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Quiero compartir esta alegría. Mi amigo,
mi socio de andanzas adolescentes, el
“bonitillo” Cuquito me escribió un
correo electrónico. Y, por supuesto, que
las pocas líneas me desataron una
multitud de remembranzas.
Cuquito fue el más bien parecido y sobre
todo el más afortunado en amores de todo
nuestro piquete. Ahora me dice, desde
nuestro Tamarindo, “estoy lleno de
nietos”. Y me erizo. Su facilidad para
las novias hubiese hecho suponer esa
fila de divorcios y de hijos dispersos
que —por una falla en la Educación
Sentimental— alguna vez confundimos con
el éxito. Ocurrió que el “Nine Ligón”
—como le decíamos aplaudiendo una suerte
que él se tomaba con sobriedad y
modestia— tropezó justo a tiempo con la
novia indicada y colgó los guantes de
los romances sucesivos, abrazando una
vocación familiar que lo ha llevado
hasta la asumida posición de abuelo
reincidente.
En mi obra Triángulo, el
personaje más vivaz y gracioso se llama
Cuquito. Otro de la misma obra fue
bautizado como Pablo, recordando a “Pabi”,
uno de los entrañables condiscípulos.
Por cierto, Cuquito me cuenta que este
hermano de confesiones juveniles no ha
llegado al puerto de los nietos. En
ambos casos se han dedicado al voleibol
y abrieron la brecha de un deporte,
hasta entonces raro, en nuestra tierra
en la que solo se sabía de juegos de
pelota y montas de toros en las tardes
de rodeo.
Los correos, a veces, asustan pero son
portadores en muchas ocasiones de
reencuentros. Hay buenas noticias que
uno sale proclamando a la calle y otras
que se reservan para mejor ocasión.
Prefiero el diálogo a través de un
mensaje que por teléfono. Los timbrazos
sí que me asustan y, si llamo yo, suelo
padecer el miedo a ser inoportuno. Claro
que siempre es un placer que esté del
otro lado alguien como el espirituano
Laudel, que ama el teatro y no deja de
tejer sueños, o haber intercambiado hace
unas semanas con Catalina, una figura
clave de mi infancia. Si me llama alguna
vez Cuquito, no le hablaré de aquellas
novias de colección, sino del número de
sus nietos y los éxitos actuales de su
ya largo romance con el deporte. |