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“…millones de hombres
comprando
boletos de este circo
universal”.
Si estos versos se
recitasen, sonarían
apocalípticos y hasta
cursis; pero se cantan
sobre el escenario, se
bailan. Tal vez sea la
manera de decirnos que
aún quedan oportunidades
para arriar esa carpa,
para darle otro rumbo a
la gira de este circo
que avanza sumando
“artistas” de pueblo en
pueblo.
Por segunda vez, la
murga uruguaya Agarrate
Catalina (“agarrate”, se
escucha en acento
montevideano) llegó a
Cuba. El pasado 30 de
mayo abarrotó el teatro
Mella de La Habana y dos
días después el
cienfueguero Terry. Y lo
realmente prodigioso: me
atrevo a asegurar que
más de la mitad de los
espectadores no sabía a
ciencia cierta lo que
habría de ocurrir sobre
el escenario en los
próximos minutos; cerca
de una hora más tarde,
cada uno de los espacios
se vació de gente y de
artistas, quienes
salieron a las calles
para continuar en ellas
la fiesta. Justo como en
cada febrero se recibe a
las murgas en el
Uruguay.
Más entradas vendidas
que el fútbol de todo un
año…
"La categoría murgas es
conceptualmente un
natural medio de
comunicación, transmite
la canción del barrio,
recoge la poesía de la
calle, canta los
pensamientos del
asfalto. Es una forma
expresiva que trasunta
el lenguaje popular, con
una veta de rebeldía y
romanticismo. La murga,
esencia del sentir
ciudadano, conforma una
verdadera autocaricatura
de la sociedad, por
donde desfilan
identificados y
reconocidos, los
acontecimientos
salientes de la misma,
lo que la gente ve, oye
y dice, tomados en
chanza y en su aspecto
insólito, jocoso y sin
concesiones, y si la
situación lo requiere,
mostrará la dureza
conceptual de su
crítica, que es su
verdadera esencia. El
contexto del libreto,
así como la crítica
social tendrán un nítido
sentido del ingenio,
picardía y autenticidad.
La veta de protesta
punzante, irónica,
aguda, mordaz,
inteligente y
comunicativa, es la
estructura y la esencia
de la murga...”1
Se habla de “murga”, y
es necesario distinguir
que se trata tanto de un
género
(coral-teatral-musical),
como del término que
designa los propios
conjuntos que lo
practican: 17 artistas
en escena
—13 cantantes, 3
bateristas y 1 director
escénico—,
capaces de desdoblarse
constantemente entre el
baile, la mímica, la
pantomima, el canto, la
representación. También
en la escritura de los
textos, la composición
musical y el diseño
escénico.
Se dice que las murgas
del Uruguay tienen un
formato similar a las
murgas españolas de
Tenerife, Islas Canarias
y Las Palmas, también a
las argentinas. Pero si
algo queda claro, es que
distingue a las
montevideanas la
elaboración de textos
que combinan humor y
protesta en una especie
de ópera popular:
distinción esta que
—si bien es
cierto que se trata de
expresiones que acumulan
siglos de existencia—,
enlaza con el sentido
social reivindicatorio y
contestatario que
potenciaron en el
Uruguay de los 80 las
manifestaciones
artísticas, luego de una
década de censura,
represión y exilio en
que las murgas
—como las artes
escénicas en general—
vieron desaparecer sus
espacios de presentación
y junto con ellos a sus
integrantes.
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Actualmente, las murgas
uruguayas concursan cada
año en el carnaval más
largo del mundo, que
convoca durante 40 días
a decenas de miles de
personas en Montevideo.
Se dice que cada edición
vende más entradas que
las que consigue el
fútbol en todo el año.
Precisamente una de esas
ediciones, la de 2005
vio emerger a Agarrate
Catalina no solo como
ganadora, sino como
expresión que desde
entonces reivindica la
murga como manifestación
de genuinas raíces
populares, a la vez que
moderna.
La Catalina, por segunda
vez en Cuba
Dos años después de su
último triunfo en el
Carnaval, Agarrate
Catalina llega a Cuba en
medio de otra cosecha de
éxitos: giras por varios
países de América Latina
y Europa e invitados al
Foro Social Mundial de
Porto Alegre. El arreglo
y la sincronización de
las voces, los bailes,
los maquillajes y el
vestuario, la
incorporación de
instrumentos musicales
distintos a los
tradicionales (bombo,
platillo y redoblante),
estimularon los aplausos
de un público que,
aunque acostumbrado a
múltiples y ricas
expresiones de la
cultura popular, poco
contacto ha tenido con
esta suerte de Les
luthiers populares.
Excelentes músicos,
compositores y
teatristas, que
prefieren la calle como
escenario para un
desempeño que bien
ganaría vestido de frac;
sin embargo, voluntarios
portavoces de las
expectativas
reivindicatorias de los
sectores sociales más
desposeídos de su país y
del mundo.
En el capitalino teatro
Mella, los espectadores
cubanos pudimos asistir
a una combinación de
cuatro de sus últimos
cuplés, finas sátiras de
fenómenos sociales y
políticos
contemporáneos: el tema
de la educación, los
esquemas “civilizatorios”,
la religión y la guerra.
Y junto con ellos,
el
saludo
y
la
retirada
habituales.
“Lo que hacemos es
expresión de una
realidad y una cultura
local
—explicó el
director—.
Por eso, nos complace
tanto ver que nos
comprendemos. De eso se
trata, no de banderas:
si juntamos las
expresiones populares
diversas, quién sabe
cuánta riqueza puede
resultar. Nos conocemos
así como artistas, nos
entendemos artistas y
público: nos conocemos y
entendemos entonces como
pueblos.”
El director de la murga
es el encargado de pasar
las diferentes
tonalidades de las
canciones e ir
dirigiendo y llevando el
ritmo del espectáculo,
tal como lo hace un
director de coro. Por
eso, lo vimos varias
veces intervenir en
escena, explicando al
público lo que habría de
ver a continuación.
“Vamos a hablar de
educación
—dijo—,
de los modelos que
seguimos repitiendo.
Hasta de eso la murga se
puede reír. Vamos a
hablar de Dios, vamos a
hablar de las dudas del
hombre. Vamos a hablar
de la guerra, de cómo es
una constante a lo largo
de eso que hemos llamado
‘civilización’”.
“¡Bah!, un carnaval…”
Para los integrantes de
Agarrate Catalina, “fue
un placer actuar en un
teatro de La Habana. Nos
sentimos como en casa”.
Para los cubanos, estos
encuentros a los que
pudo asistir gran
cantidad de público,
constituyeron un
enriquecimiento del que
aún se comenta en las
calles. “De la murga no
se salva nadie”, habían
advertido los propios
artistas uruguayos justo
antes de la primera
función en Cuba.
Seguramente, se referían
a aquellos temas que
pueden llamar su
atención para elaborar
cuplés; pero prefiero
interpretarlo desde
nuestra experiencia: de
la seducción de la murga
no escapa nadie, al
menos nadie con el
privilegio de haberla
tenido frente.
Tal es la capacidad de
esta manifestación
inclasificable para
integrar, revalidar
culturas y modos de
pensar diversos, para
resucitar el
protagonismo popular y
apuntar a las más
imperceptibles
debilidades del discurso
político, en busca de
ventilar máscaras y
desmitificar esquemas.
Tal es, por ende, la
incapacidad de quienes
—aun después de
diez años de encuentros
inéditos entre
intelectuales y
movimientos populares,
con sus respectivas
expresiones culturales—
se empeñan en catalogar
al Foro Social Mundial,
despectivamente, como un
“carnaval”.
Inéditas fronteras
conocerían las más
acabadas teorías, si tan
solo unos minutos
estimasen expresiones
como esta.
Nota:
1-
Fragmento del Artículo
71 del Reglamento
Municipal del Carnaval
de la ciudad de
Montevideo |