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La creación de la
Editora Abril fue de
esas ideas que se
materializan entre
defensores y detractores
porque agrupó a
importantes
publicaciones que ya
existían. Y es cierta la
pérdida de una parte de
la autonomía que
disfrutaban estos
colectivos de trabajo;
pero surgieron nuevas
revistas, y el
intercambio y la
proyección de trabajo
como Editora, cuando fue
bien dirigido, ayudó al
desarrollo de los
especialistas, e incluso
a mejorar los perfiles
editoriales.
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Boceto e
identidad del
primer número de
Zunzún |
Una de las publicaciones
que nace en 1980 con
Abril fue la revista
Zunzún. Su primer
director fue Jorge
Oliver. Tuve el gran
placer de dirigirla
desde mediados de 1982
hasta 1998, cuando pasé
a trabajar a los
Estudios de Animación
del ICAIC. Zunzún
tiene récord de
directores que son
periodistas y también
dibujantes e
historietistas.
Ahora me veo con el
susto de los primeros
días, intentando dirigir
a un equipo de
excelentes periodistas,
con una especial
vocación profesional y
humana hacia el trabajo
con los niños.
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Juan Padrón y
Oliver creando
la primera
portada de
Zunzún |
Cada “compaginación”,
como se le llama al
diseño conceptual de la
revista, era una
aventura de creación
colectiva. Siempre
quisimos sorprender con
ideas nuevas a los
lectores en cada
edición. Debíamos
mantener la unidad
conceptual, pero
empleando una gran
variedad de recursos
expresivos. Por eso,
estas reuniones se
convirtieron en una
especie de congreso de
las ideas. Y sobre este
primer diseño se iba
luego enriqueciendo este
arte compartido en cada
uno de los procesos de
la publicación.
Fruto de esa fuente de
las ideas fue el
movimiento de los
Cachorros de Zunzún
—los lectores cumplían
tareas y tenían su
carnet y su clave para
descifrar mensajes
secretos—. Y fueron
también los “dibujos a
trasluz”; los
Zunzunjuegos; la
diminuta Biblioteca
Zunzún, en la cual
se publicaron numerosos
clásicos de la
literatura para niños;
las ediciones especiales
—entre ellas las
dedicadas a la infancia
de José Martí y Ernesto
Che Guevara—; los
concursos; los álbumes
de postales; la creación
de la revista
Bijirita; el
suplemento de Zunzún
en el periódico
Juventud Rebelde, y
otras muchas ideas que
no cabrían aquí si
pudiéramos rememorar en
grande.
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Una de ellas fue
especial por su
posterior significación.
Se nos ocurrió una
sección de la revista
donde los niños
escribieran haciendo
preguntas. Se le puso el
nombre de los "¿Por
qué?”, y quién iba a
pensar —unos años
después, cuando a
mediados de los 90 la
crisis económica tocó
fondo en nuestro país—
que esta idea sería una
tabla de salvación. No
había dinero para
comprar papel, y muchas
publicaciones dejaron de
salir, entre ellas
Zunzún.
Se me ocurrió, entonces,
la idea de hacer dibujos
animados con los temas
de esta sección. Busqué
la ayuda de Oliver,
quien trabajaba en ese
momento en Videoamérica,
una empresa publicitaria
de la Corporación CIMEX.
Enseguida hizo suya la
idea y, por fortuna, en
su empresa ya tenían,
como parte del
equipamiento, una
computadora Amiga 2000
—modelo que ya no
existe—, especializada
en la edición de videos.
Gracias a esta Amiga y a
una IBM 486, que llegó
posteriormente, pudimos
realizar esta obra en
menos de un año y, sin
proponérnoslo, darle a
nuestro país el primer
dibujo animado realizado
en computadora.
Los temas de los videos
fueron tan diversos como
las propias preguntas de
los niños: ¿Por qué el
cielo es azul? ¿Por qué
las rosas tienen
espinas? ¿Por qué
tenemos hipo o por qué
alumbran los cocuyos?
Las respuestas las
tomamos de los textos
redactados por los
periodistas de la
publicación; pero al
guión le agregábamos
siempre un chiste o una
situación humorística,
con el fin de mezclar la
información didáctica
con una trama que
culminara de forma
simpática. Y en mi
opinión, esa fue una de
las claves del éxito que
posteriormente tuvo esta
obra.
Hicimos finalmente 150
capítulos de 30 segundos
cada uno, y los
nombramos “La
Videoenciclopedia de los
¿por qué?”. El público,
por supuesto, nunca
recordó las primeras
tres palabras del
nombre. La serie se hizo
famosa por la propia
idea, por su contenido y
humor, por la diversidad
de estilos, y porque la
televisión le brindó
buenos espacios. Uno la
ve ahora y sufre con las
animaciones tan
limitadas; pero se
lograron efectos, para
la época, que aún
sorprenden; entre ellos
las primeras animaciones
bidimensionales (2D)
mezcladas con escenarios
tridimensionales (3D),
empleados en los
capítulos de las momias,
el piano y el dedicado a
los polos de la Tierra.
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Y como el fenómeno de la
fama y el poder de los
medios tienen sus
extraños resortes, de
pronto éramos más
conocidos por estos
videos que por toda la
obra de Zunzún.
Pero uno era hijo del
otro y todo el
colectivo, más el equipo
de trabajo que se creó
especialmente para la
serie —lástima que no
pueda subir los créditos
aquí como al final de
una película—, le
entregaron talento,
ganas y muchísimas horas
de trabajo.
Creo que la herencia de
la Editora Abril y de
Zunzún en especial,
es precisamente esa:
habernos ejercitado las
ideas. Enseñarnos
también a compartirlas,
a trabajar como
hormiguitas y hacer arte
colectivo; a ser tozudos
con las metas y los
sueños; y, sobre todo, a
divertirnos de lo lindo
cuando creamos. |