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Sorprendente la
transformación del
momento de la entrevista
a la imagen que encontré
luego en el escenario.
No obstante, Leonardo
García se metamorfosea
solo aparentemente: el
desaliño —la aspereza
con los cánones— es de
espíritu, como parecen
serlo por alguna regla
no escrita los buenos
trovadores. Compartió
escena este sábado con
Inti Santana, en la
pequeña sala de Bellas
Artes que tanto le
complace; lo aplaudieron
desde sus butacas
músicos a los que llama
“referentes”, los de
ahora mismo. “Espero que
vaya bastante gente”, me
había dicho en la
mañana, con la expresión
de quien no necesita
grandes masas que lo
ovacionen: más bien, la
transparencia de quien
sí agradece, al menos,
una decena de amigos que
lo acompañen. Y a las
siete, hubo más que eso.
Aún de luto por una
Argentina que le hizo
levantarse bien temprano
para acudir a la
entrevista, antes que el
partido comenzara, Leo
—como suele llamársele
en el medio— lució las
cualidades vocales e
interpretativas que le
han reservado un puesto
entre lo más reconocido
de la trova cubana
actual. “Alcohol 90”,
“De paso por el sol”,
“37 versos para una
mujer”, “Emigro”,
“Pobre gente”;
incursiones en
ritmos inusuales para el
tipo de expresión en que
se inscribe, la música
campesina, la conga…
“creo que es una conga”,
bromea: Leonardo García
es además, así lo
demuestra cada vez que
se presenta, un notable
compositor e
instrumentista. Y el
desaliño solo es parte
de la franqueza que le
inmuniza de
pretensiones.
Háblame del concierto
que preparas para esta
noche en Bellas Artes.
Te acompañan en el bajo
y la percusión…
Es un público que
reclamaba hace tiempo
que hiciera un concierto
de este tipo, en un
lugar que además me
gusta mucho, es muy
íntimo. Vine a hacer un
concierto más bien para
trabajar sobre la
guitarra, que es
generalmente lo que
hago. No traje
demasiados músicos, por
varias razones. Traje un
bajista y un
percusionista, pero
básicamente el concierto
será una exposición de
las canciones desde la
guitarra, que es como
las defiendo.
¿Apuestas por el
trovador estilo juglar:
voz y guitarra?
Sucede que mi obra suele
ser difícil de
orquestar, aunque
también es lo que suelo
tener a mano. Muchas
veces, cuando intento
incorporar a otros
músicos, me doy cuenta
de que unas canciones
llevan unos y otras,
otros…cuando vengo a
ver, estoy pensando en
un concierto con diez
músicos y eso es
complicado, sobre todo
cuando tienes que
trasladarte hasta La
Habana. Pero la guitarra
es esencial para mí.
Estudiaste guitarra
clásica y luego buscaste
otras sonoridades…
En un momento de mi
vida, incluso, luego de
estudiar guitarra
estudié otras cosas que
nada tenían que ver con
la música, aunque
siempre siguió conmigo.
Sucede que la guitarra
clásica es una profesión
muy difícil. No
obstante, la manera de
hacer canciones más
cercana a eso que yo
estudié fue la trova.
Siempre toqué canciones
de Silvio, Pedro Luis,
luego Frank, Carlos
Varela…
Cito una crítica que por
estos días, cercanos ya
a tu concierto, se
reproduce mucho: “Su
estilo de tocar, por
momentos, me trae
evocaciones del gran
Pedro Luis Ferrer”, es
el criterio de Joaquín
Borges Triana. ¿Te
complace verte inscrito
en tradiciones?
Siempre dejo a los demás
las clasificaciones: por
mi parte, hago lo que
puedo y trato de hacer
cosas diferentes, tanto
al interior de mi obra
misma como en relación
con la de los demás. En
Santa Clara, somos un
grupo de trovadores que
tenemos esa
característica: aunque
nos parecemos en el
resultado estético,
global, siempre nos
diferenciamos unos de
los otros y por eso creo
que el movimiento es
bastante rico. Y siempre
he tratado de buscar
eso, lograr algo con la
música que no se parezca
a lo ya escuchado.
Hablabas de Santa Clara,
ese lugar que el mismo
movimiento de la
Trovuntivitis suele
definir como “zona
iluminada”. ¿Cuál es la
clave para que en esa
ciudad la trova no solo
tenga una fuerza
inmensa, sino para que
se renueve
constantemente?
Creo que es simplemente
que tenemos el espacio.
Todos los jueves, sin
excepción, tenemos un
lugar para exponer
nuestra obra, para
compartirla con el
público. Y creo que
mientras exista eso hay
un movimiento fuerte y
la gente se acerca al
talento local. Así
aparece el muchacho que
canta y empieza a hacer
cosas interesantes, de
modo que los que tienen
más calidad incluso se
nos incorporan y nos
acompañan. Siempre hay
que renovarse.
¿Percibes tú un diálogo
entre los trovadores más
consagrados y los
jóvenes?
Digamos que hay una
confluencia,
pertenecemos a la misma
manera de hacer la
música y el arte, de
modo que coincidimos
muchas veces. No es que
nos acompañen, o que
cantemos juntos. Por
suerte, esta forma de
expresión que hemos
elegido, nos da la
oportunidad a unos y a
otros de expresarnos
como queramos y por
tanto no compite un
cantautor con otro, cada
uno con su estilo e
incluso con su público,
aunque generalmente el
público es compartido.
Entre una generación y
otra, ha habido un
desarrollo, que no
indica separación. Las
buenas canciones no
tienen época, las
canciones de Silvio y
Pablo estarán vivas
siempre, eso es algo que
uno siente cuando las
escucha. Por eso trato
de llegar a hacer
canciones vivas. La
forma, claro, debe
cambiar, como cambian
los tiempos. Hoy día,
los cantautores van
cambiando los formatos y
se mueven según lo que
la economía te permite
manejar. Y según lo que
tu propia creación
demande: eso es un signo
de vitalidad de estos
tiempos, la diferencia
entre los cantautores.
No hay un estilo que
todos quieran imitar y
eso es importante.
Puede decirse que
“saliste” de los
festivales de la
Universidad de Las
Villas, ¿cuánto crees
que aportan estos
espacios a la promoción
del arte joven?
En esa época, tuve la
suerte de que en el
Departamento de
Extensión Universitaria
estuviera Alain Garrido,
un trovador de Santa
Clara en quien siempre
descubrí nuevas maneras
de hacer canciones. Fue
una época en que el
movimiento artístico en
la universidad era muy
rico. Últimamente no
tanto, pero sí algunos
están saliendo de allí.
Siempre me gustó mucho
el movimiento
universitario: el
trovador es un ente que
no sale de una escuela
ni nada parecido, sale
de adquirir estudios de
vida, de leer…y la
universidad tiene mucho
de todo eso. No suelo
sacarle significados a
las cosas, después que
han pasado, pero creo
que salí de ese
movimiento porque ahí
estaban los referentes.
¿Cuáles son tus
“referentes”, ahora que
han pasado tantos años?
Mis referentes son esos
músicos que cantan
conmigo todos los
jueves. Por supuesto,
crecí con la obra de
Pablo, de Nicola, de
Sara, de Pedro Luis
Ferrer, de Gerardo, de
Frank Delgado. Luego con
la gente de Habana
Abierta. Y aprendo de mi
misma generación:
Vivanco, Eduardo Sosa…
nos conocemos y nos
estudiamos los unos a
los otros. Eso es un
buen referente.
Has sido laureado
también como compositor.
Háblame un poco de ese
momento de creación, el
proceso desde que una
idea te seduce y sale
finalmente con acordes,
en la guitarra.
A veces hay poco tiempo
para eso,
lamentablemente. Pero lo
más importante es que en
el tiempo que se tenga,
salgan las buenas ideas.
La composición es algo
que no puede describirse
fácilmente, puede que
una canción te salga en
dos años y otra en dos
horas. Hay que dedicarle
tiempo, pero es muy
impreciso. Creo que los
temas de las canciones
suelen ser los mismos
para todos, el amor, el
desamor, la sociedad,
pero sí se trata de
motivos que nos
interesan. De la
literatura suelo sacar
algunos temas, a medida
que voy leyendo cosas
que me interesan. Trato
de ser sincero, aunque a
veces no estoy contento
con lo que sale.
¿Escribes pensando en el
público que te sigue
fielmente los jueves?
Escribo y canto para ser
feliz, escribo para
sentirme complacido… el
público está ahí. La
gente te habla de lo que
le gusta y lo que no,
pero trato de no
aburrirme y de no
repetirme. Incluso,
cuando no logro
conciliar una buena idea
que tengo con una buena
música, prefiero no
hacer nada.
¿Cómo es el encuentro
con el público de La
Habana?
Muy bueno, sobre todo
ahora que algunas de mis
obras han sido grabadas
de alguna manera y mucha
gente las escucha por
ahí, pasándose los
discos. Es difícil venir
desde allá, pero no
trabajo persiguiendo
eso, no trabajo ni
siquiera para perseguir
la prensa. Uno trabaja
para sentirse bien uno
mismo y así creo que
hará sentir bien a los
demás. |