Año IX
La Habana
17 al 23
de JULIO
de 2010

SECCIONES

Página principal Enlaces Favoritos Enviar correo Suscripción RSS

EL GRAN ZOO

PUEBLO MOCHO

NOTAS AL FASCISMO

LA OPINIÓN

APRENDE

LA CRÓNICA

EN PROSCENIO

LA BUTACA

LETRA Y SOLFA

LA MIRADA

MEMORIA

LA OTRA CUERDA

FUENTE VIVA

REBELDES.CU

LA GALERÍA

EL CUENTO

POESÍA

EL LIBRO

EPÍSTOLAS ESPINELAS

EL PASQUÍN

EN FOCO

POR E-MAIL

ENREDOS

¿DÓNDE QUIERES QUE
TE PONGA EL PLATO?

 

Niurka Duménigo, directora de la Casa Editora Abril

Interesar es nuestro mayor reto

Liliana Rodríguez • La Habana

Fotos: Kike (La Jiribilla)

 

El 1ro. de julio de 1980 surgía la Casa Editora Abril con el propósito de aunar fuerzas entre las ediciones dedicadas a los jóvenes cubanos. La Editorial de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) proporcionaba nuevos aires a la escena de la literatura para niños y jóvenes del país, así, se unían Pionero, Somos Jóvenes, Juventud Técnica, Alma Mater, El Caimán Barbudo y Zunzún, esta última, creada en octubre de ese mismo año. Cuentan algunos de sus fundadores que hubo miedo, pero más que todo esperanza y ganas de hacer. Hoy, tres décadas han transcurrido desde entonces, y aquellos sustos se han disipado porque lo cierto es que esta Casa ha dejado su impronta creadora en la historia literaria de la Isla, y lo más importante ha sabido acercarse a ese público millonario que es la juventud. Retos, limitaciones y logros fueron algunas de las temáticas en la conversación entre su directora Niurka Duménigo y nuestra revista La Jiribilla.    

Treinta años cumple la Casa Editora Abril. Treinta años en la historia cultural, política y social de nuestro país. ¿Cuánto han significado estas tres décadas en la labor de hacer literatura, periodismo, editar, diseñar e ilustrar libros y algunas de las revistas más importantes para los niños y los jóvenes cubanos?

La Editorial ha crecido con el país y se ha desarrollado con la Revolución. Hemos padecido las mismas crisis que nuestra sociedad: de contracción económica, de la poligrafía; momentos en los que se redujo la producción de revistas casi a cero y tuvimos que recurrir a otras fórmulas del periodismo como a hacer plaqué o sacar páginas en Juventud Rebelde. Después, cuando se renovó el trabajo poligráfico, retornó el auge de nuestras publicaciones, volvimos a hacer literatura.

Esto ha sido muy importante, sobre todo para conocer más de cerca nuestro público “millonario”, pues abarca desde los niños más pequeños hasta los adultos. Nuestras publicaciones son polémicas, se cuestionan los problemas sociales, se meten en los rollos de las universidades, en las problemáticas de las secundarias básicas, en las expectativas de los jóvenes, y eso, de alguna manera, ayuda también a entender el mundo nacional e internacional, y a que la gente no se despegue de lo que hacemos.

Pasa así con los medios de prensa que tenemos, las revistas en este caso, los artistas, El Caimán Barbudo, por ejemplo, cuestiona el mundo cultural desde una crítica muy acuciosa y muy responsable también, pues hay allí maestros del periodismo; o Somos Jóvenes, que peina edades desde los 15 hasta los 35 años y habla de situaciones de responsabilidad con la pareja, del sexo; pero a su vez del cine, la literatura, del mundo preuniversitario que es tan complejo y polémico; Alma Mater, una revista de 88 años ya, polemiza con la universidad, como están estos centros educacionales hoy intentamos que esté Alma Mater, que investigue y se meta en las inquietudes más significativas de los universitarios tanto en el terreno profesional, como en el social. Así, cuando uno va a cada revista nuestra, encuentra reflejado un público con muchas expectativas, preocupaciones, que vive en un mundo muy complejo y cambiante. Por ello, los muchachos buscan en estas publicaciones caminos, consejos, valores, maneras de hacer, paradigmas tanto del deporte, la cultura, las ciencias, como de la sociedad. Creo que Zunzún, Pionero, Somos Jóvenes, Juventud Técnica, Alma Mater y El Caimán Barbudo han ayudado de cierta forma a que la gente se explique nuestra sociedad y la Revolución.

Con la literatura, por otro lado, pasa un tanto igual. Tenemos libros que nos remontan a épocas pasadas, viajamos a conocer de carne y hueso a José Antonio Echeverría, Mella o Panchito Gómez Toro; a ver la obra del Che escrita por él, no por otros que asumen de alguna manera sus visiones. Publicamos, además, buena literatura de testimonio, narrativa, cuento, poesía. Esos son modelos que los muchachos buscan porque quieren leer también.

La Editorial en su conjunto ha ido caminando con la sociedad, y el reto más grande que tenemos es parecernos a esa sociedad, no desentonar, no andar con un lenguaje totalmente ajeno al que tienen los jóvenes hoy, aunque todavía no lo logramos completamente en todas las publicaciones, pero ese es el reto.

¿Cree que Abril cumple con el rol y los objetivos fundacionales de aquel 1ro. de julio de 1980?

Sí. Y muy enriquecidos. En aquel momento había un susto de que cuando uniéramos todas las revistas se tornaría todo muy vertical y nos pareceríamos unos a los otros. Pero la práctica nos demostró que nada que ver con eso. Zunzún ha crecido infinitamente y los maestros de historietas en Cuba, que nacieron aquí y hoy son personalidades del mundo cultural, siguen acudiendo a la revista de donde salieron, porque para ellos sigue siendo enciclopédica, interesa y los niños la pueden coleccionar, o podrán, cuando mejore la distribución, y así, todas las demás siguen con su personalidad propia. Entonces creo que esos objetivos se mantienen, aunque de aquellos tiempos a estos nos hemos movido con el país, con la sociedad y con el mundo, seguimos defendiéndolos.

Yo no vivía aquí en los 80, pero estoy segura que la Casa Editora Abril hoy tiene una salud de hierro. Ahora mismo el susto que tenemos no es por lo que producimos, sino por lo que se pueda imprimir, pues la calidad editorial que hay aquí, de diseño e intelectual es muy rica; pero después chocamos con la capacidad poligráfica de impresión. Hemos pensado incluso qué hacer si un día se acaba el papel, si la contracción poligráfica es peor, cómo seguir sobreviviendo desde las páginas web.

A lo mejor en los 80 la cuestión era que los fundadores vivían un ambiente de renacer, todo estaba fundándose, pero ahora mismo la salud de esta Editora es muy buena. ¡30 años! Para mí es muy significativo que los jóvenes quieran trabajar aquí por las libertades creativas que brinda Abril. Es importante que Juan Padrón quiera todavía publicar con nosotros o Ernesto Padrón u Oliver, que son los maestros del periodismo; que Barnet o Retamar, personalidades de la cultura, nos permitan publicar algunos de sus libros. Esto nos demuestra que la salud que tienen es exquisita, en un mundo y una sociedad nada parecidos al de los 80.

Para niños, jóvenes o adultos, multiplicidad de géneros… ¿Cómo logra la Editora Abril establecer la armonía y las expectativas de los distintos intereses de sus públicos?

Tenemos un equipo profesional muy competente. Me da gusto que en los últimos años nos estén tocando a la puerta los más jóvenes. A los graduados de la escuela de Diseño les interesa mucho venir a trabajar a Abril porque hay muchas libertades creativas: lo mismo puedes diseñar un libro infantil como este —señala un libro de aventuras, craquelado—, uno de los pocos que hemos hecho de esta naturaleza en el país, o Alma Mater o un libro de discursos. También sucede con el periodismo, todos esos muchachos acabados de salir de la escuela nos ayudan a entonar con lo que está pasando, pues a veces los más viejos estamos acostumbrados a un modo de hacer, somos más convencionales. También contamos con un equipo de análisis que funge como nuestro verdugo al evaluar permanentemente lo que hacemos. Abril también ha hecho literatura aburrida en algún momento, aspectos por los que nos hemos criticado porque no nos han salido como hemos querido. Pero intentamos que cada plan editorial se parezca más a nuestro público.  

En el tema infantil, nos cuesta mucho trabajo parecernos a la literatura que traen las editoriales extranjeras para las Ferias del libro, por ejemplo. Sus textos son muy superfluos y tontones; pero tienen unos diseños y un colorido que a cualquier niño le encanta. Entonces un libro de dimensiones gigantescas con cuatro tortugas ninjas para colorear y tres textos tontos en el borde, llama más la atención que los nuestros en papel gaceta, más feítos, pero hechos así para que de esta manera muchos más niños lo tengan. A los niños hay que cautivarlos, y eso lleva mucho tiempo, estudio, análisis de las producciones, un trabajo de autocrítica fuerte, de darnos cuenta de que a veces nos guiamos por los gustos de los muchachos y no porque a nosotros nos parezca que es eso lo que debemos transmitir. Llegar a ese equilibrio, por qué quiero que tú mires la buena cultura y no la bobería que está en los grandes medios es muy difícil y lleva un trabajo profesional de mucha altura. Lo logramos en la mayoría de los casos pero en otros también nos vamos con la corriente. En ese sentido contamos mucho con el equipo de El Caimán…, siempre nos están entonando, y son muy críticos, no solo hacia afuera sino al interior de la Casa. Pero lo que tú me preguntas es un trabajo de todos los días, de evaluarnos constantemente. Comenzamos hace poco a realizar Festivales de periodismo interno donde llevamos los mejores ejemplos, talleres para hablar de lo que la gente quiere, y esa es la cuerda floja, el talón de Aquiles por donde nos movemos todo el tiempo: cómo no aburrir y cómo interesar. 

Cada generación supone nuevas metas. ¿Cómo llegar a los jóvenes en la sociedad de hoy, y lograr interesarlos cuando la revolución tecnológica parece y pudiera alejarlos cada vez más de los libros y las revistas?

Es muy difícil. Creo que hasta en las páginas web tenemos mucho camino por recorrer. Los muchachos navegan las páginas digitales si les interesan, y eso también sucede en el plano impreso. Por ello, el reto es inmenso. Lo veo hasta por mis hijos que son a los primeros a quienes les doy la literatura. Hay muchas cosas en el ambiente disociándolos, sobre todo a los adolescentes, y si no interesamos, no nos buscan, no nos miran, estamos hechos para nosotros mismos, entonces cada vez se hará más difícil.

El área de los adolescentes, por ejemplo, es en la que más débiles estamos, a pesar de que nuestros públicos fundamentales son los niños y los jóvenes. La adolescencia siempre se nos queda coja, muchachos que no son adultos pero tampoco niños. No hemos logrado cautivarlos tan siquiera con libros como El diablo ilustrado, no les llegamos, aun haciendo otros intentos. Somos Jóvenes, la publicación específica de los adolescentes, tiene cosas en las que nos pasamos o no llegamos, no hemos podido ser certeros todavía. Ese es nuestro mayor reto, sin embargo, lo más significativo es que lo reconocemos; pero la competencia es muy fuerte, incluso tecnológica, pues las posibilidades que tenemos no siempre resultan favorables para lo que hace falta hacer y competir.

Hemos intentado producir literatura en discos, pero es muy difícil porque pasa por un financiamiento, por muchas cosas. En el plano material y tecnológico, el reto es muy fuerte. En el profesional no, contamos con trabajadores muy buenos y competentes, pero tenemos que seguir buscando caminos para no quedarnos detrás.

Si tuviera que hablar de insatisfacciones, ¿cuáles serían?

Ahora mismo la capacidad de la poligrafía, que todavía no es crucial, pero como va el mundo siempre tengo el susto de que en algún momento el papel siga reduciéndose y se pueda convertir en una limitación.

La distribución es otra restricción, nos tiene trastornados hace algún tiempo, pues las revistas nuestras son subvencionadas, van directo a las escuelas. Se pierde un poco el interés del medio de prensa, y los muchachos lo ven como un libro de texto más. Cuando se coloquen otra vez en los estanquillos, se repartan y retorne el hábito de coleccionarlas, recuperarán aquel sello de entonces. Esa es una limitación, y es decisiva porque al final, el público no lo lee como nosotros quisiéramos.

A esto le agregamos las limitaciones que tiene el país con los materiales, aunque no hemos parado porque hemos hecho un ahorro de material inmenso. Hacemos dos copias de un libro y revisamos sobre ellas, eso no lo imaginamos hace diez años. Ahora solo nos toca esperar para ver si estas limitaciones nos aprietan más o nos liberan. 

¿Cuáles son los principales proyectos para el futuro?

Uno es trabajar el área digital, poder hacer multimedias. Nos interesa porque sabemos que existe un público interesado y todavía no lo cubrimos. Otro es renovarnos, aunque es permanente, en los códigos de diseño, de literatura. Eso es algo que no muere, el público cambia y debemos cambiar con ellos, renovarnos siempre. Ahora, lo más grande e importante es seguir interesando, tener la oportunidad de que todo lo que hagamos llame la atención de ese público inmenso de jóvenes. Libros como los que narran la historia de Nicaragua o la de Hubert Matos, y el porqué de su traición o El corazón de Voltaire sabemos que existe un público al que le interesa. Es importante tener un receptor para todo lo que hagamos, un receptor que de verdad se lo lea, le guste y lo disfrute. Ese es nuestro mayor proyecto en un mundo que cada día va más rápido.

 

ARRIBA

Página principal Enlaces Favoritos Enviar correo Suscripción RSS
.

© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2010.
IE-Firefox, 800x600