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Señor Presidente:
Señor Secretario
General:
Participo por primera
vez en la Conferencia
Mundial de Presidentes
de Parlamentos porque a
las dos anteriores me
impidieron asistir
quienes con torpe
arrogancia se creen
dueños de las Naciones
Unidas.
Encaramos una crisis
profunda que abarca
todos los aspectos de la
realidad. Proliferan las
guerras insensatas, se
acelera la destrucción
del medio ambiente,
aumentan los que padecen
hambre, ignorancia y
enfermedades evitables.
Todo, consecuencia de un
sistema internacional
injusto sometido a la
codicia y el egoísmo de
unos pocos.
El ser humano es una
especie en peligro de
extinción en un planeta
en el que han muerto ya
miles de especies. ¿Cómo
detener esa carrera
demencial que a todos
llevará al abismo?
La única salvación
posible, nuestro último
recurso, es la
democracia. Pero no nos
engañemos, mucho menos
aquí donde la gran
verdad fue proclamada
desde el primer día. Lo
dijo hace ya mucho
tiempo Jean Jacques
Rousseau: “Mientras
exista la desigualdad
entre los seres humanos
la pretendida delegación
de soberanía no será más
que pura ficción.”
Luchemos pues por la
democracia. Que en la
ONU la Asamblea General
asuma cabalmente las
funciones que le dio la
Carta y controle a un
Consejo de Seguridad que
solo sirve para desatar
guerras e imponer el
hegemonismo. Evitemos
los espejismos y
quimeras que confunden
el camino. Exijamos el
cumplimiento de los
objetivos del Milenio y
otras promesas olvidadas
como el desarme general
y completo y la
cooperación
internacional para el
desarrollo. Que los
ideales de la Carta y
las Resoluciones de la
Asamblea General no sean
letra muerta.
Cesen el hostigamiento y
las amenazas contra la
República Islámica de
Irán y la República
Popular Democrática de
Corea. Hágase justicia
al pueblo palestino y a
su derecho inalienable a
la independencia.
Póngase fin a la
ocupación colonial de
Puerto Rico y del Sahara
occidental. Liberen de
inmediato y sin
condiciones a los Cinco
cubanos prisioneros
políticos en cárceles
norteamericanas, hace ya
doce años, por oponerse
al terrorismo que
Washington promueve
contra Cuba
Que se democraticen las
relaciones entre los
Estados y al interior de
ellos. Que los programas
supuestamente concebidos
para paliar la crisis
económica no sean
pactados en secreto con
los culpables sino
discutidos y acordados
abiertamente con sus
víctimas, con los
trabajadores y los
pueblos.
Perfeccionemos nuestro
trabajo parlamentario.
Pero, sobre todo,
preocupémonos por abrir
sus puertas y ventanas,
busquemos al pueblo, a
los sindicatos, a los
campesinos, a los
jóvenes. Que ellos y
ellas, todos, opinen,
legislen, decidan.
Parlamentarizar la
sociedad es el único
modo de realizar la
democracia devolviendo
al pueblo la soberanía.
Cada cual a su manera,
según su historia,
siendo fieles a lo suyo,
sin repetir a nadie, sin
copiar, mucho menos a
los que no pueden
ofrecernos como modelo
otra cosa que el
desastre que hoy nos
conduce a la peor
tragedia.
Muchas gracias.
Declaración del señor
Ricardo Alarcón de
Quesada, Presidente de
la Asamblea Nacional del
Poder Popular de la
República de Cuba.
Tercera Conferencia
Mundial de Presidentes
de Parlamentos. Ginebra,
19-21 de julio de 2010 |