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En los 70, el Poeta
nacional Nicolás Guillén
escribió aquellos versos
para niños que iban por
el mar de las Antillas
con un barco de papel”.
Algunas décadas después,
marcando un singular
trayecto, ha tocado el
puerto de La Habana, en
la isla mayor del mar
Caribe, un
“proyecto-navío”, que en
lugar de papel está
fabricado con música. Se
trata de Travesías,
una idea del profesor
suizo Lorenz Hasler,
quien se ha hecho
acompañar de otros
colegas para
materializar un
encuentro con
estudiantes de escuelas
elementales cubanas.
Al bajar anclas en
arenas de esta Isla, los
músicos tripulantes han
querido evocar, entre
otros, curiosamente, al
autor de “Tengo”, con la
musicalización de uno de
sus poemas. Simon Ho,
compositor y cosoñador
de este empeño, advierte
que “al escribir música
sobre textos de un autor
de otro país, es
importante conocer la
vida de esa nación”.
“Por eso es tan
significativo —dice—
estar en Cuba,
entenderla”.
La idea, que se ha
venido gestando desde
hace algunos meses,
tiene su raíz en el
propio carácter diverso
del conjunto que dirige
ocasionalmente el
violinista Hasler: un
sexteto integrado por
él, la soprano sueca
Susanne Rydén, el
contrabajista suizo
Lukas Hasler, el
pianista suizo Ho, el
guitarrista
cubano-argentino Víctor
Pellegrini y la
violonchelista cubana
Amparo del Riego. Viajar
encontrando culturas es
el objetivo de esta
agrupación, que llega en
específico a la escuela
Paulita Concepción de El
Cerro capitalino, por la
calidad de la enseñanza
que advirtió allí Del
Riego luego de su
recorrido por centros
educacionales de la Isla
en 2008.
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En la distancia —porque
los integrantes del
sexteto llegaron esta
semana a Cuba— los
niños, con la ayuda de
sus profesores,
ensayaron el programa
del concierto que tuvo
lugar el sábado 12 en la
sala Cobarrubias del
Teatro Nacional y que se
repetirá el lunes 18 en
el Hospital Pediátrico
Juan Manuel Márquez. En
ambos escenarios,
actuarán la orquesta de
la escuela (22 músicos)
y el coro (18), en que
los alumnos —cuyas
edades oscilan entre 10
y 15 años— estarán
acompañados del sexteto
y de algunos de sus
maestros.
Lorenz —formado en
Canadá como intérprete y
director, pero dedicado
en su país
fundamentalmente a la
pedagogía— encuentra en
los niños cualidades
especiales para
expresarse como
artistas: “tienen como
ventaja la ausencia de
prejuicios, trabajan lo
que viven, lo que ven,
lo que oyen; mantienen
la espontaneidad, lo
natural, algo muy puro
que difícilmente los
profesionales pueden
transmitir”.
Amparo del Riego,
también solista de la
Filarmónica y miembro
del trío José White,
advierte que los
estudiantes con los que
han compartido por estos
días, son receptivos y
hábiles. “Han aprendido
muy bien el programa”,
comenta, a lo que agrega
que la escuela demuestra
“gran disciplina,
profesionalismo y nivel
técnico”.
Es optimista Hasler
cuando describe el
alcance del proyecto,
que tiene antecedentes
en su país y también en
Argentina, aunque en
esta última nación el
sexteto no compartió con
estudiantes de música,
sino que actuó solo. En
Cuba, los tripulantes
habituales de
Travesías desde hace
tres años, sienten que
sus presentaciones serán
exitosas: “confío en que
los conciertos serán
hermosos”, señala el
director de orquesta.
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Los espectáculos se
articularán a partir de
las composiciones de Ho,
como el resto de las
actuaciones habituales
del sexteto, que se
declara cultor de un
“nuevo tipo” de música
de cámara. Para esta
ocasión, han reservado
las versiones
musicalizadas de obras
de poetas como José
Martí, Fernando Pessoa y
Mario Benedetti. Las
piezas, que serán
cantadas en sus idiomas
originales, giran en
torno al éxodo, la
diáspora y la nostalgia
“no como algo triste,
sino como fuerza para
crear”, explica Ho.
Sobre la relación de su
música con la poesía,
revela el pianista que
“el inicio y la
inspiración de sus
composiciones tiene que
ver con el ritmo y el
sonido” de este género
de la literatura.
El mapa sobre el que se
ha rotulado el camino de
estos creadores anuncia
que el buque hecho con
música, luego de Cuba,
tendrá otra parada en
Suiza. A tres ciudades
diferentes llevarán en
septiembre el sexteto y
los niños cubanos esta
experiencia, que se
dibuja además como una
nueva ruta para dar a
conocer el arte de la
Isla en otras geografías
del mundo.
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