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Desde
el nombre, Teatro
Promiscuo, de Brasil,
levanta la expectativa
en torno suyo. Los
rumores durante sus
presentaciones en el
Mayo Teatral organizado
por Casa de las
Américas, apuntan al
extrañamiento por una
propuesta que resulta
“fuerte” para algunos.
Aunque la experimentada
escena cubana pierde
poco a poco el pudor de
los años 50 y 60, y las
piezas de los brasileños
conviven en la propia
Habana con obras como
Variedades Galiano, de
la compañía El ciervo
encantado —donde cuerpos
desnudos, sucios,
campean por casi dos
horas en el escenario—
el sexo entre
homosexuales es todavía
tema de recato.
Sobre
Dentro, una de las
propuestas de los
brasileños que dura
apenas 25 minutos, los
comentarios corrieron
enseguida entre los
asiduos al circuito
teatral de la calle
Línea y hubo quien
preguntó: “¿Molesta? ¿La
gente abandonaba la
sala?”. Absolutamente,
no. El silencio acompañó
a los actores Renato Borghi y Elcio Nogueira
cada vez que encarnaron
a los protagonistas de
una historia donde el
atractivo principal tal
vez sea esa suerte de
desprejuiciamiento que
preconiza el grupo, pero
en cuya más íntima
acción se descubren el
amor y su añoranza.
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Dentro |
La
obsesión de un hombre
por encontrar una pasión
juvenil a través de
otros que se
prostituyen, la
extravagante práctica
del fitsfucking
(penetración con el
puño), la búsqueda
ansiosa del placer que
se muestran en Dentro,
hacen de esta puesta
—así lo advierte el
propio grupo— “un
espectáculo de mucha
crudeza”. Pero la
agresiva estética porno
se convierte en un poema
cuando el joven a quien
en apariencia solo
interesa el dinero,
pretende que se desbroce
el camino hacia su
corazón. El órgano, en
las manos del viejo, le
devuelve a su amante, y
representa, ante el
público, la síntesis del
drama amoroso expresado
a través del cuerpo.
La
existencia del hombre
dentro de la carne y más
allá de ella, es también
asunto de Tres
cigarrillos y la última
lasaña, monólogo de Borghi escrito por
Fernando Bonassi y
Víctor Navas. Un hombre
cuya vida rutinaria se
interrumpe por la
pérdida de su mano
derecha, encarna la
crítica subrepticia a la
invasión abrupta del
espacio personal, al
inviolable “método”, a
la pérdida del control
sobre uno mismo y al
travestismo de
identidades. Borghi, uno
de los actores más
destacados de la escena
contemporánea del
Brasil, con un rezo
articulado por la
repetición de la sonora
mão (mano), al rechazar
un apéndice ajeno,
concluye “no tengo miedo
a perder lo que nunca ha
sido mío”.
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Tres
cigarrillos y la última
lasaña |
La
actuación del brasileño
ha hecho cómplices a las
tablas cubanas de los
secretos de un hombre
que con más de medio
siglo de experiencia
como dramaturgo, actor y
director, es reconocido
como una de las
personalidades
imprescindibles de la
escena en su país.
Borghi junto
con José Celso Martínez
Correa fundó en Sao
Paulo el Teatro Oficina,
y asumió el rol
protagónico en el filme
El rey de la vela, una
de las producciones más
reconocidas del Cinema
Novo, inspirado en la
obra teatral homónima de Oswald de Andrade, la
cual se considera
también clave para la
nueva dramaturgia
brasileña y precursora
del movimiento
Tropicalísimo. La
película, exhibida como
parte de Mayo Teatral,
reflexiona sobre el
Brasil
capitalista-colonial y
la condición del ser
brasileño, presentando
de esta forma a un actor
que ha cosechado también
una brillante carrera en
la televisión y el cine,
con éxitos como los
papeles de Guetulio
Vargas en el filme Lost
Zweig y Rui Barbosa en
la serie Mad Maria.
Los
actores dominan con
perfecta confianza, como
un grifo el agua, la
entrada y salida de la
energía que imprimen a
sus personajes. La
relación del sujeto
psicológico con su
materialidad no se
expresa para el público
de manera directa sino
en un diálogo interno
del actor con el
individuo que
personifica, en el cual,
lo que interesa es que
el espectador “pueda
leer lo que quiere y
siente el personaje”.
Así se construye la
técnica de Teatro
Promiscuo, y se viaja de
un lugar a otro del
mundo probándola en la
escena y en talleres.
Alrededor de una
veintena de estudiantes
y actores recibieron en
Cuba las experiencias de
este grupo en sesiones
que han hecho llamar
“Encarando al
personaje”. Liderados
por Elcio Nogueira, los
jóvenes vivieron tres
días aprendiendo a
relacionarse con el
cuerpo del otro, a
llenar su imaginario
sobre los personajes, a
valorar la importancia
del punto de partida
para una escena, a
comprender que “el
teatro es la vida
concentrada, más allá de
la riqueza de la misma”.
El
propio Teatro Promiscuo
—cuyo nombre se refiere
a la mezcla y diálogo de
diversas maneras de
crear para las tablas—
surgió de un taller con
actores jóvenes, que se
amplió luego a otras
sesiones donde los
debates sobre técnica y
estética encausaron los
objetivos y la
proyección del grupo.
Desde los albores de
esta obra colectiva en
1993, el enriquecimiento
y la promoción de la
dramaturgia nacional han
sido líneas
fundamentales para
trazar el dibujo de un
teatro popular, plural
en los lenguajes y
defensor de la
diversidad. Los
intercambios con otros
colectivos y culturas se
han articulado en el
proyecto Embajada del
Teatro Brasileño, un
esfuerzo que intenta
difundir ante el
espectador de cualquier
parte del orbe, la
moderna dramaturgia
brasileña y crear, según
los presupuestos de
Borghi, una gigante
fraternidad del teatro.
Cuba es
uno de los 16 destinos
entre Europa, África y
América Latina, que
señalan la nueva ruta de
Teatro Promiscuo. El
itinerario, además de
proponer un Brasil
alternativo a la imagen
que venden las novelas
de O Globo y los clubes
de fútbol, asume que es
el teatro una
herramienta vital para
que nuestros pueblos se
conozcan. Por ello, los
también creadores de la
Muestra de Dramaturgia
Contemporánea de los
2000 —un hito que
presentó gratis ante el
público a más de 20
autores— al abrirse al
espectador de esta Isla,
en plena era de
globalizaciones y
ciberencuentros, invitan
a no perder ese vínculo
personal en el que se
forja el afecto, el
“roce” directo que
vehicula el teatro.
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