Año IX
La Habana
14 al 20
 de AGOSTO
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Tiene la palabra el primogénito

Nirma Acosta, Ariana López, Tamara Roselló, I. Soca, M. González e I. Trujillo.
Cobertura especial para La Jiribilla Asunción, Paraguay

 

“Una feria ideológica”, lo ha llamado el Presidente Lula; para su homólogo venezolano, se trata del “evento político más importante del mundo”. Ambas concepciones, presentadas siempre juntas y en supuesto contraste, ocupaban algunas de las reflexiones académicas a raíz del Foro Social Mundial de 2005: “¿dos miradas diferentes para un mismo evento?”, inquiría un articulista en la Agencia Latinoamericana de Información (ALAI). Cinco años más tarde las miradas de ambos líderes no han perdido el jugo, aun cuando no nos quite el sueño la citada cuestión de las “diferencias”: antes bien, se trata de pocas palabras que simbolizan lo que dicho espacio ha significado y significa aún para los latidos progresistas del Continente.  

Apenas en lo que a esta región implica, el alumbramiento de Porto Alegre hace ya nueve años y su progresiva multiplicación en similares y más pequeños eventos locales, regionales o temáticos, con metodologías afines y el mismo espíritu trasgresor, propició el surgimiento de un espacio privilegiado: el Foro Social Américas (FSA), cuya IV edición reúne este año en Paraguay a unas diez mil personas, entre ellas una numerosa representación de líderes de organizaciones populares.  

Por estos días, mucho se teoriza sobre los desafíos y alcances de la cita continental. También se especula. Y a no pocos les pesa la balanza del lado de su liquidez. A otros, sin embargo, la simple vuelta a aquellas polémicas frases pronunciadas por los presidentes, nos lleva la aguja del lado contrario: hace cinco años, cuando el FSA era apenas un frágil recién nacido, quienes se empeñaban en lograr desde la reconstrucción de sus naciones las posibilidades de unión de la región toda, aprehendieron la magna cita de los pueblos en imágenes de un simbolismo hoy intenso.  

A las puertas de su IV edición, el Foro Social Américas ha levantado ya en Asunción las carpas de su gran “feria”: “se podría hacer un mapa por tipos de movimientos, de identidades, percepciones, estrategias y demandas”, puede leerse en el mismo dossier en que este artículo se inscribe. Son criterios del investigador cubano Fernando Martínez Heredia, quien pareciera dialogar con Chávez cuando agrega: “en la medida en que ‘lo político’ vaya teniendo su lugar en los movimientos populares, será más factible armonizar sus necesidades y sus iniciativas con los principales problemas generales del Continente”.  

Sin duda, en ambos términos radica la principal ganancia de este encuentro regional: resultado del big-bang producido a raíz del primer Foro Social Mundial, la cita americana congrega sueños y realidades, alternativas viables y propuestas de miles de movimientos, plataformas, experiencias comunitarias, académicos, comunicadores, activistas ambientales… en un mismo centro, donde se encuentran unos y otros con sus semejantes de otras latitudes. Y en medio de toda esa gran “feria” de diversidades, un ancla: la imputación colectiva a una hegemonía que se disfraza de invisible ―como cierta mano― en las relaciones de poder, en la reproducción de modos patriarcales, clasistas, racistas y excluyentes. Es decir, en la vida cotidiana. Y justo ahí, el segundo aplauso: el Foro ha contribuido a visibilizar que lo cotidiano es hoy más “político” que nunca. Son también estos espacios ―en tanto experiencias ciudadanas donde convergen el acervo de luchas de generaciones, la acumulación del pensamiento crítico en torno a los múltiples temas que convocan, el carácter dialógico de su dinámica y estructura― responsables del salto político que hoy muestra la ciudadanía latinoamericana. Dicho salto, valga decirlo, tamiz por donde además se explican el ascenso y la consolidación de los gobiernos de izquierda, avalados por elecciones.  

No obstante, en ambos términos radican también los principales desafíos: que la “feria” quede solo en mostrarnos los unos ante los otros, significaría ponernos la misma venda que impide verle las manchas al radiante concepto de “multiculturalidad”. Se trata, una vez más, de conocer nuestras fuerzas y de unirlas para encontrar soluciones, con lo mejor de cada una, a problemas continentales y locales. Quizá en esa misma ebullición fragüe la nueva politicidad, ajena a lo que desde la industria liberal se nos vende. Que el Foro no sea un fin en sí mismo. En resumen, de eso se trata. 

La agenda de Paraguay sigue la historia  

Foro Mundial de la Educación, Foro Mundial de la Salud, Foro de la Diversidad Sexual, Foro de Autoridades Locales, Foro Parlamentario Mundial, Foro Social Panamazónico… todas esas citas temáticas han visto la luz, con mayor o menor sistematicidad, a raíz del optimismo que la primera edición del FSM hizo reverdecer en las fuerzas progresistas del mundo. Pero en la cita magna, las grandes y pequeñas preocupaciones conviven.  

Es así como su primogénito continental se prestigia por convocar, en un mismo espacio, lo que podrían ser (y son, muchas veces) foros temáticos independientes: los procesos de cambio que vive la región con nombres y apellidos (posneoliberalismo, integración, socialismos, Revolución ciudadana, Buen Vivir y cambios civilizatorios); preocupaciones que enlazan con dilemas urgentes (Estrategias de militarización y dominación imperial; Las disputas hegemónicas: comunicación, culturas, conocimientos, educación; La Soberanía Alimentaria como núcleo de nuevos equilibrios de vida); cuestiones raigales, definitorias para la reivindicación de los actores sociales del Continente (Pueblos y nacionalidades indígenas, originarios y afrodescendientes: el reto de la plurinacionalidad; Igualdad de género y diversidades). Todas ellas, preocupaciones que han nutrido los debates durante las tres ediciones que preceden la cita de Asunción: cuestiones que articulan con ejes globales de lucha, pero que a la vez vindican al Foro Social Américas en tanto espacio endógeno. A esta cuarta edición, se suma también un eje nunca antes incorporado como tal, aun cuando sí pueda hallársele como catalizador del resto: “Memoria y justicia histórica”.  

Con la incorporación de nuevos ejes y aristas, el Foro de Paraguay se presenta como organismo vivo, recicla preocupaciones ancestrales y las desempolva a la luz de las nuevas. La revisión de sus agendas durante los cuatro encuentros, por tanto, resulta también un repaso de la vida del Continente en los años que corren, esa que algún día imprimirán en blanco y negro los historiadores. Toca al Foro Social Américas servirles de testigo, crecer con ingenio y embestirse ―como su progenitor mundial― en tanto actor político: urgencia que su propio desarrollo viene generando no desde que viera la luz en Quito (2004), sino desde principios de siglo, este nuevo milenio que Porto Alegre celebró con el renacer de los latinoamericanos. O al menos, de aquellos que sintieron latir el corazón a la izquierda del pecho.

 

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La Habana, Cuba. 2010.
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