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Hola Jiribilla, hermanos
míos:
Quiero sumarme al clamor
mundial por persuadir al
Presidente Obama de
mantener la paz y no
traicionar las promesas
que con tanta ternura
dedicara a sus dos
hijitas, al ser electo
Presidente. Véanse los
siguientes fragmentos de
una carta que les
dirigió en esos días:
Queridas Malia y Sasha:
Sé que se han divertido
mucho estos últimos dos
años de campaña, yendo
a 'picnics', desfiles y
ferias estatales,
comiendo todo tipo de
comida basura que
seguramente ni su mamá
ni yo les hubiéramos
dejado comer (...) y eso
no compensa todo el
tiempo que hemos estado
separados (...). Sé
cuánto me he perdido en
estos últimos dos años y
hoy quiero explicarles
un poco más por qué
decidí llevar a nuestra
familia en esta
travesía.
Cuando era joven, pensé
que la vida se trataba
fundamentalmente de mí,
de cómo me enfrentaría
al mundo, sería exitoso
y lograría las cosas que
quería. Pero después
ustedes dos llegaron a
mi vida con toda su
curiosidad y magia y
esas sonrisas que
siempre logran llenar mi
corazón y alegrar mi
día. Y de repente, todos
los grandes planes que
tenía para mí ya no
parecían tan
importantes. (...) Y
me di cuenta de que mi
propia vida no tendría
mucho valor a menos que
fuera capaz de asegurar
que ustedes tuvieran la
oportunidad de ser
felices y sentirse
plenas. Al final, niñas,
es ese el motivo por el
que decidí ser
presidente, por lo que
quiero para ustedes y
para cada niño en este
país.
Quiero que todos
nuestros niños acudan a
escuelas donde
desarrollen su
potencial, escuelas que
sean un reto, los
inspiren y generen en
ellos una capacidad de
maravillarse del mundo
que tienen a su
alrededor. Quiero que
tengan la oportunidad de
ir a la universidad,
aunque sus padres no
sean ricos. Y quiero que
accedan a buenos
trabajos, trabajos que
paguen bien y les den
beneficios como atención
médica, trabajos que les
dejen tiempo suficiente
para estar con sus
propios hijos y
retirarse con dignidad.
(...) Y quiero que cada
niño tenga las mismas
oportunidades de
aprender y soñar y
crecer que ustedes,
niñas, han tenido. Por
eso he decidido
emprender esta aventura
con mi familia.
Estoy tan orgulloso de
ustedes. Las quiero más
de lo que pueden
imaginar. Y doy gracias
cada día por su
paciencia, porte,
gentileza y humor
mientras nos preparamos
para iniciar esta vida
juntos en la Casa
Blanca.
Las quiere,
Papá
Confieso que cuando leí
la carta, Obama
representaba para mí un
gran enigma; pero me
resultaba más simpático
que cualquier otro
candidato precedente y
hasta supuse que la
misiva ratificaba sus
constantes alusiones al
cambio. También detecté
cuánto había de maniobra
política en el texto,
pero la admití como una
movida normal de
cualquier aspirante a la
Presidencia de los
EE.UU.
Aunque la moral de la
política norteamericana
tolera engañar a su
propio pueblo por servir
los intereses de la
pandilla satánica que
domina el planeta, yo
sigo alentando la
esperanza de que este
mulato, hijo de una
blanca cristiana y un
keniata musulmán, nos dé
una sorpresa. Por su
origen genético y su
color, necesariamente
debió conocer
injusticias y
humillaciones. Y hasta
puedo esperar que no
traicione la admiración
y gratitud que debieron
inspirarle Martin Luther
King, Mandela y otros
héroes de las luchas
contra el racismo; pero
sobre todo, me permito
esperar que no traicione
los compromisos con sus
niñas, contraídos al
iniciar su gestión
presidencial.
Queridos hermanos de
La Jiribilla:
ayúdenme a levantar
peticiones para que
Obama relea su carta a
Malia y Sacha y cumpla
su humanitario programa
de ayudar a los niños; y
que cumpla también las
solidarias palabras
empeñadas en su
discurso, cuando le
otorgaron el Premio
Nóbel de la Paz. Y ojalá
despierte a la realidad
actual, preñada de
amenazas calamitosas, y
valore las sugerencias
de Fidel, la cabeza
política más augural y
certera de nuestra
época.
Daniel Chavarría
10 de agosto de 2010 |