Año IX
La Habana
3 al 9
de JULIO
de 2010

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LEONARDO GARCÍA:

“Trato de hacer canciones vivas”

Marianela González • La Habana

Fotos: Yander Zamora

 

Sorprendente la transformación del momento de la entrevista a la imagen que encontré luego en el escenario. No obstante, Leonardo García se metamorfosea solo aparentemente: el desaliño —la aspereza con los cánones— es de espíritu, como parecen serlo por alguna regla no escrita los buenos trovadores. Compartió escena este sábado con Inti Santana, en la pequeña sala de Bellas Artes que tanto le complace; lo aplaudieron desde sus butacas músicos a los que llama “referentes”, los de ahora mismo. “Espero que vaya bastante gente”, me había dicho en la mañana, con la expresión de quien no necesita grandes masas que lo ovacionen: más bien, la transparencia de quien sí agradece, al menos, una decena de amigos que lo acompañen. Y a las siete, hubo más que eso. Aún de luto por una Argentina que le hizo levantarse bien temprano para acudir a la entrevista, antes que el partido comenzara, Leo —como suele llamársele en el medio— lució las cualidades vocales e interpretativas que le han reservado un puesto entre lo más reconocido de la trova cubana actual. “Alcohol 90”, “De paso por el sol”, “37 versos para una mujer”, “Emigro”, “Pobre gente”; incursiones en ritmos inusuales para el tipo de expresión en que se inscribe, la música campesina, la conga… “creo que es una conga”, bromea: Leonardo García es además, así lo demuestra cada vez que se presenta, un notable compositor e instrumentista. Y el desaliño solo es parte de la franqueza que le inmuniza de pretensiones.   

Háblame del concierto que preparas para esta noche en Bellas Artes. Te acompañan en el bajo y la percusión…  

Es un público que reclamaba hace tiempo que hiciera un concierto de este tipo, en un lugar que además me gusta mucho, es muy íntimo. Vine a hacer un concierto más bien para trabajar sobre la guitarra, que es generalmente lo que hago. No traje demasiados músicos, por varias razones. Traje un bajista y un percusionista, pero básicamente el concierto será una exposición de las canciones desde la guitarra, que es como las defiendo.  

¿Apuestas por el trovador estilo juglar: voz y guitarra? 

Sucede que mi obra suele ser difícil de orquestar, aunque también es lo que suelo tener a mano. Muchas veces, cuando intento incorporar  a otros músicos, me doy cuenta de que unas canciones llevan unos y otras, otros…cuando vengo a ver, estoy pensando en un concierto con diez músicos y eso es complicado, sobre todo cuando tienes que trasladarte hasta La Habana. Pero la guitarra es esencial para mí.  

Estudiaste guitarra clásica y luego buscaste otras sonoridades… 

En un momento de mi vida, incluso, luego de estudiar guitarra estudié otras cosas que nada tenían que ver con la música, aunque siempre siguió conmigo. Sucede que la guitarra clásica es una profesión muy difícil. No obstante, la manera de hacer canciones más cercana a eso que yo estudié fue la trova. Siempre toqué canciones de Silvio, Pedro Luis, luego Frank, Carlos Varela…  

Cito una crítica que por estos días, cercanos ya a tu concierto, se reproduce mucho: “Su estilo de tocar, por momentos, me trae evocaciones del gran Pedro Luis Ferrer”, es el criterio de Joaquín Borges Triana. ¿Te complace verte inscrito en tradiciones?  

Siempre dejo a los demás las clasificaciones: por mi parte, hago lo que puedo y trato de hacer cosas diferentes, tanto al interior de mi obra misma como en relación con la de los demás. En Santa Clara, somos un grupo de trovadores que tenemos esa característica: aunque nos parecemos en el resultado estético, global, siempre nos diferenciamos unos de los otros y por eso creo que el movimiento es bastante rico. Y siempre he tratado de buscar eso, lograr algo con la música que no se parezca a lo ya escuchado.  

Hablabas de Santa Clara, ese lugar que el mismo movimiento de la Trovuntivitis suele definir como “zona iluminada”. ¿Cuál es la clave para que en esa ciudad la trova no solo tenga una fuerza inmensa, sino para que se renueve constantemente?  

Creo que es simplemente que tenemos el espacio. Todos los jueves, sin excepción, tenemos un lugar para exponer nuestra obra, para compartirla con el público. Y creo que mientras exista eso hay un movimiento fuerte y la gente se acerca al talento local. Así aparece el muchacho que canta y empieza a hacer cosas interesantes, de modo que los que tienen más calidad incluso se nos incorporan y nos acompañan. Siempre hay que renovarse.  

¿Percibes tú un diálogo entre los trovadores más consagrados y los jóvenes? 

Digamos que hay una confluencia, pertenecemos a la misma manera de hacer la música y el arte, de modo que coincidimos muchas veces. No es que nos acompañen, o que cantemos juntos. Por suerte, esta forma de expresión que hemos elegido, nos da la oportunidad a unos y a otros de expresarnos como queramos y por tanto no compite un cantautor con otro, cada uno con su estilo e incluso con su público, aunque generalmente el público es compartido.  

Entre una generación y otra, ha habido un desarrollo, que no indica separación. Las buenas canciones no tienen época, las canciones de Silvio y Pablo estarán vivas siempre, eso es algo que uno siente cuando las escucha. Por eso trato de llegar a hacer canciones vivas. La forma, claro, debe cambiar, como cambian los tiempos. Hoy día, los cantautores van cambiando los formatos y se mueven según lo que la economía te permite manejar. Y según lo que tu propia creación demande: eso es un signo de vitalidad de estos tiempos, la diferencia entre los cantautores. No hay un estilo que todos quieran imitar y eso es importante.  

Puede decirse que “saliste” de los festivales de la Universidad de Las Villas, ¿cuánto crees que aportan estos espacios a la promoción del arte joven? 

En esa época, tuve la suerte de que en el Departamento de Extensión Universitaria estuviera Alain Garrido, un trovador de Santa Clara en quien siempre descubrí nuevas maneras de hacer canciones. Fue una época en que el movimiento artístico en la universidad era muy rico. Últimamente no tanto, pero sí algunos están saliendo de allí. Siempre me gustó mucho el movimiento universitario: el trovador es un ente que no sale de una escuela ni nada parecido, sale de adquirir estudios de vida, de leer…y la universidad tiene mucho de todo eso. No suelo sacarle significados a las cosas, después que han pasado, pero creo que salí de ese movimiento porque ahí estaban los referentes.  

¿Cuáles son tus “referentes”, ahora que han pasado tantos años? 

Mis referentes son esos músicos que cantan conmigo todos los jueves. Por supuesto, crecí con la obra de Pablo, de Nicola, de Sara, de Pedro Luis Ferrer, de Gerardo, de Frank Delgado. Luego con la gente de Habana Abierta. Y aprendo de mi misma generación: Vivanco, Eduardo Sosa… nos conocemos y nos estudiamos los unos a los otros. Eso es un buen referente.   

Has sido laureado también como compositor. Háblame un poco de ese momento de creación, el proceso desde que una idea te seduce y sale finalmente con acordes, en la guitarra. 

A veces hay poco tiempo para eso, lamentablemente. Pero lo más importante es que en el tiempo que se tenga, salgan las buenas ideas. La composición es algo que no puede describirse fácilmente, puede que una canción te salga en dos años y otra en dos horas. Hay que dedicarle tiempo, pero es muy impreciso. Creo que los temas de las canciones suelen ser los mismos para todos, el amor, el desamor, la sociedad, pero sí se trata de motivos que nos interesan. De la literatura suelo sacar algunos temas, a medida que voy leyendo cosas que me interesan. Trato de ser sincero, aunque a veces no estoy contento con lo que sale.  

¿Escribes pensando en el público que te sigue fielmente los jueves? 

Escribo y canto para ser feliz, escribo para sentirme complacido… el público está ahí. La gente te habla de lo que le gusta y lo que no, pero trato de no aburrirme y de no repetirme. Incluso, cuando no logro conciliar una buena idea que tengo con una buena música, prefiero no hacer nada.  

¿Cómo es el encuentro con el público de La Habana?  

Muy bueno, sobre todo ahora que algunas de mis obras han sido grabadas de alguna manera y mucha gente las escucha por ahí, pasándose los discos. Es difícil venir desde allá, pero no trabajo persiguiendo eso, no trabajo ni siquiera para perseguir la prensa. Uno trabaja para sentirse bien uno mismo y así creo que hará sentir bien a los demás.

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2010.
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