Año IX
La Habana
2010

Regresar a la Página principal

SECCIONES

Página principal Enlaces Favoritos Enviar correo Suscripción RSS

EL GRAN ZOO

PUEBLO MOCHO

NOTAS AL FASCISMO

LA OPINIÓN

APRENDE

LA CRÓNICA

EN PROSCENIO

LA BUTACA

LETRA Y SOLFA

LA MIRADA

MEMORIA

LA OTRA CUERDA

FUENTE VIVA

REBELDES.CU

LA GALERÍA

EL CUENTO

POESÍA

EL LIBRO

EPÍSTOLAS ESPINELAS

EL PASQUÍN

EN FOCO

POR E-MAIL

¿DÓNDE QUIERES QUE
TE PONGA EL PLATO?

 
Bustos de Galdós en La Habana
Ricardo Viñalet • La Habana
Fotos: Cortesía del autor


A mediados de 2009, asistí en Las Palmas de Gran Canaria al IX Congreso Internacional Galdosiano, con el objetivo de presentar los resultados del proyecto investigativo que dirijo en torno a la recepción del escritor en Cuba, centrada en las publicaciones periódicas, tarea apasionante que me ha tenido sujeto y fascinado por varios años. Como podrá suponerse, una intervención académica (y pasional, por qué no) destinada a su ámbito de estudiosos (habitualmente nada pasional) y a aparecer en las Actas correspondientes. Mas si alguien las lee notará cierta laxitud de empaque, pues mi tesitura tiende más —no sé por qué— a la conversación y a la narrativa que al convencional tono doctoral. A veces pienso si se trata de alguna marca de identidad nacional, por aquello tantas veces repetido de que los cubanos somos antisolemnes, lo cual no deja de ser una tontería generalizadora sin fundamento, habida cuenta de tantos compatriotas pomposos y altisonantes que se ven por ahí, en la Isla y por el mundo. Hay de todo. Pero volviendo al tema de la recepción galdosiana en Cuba, lo creo importante por varias razones. Algunas de las fundamentales se mencionan en el texto del Congreso a aparecer en las Actas, de manera que no le quedará otro remedio al lector interesado que acudir a ellas, dado que ahora estoy partiendo —como premisa— del reconocimiento de esa jerarquía.

La búsqueda, procesamiento e interpretación de los abundantes materiales sobre Galdós aparecidos en publicaciones periódicas nacionales sobrepasaron con creces las expectativas, y hasta fue armándose una pequeña colección de fotografías e ilustraciones de la misma procedencia. Como resultado principal de este trabajo he conformado un volumen que incluye mi selección de los textos más relevantes (o de interés peculiar), así como la iconografía y, claro, una imprescindible Introducción. No puedo aquí extenderme acerca del libro porque se desdibujaría el propósito del presente artículo: referirme a la existencia, apenas conocida, de dos bustos de Galdós en La Habana. El hallazgo, resultado colateral del proceso  investigativo, le añadió cierto encanto especial, simbólico, toda vez que el gran escritor se desplazaba desde el mundo del papel impreso para ocupar con todo su derecho un espacio físico propio, ahora redescubierto en la ciudad precisamente al estudiar su impacto en Cuba. Fue poético, casi sobrecogedor, no me es posible definirlo de otra manera.

Las dos piezas, situadas en lugares disímiles, se vinculan en principio a las islas que vieron nacer a don Benito. En Cuba desde el siglo XIX, las laboriosas migraciones canarias establecieron sus formas de apoyo mutuo, y la comunidad isleña —como por acá solemos llamarla—, y tal cual harían la catalana, cántabra o montañesa, gallega, asturiana, creó sus propias asociaciones. Con el tiempo, llegó a poseer en La Habana, además de sus locales administrativos y sociales, una casa de salud o centro hospitalario: la conocida popularmente como Quinta Canaria, o Sanatorio Nuestra Señora de la Candelaria que era su nombre legal.


Portón de entrada a la antigua Quinta Canaria

Merece la pena referir cómo supe de la existencia del primer busto. Casi finalizando el proceso de revisión del Diario de la Marina, importante y de amplia difusión nacional, di con una noticia casi perdida en la página 2 de su edición correspondiente al 7 de noviembre de 1930, año en que se conmemoraba el décimo aniversario del fallecimiento del escritor. No era por cierto ningún artículo literario o crítico, sino se trataba de una nota de la Asociación Canaria de La Habana, hecha llegar al periódico para divulgar el acto donde sería develado un busto de Galdós, realizado en bronce por el escultor, profesor de dibujo y restaurador orotavense, José María Perdigón, a tener lugar el día 9 en los jardines de la ya mencionada casa de salud. Luego, en su edición del 10 de noviembre, el periódico refiere las incidencias y es la última alusión que hace sobre el asunto. Por su significación histórica y ser representativo de la prosa periodística social de una época,  reproduzco el texto, y lo acompaño de una foto aparecida en la revista Bohemia tomada en esa ocasión:

        “El bronce de Galdós

En un momento de profunda emoción, descorrió el velo, que cubría el augusto bronce del insigne autor de los Episodios Nacionales, la graciosa señorita Juana Remos. Poco más tarde la voz serena y elocuente del señor Luis F. Wangüemert, nos habla del ilustre autor de El abuelo, del gran español canario, del gran literato, del esclarecido artista, calificándolo de la más alta cumbre de la literatura durante el último tercio del siglo pasado y agregó: ‘No es este busto solo el que se ha levantado como homenaje de recuerdo imperecedero de su obra y de su gloria, lo tiene ya en Buenos Aires, lo tiene en varios pueblos de la misma República Argentina, en la rosaleda del Retiro de Madrid, en la ciudad donde nació. Y los tiene porque nadie como él lo merece pues Don Benito Pérez Galdós lo fue todo: y sobre todo es el precursor de una España nueva, que viene a salvar los yerros de la conquista de las armas para transformarla en conquista espiritual por el amor y la fraternidad de la cultura mundial’.

 

Una gran ovación cerró sus últimas palabras.

 

Luego, vibrantemente, transmitiendo al auditorio los sentimientos que inspiraron a su autor Tomás González— el señor Antonio Pino recitó la admirable poesía “La ofrenda emocionada”. Poeta y recitador fueron aplaudidos cariñosamente.

 

Y cerró este primer acto, leyendo unas interesantes cuartillas el doctor Eustaquio Remedios, quien hizo una elocuente apología de la obra y de los ideales del gran escritor canario. Fue muy aplaudido” (Diario de la Marina, lunes 10 de noviembre de 1930, p 6, La Habana).


Acto de develamiento del busto de Galdós en la Quinta Canaria.
Bohemia, Año 22, Vol. XXII, Nº 46, nov 16 de 1930, p. 31

Este sanatorio dejó de ser una institución de los canarios hace muchos años, por causas diversas que escapan a los propósitos de mi artículo. La institución, localizada en la barriada de Párraga, las afueras de la Ciudad de La Habana, funciona hoy como hospital psiquiátrico. No teníamos siquiera noción de la existencia en Cuba de un busto de Galdós, y quisimos comprobar si continuaba en su sitio casi ocho décadas después, y en obvias circunstancias diferentes. Allí está, en una plazoleta encantadora, y he de reconocer que una emoción intensa nos conmovió al tenerlo ante los ojos. Estamos considerando sostener conversaciones con la Oficina del Historiador de la Ciudad y la actual directiva de la Sociedad Canaria, en busca de su más adecuada inserción social, y a la vez sea declarado lo que realmente es: monumento integrante de nuestro patrimonio cultural.


Busto de Galdós en la Quinta Canaria

Los datos que envuelven la historia en detalle de la pieza escultórica, esto es, quién o quiénes la encargaron, cómo accedió Perdigón a esculpirla y en cuáles circunstancias, dónde lo hizo, etc., permanecen ignorados. Aunque no hemos encontrado manera hasta ahora de completar la información, la presencia tozuda de don Benito hecho bronce en La Habana continúa desafiando al tiempo y a los huracanes del Caribe.

El segundo de los bustos es modesto y enigmático. Hecho en yeso y pintado con esmalte negro, pareciera ser una mascarilla sacada a algún otro, se ignora de dónde y de qué escultor. Lo atesora la Asociación Canaria de Cuba Leonor Pérez, en la frontera del Centro Histórico de La Habana, y está colocado en un sitio de la Biblioteca. Allí nos contaron que desconocían su procedencia y había pertenecido a la vieja Asociación Canaria de La Habana. Fue hallado por casualidad, y sorprendentemente, en una especie de almacén que guardaba documentos y materiales de diversa índole. La Directiva nueva lo rescató, pero nunca han logrado descifrar su particular historia.


Ricardo Viñalet junto al busto de Galdós en la Biblioteca de la Sociedad Canaria

Nosotros tampoco, de momento. Sin embargo, los bustos habaneros de Galdós, aun siendo hasta hoy muestras insuficientemente escrutadas, revelan un modo adicional en Cuba de apreciar —recepcionar digamos— su obra literaria, de aquilatar las reales dimensiones de su impacto entre nosotros. Por fortuna, los estudios continúan y prometen enriquecerse. Queden estas notas como testimonio.

Nota:

(1) Publicado originalmente en Isidora, Revista de Estudios Galdosianos, Nº 11, Verano de 2009, pp. 33 – 38, Isidoro Ediciones, Francia, Université de Nantes-UCO-Angers.

 
 
 

ARRIBA

Página principal Enlaces Favoritos Enviar correo Suscripción RSS
.

© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2010.
IE-Firefox, 800x600