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Sorprendiéndolo en plena
tarea de reflexionar
sobre qué sucederá con
la economía del planeta
si llega a desatarse un
conflicto nuclear, La
Jiribilla pidió a
Osvaldo Martínez,
director del Centro de
Estudios de la Economía
Mundial (CEEM) y
encargado de la Comisión
de Asuntos Económicos
del Parlamento cubano,
que compartiera con los
lectores algunos
comentarios a propósito
de la celebración del
Foro Social de las
Américas
(FSM) en Paraguay. En
los días previos al
encuentro, junto con un
grupo de colegas, el
economista intentaba dar
respuesta a las
interrogantes planteadas
por Fidel en su mensaje
del 13 de julio, cuando
les propuso el trabajo
de “ciencia ficción” de
vislumbrar el escenario
que sobrevendría al
conflicto bélico que
amenaza a Irán y Corea
del Norte: “Obviamente
es muy difícil; no se
puede recurrir a ninguna
escuela de pensamiento
económico, a ningún
economista o sociólogo,
porque es una realidad
sobre la cual casi no se
ha reflexionado. Hicimos
un esfuerzo en el cual
solamente la imaginación
y la lógica aplicada a
ella son los aplicados a
este pensamiento”.
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“No se repetiría la
historia de la evolución
de los humanos sobre la
Tierra ―comenta
Martínez―, puesto que
por maltrechas que
quedarían las
condiciones de vida,
existirán los seres
humanos portadores de
conocimientos.
Imaginamos una economía
en la cual habría
desaparecido el mercado
mundial, el sistema
monetario internacional
tal como lo conocemos
ahora. Es decir, el
sistema capitalista,
dominante a nivel global
en la actualidad, habrá
sufrido la amputación de
importantes componentes;
sin embargo, eso no
quiere decir que el
capitalismo vaya a
eliminarse hasta la
última célula, porque no
habría desaparecido el
mercado, y si bien
desaparecerían el dólar
y el sistema monetario
internacional actual, no
habría desaparecido el
dinero. Por tanto, los
fundamentos de una
sociedad de intercambio
mercantil se mantendrían
y así, los gérmenes del
capitalismo. No podemos,
sin embargo, concluir
que se va a repetir la
historia del desarrollo
capitalista por el
simple hecho de que
estos subsistan. Aquí
tenemos que remitirnos a
seres humanos de mayor
capacidad intelectual,
que tendrían que haber
recibido un impacto
subjetivo de gran
magnitud por la guerra,
lo cual hace pensar en
la posibilidad de que
este factor sea capaz de
interactuar con una
economía de subsistencia
y traducirse en
principios de poner
freno a las diferencias
sociales, a la
explotación de unos
hombres por otros, e
implantar principios de
distribución de bienes y
servicios basados en la
equidad social. Se
impondría un mayor
sentido de preservación
del medio ambiente, que
ya no admitirá más
violencia sobre él,
combatir el derroche, el
consumismo. Se trataría
de una economía con
fuerte asidero en lo
local como vía de ahorro
de recursos y búsqueda
de fuentes renovables de
energía.”
En la agenda del Foro
Para el especialista,
sin embargo, lo más
importante en este
minuto es evitar que un
ambiente como el que
describen sus estudios
se haga realidad.
Intentar que la ciencia
ficción deje de serlo,
debe constituirse en uno
de los retos que se
propongan los luchadores
sociales en todos los
espacios y que defiendan
en esta coyuntura los
participantes del FSM,
instrumento que en
opinión de Martínez
tiene un “enorme
potencial de
transformación
revolucionaria del
mundo”.
“Este ‘parar las manos’
de la agresión a Irán y
eventualmente a Corea
del Norte, debe ser una
ocupación central de la
reunión. Desde aquí,
debe reconocerse como la
tarea más importante
frenar lo que pudiera
derivar en un conflicto
de exterminio masivo de
la especie humana. Se
hace necesario poner en
tensión todas las
fuerzas capaces de
influir para detener a
los agresores, a los que
tienen el gatillo
nuclear preparado,
utilizando todas las
posibilidades de los
movimientos sociales, de
todos esos que creen en
otro mundo mejor
posible.”
Apunta el economista que
otro aspecto fundamental
en la agenda de este
encuentro es el tema de
la contraofensiva
imperialista en América
Latina, y de manera muy
destacada, su
manifestación militar.
“Es vital entender que
se pretende estrangular
toda la insurgencia
latinoamericana
antineoliberal y
anticapitalista, que no
es más que la cosecha
recogida de siglos de
neocolonialismo y
especialmente de los
últimos 20 años de
políticas neoliberales,
dogmáticas, extremas.
Todo ello ha reforzado a
Latinoamérica como la
región más desigual del
planeta en que la
distancia entre la
extrema pobreza y la
extrema opulencia es la
más escandalosa en el
mundo entero y, por
supuesto, hizo acumular
una carga tal de
injusticia social en la
región, que hoy se
manifiesta en estas
formas de búsqueda del
socialismo del siglo XXI
y en las diferentes
variantes en que cada
pueblo demuestra la
inconformidad y la
rebeldía con la
situación existente”.
Yendo hacia asuntos más
concretos, Martínez
señala el conjunto de
batallas de
reivindicación del FSM:
las luchas por evitar la
privatización de
servicios públicos
básicos; la defensa del
medio ambiente; la lucha
contra las empresas
trasnacionales
depredadoras; la lucha
por los derechos de la
mujer, por la igualdad
de género; el apoyo a
los movimientos
campesinos contra el
agribusiness
impulsado por las
trasnacionales del
negocio agropecuario,
entre otros. “Todas esas
batallas son válidas,
sin embargo, debemos
estar alertas frente al
peligro de la
dispersión, de la
multiplicidad de
pequeños foros, todos
válidos en sí mismos,
pero que corren el
riesgo de la
atomización. Es
necesario saber definir
objetivos fundamentales.
En este momento, sin
renunciar a la lucha por
la justicia social, por
el socialismo del siglo
XXI y por todas las
banderas de los
movimientos sociales, se
hace ineludible parar la
mano de la agresión
bélica y la
contraofensiva
imperialista en América
Latina y adoptar una
posición aún más fuerte
en relación con la
catástrofe ecológica que
se cierne sobre el
planeta, que tiene en el
derrame de petróleo del
Golfo de México la
expresión más
escandalosa”.
Movimientos sociales:
capacidad de
convocatoria y presión
de calle
Preguntado por cuáles, a
su juicio, son las
oportunidades reales de
los movimientos sociales
de ganarle terreno a la
contraofensiva
imperialista, Osvaldo
Martínez explica que “no
solo cuentan con
posibilidades teóricas.
Han podido tener logros
realmente importantes.
Si los movimientos
sociales actúan con
energía, con unidad, con
claridad, constituyen
una fuerza política de
una dimensión
fundamental. Cuando el
Acuerdo Multilateral de
Inversiones intentó
imponerse y se
vislumbraba como el
súmmun del dominio
neoliberal en la
economía mundial, fueron
los movimientos sociales
los que filtraron el
tratado que estaba
negociándose
secretamente
convirtiéndolo en un
gran tema de
movilización mundial,
hasta que llegaron a
detenerlo. Los
movimientos sociales han
sido capaces, por
ejemplo, de hacer
fracasar la ronda de
negociaciones
comerciales
multilaterales de la
OMC, con sus grandes
movilizaciones en
Seattle. Han sido
capaces de frenar
intentos de
privatización del agua,
etcétera”.
“Estos movimientos han
demostrado una gran
capacidad de
movilización que ha sido
desigual, episódica. No
resulta una fuerza que
funciona perfectamente,
pero representan hoy en
el mundo la fuerza
movilizadora de masas
más importante que
tenemos. Si los
movimientos sociales
asumen estas posiciones
y las convierten en
grandes manifestaciones
de masas, utilizando su
capacidad de
convocatoria y su enorme
presión a nivel de
calle, tienen
posibilidades reales de
ejercer mucha
influencia. Ahora se
impone actuar con la
mayor velocidad posible
puesto que este tema de
la guerra o la paz se
está decidiendo en muy
pocos días. Los
movimientos sociales
tienen ahora una gran
oportunidad y un gran
deber de parar esta
locura bélica y
demostrar su fuerza con
grandes manifestaciones
de calle. Tienen en sus
manos el poder de
persuadir aportando no
solamente ideas,
argumentos, sino
mostrando músculo
movilizativo político,
volcando a las calles
grandes masas de
personas, imponiendo la
voz aun dentro del tan
conocido cerco
mediático, tratando de
trascenderlo al máximo y
convertirse en una
fuerza política
beligerante de
importancia en el mundo
actual.”
Un escenario de lucha
Entiende el economista
que los movimientos
sociales continúan
teniendo un importante
carácter alternativo
ante las formas de
dominación económicas,
políticas y culturales
de las clases
dominantes, aunque el
FSM es muy heterogéneo y
no está exento de
contradicciones
internas: “Una vasta
gama de movimientos que
comparten posiciones
antineoliberales, pero
no necesariamente
anticapitalistas, y
corren el riesgo de la
dispersión temática y de
quedarse encerradas en
algunas ideas que
tuvieron validez en el
momento en que surgió el
FSM, en que el
predominio neoliberal
era casi absoluto, pero
que ahora ya pueden
estar actuando como
frenos. Tal es el caso
del apoliticismo
manifestado en ciertas
posiciones, de no
‘contaminarse’ con los
gobiernos, en relaciones
con partidos, lo cual es
hoy una limitante. En
ese movimiento existen
también un Norte y un
Sur. Hay un conjunto de
ONG europeas, o de
países desarrollados que
tienen mayor capacidad
financiera que otras,
pero no manifiestan las
posiciones políticas más
avanzadas, sino las que
en algunas ocasiones se
abroquelan detrás del
propio no-contacto con
gobiernos y partidos.
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“Dentro del FSM hay
contradicciones, es
también un escenario de
lucha, no podía ser de
otro modo, pero sigue
siendo el fenómeno
político más interesante
y más novedoso que ha
surgido en las últimas
dos décadas: han cambiado
los modos de hacer
política y de
entenderla, sin estar
exento de peligros y de
caminos errados que
pueden llevar a
callejones sin salida.
Este movimiento ha sido
capaz de nuclear a una
gran cantidad de gente
valiosa, de luchadores
sociales realmente
interesados en el cambio
sistémico, en un mundo
mejor no en abstracto,
no con pequeños parches
para las desigualdades,
con ciertas políticas
asistenciales para
mejorar la pobreza, sino
un verdadero cambio de
sistema; un mundo mejor
con el nombre del
socialismo y, ante todo,
un compromiso con la
erradicación y la
derrota definitiva del
capitalismo.”
América Latina en los
días del Foro
“El Foro Social de las
Américas
ocurre en un momento en
el cual la crisis
continúa batiéndose
sobre la economía
mundial —advierte el
director del CEEM—. Sin
dejar de azotar a EE.UU., su epicentro y
lugar en el cual se
desencadenó, ha
trasladado su escenario
predilecto de acción en
estos momentos hacia
Europa, donde se
desarrollan los
episodios de crisis más
profunda. América Latina
sufre lo mismo cuando la
crisis afecta a EE.UU.
que cuando afecta a
Europa, lo cual
significa que los
grandes mercados de
exportación de la región
se contraen y el
Continente sufre el
impacto.
“En lo político,
Latinoamérica se
encuentra en un momento
de grandes definiciones,
tiene una situación muy
peculiar, pues hoy están
trazados con mucha
claridad dos grandes
campos: uno de gobiernos
con orientación de
izquierda, algunos con
orientación claramente
socialista como es el
caso de Venezuela,
gobiernos
antineoliberales,
gobiernos de matices de
nacionalismo
revolucionario, y otro
grupo que está siendo
utilizado como centro de
una contraofensiva
imperialista: es el caso
de Chile, Perú, el
gobierno colombiano y la
conocida dependencia del
mexicano; a lo que se
suma la escalada militar
de EE.UU. en América
Latina, con
características muy
graves, como el
despliegue de la Cuarta
Flota, la concesión de
siete bases militares en
territorio de Colombia y
la aparición de tropas
en instalaciones
militares
norteamericanas en Costa
Rica.
“América Latina se
encuentra en una
coyuntura en la cual la
lucha política, la lucha
entre izquierda y
derecha, entre
sometimiento al
imperialismo y rebelión
frente a él, la búsqueda
de nuevas alternativas,
el socialismo con
denominaciones diversas
que busca una esencia de
justicia social, está en
una circunstancia de
ebullición máxima. Ese
enfrentamiento tiene hoy
una primordial
proyección: se está
decidiendo entre el
éxito de la
contraofensiva
imperialista que
pretende retrotraer al
área a etapas de
dependencia y
subordinación o la
continuidad del avance
de las fuerzas populares
y de izquierda tratando
de construir una nueva
realidad
latinoamericana, de
reafirmar una soberanía
en términos de patria
grande, impulsar un
verdadero proceso de
integración, y buscar lo
que Martí llamó ‘la
segunda y verdadera
independencia de este
conjunto de países’.”
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