Año IX
La Habana
2010

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¿DÓNDE QUIERES QUE
TE PONGA EL PLATO?

 
Correo de Cuquito
Amado del Pino • La Habana

Quiero compartir esta alegría. Mi amigo, mi socio de andanzas adolescentes, el “bonitillo” Cuquito me escribió un correo electrónico. Y, por supuesto, que las pocas líneas me desataron una multitud de remembranzas.

Cuquito fue el más bien parecido y sobre todo el más afortunado en amores de todo nuestro piquete. Ahora me dice, desde nuestro Tamarindo, “estoy lleno de nietos”. Y me erizo. Su facilidad para las novias hubiese hecho suponer esa fila de divorcios y de hijos dispersos que —por una falla en la Educación Sentimental— alguna vez confundimos con el éxito. Ocurrió que el “Nine Ligón” —como le decíamos aplaudiendo una suerte que él se tomaba con sobriedad y modestia— tropezó justo a tiempo con la novia indicada y colgó los guantes de los romances sucesivos, abrazando una vocación familiar que lo  ha llevado hasta la asumida posición de abuelo reincidente.

En mi obra Triángulo, el personaje más vivaz y gracioso se llama Cuquito. Otro de la misma obra fue bautizado como Pablo, recordando a “Pabi”, uno de los entrañables condiscípulos. Por cierto, Cuquito me cuenta que este hermano de confesiones juveniles no ha llegado al puerto de los nietos. En ambos casos se han dedicado al voleibol y abrieron la brecha de un deporte, hasta entonces raro, en nuestra tierra en la que solo se sabía de juegos de pelota y montas de toros en las tardes de rodeo.

Los correos, a veces, asustan pero son portadores en muchas ocasiones de reencuentros. Hay buenas noticias que uno sale proclamando a la calle y otras que se reservan para mejor ocasión.

Prefiero el diálogo a través de un mensaje que por teléfono. Los timbrazos sí que me asustan y, si llamo yo, suelo padecer el miedo a ser inoportuno. Claro que siempre es un placer que esté del otro lado alguien como el espirituano Laudel, que ama el teatro y no deja de tejer sueños, o haber intercambiado hace unas semanas con Catalina, una figura clave de mi infancia. Si me llama alguna vez Cuquito, no le hablaré de aquellas novias de colección, sino del número de sus nietos y los éxitos actuales de su ya largo romance con el deporte.
 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2010.
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