Año IX
La Habana
17 al 23
de JULIO
de 2010

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Somos Jóvenes

Una de las lámparas de Guillermo

Paquita Armas Fonseca • La Habana

Fotos: Archivo de la Editora Abril

 

Yo andaba aún con el “arique” en la pierna cuando conocí a Guillermo Cabrera Álvarez.  Había llegado desde Holguín y me habían designado para trabajar en Somos Jóvenes y él era su director. Llegué a la revista cuando apenas tenía unos meses de fundada y su redacción radicaba en una de las oficinas del periódico Juventud Rebelde. Allí cada día era de debate y planificación. También de mucha exigencia. Los textos se entregaban y luego que el Consejo de Dirección los evaluaba se le decía a cada redactora —todas éramos mujeres— qué andaba bien, y qué andaba mal. Y teníamos que volver a escribir el texto una y otra vez.

¿Y las portadas? ¡Pobres fotógrafos! A veces tenían que volver al lugar de la instantánea en varias oportunidades para buscar la foto exacta que se quería para la revista.

Tal exigencia más lo novedoso de pliegos en colores, afiches, secciones de correspondencia para hacer amigos y de respuesta a los lectores, hicieron que la publicación pronto estuviera entre las preferidas por la juventud.

Durante esos años en los que trabajé en Somos Jóvenes (de 1977 a 1983) Guillermo era quien imponía la autoridad de la sabiduría. Cada párrafo que transformaba llevaba implícita una explicación tan convincente que una se quedaba sin argumentos para defender lo escrito. Y mientras exigía hasta la saciedad era a la vez muy parco en elogios. Quizá en aquel momento no lo entendíamos, pero luego supimos cuanto bien nos hizo.

Lo que sí logró “el Guille” desde el principio fue atraer a los jóvenes. Ya cuando se fundó la Editora Abril y radicaba en 17 casi esquina H, la revista tenía un local bastante independiente. Allí a cualquier hora había muchachos y muchachas que compartían con el colectivo, pero sobre todo con el director. Estudiaban en el preuniversitario, en la universidad, en tecnológicos o trabajaban, pero todos andaban siempre obnubilados por el decir del Guille.

Allí nacieron las famosas excursiones anuales a la Sierra Maestra en las que intervenían los miembros del equipo y grupos de jóvenes lectores. Cada expedición hasta las lomas era conseguir un arsenal  de anécdotas y una lección muy amena de la historia de Cuba.

De esa época también fueron los primeros encuentros con los lectores: se escogía un preuniversitario y allá iba parte del colectivo a escuchar lo que decían sobre cada trabajo publicado. Los centenares de cartas que llegaban eran leídas una a una por Guillermo y un grupo de ellas respondidas por él, a partir de una rigurosa selección que realizaba.

No puedo decir que Guillermo Cabrera Álvarez fuera perfecto, para nada. Era desorganizado, olvidadizo y despistado —estas también eran sus virtudes—, pero quizá estas características se debían a que producía tantas ideas nuevas y a veces audaces, que su cerebro no era capaz de organizarlas, recordarlas y ubicarlas en el tiempo y lugar que merecían. Necesitaba a su lado alguien que concretara los prodigios que ideaba.

Tampoco era un ser humano siempre alegre y optimista. No pocas veces lo vi deprimido. Sus ojos azules a veces se perdían y nadie sabía qué pasaba por aquella frente que le surcaba una arruga.

Sí creo que casi siempre logró lo que quería, incluso morirse en el centro de Cuba, en Guaracabuya, con sus tecleros, los seguidores de La tecla ocurrente, su último invento,  la sección que creó en Juventud Rebelde y que en poco tiempo acaparó la atención de miles de lectores.

Tenía el corazón remendado en serio, pero siguió forzándolo, aunque tuviera que caminar con un bastón. Cuentan quienes le vieron desplomarse que unos segundos antes sonreía con algunos de sus seguidores.

En ese momento Somos Jóvenes y la Editora Abril perdieron no solo a un fundador, sino a uno de los periodistas con mayor capacidad y entrega que ha tenido esta profesión en Cuba. Aunque digo mal: “el Guille” nos revoletea a cada uno de los que haló las orejas cuando hacemos algo mal o sentimos su mano en el hombro cuando el texto quedó bien. Los genios como él no mueren, si Somos Jóvenes fue una de sus lámparas que frotaba para sacar maravillas, mientras se recuerden estas y otras, todas las que produjo en su vida, “el Guille” caminará junto a quienes le seguimos queriendo.

 

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La Habana, Cuba. 2010.
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