Año IX
La Habana
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de JULIO
de 2010

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la Editora Abril:

“El sitio más entrañable”

Mabel Machado • La Habana

Fotos: Archivo de la Editora Abril y La Jiribilla

 

Trabajar para jóvenes, adolescentes y niños desde la diversidad de publicaciones que emanan de una institución creada con el objetivo de educar y divertir al mismo tiempo, ha sido el reto, pero también la flecha de Cupido que ha marcado un compromiso eterno de muchos creadores con la Casa Editora Abril. Hacerlo en la década de los ´90 cubana, en medio del racionamiento al límite que impuso el período especial, fue el bautismo de fuego de un colectivo que encontró semillas para la imaginación en medio de la aridez económica. Así lo atestigua Fernando Rojas, quien fungiera como director de Abril entre los años 1991 y 1996 y luego como director de la revista El Caimán Barbudo hasta el año 2000.  

“Pude ver muy claramente cómo se pasó de una crisis editorial terrible  a la que la gente reaccionó con mucha madurez, con mucha valentía, como si estuvieran enfrentando un desafío. Recuerdo que los  compañeros y las compañeras estaban dispuestos a hacer cualquier cosa para que la institución no cerrara, por que la institución no terminara su trabajo. Un compañero me dijo un día: `Fernando, no se puede cerrar este lugar´ y la idea nos abrazaba porque pensábamos  precisamente en lo que significan los niños y los jóvenes para este país, lo que representan esas publicaciones, que son las más buscadas por los niños y los jóvenes en este país.  

“Los profesionales que a ellas se han consagrado han sido muy laboriosos, de mucho nivel, artistas, personas que pudieron quizá haber obtenido éxitos literarios o en las artes plásticas muy significativos y decidieron entregar su vida a trabajar para niños, a escribir para niños, a dibujar para niños. Los dibujantes, los artistas plásticos de Abril son excepcionales, incluso los que ya no están con nosotros. 

“Pasamos la prueba que nos pusieron los primeros ´90, porque después ese sistema de publicaciones se empezó a reactivar, se le dio una gran prioridad al trabajo de la editorial desde la dirección del país, sobre todo en la segunda mitad de esa década, lo cual se debe mucho también al esfuerzo que hizo Iroel Sánchez como director de esa Institución entre el año 1996 y el 2000. Poco a poco, en la medida que se recuperó la economía, se fueron restableciendo las principales publicaciones, que hoy siguen siendo, sin duda, muy demandadas y muy diversas. Algo tan hermoso como Zunzún o tan irreverente, tan atrevido, tan de vanguardia como El Caimán Barbudo conviven en una misma editorial: un lugar donde se respira un ambiente muy distendido, donde hay una relación muy hermosa entre los miembros del colectivo, donde se forjan verdaderas amistades. 

“Es muy gratificante ser testigo de que todo ese trabajo que pasamos, todas las dificultades, se convirtieron en algo hermoso, porque se trata de entregarlo a las nuevas generaciones y de formarlas en las búsquedas intelectuales, en la lectura, en la crítica, en la creatividad.  Estas no son publicaciones complacientes, no son libros y revistas que propendan a estereotipos de cualquier naturaleza o a hacer una propaganda elemental; sino publicaciones críticas, que invitan a pensar. No siempre estamos satisfechos con una u otra entrega, pero por lo general, esa es la idea que las anima. Incursionan en asuntos muy significativos de la vida del país y en  particular de la vida cultural; muchas de las polémicas importantes para la cultura cubana se generaron en esas publicaciones”. 

De las publicaciones a las que usted se refería, principalmente las periódicas, la única que apareció con el surgimiento de Abril fue Zunzún. ¿Cómo percibía el clima de convivencia que se generó entre equipos de trabajo diferentes?  

Tuvimos una época en que publicaciones diferentes se hacían desde el mismo colectivo, o sea, cuando hubo que racionalizar y se redujeron las publicaciones, esa fue una de las pruebas que pasamos. Éramos una familia de todas formas ¿no? La gente lograba producir, lo mismo para un medio que para otro, tenían ese talento, y se alcanzaba realmente un clima de mucha colaboración.  

Después, cuando logramos que otra vez cristalizara la identidad de las  publicaciones, los nexos entre los distintos colectivos siguieron siendo muy fecundos: se intercambian trabajos, soportes digitales, ilustraciones. El lugar de diseño por computación era el mismo para todas las publicaciones. Entonces, las revistas tenían que hacer una cola, y ahí se producía también una confluencia y se intercambiaba de manera muy natural sobre aciertos y errores. La Editora ayudó a constituir una familia grande, la familia de todas esas publicaciones que tienen una identidad muy clara cada una, pero que también  tienen nexos muy hermosos  unas con las otras. 

Uno de los propósitos que ha tenido la casa editorial desde su surgimiento y que reitera ahora durante la celebración de su 30 aniversario, es el de parecerse mucho a su público. ¿En qué medida  se ha cumplido? 

En esto ha tenido una presencia muy importante la actividad de divulgación de revistas y libros y la realización de actividades de promoción no necesariamente literarias; por ejemplo, la relación que tiene la Editora con los músicos jóvenes, con los artistas que hacen música para niños, la realización de grandes festivales, eventos de público, la capacidad de comunicación directa de muchos de los compañeros que trabajan ahí para organizar peñas, presentaciones, espectáculos. Efectivamente, el ambiente —tanto hacia adentro de la institución como hacia su público, intentando ser reconocida como un espacio donde se interactúa y se trabaja para los jóvenes— habla de lo que la Editora ha hecho por parecerse a su público. 

Si tuviera que mencionar personas que han pasado por la Editora y publicaciones o textos de los que han salido de allí como culminantes, ¿cuáles elegiría?   

Todo el trabajo que se hizo en torno a la figura de Martí, aquellos textos hermosos de Froilán Escobar y Félix Guerra, aquellas entrevistas que se le hicieron a los habitantes sobrevivientes de las zonas montañosas  de Oriente que habían conocido a Martí.  

Está también la versión de los Diarios de Campaña de José Martí,  un excelente trabajo. O el dedicado al comandante sandinista Tomás Borge en que Abril publicó varios libros en el momento que este comenzaba su trabajo para los niños.  

La publicación, luego del derrumbe del bloque socialista, del libro Mi Verdad, de Vitali Vorotnikov, un ex miembro del Buró Político del Partido Comunista de la Unión Soviética fue la Editorial la que lo publicó.  

Los textos del Che, que publicó la Editorial, algunos de ellos inéditos o poco conocidos, la videoenciclopedia de los ¿Por qué?, que todavía se ve en la televisión, ese trabajo tan hermoso y eficazmente didáctico de Juan Padrón, Ernesto Padrón y Jorge Oliver, personas muy entrañables.  

He de mencionar al resto de los ilustradores y dibujantes de Zunzún y de Pionero, creadores de un talento extraordinario. También a  individuos tan importantes en la crítica musical cubana como Joaquín Borges-Triana y Bladimir  Zamora, el colectivo de El Caimán…, hoy con Fidelito Díaz Castro al frente, quien es una especie de personaje imprescindible del periodismo y de la bohemia habanera.  

Hablando de El Caimán, ¿cómo lograr que en esta publicación se siga haciendo una crítica responsable y que al tiempo interese a los jóvenes?  

Lo importante es ser eficaz en la búsqueda de temas necesarios, por ejemplo, la discusión sobre la música popular, algo que también interesa mucho. La promoción de la trova o la música más experimental que hacen los jóvenes es algo que interesa y es necesario. Determinados debates sobre teorías literarias o teorías culturales, si se logran hacer sin ser tediosos o muy densos, resultan constructivos, educativos, ayudan a formar al público.  Hay que tener una especie de sexto sentido para encontrar a la vez cosas interesantes y necesarias, que sean del agrado del público, pero que lo mejoren, que lo ayuden, lo hagan crecer, que permitan que ese público interactúe con la publicación, discuta, la busque, y polemice con ella. 

Sin traicionar este principio, ¿cómo se evita caer en la trampa del didactismo?  

Haciéndose uno mismo la pregunta todos los días. Hay que hacer un esfuerzo por pensar como niño, tener ese niño adentro. Y preguntarse diariamente si al niño que uno es le gustaría encontrarse con esta entrega, con esta propuesta, o si le va a parecer aburrido o excesivamente didáctico. 

¿Hacia dónde usted cree que deba encaminarse en la actualidad el trabajo de la Editora? 

Es necesario preservar las publicaciones periódicas, que son lo más importante de su identidad, y promoverlas, mantener su nivel, tanto en términos literarios como en términos de realización plástica. Es muy importante que logren esa estabilidad, y que las identidades se profundicen, que no pierdan esa capacidad de ofrecer temáticas que el joven y el niño necesiten y quieran a la vez. Cada vez tendrán que procurar hacer mejores libros en todos los sentidos y fortalecer esa dimensión social de la promoción, de la realización de actividades que ha caracterizado también a la Editora, debe mantenerse y desarrollarse.

 

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La Habana, Cuba. 2010.
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