|
El Taller de Serigrafía
René Portocarrero
cumple este año tres
décadas de trabajo,
pretexto para acercarnos
al quehacer de esta
institución que en la
década de los 80
se convirtió
—por
derecho propio—
en un
verdadero generador de
proyectos culturales que
tuvieron un gran impacto
en la vida cultural
cubana.
Desde el 2004 David Sosa
figura como director del
Taller
—enclavado en
Cuba, emblemática calle
de La Habana colonial—
quien en rápido diálogo
con La Jiribilla nos
aclara que “no debe ni
puede de olvidarse” el
sentido comercial de la
institución y los
objetivos que,
actualmente, están
trazados en relación con
la producción y la
comercialización.
|

David Sosa,
director del Taller de Serigrafía René Portocarrero |
“Es cierto que en el
aspecto artístico hay
cierta nostalgia por
esos años y hemos
querido retomar, poco a
poco y en la medida de
las posibilidades
reales, aquellas
estrategias. Todos
sabemos las dificultades
económicas que hemos
tenido que enfrentar a
nivel de país. Las
circunstancias obligaron
a tomar algunas medidas
de tipo económico que
variaron el modo de ver
y de hacer de las artes
plásticas y eso, sin
duda, influyó sobre la
actividad del Taller.
En todo este tiempo la
idea ha sido actualizar
la actividad comercial y
productiva e incentivar,
también, la gestión
cultural, pero este es
un proceso complejo y
hemos tratado de armar
un equipo de trabajo que
se enfoque hacia ese
propósito.
También dentro de
nuestros planes está
internacionalizar el
Taller como casa editora
o productora de
originales múltiples que
es algo que en el mundo
es una realidad. No es
una actividad muy
generalizada, pero
existen atelieres y
talleres de gran
prestigio que trabajan
la serigrafía.
La idea ha sido
diversificar las
producciones, sobre
todo, por la finalidad
comercial que puede
—aparentemente—
estar
divorciada de lo
artístico. El mercado
cubano no es el mercado
propio para arte cubano
a pesar de que el
público sí disfruta y
tiene un gusto y un
conocimiento, pero hay
que trabajar en función
de las ventas. Nosotros
tenemos dos vías para
comercializar la obra: a
través de instituciones
culturales y el público
en general.
¿Cuando habla del
mercado nacional se
refiere a la compra de
obra de arte en moneda
nacional, es decir, al
interés por fomentar un
mercado cubano de arte?
Sí, estamos hablando del
original múltiple que
hacemos aquí. Hay dos
modos de trabajar ese
original múltiple y el
más importante es cuando
el artista participa del
proceso de la obra, o
sea, no existe la obra
original y se hace una
especialmente para la
ocasión.
La otra manera es cuando
partimos de una obra
original que se trata de
reproducir. Pero, los
que conocen de la
técnica saben que nunca
queda una obra igual; en
ocasiones, la serigrafía
puede superar al
original y en otros
momentos se queda por
debajo.
En ambos sistemas
tratamos de que el
artista se sume en algún
momento; de hecho tiene
que participar para
definir colores y otros
aspectos relacionados
con la técnica del
proceso, pero estamos
hablando de la obra
múltiple que se hace en
el Taller. El artista
—lógicamente cuando está
vivo y en Cuba—
viene al
Taller, supervisa el
trabajo, edita un número
determinado de
ejemplares y luego firma
la obra. Del resultado
de ese proceso, se
comercializa una parte
en moneda nacional y
otra en moneda
libremente convertible.
Esa manera de trabajar
engrandece la obra, la
hace mucho más
valiosa…
Por supuesto, siempre le
digo a los clientes
—sobre todo cuando
hacemos “Arte Rampa” que
por cierto está
a las
puertas—
que quien
compra una serigrafía o
un grabado adquiere una
obra que no se deprecia
con el tiempo, todo lo
contrario. Si se realiza
con los materiales
adecuados, es decir,
con
una buena cartulina y
tintas puede durar
muchísimos años y con el transcurso del tiempo la
pieza incrementa su
valor desde el punto de
vista artístico y
comercial. Cuando se
compra una obra salida
del Taller, se adquiere
un patrimonio que
valoriza los fondos
económicos y culturales
de la persona o de la
institución que la
adquiere.
Recuerdo que en los
80
este Taller
tenía una intensísima
vida cultural,
¿cuáles
son las acciones
concretas que ustedes
están asumiendo para,
nuevamente, volver a
revitalizarlo?
Cada etapa tiene su
encanto y su valor y
aquel período fue,
francamente, hermoso. El
momento que nos ha
tocado a nosotros nos
hemos tenido
que
concentrar mucho en los
aspectos económicos del
Taller.
Todos estos años la
actividad ha estado
volcada hacia el aspecto
económico porque,
primero,
esta
institución tiene un
objetivo económico
—funciona a partir de la
rentabilidad y en
dependencia de
costos-gastos y de
obtener utilidades—. En
los últimos seis años
—además de sobrecumplir
lo planificado—
hemos
tratado de diversificar
desde el punto de vista
comercial.
El Taller no solamente
concibe serigrafía
artística,
sino también
serigrafía de destino
publicitario, imprime
textiles y tiene una
imprenta que hace modelaje desde el punto
de vista del linotipo y
se realizan catálogos
artísticos y se
comercializan licencias
de uso, que es una
manera de comercializar
obra a partir del
criterio del derecho de
autor, de la propiedad
intelectual.
Ahora estamos en fase de
consolidar el trabajo en
equipo y, poco a poco,
pretendemos ir gestando
proyectos artísticos
cada cierto tiempo;
también estamos haciendo
exposiciones y nos hemos
vinculado mucho al
trabajo de los
diseñadores a partir del
Club de Amigos del
Cartel. Hace dos años
que desarrollamos ese
proyecto y gran parte de
los carteles que se
hacen en estos momentos
—desde la óptica
cultural—
salen del Portocarrero.
Con el diseño estamos
muy conectados y hemos
querido trabajar con
artistas jóvenes que se
acercan a las tendencias
más experimentales.
También tenemos un
proyecto de homenaje a
artistas de los que
tenemos obras en nuestro
archivo pasivo. Por
ejemplo, hemos hecho un
homenaje al maestro
Alfredo Sosabravo y
tenemos pensado
—en este
segundo semestre del
año—
hacer algo con la
obra de Eladio Rivadulla.
Pensamos invitar a
Rivadulla, Premio
Nacional de Diseño, a
hacer una obra que se
expondrá junto a otros
trabajos anteriores que
pertenecen a los fondos
del Taller.
Hay que buscar un
equilibrio entre
economía y arte, algo
muy difícil ¡lo sabemos!
y siempre vamos a sentir
que estamos en deuda con
la creación, pero
creemos que tenemos
todas las posibilidades
de trabajar en ambas
líneas. El Taller posee
las condiciones: tenemos
la posibilidad de
promocionarnos porque
hacemos ese trabajo
aquí, poseemos el
soporte y tenemos la
voluntad de hacerlo.
¿Cuáles son las líneas
de trabajo
que se deben
emprender
en este segundo semestre
del presente año?
Hemos tenido un comienzo
de año muy complicado
porque no hemos contado
con los materiales, los
medios y los insumos
indispensables para
producir arte y eso nos
ha limitado muchísimo.
Pero, a pesar de esa
realidad, creo que uno
de los encantos que
tiene el trabajo con los
artistas en general
—y
con los de la plástica
en particular—
es que a
partir de armar una idea
se logran cosas
maravillosas.
Realizamos algunas
producciones de obras,
por ejemplo, de Pedro
Pablo Oliva con muy
pocas tintas, pero con
una calidad tremenda.
Las hicimos con una
cantidad limitada de
colores, con algunas
ayudas y armamos esas
piezas. También una obra
de Zaida del Río e
hicimos algunas
transformaciones: ese es
el caso de que aunque
existe la obra original
se modificaron colores,
se ajustaron y todo se
hizo con la anuencia de
la artista.
El artista pasa, valora
las piezas y se cotejan
intereses. Hay un
aspecto que es muy
importante a tener en
cuenta y es el trabajo
que realizan los
impresores del Taller;
ellos son las personas
que interpretan la obra,
que la ponderan y
deciden cómo van a
asumir la pieza. Hemos
hecho trabajos que van
desde los
80
colores
—labor que puede tomarse más de un mes—
y el serígrafo tiene que
desmenuzarlos. Es un
proceso que se imprime
color a color y es muy
importante la
interpretación que ellos
hagan.
Dada la procedencia de
esos especialistas
—que
son graduados de la
Academia de Artes de San
Alejandro y del
Instituto Superior de
Arte
(ISA)
el trabajo
se completa. Contamos
con gentes jóvenes que
se han adiestrado en el
Taller
—es muy difícil y
costoso formar un serígrafo porque lleva
tiempo—
y creo que ellos
han asumido con alta
profesionalidad esta
labor. Los serígrafos
son gentes que les gusta
asumir el reto de hacer
una obra de otro artista
plástico y eso
es
muy
importante.
Uno de los principios de
este Taller
—y yo
insisto mucho en eso—
es
que todo el que salga
de aquí tiene que estar
complacido: tanto el
cliente como el artista,
que es nuestro principal
recurso, de ahí parte
todo.
Pero, ¿con qué artistas
o con qué proyectos van
a trabajar en los
próximos seis meses?
Si a inicios del mes de
agosto por fin nos
llegan los materiales
solicitados, tenemos un
encargo muy fuerte con
una Inmobiliaria que
trabaja en la
ambientación de hoteles;
esta es una línea que
hemos dirigido en
función de la
comercialización.
Una vez terminado ese
compromiso
—con el
material que nos quede—
vamos a empezar a
trabajar lo que llamamos
“obra propia” que es la
que asumimos de los
artistas y que
producimos para
comercializar en las dos
monedas.
Hemos conversado con un
grupo de pintores entre
los que se encuentran
Manuel Mendive, Roberto
Fabelo, Arturo Montoto,
Ernesto Rancaño y
Agustín Bejarano. Todo
lo que seamos capaces de
producir en el segundo
semestre de este año es
con lo que contaremos
para consolidarnos en el
2011. Veremos. |