Año IX
La Habana
5 al 11
 de JUNIO
de 2010

SECCIONES

Página principal Enlaces Favoritos Enviar correo Suscripción RSS

EL GRAN ZOO

PUEBLO MOCHO

NOTAS AL FASCISMO

LA OPINIÓN

APRENDE

LA CRÓNICA

EN PROSCENIO

LA BUTACA

LETRA Y SOLFA

LA MIRADA

MEMORIA

LA OTRA CUERDA

FUENTE VIVA

REBELDES.CU

LA GALERÍA

EL CUENTO

POESÍA

EL LIBRO

EPÍSTOLAS ESPINELAS

EL PASQUÍN

EN FOCO

POR E-MAIL

ENREDOS

¿DÓNDE QUIERES QUE
TE PONGA EL PLATO?

Murga uruguaya en La Habana y Cienfuegos

¡Agarrate” Cuba, que llegó la Catalina!

Marianela González • La Habana

Fotos: Abel, Casa de las Américas

 

“…millones de hombres comprando
boletos de este circo
universal”.

Si estos versos se recitasen, sonarían apocalípticos y hasta cursis; pero se cantan sobre el escenario, se bailan. Tal vez sea la manera de decirnos que aún quedan oportunidades para arriar esa carpa, para darle otro rumbo a la gira de este circo que avanza sumando “artistas” de pueblo en pueblo.

Por segunda vez, la murga uruguaya Agarrate Catalina (“agarrate”, se escucha en acento montevideano) llegó a Cuba. El pasado 30 de mayo abarrotó el teatro Mella de La Habana y dos días después el cienfueguero Terry. Y lo realmente prodigioso: me atrevo a asegurar que más de la mitad de los espectadores no sabía a ciencia cierta lo que habría de ocurrir sobre el escenario en los próximos minutos; cerca de una hora más tarde, cada uno de los espacios se vació de gente y de artistas, quienes salieron a las calles para continuar en ellas la fiesta. Justo como en cada febrero se recibe a las murgas en el Uruguay.

Más entradas vendidas que el fútbol de todo un año…

"La categoría murgas es conceptualmente un natural medio de comunicación, transmite la canción del barrio, recoge la poesía de la calle, canta los pensamientos del asfalto. Es una forma expresiva que trasunta el lenguaje popular, con una veta de rebeldía y romanticismo. La murga, esencia del sentir ciudadano, conforma una verdadera autocaricatura de la sociedad, por donde desfilan identificados y reconocidos, los acontecimientos salientes de la misma, lo que la gente ve, oye y dice, tomados en chanza y en su aspecto insólito, jocoso y sin concesiones, y si la situación lo requiere, mostrará la dureza conceptual de su crítica, que es su verdadera esencia. El contexto del libreto, así como la crítica social tendrán un nítido sentido del ingenio, picardía y autenticidad. La veta de protesta punzante, irónica, aguda, mordaz, inteligente y comunicativa, es la estructura y la esencia de la murga...”1

Se habla de “murga”, y es necesario distinguir que se trata tanto de un género (coral-teatral-musical), como del término que designa los propios conjuntos que lo practican: 17 artistas en escena 13 cantantes, 3 bateristas y 1 director escénico, capaces de desdoblarse constantemente entre el baile, la mímica, la pantomima, el canto, la representación. También en la escritura de los textos, la composición musical y el diseño escénico.

Se dice que las murgas del Uruguay tienen un formato similar a las murgas españolas de Tenerife, Islas Canarias y Las Palmas, también a las argentinas. Pero si algo queda claro, es que distingue a las montevideanas la elaboración de textos que combinan humor y protesta en una especie de ópera popular: distinción esta que si bien es cierto que se trata de expresiones que acumulan siglos de existencia, enlaza con el sentido social reivindicatorio y contestatario que potenciaron en el Uruguay de los 80 las manifestaciones artísticas, luego de una década de censura, represión y exilio en que las murgas como las artes escénicas en general vieron desaparecer sus espacios de presentación y junto con ellos a sus integrantes.

Actualmente, las murgas uruguayas concursan cada año en el carnaval más largo del mundo, que convoca durante 40 días a decenas de miles de personas en Montevideo. Se dice que cada edición vende más entradas que las que consigue el fútbol en todo el año. Precisamente una de esas ediciones, la de 2005 vio emerger a Agarrate Catalina no solo como ganadora, sino como expresión que desde entonces reivindica la murga como manifestación de genuinas raíces populares, a la vez que moderna.

La Catalina, por segunda vez en Cuba

Dos años después de su último triunfo en el Carnaval, Agarrate Catalina llega a Cuba en medio de otra cosecha de éxitos: giras por varios países de América Latina y Europa e invitados al Foro Social Mundial de Porto Alegre. El arreglo y la sincronización de las voces, los bailes, los maquillajes y el vestuario, la incorporación de instrumentos musicales distintos a los tradicionales (bombo, platillo y redoblante), estimularon los aplausos de un público que, aunque acostumbrado a múltiples y ricas expresiones de la cultura popular, poco contacto ha tenido con esta suerte de Les luthiers populares. Excelentes músicos, compositores y teatristas, que prefieren la calle como escenario para un desempeño que bien ganaría vestido de frac; sin embargo, voluntarios portavoces de las expectativas reivindicatorias de los sectores sociales más desposeídos de su país y del mundo.

En el capitalino teatro Mella, los espectadores cubanos pudimos asistir a una combinación de cuatro de sus últimos cuplés, finas sátiras de fenómenos sociales y políticos contemporáneos: el tema de la educación, los esquemas “civilizatorios”, la religión y la guerra. Y junto con ellos, el saludo y la retirada habituales.     

“Lo que hacemos es expresión de una realidad y una cultura local explicó el director. Por eso, nos complace tanto ver que nos comprendemos. De eso se trata, no de banderas: si juntamos las expresiones populares diversas, quién sabe cuánta riqueza puede resultar. Nos conocemos así como artistas, nos entendemos artistas y público: nos conocemos y entendemos entonces como pueblos.”

El director de la murga es el encargado de pasar las diferentes tonalidades de las canciones e ir dirigiendo y llevando el ritmo del espectáculo, tal como lo hace un director de coro. Por eso, lo vimos varias veces intervenir en escena, explicando al público lo que habría de ver a continuación. “Vamos a hablar de educación dijo, de los modelos que seguimos repitiendo. Hasta de eso la murga se puede reír. Vamos a hablar de Dios, vamos a hablar de las dudas del hombre. Vamos a hablar de la guerra, de cómo es una constante a lo largo de eso que hemos llamado ‘civilización’”.

“¡Bah!, un carnaval…”  

Para los integrantes de Agarrate Catalina, “fue un placer actuar en un teatro de La Habana. Nos sentimos como en casa”. Para los cubanos, estos encuentros a los que pudo asistir gran cantidad de público, constituyeron un enriquecimiento del que aún se comenta en las calles. “De la murga no se salva nadie”, habían advertido los propios artistas uruguayos justo antes de la primera función en Cuba. Seguramente, se referían a aquellos temas que pueden llamar su atención para elaborar cuplés; pero prefiero interpretarlo desde nuestra experiencia: de la seducción de la murga no escapa nadie, al menos nadie con el privilegio de haberla tenido frente.

Tal es la capacidad de esta manifestación inclasificable para integrar, revalidar culturas y modos de pensar diversos, para resucitar el protagonismo popular y apuntar a las más imperceptibles debilidades del discurso político, en busca de ventilar máscaras y desmitificar esquemas. Tal es, por ende, la incapacidad de quienes aun después de diez años de encuentros inéditos entre intelectuales y movimientos populares, con sus respectivas expresiones culturales se empeñan en catalogar al Foro Social Mundial, despectivamente, como un “carnaval”.

Inéditas fronteras conocerían las más acabadas teorías, si tan solo unos minutos estimasen expresiones como esta.

Nota:

1- Fragmento del Artículo 71 del Reglamento Municipal del Carnaval de la ciudad de Montevideo

 

ARRIBA

Página principal Enlaces Favoritos Enviar correo Suscripción RSS
.

© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2010.
IE-Firefox, 800x600