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Matacandelas nos regaló una velada
 con Fernando González

Xenia Reloba • La Habana

Fotos: Abel (Casa de las Américas)

 

La Asociación Colectivo Teatral Matacandelas regresó por tercera vez al programa de Mayo Teatral con la obra Fernando González. Velada metafísica, basada en textos del humorista, filósofo y cronista colombiano.

Esta puesta en escena de Cristóbal Peláez mereció en el año 2009 el Premio Nacional de Dirección a Montaje Teatral, que otorga el Ministerio de Cultura de su país, y ha recorrido con éxito varios escenarios de la América Latina.

Después de presentarse durante un fin de semana en el Teatro La Caridad de Santa Clara, la agrupación colombiana llegó durante la segunda semana del evento al escenario de la capitalina sala Covarrubias, del Teatro Nacional.

Estuvimos hablando con Cristóbal a propósito de esta nueva participación en la temporada de teatro latinoamericano y caribeño que cada dos años convoca la Casa de las Américas y del proceso de concepción de Fernando González. Velada metafísica.

Génesis

“Fernando González. Velada metafísica es un montaje y una dramaturgia que hicimos a partir de un autor nuestro que muchos han señalado en Colombia como el hombre más interesante que ha parido ese país. La coincidencia es que nosotros somos del mismo pueblito de él que es Envigado. Allá nació el teatro Matacandelas en 1979 —en el 64 había muerto el autor, nosotros no alcanzamos a conocerlo personalmente—, pero de alguna manera él había estado como una especie de centinela intelectual en nuestros primeros años y sobre todo en esos años de adolescencia.

“Matacandelas tenía una deuda muy grande con él que era cómo abordarlo, mirar la posibilidad de llevarlo a la escena, porque es un autor que se lee, se ha leído mucho, que ha sido un gran formador de la juventud, pero decíamos: ‘qué tal sería traer al personaje y que le hablara al público de hoy’.

“La gran dificultad que tenía, en primer lugar, es que es un filósofo. No es un hombre que escribiera desde el punto de vista de la fabulación o que tuviera obras de teatro, y de pronto nosotros que estábamos en esa línea de que la ficción era muy interesante pero que a veces la realidad está en nuestro país y en nuestro continente mucho más interesante y mucho más poderosa que la ficción misma.

“Dijimos: ‘hagamos un teatro como una especie de documento’, de testimonio, y fue una tarea de casi dos años porque nos tocaba abordar alrededor de 25 libros que tiene el autor en materia filosófica, histórica, muchas opiniones suyas sobre el país, sobre el continente y sobre su tierra de Envigado, y empezamos a hacer una especie de trabajo desde el escenario, el escenario como mesa de trabajo, de escritura.”

Primeras respuestas del público

“Nunca tuvimos pretensiones de que fuera una obra abierta e interesante para otros ámbitos, pero de los 30 años de vida que tiene el teatro Matacandelas, fue el montaje más endiabladamente difícil. Y la recepción de la obra fue inmediata, el público en Medellín, en Colombia, la recibió muy bien.

“Pero la gran sorpresa la tuvimos nosotros en República Dominicana cuando llevamos este personaje y allí fue una locura. El recibimiento fue con mucha efusividad, con mucha inquietud, con mucha curiosidad por este personaje.

“Nosotros queríamos hacer una obra básicamente sencilla. La gran sorpresa llegó después cuando recibimos el premio a Mejor Montaje. Es un premio otorgado por el Ministerio de Cultura y prácticamente ahora se ha convertido en nuestra provincia en una obra de culto.”

El personaje

“Es una especie de Quijote en su pensamiento y la gente se asombra de que exista un personaje con estas características. Estamos ante un caso inusitado, como decía Ernesto Cardenal: ‘Cuando leí las primeras páginas de Fernando González, supe que me encontraba ante un escritor único y un filósofo que no se parecía absolutamente a nadie’. Desde entonces Ernesto Cardenal leyó y lo amó muchísimo porque Fernando González es de esos hombres para amarlo.”

Nuevas expectativas

“Para uno siempre el teatro es como bailar en la cuerda floja. Tiene que ver mucho con un ejercicio de equilibrio porque uno, con la experiencia que tiene, sabe que en cualquier momento viene el fracaso con el público, de hecho lo hemos tenido.

“A veces es el grupo equivocado, en el lugar equivocado, a la hora equivocada, con el público equivocado. Pero cuando se da esa especie de lo que llamamos comunión, y se produce esa  subonda de la cual hablaba Grotowsky, es un hecho festivo impresionante.

“Eso fue lo que logramos por ejemplo en República Dominicana donde teníamos el miedo más pavoroso del mundo porque pensábamos que era un autor muy local y no lo iban a entender. Y, sobre todo, porque allí lo que pasó fue algo que nos dijeron unos amigos argentinos y es que, de pronto, el teatro latinoamericano trabaja mucho a partir de su propia historia, de la queja, pero también de exhibir nuestras fortalezas. Creo que es lo que se pretende con este montaje, hasta el punto de que a veces cuando andamos por Colombia la gente nos pregunta si es un personaje inventado.”

La curiosidad

“Coincidentemente hay algo muy lindo con Cuba. Creo que fue en el año 2003 cuando vine a participar como jurado del Premio Casa de las Américas. Vivian Martínez me pidió que trajera algo, que hiciera algo un poco performativo en una reunión del jurado, en una especie de velada y encuentro con el público cubano.

“A mí me dio por traer —es una cosa misteriosa— unas cartas de Fernando González. Recuerdo que abrí mi participación diciendo: ‘Les voy a presentar al personaje más bello que tiene Colombia’. De pronto volteé el retrato (era un retratito de 30 x 15 cm). Nadie lo conocía, obviamente, y cuando empecé a leer las cartas el resultado fue que a la salida la gente comenzó a pedirme fotocopias y es casi donde está el origen de la decisión de montarlo.

“Pensé: si logro en una obra de teatro, en el montaje, frente a un público, provocar ese asombro y esa curiosidad que provoqué cuando estaba leyendo esas cartas, creo que se produce un hecho escénico interesante. Entonces, Cuba tiene mucho que ver con eso.”

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2010.
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