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Yo andaba aún con el
“arique” en la pierna
cuando conocí a
Guillermo Cabrera
Álvarez. Había llegado
desde Holguín y me
habían designado para
trabajar en Somos
Jóvenes y él era su
director. Llegué a la
revista cuando apenas
tenía unos meses de
fundada y su redacción
radicaba en una de las
oficinas del periódico
Juventud Rebelde.
Allí cada día era de
debate y planificación.
También de mucha
exigencia. Los textos se
entregaban y luego que
el Consejo de Dirección
los evaluaba se le decía
a cada redactora —todas
éramos mujeres— qué
andaba bien, y qué
andaba mal. Y teníamos
que volver a escribir el
texto una y otra vez.
¿Y las portadas? ¡Pobres
fotógrafos! A veces
tenían que volver al
lugar de la instantánea
en varias oportunidades
para buscar la foto
exacta que se quería
para la revista.
Tal exigencia más lo
novedoso de pliegos en
colores, afiches,
secciones de
correspondencia para
hacer amigos y de
respuesta a los
lectores, hicieron que
la publicación pronto
estuviera entre las
preferidas por la
juventud.
Durante esos años en los
que trabajé en Somos
Jóvenes (de 1977 a
1983) Guillermo era
quien imponía la
autoridad de la
sabiduría. Cada párrafo
que transformaba llevaba
implícita una
explicación tan
convincente que una se
quedaba sin argumentos
para defender lo
escrito. Y mientras
exigía hasta la saciedad
era a la vez muy parco
en elogios. Quizá en
aquel momento no lo
entendíamos, pero luego
supimos cuanto bien nos
hizo.
Lo que sí logró “el
Guille” desde el
principio fue atraer a
los jóvenes. Ya cuando
se fundó la Editora
Abril y radicaba en 17
casi esquina H, la
revista tenía un local
bastante independiente.
Allí a cualquier hora
había muchachos y
muchachas que compartían
con el colectivo, pero
sobre todo con el
director. Estudiaban en
el preuniversitario, en
la universidad, en
tecnológicos o
trabajaban, pero todos
andaban siempre
obnubilados por el decir
del Guille.
Allí nacieron las
famosas excursiones
anuales a la Sierra
Maestra en las que
intervenían los miembros
del equipo y grupos de
jóvenes lectores. Cada
expedición hasta las
lomas era conseguir un
arsenal de anécdotas y
una lección muy amena de
la historia de Cuba.
De esa época también
fueron los primeros
encuentros con los
lectores: se escogía un
preuniversitario y allá
iba parte del colectivo
a escuchar lo que decían
sobre cada trabajo
publicado. Los
centenares de cartas que
llegaban eran leídas una
a una por Guillermo y un
grupo de ellas
respondidas por él, a
partir de una rigurosa
selección que realizaba.
No puedo decir que
Guillermo Cabrera
Álvarez fuera perfecto,
para nada. Era
desorganizado,
olvidadizo y despistado
—estas también eran sus
virtudes—, pero quizá
estas características se
debían a que producía
tantas ideas nuevas y a
veces audaces, que su
cerebro no era capaz de
organizarlas,
recordarlas y ubicarlas
en el tiempo y lugar que
merecían. Necesitaba a
su lado alguien que
concretara los prodigios
que ideaba.
Tampoco era un ser
humano siempre alegre y
optimista. No pocas
veces lo vi deprimido.
Sus ojos azules a veces
se perdían y nadie sabía
qué pasaba por aquella
frente que le surcaba
una arruga.
Sí creo que casi siempre
logró lo que quería,
incluso morirse en el
centro de Cuba, en
Guaracabuya, con sus
tecleros, los
seguidores de La tecla
ocurrente, su último
invento, la sección que
creó en Juventud
Rebelde y que en
poco tiempo acaparó la
atención de miles de
lectores.
Tenía el corazón
remendado en serio, pero
siguió forzándolo,
aunque tuviera que
caminar con un bastón.
Cuentan quienes le
vieron desplomarse que
unos segundos antes
sonreía con algunos de
sus seguidores.
En ese momento Somos
Jóvenes y la Editora
Abril perdieron no solo
a un fundador, sino a
uno de los periodistas
con mayor capacidad y
entrega que ha tenido
esta profesión en Cuba.
Aunque digo mal: “el
Guille” nos revoletea a
cada uno de los que haló
las orejas cuando
hacemos algo mal o
sentimos su mano en el
hombro cuando el texto
quedó bien. Los genios
como él no mueren, si
Somos Jóvenes fue
una de sus lámparas que
frotaba para sacar
maravillas, mientras se
recuerden estas y otras,
todas las que produjo en
su vida, “el Guille”
caminará junto a quienes
le seguimos queriendo. |