Año IX
La Habana
15 al 21
de MAYO
de 2010

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Diversos

Virginia Alberdi • La Habana

Fotos: Maribel Amador (La Jiribilla)

 

La diversidad sexual en las artes plásticas

 

Esa dimensión de la personalidad tan llena de tabúes, misterios y limitaciones en el devenir histórico de la humanidad que es la sexualidad, está asociada a restricciones de carácter social, en correspondencia con los códigos éticos y las convenciones sociales existentes en los diferentes momentos, pueblos, etnias, y estadios de desarrollo.

En la tradición occidental de nuestra era, de manera muy especial, todo lo relacionado con el sexo se abordó como lo prohibido, mucho más aún cuando las preferencias sexuales se inclinaron al culto al homoerotismo. El reflejo en la creación artística y literaria de esta problemática, al pasar a la esfera pública, muchas veces constituyó piedra de escándalo.

En Cuba hubo creadores que apostaron por abordar el tema con honestidad y altura contra todas las banderas. El cuerpo literario del siglo XX, por ejemplo, cuenta con algunos ejemplos elocuentes que ilustran perspectivas diferentes. Ahí está la sorpresa que causó la publicación de El ángel de Sodoma, relato de Alfonso Hernández Catá, considerado un maestro de la narrativa en la primera mitad de la pasada centuria. Sorpresa derivada de la condición de un escritor que provenía de la elite intelectual de la república y también de la tensión entre el deseo y la culpa que se desprende del desarrollo argumental.

Por esa misma época, Carlos Montenegro, en Hombres sin mujer, una de las novelas más crudas por su carga de denuncia social, achacaba la conducta homoerótica a la degradación de la sexualidad en el régimen carcelario de una sociedad corrupta hasta los tuétanos. Sin embargo, dotaba de una vibrante humanidad a un personaje inolvidable, La Morita, que quedó para siempre en el imaginario de los grandes caracteres de la narrativa de la época.

Pero tendría que ser Lezama Lima, con su portentoso capítulo VIII en Paradiso, quien desataría los ángeles y demonios del repertorio hetero y homoerótico, al contrapuntear la iniciación sexual entre el placer y la mortificación, la ingenuidad y el morbo, el desenfado y el delirio.

No es ocioso recordar a estas alturas cómo en su momento Lezama fue considerado un pornógrafo por ciertas fuerzas homofóbicas. Lo propio sucedió ante la visión del artista plástico que con mayor despliegue visual hacia la segunda mitad del pasado siglo anudó cuerpos amatorios de un mismo sexo: el maestro Servando Cabrera Moreno. Ya con anterioridad Carlos Enríquez llevó a su obra juegos de amor entre mujeres.

Hoy día el arte contemporáneo cubano, en sus diversas posibilidades expresivas, no solo acepta sino incluye el tratamiento de la sexualidad y el erotismo con toda la libertad y el respeto que esa manifestación de la condición humana se merece.

Prueba de ello es esta muestra, en que convergen creadores con propuestas bien diferentes. Una veintena de artistas desde la pintura, la fotografía, el dibujo, el grabado, la escultura, coinciden en abogar, desde este espacio multidisciplinario, por una sociedad inclusiva, desprejuiciada, abierta, ajena a marginaciones y suspicacias. Los creadores aquí reunidos parten de tres presupuestos: ser homosexual, heterosexual, bisexual, transexual es una opción personal respetable; el reflejo de la sexualidad en una obra artística debe ser ante todo arte, es decir, escapa a todo tipo de manipulación oportunista o, propagandística; y, por último pero quizá más importante, lo que define al ser humano es su responsabilidad ética.

De modo que desde estas obras se canta a la diversidad, pero también a la defensa de la “dignidad plena del hombre”, tal como la concibió Martí en el centro de nuestra fundación ciudadana.

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2010.
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