|
El 1ro. de julio de 1980
surgía la Casa Editora
Abril con el propósito
de aunar fuerzas entre
las ediciones dedicadas
a los jóvenes cubanos.
La Editorial de la Unión
de Jóvenes Comunistas
(UJC) proporcionaba
nuevos aires a la escena
de la literatura para
niños y jóvenes del
país, así, se unían
Pionero, Somos
Jóvenes, Juventud
Técnica, Alma
Mater, El Caimán
Barbudo y Zunzún,
esta última, creada en
octubre de ese mismo
año. Cuentan algunos de
sus fundadores que hubo
miedo, pero más que todo
esperanza y ganas de
hacer. Hoy, tres décadas
han transcurrido desde
entonces, y aquellos
sustos se han disipado
porque lo cierto es que
esta Casa ha dejado su
impronta creadora en la
historia literaria de la
Isla, y lo más
importante ha sabido
acercarse a ese público
millonario que es la
juventud. Retos,
limitaciones y logros
fueron algunas de las
temáticas en la
conversación entre su
directora Niurka
Duménigo y nuestra
revista La Jiribilla.
|
 |
Treinta años cumple la
Casa Editora Abril.
Treinta años
en la historia cultural,
política y social de
nuestro país. ¿Cuánto
han significado estas
tres décadas en
la
labor
de hacer literatura,
periodismo, editar,
diseñar e ilustrar
libros y algunas de las
revistas más importantes
para los niños y los
jóvenes
cubanos?
La Editorial ha crecido
con el país y se ha
desarrollado con la
Revolución. Hemos
padecido las mismas
crisis que nuestra
sociedad: de contracción
económica, de la
poligrafía; momentos en
los que se redujo la
producción de revistas
casi a cero y tuvimos
que recurrir a otras
fórmulas del periodismo
como a hacer plaqué o
sacar páginas en
Juventud Rebelde.
Después, cuando se
renovó el trabajo
poligráfico, retornó el
auge de nuestras
publicaciones, volvimos
a hacer literatura.
Esto ha sido muy
importante, sobre todo
para conocer más de
cerca nuestro público
“millonario”, pues
abarca desde los niños
más pequeños hasta los
adultos. Nuestras
publicaciones son
polémicas, se cuestionan
los problemas sociales,
se meten en los rollos
de las universidades, en
las problemáticas de las
secundarias básicas, en
las expectativas de los
jóvenes, y eso, de
alguna manera, ayuda
también a entender el
mundo nacional e
internacional, y a que
la gente no se despegue
de lo que hacemos.
Pasa así con los medios
de prensa que tenemos,
las revistas en este
caso, los artistas,
El Caimán Barbudo,
por ejemplo, cuestiona
el mundo cultural desde
una crítica muy acuciosa
y muy responsable
también, pues hay allí
maestros del periodismo;
o Somos Jóvenes,
que peina edades desde
los 15 hasta los 35 años
y habla de situaciones
de responsabilidad con
la pareja, del sexo;
pero a su vez del cine,
la literatura, del mundo
preuniversitario que es
tan complejo y polémico;
Alma Mater, una
revista de 88 años ya,
polemiza con la
universidad, como están
estos centros
educacionales hoy
intentamos que esté
Alma Mater, que
investigue y se meta en
las inquietudes más
significativas de los
universitarios tanto en
el terreno profesional,
como en el social. Así,
cuando uno va a cada
revista nuestra,
encuentra reflejado un
público con muchas
expectativas,
preocupaciones, que vive
en un mundo muy complejo
y cambiante. Por ello,
los muchachos buscan en
estas publicaciones
caminos, consejos,
valores, maneras de
hacer, paradigmas tanto
del deporte, la cultura,
las ciencias, como de la
sociedad. Creo que
Zunzún, Pionero,
Somos Jóvenes,
Juventud Técnica,
Alma Mater y El
Caimán Barbudo han
ayudado de cierta forma
a que la gente se
explique nuestra
sociedad y la
Revolución.
Con la literatura, por
otro lado, pasa un tanto
igual. Tenemos libros
que nos remontan a
épocas pasadas, viajamos
a conocer de carne y
hueso a José Antonio
Echeverría, Mella o
Panchito Gómez Toro; a
ver la obra del Che
escrita por él, no por
otros que asumen de
alguna manera sus
visiones. Publicamos,
además, buena literatura
de testimonio,
narrativa, cuento,
poesía. Esos son modelos
que los muchachos buscan
porque quieren leer
también.
La Editorial en su
conjunto ha ido
caminando con la
sociedad, y el reto más
grande que tenemos es
parecernos a esa
sociedad, no desentonar,
no andar con un lenguaje
totalmente ajeno al que
tienen los jóvenes hoy,
aunque todavía no lo
logramos completamente
en todas las
publicaciones, pero ese
es el reto.
¿Cree que Abril
cumple con
el rol y
los
objetivos fundacionales
de aquel 1ro. de julio
de 1980?
Sí. Y muy enriquecidos.
En aquel momento había
un susto de que cuando
uniéramos todas las
revistas se tornaría
todo muy vertical y nos
pareceríamos unos a los
otros. Pero la práctica
nos demostró que nada
que ver con eso.
Zunzún ha crecido
infinitamente y los
maestros de historietas
en Cuba, que nacieron
aquí y hoy son
personalidades del mundo
cultural, siguen
acudiendo a la revista
de donde salieron,
porque para ellos sigue
siendo enciclopédica,
interesa y los niños la
pueden coleccionar, o
podrán, cuando mejore la
distribución, y así,
todas las demás siguen
con su personalidad
propia. Entonces creo
que esos objetivos se
mantienen, aunque de
aquellos tiempos a estos
nos hemos movido con el
país, con la sociedad y
con el mundo, seguimos
defendiéndolos.
Yo no vivía
aquí
en los 80,
pero
estoy segura
que
la Casa Editora Abril
hoy tiene una salud
de hierro. Ahora mismo
el susto que tenemos no
es por lo que
producimos, sino por lo
que se pueda imprimir,
pues la calidad
editorial que hay aquí,
de diseño e intelectual
es muy rica; pero
después chocamos con la
capacidad poligráfica de
impresión. Hemos pensado
incluso qué hacer si un
día se acaba el papel,
si la contracción
poligráfica es peor,
cómo seguir
sobreviviendo desde las
páginas web.
A lo mejor en los 80 la
cuestión era que los
fundadores vivían un
ambiente de renacer,
todo estaba fundándose,
pero ahora mismo la
salud de esta Editora es
muy buena. ¡30 años!
Para mí es muy
significativo que los
jóvenes quieran trabajar
aquí por las libertades
creativas que brinda
Abril. Es importante que
Juan Padrón quiera
todavía publicar con
nosotros o Ernesto
Padrón u Oliver, que son
los maestros del
periodismo; que Barnet o
Retamar, personalidades
de la cultura, nos
permitan publicar
algunos de sus libros.
Esto nos demuestra que
la salud que tienen es
exquisita, en un mundo y
una sociedad nada
parecidos al de los 80.
Para niños, jóvenes o
adultos, multiplicidad
de géneros… ¿Cómo logra
la Editora Abril
establecer la armonía
—y
las expectativas—
de
los distintos
intereses de sus
públicos?
Tenemos un equipo
profesional muy
competente. Me da gusto
que en los últimos años
nos estén tocando a la
puerta los más jóvenes.
A los graduados de la
escuela de Diseño les
interesa mucho venir a
trabajar a Abril porque
hay muchas libertades
creativas: lo mismo
puedes diseñar un libro
infantil como este
—señala un libro de
aventuras, craquelado—,
uno de los pocos que
hemos hecho de esta
naturaleza en el país, o
Alma Mater o un
libro de discursos.
También sucede con el
periodismo, todos esos
muchachos acabados de
salir de la escuela nos
ayudan a entonar con lo
que está pasando, pues a
veces los más viejos
estamos acostumbrados a
un modo de hacer, somos
más convencionales.
También contamos con un
equipo de análisis que
funge como nuestro
verdugo al evaluar
permanentemente lo que
hacemos. Abril también
ha hecho literatura
aburrida en algún
momento, aspectos por
los que nos hemos
criticado porque no nos
han salido como hemos
querido. Pero intentamos
que cada plan editorial
se parezca más a nuestro
público.
En el tema infantil, nos
cuesta mucho trabajo
parecernos a la
literatura que traen las
editoriales extranjeras
para las Ferias del
libro, por ejemplo. Sus
textos son muy
superfluos y tontones;
pero tienen unos diseños
y un colorido que a
cualquier niño le
encanta. Entonces un
libro de dimensiones
gigantescas con cuatro
tortugas ninjas para
colorear y tres textos
tontos en el borde,
llama más la atención
que los nuestros en
papel gaceta, más
feítos, pero hechos así
para que de esta manera
muchos más niños lo
tengan. A los niños hay
que cautivarlos, y eso
lleva mucho tiempo,
estudio, análisis de las
producciones, un trabajo
de autocrítica fuerte,
de darnos cuenta de que
a veces nos guiamos por
los gustos de los
muchachos y no porque a
nosotros nos parezca que
es eso lo que debemos
transmitir. Llegar a ese
equilibrio, por qué
quiero que tú mires la
buena cultura y no la
bobería que está en los
grandes medios es muy
difícil y lleva un
trabajo profesional de
mucha altura. Lo
logramos en la mayoría
de los casos pero en
otros también nos vamos
con la corriente. En ese
sentido contamos mucho
con el equipo de El
Caimán…, siempre nos
están entonando, y son
muy críticos, no solo
hacia afuera sino al
interior de la Casa.
Pero lo que tú me
preguntas es un trabajo
de todos los días, de
evaluarnos
constantemente.
Comenzamos hace poco a
realizar Festivales de
periodismo interno donde
llevamos los mejores
ejemplos, talleres para
hablar de lo que la
gente quiere, y esa es
la cuerda floja, el
talón de Aquiles por
donde nos movemos todo
el tiempo: cómo no
aburrir y cómo
interesar.
Cada generación supone
nuevas metas. ¿Cómo
llegar a los jóvenes en
la sociedad de hoy,
y
lograr interesarlos
cuando la revolución
tecnológica parece
—y
pudiera—
alejarlos cada vez más
de los libros
y las revistas?
Es muy difícil. Creo que
hasta en las páginas web
tenemos mucho camino por
recorrer. Los muchachos
navegan las páginas
digitales si les
interesan, y eso también
sucede en el plano
impreso. Por ello, el
reto es inmenso. Lo veo
hasta por mis hijos que
son a los primeros a
quienes les doy la
literatura. Hay muchas
cosas en el ambiente
disociándolos, sobre
todo a los adolescentes,
y si no interesamos, no
nos buscan, no nos
miran, estamos hechos
para nosotros mismos,
entonces cada vez se
hará más difícil.
El área de los
adolescentes, por
ejemplo, es en la que
más débiles estamos, a
pesar de que nuestros
públicos fundamentales
son los niños y los
jóvenes. La adolescencia
siempre se nos queda
coja, muchachos que no
son adultos pero tampoco
niños. No hemos logrado
cautivarlos tan siquiera
con libros como El
diablo ilustrado, no
les llegamos, aun
haciendo otros intentos.
Somos Jóvenes, la
publicación específica
de los adolescentes,
tiene cosas en las que
nos pasamos o no
llegamos, no hemos
podido ser certeros
todavía. Ese es nuestro
mayor reto, sin embargo,
lo más significativo es
que lo reconocemos; pero
la competencia es muy
fuerte, incluso
tecnológica, pues las
posibilidades que
tenemos no siempre
resultan favorables para
lo que hace falta hacer
y competir.
Hemos intentado producir
literatura en discos,
pero es muy difícil
porque pasa por un
financiamiento, por
muchas cosas. En el
plano material y
tecnológico, el reto es
muy fuerte. En el
profesional no, contamos
con trabajadores muy
buenos y competentes,
pero tenemos que seguir
buscando caminos para no
quedarnos detrás.
Si tuviera que hablar de
insatisfacciones, ¿cuáles
serían?
Ahora mismo la capacidad
de la poligrafía, que
todavía no es crucial,
pero como va el mundo
siempre tengo el susto
de que en algún momento
el papel siga
reduciéndose y se pueda
convertir en una
limitación.
La distribución es otra
restricción, nos tiene
trastornados hace algún
tiempo, pues las
revistas nuestras son
subvencionadas, van
directo a las escuelas.
Se pierde un poco el
interés del medio de
prensa, y los muchachos
lo ven como un libro de
texto más. Cuando se
coloquen otra vez en los
estanquillos, se
repartan y retorne el
hábito de
coleccionarlas,
recuperarán aquel sello
de entonces. Esa es una
limitación, y es
decisiva porque al
final, el público no lo
lee como nosotros
quisiéramos.
A esto le agregamos las
limitaciones que tiene
el país con los
materiales, aunque no
hemos parado porque
hemos hecho un ahorro de
material inmenso.
Hacemos dos copias de un
libro y revisamos sobre
ellas, eso no lo
imaginamos hace diez
años. Ahora solo nos
toca esperar para ver si
estas limitaciones nos
aprietan más o nos
liberan.
¿Cuáles son los
principales proyectos
para el futuro?
Uno es trabajar el área
digital, poder hacer
multimedias. Nos
interesa porque sabemos
que existe un público
interesado y todavía no
lo cubrimos. Otro es
renovarnos, aunque es
permanente, en los
códigos de diseño, de
literatura. Eso es algo
que no muere, el público
cambia y debemos cambiar
con ellos, renovarnos
siempre. Ahora, lo más
grande e importante es
seguir interesando,
tener la oportunidad de
que todo lo que hagamos
llame la atención de ese
público inmenso de
jóvenes. Libros como los
que narran la historia
de Nicaragua o la de
Hubert Matos, y el
porqué de su traición o
El corazón de
Voltaire sabemos que
existe un público al que
le interesa. Es
importante tener un
receptor para todo lo
que hagamos, un receptor
que de verdad se lo lea,
le guste y lo disfrute.
Ese es nuestro mayor
proyecto en un mundo que
cada día va más rápido. |