que se convirtió el ICAIC. Ahora no es así, se le da un título de director al que sale de una escuela con 23 años. Muchos como Fernando Pérez estaban afuera, tratando de ser directores porque aquí no podían entrar. En el 94 se unieron dos cortos y se hizo la única película que produjo el ICAIC en ese año, ¿quién iba a entrar si estábamos asfixiados? A la vez empezaron las tecnologías, las escuelas…

Se ve cómo el público continúa identificándose con las propuestas de los realizadores cubanos… ¿Qué importancia tiene este hecho en un momento en que en el mundo entero las salas de cine están llenas de cine comercial?

Susana Molina: Nosotros debemos sentirnos muy orgullosos del respaldo que el público cubano le da a su cinematografía. Fue una tarea titánica la que tuvo el ICAIC con su surgimiento al conformar y alfabetizar a un público,  al democratizar las pantallas de cine en todo el país, pues aquí se veía solo cine argentino, mexicano y de Hollywood ―descontando los cineclubes respetables existentes que sí tenían un acceso diferente a otra filmografía. El ICAIC puso a disposición de la gente cinematografía de todas partes, y lo hace hoy todavía.

En un período determinado, por razones fundamentalmente económicas, el ICAIC tuvo que poner en la mayor parte de las salas cine comercial de EE.UU. Hoy esa realidad ha cambiado, el 60 % de lo que se exhibe proviene de todas partes del mundo.

No hay un retroceso del público, sino un cambio por la presencia de las nuevas tecnologías en las casas, donde la gente hace copias de películas de cualquier tipo. Por eso, hay menos público en los cines. Pero no ha cambiado el apoyo a la cinematografía cubana. Cuando sale una película cubana, la gente desborda las salas de cine. Si el país no tuviera la complejidad de las dos monedas ―el cine cuesta como promedio aproximado 80 centavos en el país― y no tuviéramos como política lograr que el pueblo acceda masivamente a la cultura, y la entrada costara más, todas las obras del cine cubano recuperarían su inversión por la cantidad de público que va a verlas. Tenemos la contradicción de que las películas se hacen fundamentalmente en moneda convertible, pero las entradas se cobran en moneda nacional. No hay una relación entre el gasto de la institución y el costo de los servicios que brinda, porque hay una política cultural revolucionaria que prioriza el acceso del pueblo a la cultura. Sobre los hombros del estado caen esta institución, la cinematografía cubana, los Estudios de Animación, el desarrollo del talento joven, la formación en las escuelas de cine ―la enseñanza es sumamente cara porque requiere de equipamiento―, etcétera.

En una entrevista reciente Omar González afirmaba que: “Desde su surgimiento el ICAIC se ha pronunciado por un cine que no eluda los problemas de nuestra realidad, que no eluda los conflictos”, que fuera un cine revolucionario; de algún modo esto se sigue viendo en la obra de los jóvenes, pero también de los consagrados… 

Marisol Rodríguez: Nuestro cine hasta el día de hoy continúa caracterizándose por esa premisa. La Muestra como evento y programa es un ejemplo de ello.

Susana Molina: Hay personas que tal vez no estén tan informadas o que quizá no han seguido la historia, y piensan que a la Muestra de Nuevos Realizadores, por ejemplo, van obras que complejizan la realidad de un modo diferente. Sin embargo, hay una consecuencia en el cine cubano que es la preocupación que tienen los cineastas cubanos desde el surgimiento del ICAIC hasta nuestros días de hacer una introspección en la sociedad y la cultura cubanas. Lo hacen con mucha dignidad y responsabilidad.

A los cineastas cubanos en general les preocupa lo que pasa en su país, quieren lo mejor para él, quieren transformarlo y van en busca de los problemas de cualquier índole por los que atravesamos. Hay varios ejemplos de ello: El propietario, tiene un contenido ético filosófico muy relacionado con lo que ha ocurrido en el mundo en los últimos años, pero también con lo que ha acontecido en Cuba. Otra obra de animación, Tribus urbanas, habla de cómo los medios de comunicación han diseñado una estética y quien no entra en ella se queda fuera de todo, y con esa estética llegan a una comunidad indígena. Esa preocupación la ha planteado un muchacho muy joven.

Este año hubo una película muy importante en la Muestra de Nuevos Realizadores, titulada A dónde vamos. Es un documental realizado por la Televisión Serrana, referido a la situación en algunas comunidades montañosas, donde se ha producido un éxodo de los campesinos y, por tanto, una parálisis en la producción agrícola. Es un estudio interesante porque da información, complejiza la realidad, propone ideas, ofrece datos, hace reflexionar. También lo hace Fernando Pérez en José Martí…, lo hizo en Suite Habana, una obra que complejiza nuestra realidad, que defiende nuestra cultura, la característica de los cubanos de seguir soñando aun en medio de la situación económica más difícil.


Suite Habana

Sí hay una diferencia. En la Muestra, hay obras que se inscriben como documentales y no lo son, sino reportajes muy bien hechos desde el punto de vista periodístico. Hay una buena parte de responsabilidad por parte de las instituciones, que a veces no les damos visibilidad a determinados aspectos de la realidad, pero que podrían tener un análisis en los medios, sobre todo los que tiene que ver con problemas coyunturales. Pero el documental es una obra de arte con una profundidad determinada, y el reportaje tiene una inmediatez. Los acogemos en la Muestra porque en algún lugar han de tener divulgación.

Ahora están teniendo mucha fuerza las mujeres en las Muestras. Aumentan las realizadoras, las directoras de fotografía, las animadoras, y hacen obras de un nivel de gravedad y fuerza dramática, con un desenfado en determinados temas que nos hacen muy felices y orgullosos. La presencia de mujeres realizadoras podía haber sido un problema histórico del ICAIC, aunque podemos mencionar a Sara Gómez, Belkis Vega, Rebeca Chávez; pero esa realidad también se está subvirtiendo en la actualidad.

Marisol Rodríguez: El ICAIC siempre apostará por proyectos que asuman un riesgo artístico y estético dentro de nuestra sociedad, aun cuando estos no sean resultados de producciones propias, como suceden con muchas obras de la Muestra. Sin embargo, al asumir su exhibición y distribución, el ICAIC se compromete con ellas como si fueran suyas.

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2010.
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