Una Rosa
Los ojos de Abel Santamaría
están en el jardín.
Mi hermano duerme bajo las semillas.
Santiago alumbra
las frescura del tiempo
que nos tocó vivir.
Un niño baila
el dulce aire de julio
en la montaña.
Alguien escucha su canción
bajo el estruendo puro
de una rosa.
Madre
Mi madre no tuvo jardín
sino islas acantiladas
flotando, bajo el sol,
en sus corales delicados.
No hubo una rama limpia
en su pupila sino muchos garrotes.
Qué tiempo aquel cuando corría, descalza,
sobre la cal de los orfelinatos
y no sabía reír
y podía siquiera mirar el horizonte.
Ella no tuvo el aposento del marfil,
ni la sala de mimbre,
ni el vitral silencioso del trópico.
Mi madre tuvo el canto y el pañuelo
para acunar la fe de mis entrañas,
para alzar su cabeza de reina desoída
y dejarnos sus manos, como piedras preciosas,
frente a los restos fríos de enemigo.
Chiriboga
Suelta mi trenza
para que dance
en el mojado viento…
Vuela, bailotea,
con asustadas alas
y al revolotear
revela su origen africano.
Mi cabellera crespa
trae un furor,
un oleaje,
un ancestro
que viene desde lejos.
Aquel brillo tan negro
arrastra códigos milenarios.
Detrás de estos rizos
con su voz quebradiza
asoman mis abuelos.
Lluvia sobre tejados
Quien pudiera escribir sobre estos tejados
musicales y casi dormidos
por eso mismo quizás envueltos
en la lluvia y por eso mismo quizá cayendo
en el corazón ajustado de alguien
sin que nadie se esté dando cuenta.
Algunos tejados están cantando en su temblor,
están mojándose por una lluvia que nadie ha
anunciado,
que nadie puede reconocer sino las gotas más
pequeñas,
las gotas que ruedan
hacia el asfalto bordado de piedrecillas
y huecos grandes como espacios abiertos
ante las balas de un ejército de ocupación asesina.
Estos animosos tejados
grises en su esplendor urbano,
alborotados en la pupila de alguien que los
contempla
con el azoro de antaño, cuando los negros curros
campeaban
bajo la luz de estos tejados buscando los colores de
su pasado
y el canto ciego de sus gargantas...
Qana
Oh dios si existes
No he dudado de tu existencia
Esa pregunta,
lanzada al vórtice de los vacíos,
es un gorrión con las alas quemadas;
como una gruta sorda
por donde caminamos, sin rumbo,
hasta que el cuerpecito ensangrentado
de una niña inocente
impide el paso
Luego,
hay un sonido atronador que nos lleva
hasta un letrero que dice QANA
Oh dios si existes
Cómo podrías explicar
tanto sadismo, tanta crueldad, tanta aberración
Es alucinante ver la sangre de una niña brotar
La sangre de una niña yerta, yerta, yerta
Su mirada, agua de alondras, yerta
Brota la sangre
de su cabeza y de sus piernecitas
Oh dios de todos los días
Cualquiera que fuese tu nombre o tu pasado o tu
origen;
dondequiera que hayas reinado o sufrido;
dondequiera que te hayan rendido culto
Ven a calmarla
Ven a mitigar su dolor y mi espanto
Ven y acúnala en tus brazos,
Ven en su auxilio porque mis lágrimas no pueden
hacer nada, ni mis ruegos, ni mis
versos inciertos.
Haz posible la cordura entre los hombres y sus
familias,
entre las mujeres y sus familias,
entre las niñas y los niños y sus familias
desencontradas o encontradas
de todo el orbe
y que los culpables de estos crímenes paguen por
ellos.
Nancy Morejón: Poeta,
crítica y ensayista. Nació el 7 de
agosto de 1944 en La Habana. En su obra,
destaca la ensayística sobre la obra del
Poeta Nacional de Cuba Nicolás Guillén.
En 1966 se graduó en Lengua y Literatura
Francesas en la Universidad de La
Habana. En 1980 obtiene el Premio
Nacional de Ensayo Enrique José Varona
de la Unión de Escritores y Artistas de
Cuba con su libro Nación y Mestizaje en
Nicolás Guillén. En 1983, esta obra
también es reconocida con el Premio
Mirta Aguirre. Entre 1986 y 1993 fungió
como directora del Centro de Estudios
del Caribe de Casa de las Américas,
función que vuelve a asumir en el año
2000. Desde 1991 es miembro de la
Academia de Ciencias de Cuba.