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Trabajar para jóvenes,
adolescentes y niños
desde la diversidad de
publicaciones que emanan
de una institución
creada con el objetivo
de educar y divertir al
mismo tiempo, ha sido el
reto, pero también la
flecha de Cupido que ha
marcado un compromiso
eterno de muchos
creadores con la Casa
Editora Abril. Hacerlo
en la década de los ´90
cubana, en medio del
racionamiento al límite
que impuso el período
especial, fue el
bautismo de fuego de un
colectivo que encontró
semillas para la
imaginación en medio de
la aridez económica. Así
lo atestigua Fernando
Rojas, quien fungiera
como director de Abril
entre los años 1991 y
1996 y luego como
director de la revista
El Caimán Barbudo
hasta el año 2000.
“Pude ver muy claramente
cómo se pasó de una
crisis editorial
terrible a la que la
gente reaccionó con
mucha madurez, con mucha
valentía, como si
estuvieran enfrentando
un desafío. Recuerdo que
los compañeros y las
compañeras estaban
dispuestos a hacer
cualquier cosa para que
la institución no
cerrara, por que la
institución no terminara
su trabajo. Un compañero
me dijo un día:
`Fernando, no se puede
cerrar este lugar´ y la
idea nos abrazaba porque
pensábamos precisamente
en lo que significan los
niños y los jóvenes para
este país, lo que
representan esas
publicaciones, que son
las más buscadas por los
niños y los jóvenes en
este país.
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“Los profesionales que a
ellas se han consagrado
han sido muy laboriosos,
de mucho nivel,
artistas, personas que
pudieron quizá haber
obtenido éxitos
literarios o en las
artes plásticas muy
significativos y
decidieron entregar su
vida a trabajar para
niños, a escribir para
niños, a dibujar para
niños. Los dibujantes,
los artistas plásticos
de Abril son
excepcionales, incluso
los que ya no están con
nosotros.
“Pasamos la prueba que
nos pusieron los
primeros ´90, porque
después ese sistema de
publicaciones se empezó
a reactivar, se le dio
una gran prioridad al
trabajo de la editorial
desde la dirección del
país, sobre todo en la
segunda mitad de esa
década, lo cual se debe
mucho también al
esfuerzo que hizo Iroel
Sánchez como director de
esa Institución entre el
año 1996 y el 2000. Poco
a poco, en la medida que
se recuperó la economía,
se fueron restableciendo
las principales
publicaciones, que hoy
siguen siendo, sin duda,
muy demandadas y muy
diversas. Algo tan
hermoso como Zunzún
o tan irreverente, tan
atrevido, tan de
vanguardia como El
Caimán Barbudo
conviven en una misma
editorial: un lugar
donde se respira un
ambiente muy distendido,
donde hay una relación
muy hermosa entre los
miembros del colectivo,
donde se forjan
verdaderas amistades.
“Es muy gratificante ser
testigo de que todo ese
trabajo que pasamos,
todas las dificultades,
se convirtieron en algo
hermoso, porque se trata
de entregarlo a las
nuevas generaciones y de
formarlas en las
búsquedas intelectuales,
en la lectura, en la
crítica, en la
creatividad. Estas no
son publicaciones
complacientes, no son
libros y revistas que
propendan a estereotipos
de cualquier naturaleza
o a hacer una propaganda
elemental; sino
publicaciones críticas,
que invitan a pensar. No
siempre estamos
satisfechos con una u
otra entrega, pero por
lo general, esa es la
idea que las anima.
Incursionan en asuntos
muy significativos de la
vida del país y en
particular de la vida
cultural; muchas de las
polémicas importantes
para la cultura cubana
se generaron en esas
publicaciones”.
De las publicaciones a
las que usted se
refería, principalmente
las periódicas, la única
que apareció con el
surgimiento de Abril fue
Zunzún. ¿Cómo
percibía el clima de
convivencia que se
generó entre equipos de
trabajo diferentes?
Tuvimos una época en que
publicaciones diferentes
se hacían desde el mismo
colectivo, o sea, cuando
hubo que racionalizar y
se redujeron las
publicaciones, esa fue
una de las pruebas que
pasamos. Éramos una
familia de todas formas
¿no? La gente lograba
producir, lo mismo para
un medio que para otro,
tenían ese talento, y se
alcanzaba realmente un
clima de mucha
colaboración.
Después, cuando logramos
que otra vez
cristalizara la
identidad de las
publicaciones, los nexos
entre los distintos
colectivos siguieron
siendo muy fecundos: se
intercambian trabajos,
soportes digitales,
ilustraciones. El lugar
de diseño por
computación era el mismo
para todas las
publicaciones. Entonces,
las revistas tenían que
hacer una cola, y ahí se
producía también una
confluencia y se
intercambiaba de manera
muy natural sobre
aciertos y errores. La
Editora ayudó a
constituir una familia
grande, la familia de
todas esas publicaciones
que tienen una identidad
muy clara cada una, pero
que también tienen
nexos muy hermosos unas
con las otras.
Uno de los propósitos
que ha tenido la casa
editorial desde su
surgimiento y que
reitera ahora durante la
celebración de su 30
aniversario, es el de
parecerse mucho a su
público. ¿En qué medida
se ha cumplido?
En esto ha tenido una
presencia muy importante
la actividad de
divulgación de revistas
y libros y la
realización de
actividades de promoción
no necesariamente
literarias; por ejemplo,
la relación que tiene la
Editora con los músicos
jóvenes, con los
artistas que hacen
música para niños, la
realización de grandes
festivales, eventos de
público, la capacidad de
comunicación directa de
muchos de los compañeros
que trabajan ahí para
organizar peñas,
presentaciones,
espectáculos.
Efectivamente, el
ambiente —tanto hacia
adentro de la
institución como hacia
su público, intentando
ser reconocida como un
espacio donde se
interactúa y se trabaja
para los jóvenes— habla
de lo que la Editora ha
hecho por parecerse a su
público.
Si tuviera que mencionar
personas que han pasado
por la Editora y
publicaciones o textos
de los que han salido de
allí como culminantes,
¿cuáles elegiría?
Todo el trabajo que se
hizo en torno a la
figura de Martí, aquellos
textos hermosos de Froilán
Escobar y Félix Guerra,
aquellas entrevistas que
se le hicieron a los
habitantes
sobrevivientes de las
zonas montañosas de
Oriente que habían
conocido a Martí.
Está también la versión
de los Diarios de
Campaña de José
Martí, un excelente
trabajo. O el dedicado
al comandante sandinista
Tomás Borge en que Abril
publicó varios libros en
el momento que este
comenzaba su trabajo
para los niños.
La publicación, luego
del derrumbe del bloque
socialista, del libro
Mi Verdad, de Vitali
Vorotnikov, un ex
miembro del Buró
Político del Partido
Comunista de la Unión
Soviética fue la
Editorial la que lo
publicó.
Los textos del Che, que
publicó la Editorial,
algunos de ellos
inéditos o poco
conocidos, la
videoenciclopedia de los
¿Por qué?, que
todavía se ve en la
televisión, ese trabajo
tan hermoso y
eficazmente didáctico de
Juan Padrón, Ernesto
Padrón y Jorge Oliver,
personas muy
entrañables.
He de mencionar al resto
de los ilustradores y
dibujantes de Zunzún
y de Pionero,
creadores de un talento
extraordinario. También
a individuos tan
importantes en la
crítica musical cubana
como Joaquín
Borges-Triana y
Bladimir Zamora, el
colectivo de El
Caimán…, hoy con
Fidelito Díaz Castro al
frente, quien es una
especie de personaje
imprescindible del
periodismo y de la
bohemia habanera.
Hablando de El Caimán,
¿cómo lograr que en esta
publicación se siga
haciendo una crítica
responsable y que al
tiempo interese a los
jóvenes?
Lo importante es ser
eficaz en la búsqueda de
temas necesarios, por
ejemplo, la discusión
sobre la música popular,
algo que también
interesa mucho. La
promoción de la trova o
la música más
experimental que hacen
los jóvenes es algo que
interesa y es necesario.
Determinados debates
sobre teorías literarias
o teorías culturales, si
se logran hacer sin ser
tediosos o muy densos,
resultan constructivos,
educativos, ayudan a
formar al público. Hay
que tener una especie de
sexto sentido para
encontrar a la vez cosas
interesantes y
necesarias, que sean del
agrado del público, pero
que lo mejoren, que lo
ayuden, lo hagan crecer,
que permitan que ese
público interactúe con
la publicación, discuta,
la busque, y polemice
con ella.
Sin traicionar este
principio, ¿cómo se
evita caer en la trampa
del didactismo?
Haciéndose uno mismo la
pregunta todos los días.
Hay que hacer un
esfuerzo por pensar como
niño, tener ese niño
adentro. Y preguntarse
diariamente si al niño
que uno es le gustaría
encontrarse con esta
entrega, con esta
propuesta, o si le va a
parecer aburrido o
excesivamente
didáctico.
¿Hacia dónde usted cree
que deba encaminarse en
la actualidad el trabajo
de la Editora?
Es necesario preservar
las publicaciones
periódicas, que son lo
más importante de su
identidad, y
promoverlas, mantener su
nivel, tanto en términos
literarios como en
términos de realización
plástica. Es muy
importante que logren
esa estabilidad, y que
las identidades se
profundicen, que no
pierdan esa capacidad de
ofrecer temáticas que el
joven y el niño
necesiten y quieran a la
vez. Cada vez tendrán
que procurar hacer
mejores libros en todos
los sentidos y
fortalecer esa dimensión
social de la promoción,
de la realización de
actividades que ha
caracterizado también a
la Editora, debe
mantenerse y
desarrollarse. |