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Ayer recorrí varios barrios habaneros
que no pisaba desde hace años. Y la pasé
bien. Respiré, recordé, conversé con
desconocidos, como tanto y tan sabroso
se hace en La Habana nuestra.
El punto de referencia para toda esa
zona de la ciudad es La Virgen del
Camino. Dicho así los que me leen en
otros países pensarán en un lugar
recoleto, un sitio de peregrinación tal
vez. Nada de eso, por allá por el centro
de una polvorienta plazoleta hay una
estatua que recuerda el santo y seña del
sitio; pero lo que abunda es la prisa,
las compras, el constante bullicio
caribeño.
Como muy bien define Padura en una de
sus novelas, en La Habana está claro que
una cosa es barrio y otra reparto. El
lugar, al que fui en busca de mangos y
del reencuentro con la dulce prima
Denia, fue urbanización flamante,
reparto "fino", pijo, casi de lujo a
finales de los 50. Lo que pasa es que el
espíritu desenfadado, pobretón,
"invasor" de los barrios proletarios de
los alrededores ha ido borrando esas
fronteras.
Con la lluvia los mangos han madurado de
forma robusta y complaciente. Además de
los previstos por la prima, La Tita,
como llama mi mamá a su eficiente amiga
y compañera de trabajo, nos regaló unas
mangas blancas de otra galaxia.
Los P, acompañados de un número,
constituyen la variante de
transportación de moda en la capital
cubana. Van repletos estos autobuses y
se complica muchas veces subir o bajar
de ellos, pero menos que en otros
momentos más críticos. En el largo
recorrido frutal de mi viernes tuve
bastante suerte. Y luego la musiquita
que se escucha a bordo y puede molestar,
pero se me antoja una discoteca para
pobres, una expresión de la sensibilidad
colectiva del cubano de a pie.
Además de la música, se comparten los
temas. El fútbol ha ido creciendo en la
preferencia de los cubanos y cualquier
pretexto es bueno para comentar
intuiciones y preferencias. Y tratas con
confianza a tu compañero de asiento o de
repleto pasillo y nos tocamos, nos
tratamos de tú a las primeras de cambio.
Hoy y mañana me esperan nuevas
travesías, otras rutas de guagua, nuevo
disfrute entre la llovizna, el sudor y
la algarabía. |