Año IX
La Habana
15 al 21
de MAYO
de 2010

SECCIONES

Página principal Enlaces Favoritos Enviar correo Suscripción RSS

EL GRAN ZOO

PUEBLO MOCHO

NOTAS AL FASCISMO

LA OPINIÓN

APRENDE

LA CRÓNICA

EN PROSCENIO

LA BUTACA

LETRA Y SOLFA

LA MIRADA

MEMORIA

LA OTRA CUERDA

FUENTE VIVA

REBELDES.CU

LA GALERÍA

EL CUENTO

POESÍA

EL LIBRO

EPÍSTOLAS ESPINELAS

EL PASQUÍN

EN FOCO

POR E-MAIL

ENREDOS

¿DÓNDE QUIERES QUE
TE PONGA EL PLATO?

Exposición de Kamyl Bullaudy

Martí sobre la Isla insurrecta

Mabel Machado  • La Habana

 

El Apóstol de Cuba palpita bajo la tierra que probó su sangre y lo vio caer con los brazos en cruz un 19 de mayo hace 115 años. En días de homenaje, el pulso del Maestro mueve las manos del artista Kamyl Bullaudy, quien lo ve caminar sobre una Isla insurrecta, y entiende, como él, que “La vida es inmortal / allí se acaba el cuerpo que luchó por patria y gloria, / y el vivo que se va, / vivo se graba de la dorada patria en la memoria”.

La figura de Martí, el mapa de Cuba y la bandera nacional, arman la exposición que el Memorial José Martí inaugurará al cumplirse otro aniversario del combate de Dos Ríos. Los tres elementos conforman una Isla a la cual Kamyl considera insurrecta, rebelde; expresión de “lo que siempre hemos sido. No es el espacio geográfico, porque nuestra mentalidad no es insular, sino nuestra filosofía de la lucha, de independencia. El mismo Martí fue una isla; así que no se trata solamente de la tierra, sino una alusión directa a su pensamiento, que es grande como un continente”.

Bullaudy, con la mirada del Apóstol en el fondo de la sala, escoltada por la Isla y la bandera, coloca una puerta de entrada a un universo en el cual prefiere cambiar belleza por reflexión. “Cada espectador que la traspase está invitado a buscar una vista interior de sí mismo; Martí es el gran anfitrión”. Franqueado el umbral, aparece el autor de los Versos sencillos, otra vez mirado por el artista desde la sencillez, para mostrarlo “hombre, íntimo, más cercano a cada uno de nosotros”.

Ese propósito, expresado como una constante en la obra de Kamyl, nos hace regresar a las piezas de la muestra Es mi verso lo que ves, donde las acuarelas sobre el material con que se envuelven los equipos electrónicos, volaban al viento para tocar al espectador y hacerlo cómplice de los secretos del Apóstol. El reciclaje de los materiales, como apunta la curadora Isabel Cristina Guerrero, empata a Bullaudy con Martí en la vocación de defensa del medio ambiente, de preservación de la naturaleza.

Aunque en Isla insurrecta el trabajo no se ha fraguado sobre un soporte liviano, sino sobre metal —que también se encontraba en algunas piezas de aquella exposición—, el motivo fundamental de las obras es el machete, instrumento que ha compartido con el cubano sudores y guerra.

Los machetes hacen los esqueletos del mapa de Cuba y la bandera en más de diez metros. Cada uno de ellos fue hecho a mano por el artista —que marcó y cortó la chapa— en lo que resultó un performance de sí mismo, según comenta al relatar lo duro del trabajo durante el cual se cortó las manos al punto de no poder luego sostener nada con ellas. Los machetes, oxidados, no han perdido el filo.

“Cuando pensamos en la significación que tiene el machete —explica Guerrero— entendimos que no había mejor homenaje que esta exposición en un momento que también es de lucha, por la campaña mediática que se ha conformado para desprestigiar a Cuba. Esta es una manera de demostrar que si mañana nos faltaran otras armas, podríamos volver a tomar los machetes para defendernos. Aún es válida la afirmación del Apóstol: `trincheras de ideas valen más que trincheras de piedra´. Las ideas irán primero —el arte es una forma en que se expresan—, pero si las armas son necesarias también se empuñarán. Por eso el machete está oxidado: fue antaño el arma del mambí, pero conserva el filo y estamos dispuestos a usarlo otra vez, porque las ansias de independencia, de igualdad, están presentes todavía”.

Para Bullaudy, desde que Pepe Antonio el de Guanabacoa se convirtiera en héroe de la resistencia popular, a la fecha, el machete ha sido un arma temible contra el que lo empuñe. “En la plástica cubana, este artefacto no se ha trabajado con mucho peso, por eso la exposición también es un homenaje a este instrumento burdo de trabajo que en su momento fue un arma poderosa”. El machete, además, al decir de Guerrero, cobra otro significado en tiempos de crisis económica mundial y de reajuste de la producción en el país: “siempre fue aliado en el trabajo y, por ello, también en esta muestra, nos convoca a trabajar”.

Justo en el lugar donde cayó Martí, sobre una de las hojas de machete que forman la isla de Cuba, aparece la inscripción “no se conquista la vida sino con la muerte”. La bandera, por su parte, inmortaliza también al mayor de los cubanos que se identifica con él en los elementos masónicos que la conforman. Advierte Kamyl que “La bandera cubana fue dibujada por un masón, enarbolada por un masón, y todos los elementos que la componen son masónicos. Martí fue también un gran masón, yo nunca he tenido dudas de su condición”.

De pie, en esta Isla insurrecta, el Apóstol aparece mulato, figuración que responde también, según el artista, a un precepto masónico. “Dentro de un templo de masones todos somos iguales, no hay religión, afiliación política o color. Todos somos hermanos. Martí era un hermano de todos los cubanos, y también un padre”.

El rojo sobre el que resalta el cuerpo de Martí, que bien puede hablar de su pensamiento como hoguera, o de la intensidad de sus amores, busca, según Bullaudy, la armonía con el óxido del acero. El metal es otro pacto de este artista con el Martí que dijo a su madre: “ahora estoy obligado a hacer obras férreas por mi patria”.

 

ARRIBA

Página principal Enlaces Favoritos Enviar correo Suscripción RSS
.

© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2010.
IE-Firefox, 800x600