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Compañero Raúl Castro,
Presidente del Consejo
de Estado y del
Gobierno:
Reverendo Marcial Miguel
Hernández, Presidente
del Consejo de Iglesias
de Cuba:
Excelentísima Griselda
Delgado, Obispa
Coadjutora de la Iglesia
Episcopal de Cuba:
Presidentes de Iglesias
y Líderes Ecuménicos:
Hace diez años nuestro
pueblo celebró una gran
victoria fruto de la
lucha unida de todas y
todos. El secuestro de
un niño que aún no tenía
seis años, apartado por
la fuerza de su padre y
su familia y sometido al
maltrato infantil más
impune y publicitado,
conmovió a toda la
sociedad cubana y nos
transformó en una sola
familia.
Fueron siete meses de
brega incesante en la
que, como siempre,
contamos con la guía
firme y sabia del
Comandante en Jefe Fidel
Castro. Vaya para él un
mensaje de gratitud y
afecto.
En esa batalla
participaron, junto al
pueblo, sus Iglesias y
todo el movimiento
ecuménico agrupado en el
Consejo de Iglesias de
Cuba. Me complace
afirmarlo en este templo
que ha sido y es
paradigma de auténtico
espíritu evangélico,
parte inseparable de una
comunidad verdaderamente
unida a sus pastores.
No habríamos triunfado
si no hubiéramos tenido
a nuestro lado al
Consejo Nacional de
Iglesias de Cristo de
EE.UU. y
especialmente a la
Reverenda Joan Campbell.
Ella y otras
personalidades
religiosas, como el
Reverendo Lucius Walker,
todos con su incansable
solidaridad fueron
capaces de movilizar a
la abrumadora mayoría
del pueblo
norteamericano que
exigió el fin del
secuestro y la
devolución de Elián a su
padre, a su familia, a
su Patria.
Para muchos en EE.UU. el caso de Elián
fue el descubrimiento de
una realidad que la
propaganda imperial, la
industria del engaño,
trata de ocultar
celosamente.
El empleo del tema
migratorio como
instrumento criminal e
insensato contra Cuba y
su pueblo, ofreciendo a
los cubanos, solo a
ellos y si arriesgan sus
vidas, privilegios
exclusivos para acceder
a un inexistente paraíso
del cual expulsan cada
día a miles de
infelices. O los
encarcelan, o los matan,
como a ese niño mexicano
asesinado por jugar
cerca del muro que
separa a su país de las
tierras que fueron
arrebatadas por la
fuerza a sus abuelos.
La verdad de una Cuba
real, con restricciones
y carencias, con
dificultades y
angustias, cuya
principal causa se nos
impone desde afuera,
pero en la que vive y
resiste un pueblo que en
su inmensa mayoría ha
rechazado la oferta
envenenada y falsa, y se
aferra a su isla y trata
heroicamente de hacerla
mejor, el pueblo de Juan
Miguel González y su
digna familia.
La existencia de un
enclave de violencia y
corrupción en la ciudad
de Miami en el que unos
desalmados con el total
apoyo de las autoridades
locales hicieron mofa
del Gobierno y de las
leyes cometiendo un
delito abominable por el
que nunca fueron
sancionados.
Para liberar a Elián y
restaurar la legalidad
Washington tuvo que
realizar un operativo
secreto, a espaldas de
quienes gobiernan la ya
mentada ciudad. Fuerzas
especiales enviadas
desde la capital tomaron
por asalto las casas
vecinas y desarmaron a
numerosos terroristas
para rescatar al niño.
Muchos no lo sabían
entonces pero Elián no
era el único cautivo en
Miami. También estaban
Gerardo, Ramón, Antonio,
Fernando y René, cinco
jóvenes que han
sacrificado sus vidas
luchando contra los
mismos grupos que
secuestraron a Elián y
son culpables de
incontables crímenes
contra Cuba y su pueblo.
Si en alguna falta
incurrieron nuestros
Cinco compatriotas fue
al ocultar la verdadera
naturaleza de su misión,
algo inevitable como lo
prueba la conducta del
propio gobierno federal
que tuvo que actuar en
las sombras para
neutralizar a los
terroristas. Y nuestros
compañeros no tenían
armas ni emplearon la
fuerza o la violencia.
Los Cinco permanecieron
encerrados en celdas de
castigo durante 17
meses. Mientras ellos
sufrían confinamiento
solitario la misma
prensa miamense que
respaldó el maltrato a
un menor, desató una
feroz campaña de
calumnias y mentiras
contra los héroes. Y el
mismo gobierno que se
vio obligado a un
procedimiento
extraordinario para
salvar a un niño, exigió
que los Cinco fueran
sometidos a juicio
precisamente allí en
medio del odio, las
amenazas y el terror.
Fue en ese ambiente que
se inició una farsa
judicial que fue el
mayor escarnio a la
justicia, una
prevaricación absoluta
del gobierno
estadounidense
incluyendo sus
tribunales.
Ahora se sabe que todos
los periodistas que
denigraron a los Cinco,
insultaron a los
abogados y amenazaron a
los miembros del jurado,
cumplían su vergonzosa
tarea a sueldo del
gobierno norteamericano
que para ello les
entregó decenas de miles
de dólares del
presupuesto federal.
Los Cinco fueron
encarcelados sin haber
cometido delito alguno
ni haber causado ningún
daño a nadie y, en un
ambiente sumamente
hostil promovido y
pagado por el gobierno
que los condenaba de
antemano, les fueron
impuestas las sentencias
más injustas que cumplen
en condiciones
particularmente duras.
Hemos andado un largo
camino en busca de su
liberación en el que
siempre nos ha
acompañado el Consejo de
Iglesias de Cuba. Por su
intermedio se ha logrado
incorporar al Consejo
Mundial de Iglesias y al
Consejo Nacional de
Iglesias de Cristo de
EE.UU.,
especialmente en el
reclamo de que se les
permita a Adriana Pérez
y a Olga Salanueva
visitar a sus esposos
prisioneros.
Elián fue salvado porque
el pueblo norteamericano
pudo conocer la verdad y
exigió el fin del
secuestro, la devolución
a su padre y el regreso
de ambos, libres, a su
Patria. Gerardo
Hernández Nordelo y sus
compañeros siguen
privados de libertad
hace ya casi 12 años,
porque al pueblo
norteamericano no le
permiten conocer este
caso. Se lo ocultan
quienes se autocalifican
como “medios de
información” pero son
instrumentos dóciles del
imperio cuya función es
diseminar la mentira y
esconder la verdad.
Hermanas y hermanos,
compatriotas todos:
Juntos libramos la
batalla que hace diez
años coronamos con la
victoria. Algunos suelen
decir que en esa lucha
coincidimos creyentes y
no creyentes. Pienso que
esa afirmación es
errónea. La libramos
juntos, porque somos
parte del mismo cuerpo,
los fieles de todas las
denominaciones
—cristianas o no, incluso
las que no están
presentes hoy en esta
celebración—
y quienes
no practican ninguna
religión.
Todos somos uno.
Nuestra, de todos, sin
exclusiones, es la
Patria de hermandad y
justicia que soñaron
nuestros antecesores.
Nuestra, de todos y de
todas, será siempre la
aspiración martiana de
conquistar “toda la
justicia”.
Lo logramos hace diez
años con Elián.
Comprometámonos a
hacerlo ahora por
Gerardo y sus
compañeros. Lo merecen
porque él y sus hermanos
sacrificaron sus vidas
por nosotros. Es
difícil, muy difícil.
Pero, queridos hermanos
y hermanas,
compatriotas, ustedes
saben que el milagro
brota de la fe y del
amor.
Sigamos luchando por los
Cinco. Con nosotros irán
muchos. Hasta hacer
realidad la antigua
promesa: “nacerá el
Sol de justicia, y en
sus alas traerá
salvación y saldréis y…
hollaréis a los malos,
los cuales serán ceniza
bajo las plantas de
vuestros pies.” (Malaquías
4.2,3)
Gracias hermanas y
hermanos.
Gracias sobre todo
porque sé que estaremos
juntos hasta la Victoria
siempre.
Culto
Conmemorativo por el
10mo. aniversario del
regreso de Elián
Catedral de la Santísima
Trinidad de la Iglesia
Episcopal
La
Habana, 30 de junio de
2010 |