|
El Apóstol de Cuba
palpita bajo la tierra
que probó su sangre y lo
vio caer con los brazos
en cruz un 19 de mayo
hace 115 años. En días
de homenaje, el pulso
del Maestro mueve las
manos del artista Kamyl
Bullaudy, quien lo ve
caminar sobre una
Isla insurrecta, y
entiende, como él, que
“La vida es
inmortal / allí se acaba
el cuerpo que luchó por
patria y gloria, / y el
vivo que se va, / vivo se
graba de la dorada
patria en la memoria”.
|
 |
La figura de Martí, el
mapa de Cuba y la
bandera nacional, arman
la exposición que el
Memorial José Martí
inaugurará al cumplirse
otro aniversario del
combate de Dos Ríos. Los
tres elementos conforman
una Isla a la cual Kamyl
considera insurrecta,
rebelde; expresión de
“lo que siempre hemos
sido. No es el espacio
geográfico, porque
nuestra mentalidad no es
insular, sino nuestra
filosofía de la lucha,
de independencia. El
mismo Martí fue una
isla; así que no se
trata solamente de la
tierra, sino una alusión
directa a su
pensamiento, que es
grande como un
continente”.
Bullaudy, con la mirada
del Apóstol en el fondo
de la sala, escoltada
por la Isla y la
bandera, coloca una
puerta de entrada a un
universo en el cual
prefiere cambiar belleza
por reflexión. “Cada
espectador que la
traspase está invitado a
buscar una vista
interior de sí mismo;
Martí es el gran
anfitrión”. Franqueado
el umbral, aparece el
autor de los Versos
sencillos, otra vez
mirado por el artista
desde la sencillez, para
mostrarlo “hombre,
íntimo, más cercano a
cada uno de nosotros”.
Ese propósito, expresado
como una constante en la
obra de Kamyl, nos hace
regresar a las piezas de
la muestra Es mi
verso lo que ves,
donde las acuarelas
sobre el material con
que se envuelven los
equipos electrónicos,
volaban al viento para
tocar al espectador y
hacerlo cómplice de los
secretos del Apóstol. El
reciclaje de los
materiales, como apunta
la curadora Isabel
Cristina Guerrero,
empata a Bullaudy con
Martí en la vocación de
defensa del medio
ambiente, de
preservación de la
naturaleza.
Aunque en Isla
insurrecta el
trabajo no se ha
fraguado sobre un
soporte liviano, sino
sobre metal —que también
se encontraba en algunas
piezas de aquella
exposición—, el motivo
fundamental de las obras
es el machete,
instrumento que ha
compartido con el cubano
sudores y guerra.
Los machetes hacen los
esqueletos del mapa de
Cuba y la bandera en más
de diez metros. Cada uno
de ellos fue hecho a
mano por el artista —que
marcó y cortó la chapa—
en lo que resultó un
performance de sí mismo,
según comenta al relatar
lo duro del trabajo
durante el cual se cortó
las manos al punto de no
poder luego sostener
nada con ellas. Los
machetes, oxidados, no
han perdido el filo.
“Cuando pensamos en la
significación que tiene
el machete —explica
Guerrero— entendimos que
no había mejor homenaje
que esta exposición en
un momento que también
es de lucha, por la
campaña mediática que se
ha conformado para
desprestigiar a Cuba.
Esta es una manera de
demostrar que si mañana
nos faltaran otras
armas, podríamos volver
a tomar los machetes
para defendernos. Aún es
válida la afirmación del
Apóstol: `trincheras de
ideas valen más que
trincheras de piedra´.
Las ideas irán primero
—el arte es una forma en
que se expresan—, pero
si las armas son
necesarias también se
empuñarán. Por eso el
machete está oxidado:
fue antaño el arma del
mambí, pero conserva el
filo y estamos
dispuestos a usarlo otra
vez, porque las ansias
de independencia, de
igualdad, están
presentes todavía”.
Para Bullaudy, desde que
Pepe Antonio el de
Guanabacoa se
convirtiera en héroe de
la resistencia popular,
a la fecha, el machete
ha sido un arma temible
contra el que lo empuñe.
“En la plástica cubana,
este artefacto no se ha
trabajado con mucho
peso, por eso la
exposición también es un
homenaje a este
instrumento burdo de
trabajo que en su
momento fue un arma
poderosa”. El machete,
además, al decir de
Guerrero, cobra otro
significado en tiempos
de crisis económica
mundial y de reajuste de
la producción en el
país: “siempre fue
aliado en el trabajo y,
por ello, también en
esta muestra, nos
convoca a trabajar”.
Justo en el lugar donde
cayó Martí, sobre una de
las hojas de machete que
forman la isla de Cuba,
aparece la inscripción
“no se conquista la vida
sino con la muerte”. La
bandera, por su parte,
inmortaliza también al
mayor de los cubanos que
se identifica con él en
los elementos masónicos
que la conforman.
Advierte Kamyl que “La
bandera cubana fue
dibujada por un masón,
enarbolada por un masón,
y todos los elementos
que la componen son
masónicos. Martí fue
también un gran masón,
yo nunca he tenido dudas
de su condición”.
De pie, en esta Isla
insurrecta, el
Apóstol aparece mulato,
figuración que responde
también, según el
artista, a un precepto
masónico. “Dentro de un
templo de masones todos
somos iguales, no hay
religión, afiliación
política o color. Todos
somos hermanos. Martí
era un hermano de todos
los cubanos, y también
un padre”.
El rojo sobre el que
resalta el cuerpo de
Martí, que bien puede
hablar de su pensamiento
como hoguera, o de la
intensidad de sus
amores, busca, según
Bullaudy, la armonía con
el óxido del acero. El
metal es otro pacto de
este artista con el
Martí que dijo a su
madre: “ahora estoy
obligado a hacer obras
férreas por mi patria”.
|