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Vuelves a nacer / de lo que quedó de mí,
/ las cenizas del ayer, / ya ves, /
me han dejado así.
Vas a contestar / que antes nada
sucedió, / que el mundo es recién de
hoy, /
ya ves, / puedo ser real.
Aunque te estrelles sola / inútilmente /
contra mi edad. / Aunque hayas
nacido / de lo que ha sido mi vida.
Puedo comprender / que me asignes un
lugar. / Los parajes que yo sé, / ya
ves, / no puedes entrar.
Sabes resistir / la tentación de volar.
/ Cuando lo intento sin ti, / ya
ves, / me haces regresar.
Aunque el ayer se quede / tras la puerta
/ sin mi mitad, / has guardado los
restos / de lo que ha sido mi vida.
Aunque te estrelles sola / inútilmente /
contra mi edad. / Aunque hayas
nacido / de lo que ha sido mi vida.
Lo anterior es el texto de "Sin mi
mitad", una de las piezas de Diego
Gutiérrez que más disfruto de su
repertorio y que él decidió incluir en
su primer disco, el álbum titulado De
cero y que viese la luz a través del
sello Unicornio. En materia de
producción discográfica de cantautores
cubanos en este decenio, creo que uno de
los CDs mejor realizado en su conjunto
resulta el acreditado a este cantautor
amante de la lectura, el béisbol y el
cine.
Al asumir su ópera prima, Diego se
enfrentó a la alternativa de hacer un
álbum que luego pudiese ser reproducido
en vivo tal cual o grabar uno que
tuviese recursos con los que él sabía
que no iba a poder contar, pero que le
garantizaban dejar para el futuro un
testimonio de sus sueños musicales.
Esa segunda opción fue por la que apostó
Gutiérrez y así, para realizar su primer
CD llamó a Élmer Ferrer a fin de que
asumiese la producción del material y
contar con el respaldo sonoro de los
miembros de la Elmer Ferrer Band. Tal
vínculo llevó a que en el fonograma
salga a flor el costado más rockero de
Diego y a que en una que otra pieza se
detecten cambios con respecto a la
armonía original con la que estas
canciones se conocieron.
Uno de los primeros rasgos que sobresale
En De cero es la funcionalidad de
las orquestaciones, en las que la
presencia de la guitarra tiene un rol
protagónico. Es este un trabajo con una
sonoridad muy guitarrera y en el que
brilla la calidad de la grabación y las
mezclas, que posibilitan la escucha de
cada detalle o intención, tanto del
cantautor como de sus acompañantes.
Un tercer aspecto que se aprecia de
inmediato es el acabado de las
composiciones, dueñas todas de una
excelente factura y en las que el
componente letrístico deja huellas
claras de que su hacedor ha consumido
mucha y muy buena poesía.
Entre los cortes que se destacan en el
disco, yo mencionaría el que da inicio a
la grabación, "Próximo zarpazo", con una
guitarra eléctrica punzante en sus
solos; "En la luna de Valencia", que en
esta ya definitiva versión acentúa el
aire reggae de la pieza y hace
pequeñas modificaciones en la línea
melódica del coro, si se le compara con
las interpretaciones que le habíamos
oído a Gutiérrez del tema; "Sabor
salado", en la cuerda de ese híbrido tan
frecuente en nuestro contexto entre el
son y la trova; "Adriana", la
maravillosa nana escrita para la hija
del también cantautor Alain Garrido;
"Sin mi mitad", ejemplo de los cambios
armónicos a los que me referí con
anterioridad, y "Quien", con una coda a
cargo del trompetista Alexander Abreu
sencillamente deliciosa.
Por último, en mi opinión, en la escena
de la canción cubana contemporánea,
escuchar un disco como De cero me
corrobora en la idea de que Diego
Gutiérrez resulta uno de sus exponentes
de mayor valía. |