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La presencia de las
mujeres en lo que
redactan y transmiten
los medios de
comunicación de todo el
mundo no resulta
deficiente. Sin embargo,
muchas veces el enfoque
desde el cual están
construidos la
información, el análisis
o las investigaciones,
reproduce el modelo
hegemónico de la
sociedad patriarcal y,
por tanto, perpetúa
estereotipos y
prejuicios de lo
femenino y masculino
naturalizados a través
de la historia y la
cultura.
Dotar de una perspectiva
de género al trabajo
comunicativo constituye
entonces una de las
principales necesidades
y desafíos que hoy
enfrentan los y las
profesionales de los
medios en todo el mundo.
En Cuba, para nada
exenta de estas
problemáticas, los
aportes de esta teoría a
las labores cotidianas
de comunicadores y
comunicadoras son aún
insuficientes, si bien
se hace notable el
avance alcanzado en los
últimos años,
fundamentalmente en el
área académica.
Los Encuentros
Iberoamericanos de
Género y Comunicación,
desarrollados desde 1993
de manera bianual por la
Unión de Periodistas de
Cuba, la Federación de
Mujeres Cubanas y la
Asociación de
Comunicadores Sociales,
han constituido espacio
por excelencia para
debatir asuntos como la
intención de visibilizar
y dar voz a las mujeres
en los medios, los
conflictos de género
afrontados por las
comunicadoras, la
deconstrucción del
discurso mediático
discriminador y
excluyente por motivos
de género, la inclusión
de la perspectiva de
género en la
investigación
comunicativa, entre
otros tópicos.
La doctora Isabel Moya
Richard, presidenta del
Comité Organizador y una
de las principales
estudiosas feministas
del país, explicó que
desde su surgimiento en
1993, los encuentros han
ganado en profundidad
cualitativa.
“Rápidamente la mirada
se amplió no solo a los
estudios propiamente de
mujer que nosotros
seguimos reivindicando,
sino a las relaciones
con la masculinidad, con
la sociedad, con la
política, etc. En cuanto
a su proyección, podemos
verla en dos niveles.
Para la región
iberoamericana significó
concretar el sueño de
poder hacer un diplomado
de carácter
internacional para
formar comunicadoras y
comunicadores en estos
temas. En el plano
interno, significó
empezar a mirar la
comunicación de otra
manera y por eso, en la
quinta edición, los
ponentes cubanos
vinieron por primera vez
a partir de
convocatorias
regionales. En cada
región del país se
realizan encuentros, lo
cual permite que se
presenten todas las
personas que deseen, sin
las restricciones de
cuotas de un congreso de
este tipo. Participar
aporta riqueza,
intercambio,
socialización y el
objetivo es que esto
redunde y contribuya al
periodismo que necesita
el país: más reflexivo,
más problémico, mirando
con una visión holística
a la sociedad. Entender
que la política no solo
se relaciona con un acto
político, con una
efectividad política,
con una efeméride, sino
que la política
atraviesa toda la vida
de los seres humanos y
en ese mismo sentido
nuestro periodismo está
en la obligación de
empezar a problematizar
y a cuestionarse las
vías, los modos, en que
las personas puedan ir
acercándose a ese ideal
humanista con el que se
sueña.”
Este 2010, el evento
desarrolló su novena
edición del 25 al 28 de
mayo y tuvo como sede
principal al Instituto
Internacional de
Periodismo José Martí.
Representantes de
España, México,
Venezuela, Francia y
Cuba debatieron sobre la
necesidad de una
comunicación que
manifieste la aceptación
de la diversidad
cultural y la dignidad
humana desde una
perspectiva de género.
Los paneles
Transgredir los espacios
tradicionales
y
Cuba: Tendencias en la
investigación en
Comunicación y Género;
las comisiones
Aproximaciones teóricas,
Agenda mediática y
género
y
Productos comunicativos
y el seminario
Buenas prácticas en el
tratamiento mediático
del VIH/sida
propiciaron el
intercambio y la
discusión sobre las
distintas estrategias
para vulnerar el
discurso sexista que
habitualmente existe en
los medios.
Uno de los principales
aportes del encuentro
pudiera ubicarse en el
paso de la investigación
a la praxis, pues el
mayor número de
ponencias correspondió a
la presentación de
experiencias concretas
desde las que se intenta
materializar esta nueva
mirada hacia la
inclusión. Los mismos
formatos pueden ser
utilizados para
subvertir los contenidos
tradicionales, como
demostró la española
Cristina Pérez Fraga,
presidenta de la
Asociación de Mujeres
Comunicadoras de su país
(AMECO), cuando presentó
el proyecto de un
video-juego de
periodistas detectives
en el cual la
protagonista, una
reportera, intenta
descubrir una serie de
crímenes, entre ellos el
asesinato de una
prostituta inmigrante.
La violencia de género,
la inequidad laboral, la
falta de derechos de las
mujeres, la conflictiva
conciliación femenina
entre vida privada y
pública, la falta de
reconocimiento del
talento femenino y las
complejidades para
incluir en la agenda de
los medios de prensa los
conflictos de la mujer,
son algunos de los
elementos que pondrá en
evidencia este peculiar
software de
entretenimiento, posible
de adquirir
gratuitamente en
Internet una vez que sea
finalizado.
Otra interesante
experiencia fue la de la
periodista mexicana Sara
Lovera, con su programa
Mujeres en movimiento,
transmitido por
Internet, desde el cual
se ha puesto en
evidencia la condición
social desventajosa de
la mitad femenina en
diversos países, así
como el trabajo de las
feministas y las
organizaciones de
resistencia.
De Cuba, Mayté Silveira
expuso su
Estrategia de
comunicación para lograr
un discurso incluyente y
no sexista en la
programación de Radio
Chaparra, en Las Tunas,
iniciativa centrada
en las necesidades
propias de la comunidad
y desde la que quedó
clara las amplias
posibilidades de
transformar mentalidades
a través de la
capacitación, la
investigación y el
conocimiento. Desde
emisoras comunitarias
del país llegaron otros
ejemplos de programas,
reportajes y
documentales desde los
que poco a poco van
subvirtiéndose los
tradicionales modos para
tratar los temas
relacionados con el
género y la diversidad
sexual.
Los distintos monitoreos
a los medios nacionales
pusieron de relieve la
casi ausencia de las
mujeres en los roles de
opinión, la relación
entre sexismo y racismo
en la televisión cubana,
la poca aparición del
aporte femenino a
nuestras gestas
liberadoras y la falta
de una aproximación
sostenida a los temas de
la violencia de género.
Hacia un tratamiento del
VIH/sida que incluya una
perspectiva de género y
abandone el estigma y la
discriminación sobre las
personas que viven con
este padecimiento marchó
el seminario de buenas
prácticas. En él se
enfatizó en la necesidad
de trascender la
victimización, el
sentimentalismo y el
enjuiciamiento para
tratar estos asuntos, y
buscar la arista humana
sin perder de vista la
necesidad de protegerse
de la epidemia. Apostar
por conductas sexuales
responsables va de la
mano de la aceptación a
la diversidad sexual, el
conocimiento de los
riesgos de las distintas
infecciones transmitidas
durante el sexo y la
superación de un orden
de género opresivo.
Significativo resultó
además la participación
de muy jóvenes
investigadoras e
investigadores con
novedosas propuestas de
elevado rigor, como
prueba del creciente
interés que gana esta
perspectiva de análisis
entre nuestros expertos.
Es el caso de Lirians
Gordillo Piña, quien
expuso su indagación
Video clip cubano
actual: una mirada desde
los cuerpos,
en la cual deconstruye
la representación social
de la masculinidad y la
feminidad en este tipo
de audiovisuales, tan de
moda en la Isla. La
fragmentación del cuerpo
femenino con la
intención de acentuar
sus enraizados valores
como objeto sexual del
deseo, maternidad,
pasividad, etc.,
constituye uno de los
resultados de la
periodista, quien
demostró la pervivencia
simbólica de
estereotipos y
prejuicios de género en
la mayoría de los
productos por ella
analizados.
Superar el paradigma de
que lo diferente es
inferior o tiene un
valor secundario, ha de
ser una de las
aspiraciones de toda
sociedad justa. El
género constituye una
categoría ideológica,
política, filosófica y a
la vez incluyente,
transdisciplinar,
propositiva, útil para
todo tipo de enfoque
comunicativo.
La profesora Moya
profundizó en la
dimensión que puede
alcanzar este tipo de
encuentros para
contribuir a visibilizar
las diferencias e
inequidades entre los
géneros. “Para nosotros,
que estamos postulando
construir una sociedad
donde la inclusión y la
participación sea lo que
tipifique las relaciones
sociales, cómo podemos
lograrlo si realmente
desde la cultura, desde
los medios, desde la
escuela, a veces
inconscientemente,
seguimos reproduciendo
el género tradicional y
en ocasiones esa
reproducción va adquirir
nuevas formas y matices.
Aunque el evento aborda
esencialmente los temas
que tienen que ver con
la relación
hombre-mujer, lo que
quiere dejar en los
profesionales de la
comunicación en Cuba es
esa necesidad de
problematizar la
realidad en los medios.
No para dar recetas,
sino para que las
personas puedan de
alguna manera dialogar y
establecer con el medio
ese diálogo”.
Llevar al ejercicio de
la prensa, la publicidad
y la comunicación
pública la noción de que
no existen jerarquías
por motivos de género,
raza, orientación sexual
o cualquier otro tipo de
diferencia, sigue siendo
un reto cotidiano,
insoslayable para
aquellos profesionales
comprometidos con un
encargo social humanista
y a favor de la
justicia. |