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El mexicano Alfonso
Soteno, principal entre
los cinco creadores del
Árbol de la vida
—la pieza gigantesca de
cerámica que ha sido
símbolo de Casa de las
Américas por 35 años—
recibió en esa
institución la
Medalla Haydée
Santamaría. Tal
distinción que otorga
el Consejo de Estado de
la República de Cuba
reconoce la obra del
artesano que modeló uno
de los tesoros más
importantes conservados
en la Casa, por su
belleza y carácter único
en el mundo.
Roberto Fernández
Retamar, presidente de
Casa de las Américas,
impuso la Medalla a
Soteno, quien confesó
que este tributo
ofrecido por Cuba es lo
más importante que le ha
ocurrido en su carrera
de artesano. “Nunca
pensé que este país me
recibiría con tantos
elogios y cariño”, dijo
el artista, quien fuera
agasajado por la
investigadora Vivian
Martínez Tabares. La
también directora del
Departamento de Teatro
de Casa, expresó que la
obra de Soteno, es “la
representación corpórea
de sus sueños” y “ha
contribuido al
enriquecimiento y la
defensa de la genuina
cultura de América
Latina”.
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Para recibir el
galardón, que fuera
entregado antes a
artistas como Oswaldo
Guayasamín, Mario
Benedetti y Volodia
Teitelboim, Soteno
viaja por segunda vez a
la Isla. En su anterior
visita en 1975, fue
testigo de la admiración
que suscitara su trabajo
en artistas y
autoridades cubanas,
quienes lo acompañaron
en la misión de
“plantar” el Árbol en la
Sala Che Guevara de la
instalación. Custodiado
por piezas del argentino
Matta o del cubano Raúl
Martínez, el gigante de
seis metros —por el cual
hubo que derribar una de
las paredes de aquel
sitio en los 70 para que
fuera colocado— ha sido
“testigo de una
coherente y sistemática
acción descolonizadora,
con cuyo quehacer de
cada día hemos aprendido
a sentirnos más
latinoamericanos y
caribeños, miembros
plenos de una patria
mayor”, según señalara
en uno de sus artículos
Martínez Tabares.
La obra, que al decir de
su autor fuera realizada
en tiempo récord por
encargo del entonces
Presidente de México
Luis Echeverría y que
llegara a la Isla donada
como expresión de la
amistad entre los dos
pueblos, fue concebida
para ser la más grande
de su tipo, con 1600
piezas coronadas por la
imagen de un sol bajo el
cual crece una espesura
inacabable de motivos
marinos. La sirena que
destaca entre los
brillantes colores,
inspirada en un mito
alimentado en el pueblo
de Mepetec, así como las
figuras del mar,
surgieron como productos
de la imaginación del
autor, quien para la
fecha en que concibiera
la obra, no conocía aún
la vastedad del océano.
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Hecho artesanalmente por
diferentes culturas a lo
largo de la historia, el
árbol va acompañado del
concepto místico de que
existe un vínculo entre
todo lo que habita el
mundo. Para que
continuemos creyendo en
la fuerza de la unidad y
en el poder de la
creación, el mexicano
Soteno, hoy homenajeado
en Cuba, ha decidido
plantar aquí junto a su
familia, otro árbol
pequeño que acompañe al
de Casa y regalar
asimismo, una pieza de
este tipo a Fidel. |