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Omar Valiño atesora en
su casa todos los
números de la revista
Tablas. Comenzó a
coleccionarla desde su
primera salida en 1982,
cuando él era estudiante
de la Escuela Vocacional
Ernesto Guevara, de
Santa Clara. En aquellos
primeros días de
acercamiento al teatro,
en un grupito
pretenciosamente llamado
Constantin Sergeyevich
Stanislavski, el
adolescente viajó hasta
los lejanos escenarios
de la capital gracias a
las páginas de la joven
revista.
Dieciocho años después
de aquel primer
encuentro, Omar Valiño
se convirtió en director
de la misma Tablas
que llenaba los estantes
de su casa. Su arribo
definitivo a la
publicación promovió
todo un movimiento
editorial a favor de las
artes escénicas cubanas.
Actualizar el diseño
gráfico,
reconceptualizar algunos
espacios y promover
otros, fue solo el
principio de un trabajo
aún empeñado en
renovarse.
De la mano de Valiño y
de un equipo de jóvenes
teatrólogos y
dramaturgos, la tímida
revista, con tirada
breve y trimestral, dio
a luz la Casa Editorial
Tablas-Alarcos, la única
en Cuba que, hace ya una
década, apostó por las
artes escénicas.
“Antes del año 2000, los
libros de teatro apenas
existían, las
editoriales que
empezaban a recuperarse
de la larga crisis de
los años 90 tenían el
teatro entre relegado y
abandonado. La mesa
estaba servida para la
idea que había propuesto
al Consejo Nacional de
Artes Escénicas (CNAE)
sobre hacer un sello
editorial aprovechando
el camino ya desandado
por la revista. Yo tenía
experiencia editorial en
el mundo revistero, pero
no en el de los libros,
y aunque son dinámicas y
exigencias diferentes,
aquel mismo año le
fuimos arriba al
problema. En términos
legales resultó menos
engorroso de lo que
esperábamos”.
¿Para crear la Editorial
nuclearon todo el
proyecto alrededor de
los presupuestos de la
revista o partieron de
cero?
Queríamos que Tablas
se convirtiera en un
centro de expansión de
las artes escénicas, en
un proyecto cultural. No
queríamos quedarnos en
la mera edición
trimestral. Los premios
y el segmento de eventos
especiales que empezó
con Los Noventa
Virgilios, en 2002, Los
Ochenta Estorinos y Los
Setenta Eugenios, se
iniciaron después que ya
estaba creado el sello,
incluso, separados en el
tiempo.
Pero desde que nació
Ediciones Alarcos en
2000 no hay duda de que
se convirtió en el gran
edificio que nos dimos a
la tarea de construir en
estos años. La Editorial
cuenta ya con 75 títulos
publicados. Es un sello
con la enorme ventaja de
ser especializado, y
aunque eso puede parecer
estrechez para algunos,
es en realidad una
ventaja. Incluyendo los
libretos de las revistas
hemos publicado 312
obras teatrales
completas de autores
europeos,
latinoamericanos y
cubanos
fundamentalmente. Libros
de técnica teatral,
repertorio para títeres,
ensayos y teorías han
ido llenando el librero
de la Casa Editorial.
Hemos publicado muchos
libros únicos,
incluyendo los de los
autores más importantes
del catálogo. Y Alarcos
tiene el mérito
colateral de haberles
llamado la atención a
otras editoriales sobre
el teatro. Es imposible
que lo abarquemos todo,
y lo que otros sellos
han hecho, nos alegra
muchísimo.
Cuando reconstruimos
desde la prensa impresa
las relaciones políticas
y culturales que se dan
en las sociedades,
descubrimos que las
revistas especializadas
reflejan los mayores
dilemas inherentes a
cada proceso. ¿Cómo
valora ese papel de
testigo de
Tablas-Alarcos en la
escena cubana?
Ha tenido un papel
importante en el
reposicionamiento de la
dramaturgia cubana; ha
sido parte del
movimiento que ha
mostrado a los autores
nuevos que están
escribiendo textos
valiosos en estos
momentos. La única
colección de Alarcos que
no publica a autores
cubanos es Escenarios
del mundo, dedicada
a publicar la
dramaturgia y teoría que
se hace en otros países.
Pero Aire frío
―la primera de la
Editorial, que nació con
El baile, de
Abelardo Estorino― tiene
en este momento 30
títulos, muchos de los
cuales tienen más de un
autor hasta sumar casi
70.
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Escenarios
del mundo. |
Los libros y las
revistas toman vida
propia, no me gusta
perseguir la repercusión
de lo que hacemos,
porque sé que las tienen
de manera natural, y
llegan las referencias
en los lugares más
insólitos. Ese para mí
es el pago absoluto de
esta aventura que es la
Casa Editorial.
Vivian Martínez se
refiere a la revista
Tablas de los
primeros años “como
vehículo de promoción,
diálogo y jerarquización
de la escena desde el
efectivo estímulo a la
crítica”. ¿Cómo
calificaría a la
Tablas revista que
ha dirigido en estos
últimos diez años?
En la revista los
objetivos se han
mantenido intactos a lo
largo de casi 30 años,
pero digo intactos en la
relación con la historia
y el presente del teatro
y de las artes escénicas
en general. El
movimiento legitimado
por la crítica se ha
ensanchado mucho, y la
revista ha tenido que
desplazarse del teatro a
las artes escénicas.
El terreno a abarcar es
amplio, y está lleno de
nichos diferentes porque
ni siquiera se trata
solo del teatro y la
danza; también se
incluyen el circo, el
arte lírico y las
especialidades de cada
uno. Esos subgéneros son
parte de las
dificultades mayores de
la revista porque el
movimiento crítico tiene
que abordarlos.
La publicación tiene
otra diferencia muy
marcada con sus primeros
años, y no solo que ha
sido madre del proyecto
mayor que es la Casa
Editorial, también que
ha incentivado mucho el
activismo en términos de
eventos, actividades,
madrinazgo de proyectos
que llegan, incluso, al
borde de la producción
escénica misma, y que
trascienden sus páginas.
Tablas
surgió como un medio
casi periodístico, para
luego convertirse en un
espacio informativo del
Consejo Nacional de las
Artes Escénicas. Sin
embargo, hoy luce como
si intentara equilibrar
esas funciones, pero con
una tendencia marcada al
pensamiento teórico.
Las revistas se parecen
mucho, a veces
demasiado, a la gente
que las hace. En la
acción fundacional de
Tablas estuvo Rosa
Ileana Boudet, cuyo
oficio principal era el
periodismo, y aunque no
renunciara, por
supuesto, a otros
géneros de pensamiento,
la revista tenía ese
corte muy legible, en
función del contacto con
el lector. Creo, además,
que ella lo concibió con
toda intención, porque
al lector de los años 80
había que conquistarlo.
En aquella etapa apenas
existían revistas
especializadas, y
Tablas llegó en el
momento en que se
reconstituía el tejido
del teatro cubano, roto
por las políticas
culturales de los años
70.
En nuestro equipo de
estos diez años no han
trabajado periodistas.
Cuando llegamos a
Tablas, ya tenía su
lugar en el mundo
revistero y había
asumido una política más
reflexiva, teórica a
veces y mucho menos
periodística. Posición
acentuada aún más en
esta última etapa porque
el equipo del último
lustro es de gente muy
joven formada en el
Instituto Superior de
Arte (ISA), a quienes el
pensamiento, la
reflexión y la teoría
les interesan más que la
crítica misma.
¿Con esta tendencia a la
teorización no siente el
riesgo de privilegiar
alguna jerarquía entre
los creadores y
hacedores de teatro
cubano?
Ese es el dilema
fundamental de la
revista, porque la tela
que debe cortar es cada
vez más grande, y cada
vez está más extendida
por todo el país. Las
dificultades para cortar
dentro de esa tela están
muy relacionadas con las
del movimiento
teatrológico cubano,
sobre todo porque aborda
más el teatro que otras
especialidades. Pero ni
nosotros ni los lectores
podemos olvidar que esa
tijera, que es toda
revista especializada,
corta un espacio
constituido desde una
jerarquía. Tablas
no es la libreta de
abastecimiento que lo
poco que reparte lo
reparte por igual para
todo el mundo.
Es indudable que Argos
Teatro, Buendía, Teatro
de las Estaciones,
Estudio Teatral de Santa
Clara, Teatro El
Público, El Ciervo
Encantado, están más en
la revista porque su
producción y sus
resultados merecen ser
privilegiados. Y a su
vez esa jerarquía no
puede olvidar los otros
caminos.
Aún con esas
dificultades, si miramos
a Tablas sin
prejuicios podemos
observar el amplísimo
espectro de las artes
escénicas que ha
contemplado en estos
diez años. Tenemos todas
las estadísticas y las
vamos actualizando
número a número, en
autores, en referencias,
en eventos, no solo
desde la palabra escrita
e impresa, también desde
los espacios gráficos.
Por supuesto que en la
búsqueda de ese balance
también nos equivocamos,
pero al menos partimos
siempre de un debate
consciente de lo que
hacemos.
La búsqueda de ese
equilibrio se produce en
medio de una curiosa
situación: en Cuba se
habla mucho de la
escasez de un movimiento
teatral juvenil, sin
embargo, en el ejercicio
de pensamiento que se ha
dedicado a hacer la
revista e, incluso, en
el trabajo de la Casa
Editorial, sucede todo
lo contrario. ¿Cuáles
son los retos y las
ventajas de trabajar con
un equipo tan joven?
Son muy críticos con lo
que ven en el teatro
cubano, a veces
radicalmente críticos.
En el fondo yo también
lo soy, pero el tiempo
me ha limado, y hoy
medio en esa relación
entre esa radicalidad
crítica de los más
jóvenes y el resto del
equipo. Y esa es la
dinámica que la revista
vive en todo su diseño
conceptual, editorial y
gráfico.
No sé, cabalmente, si he
preferido trabajar con
un equipo joven o ha
sido un suceso
coyuntural; pero estoy
seguro de que prefiero
trabajar con un equipo
con mucho por aprender,
que con uno vencido por
la inopia. Es cierto que
a veces uno se siente
agobiado cuando alguien
ya formado en el oficio
se va, y el malestar no
es por ningún prurito de
orden personal, sino
porque en ese pequeño
equipo de Tablas
nos hemos aportado mucho
unos a los otros. Y lo
que siento cuando
alguien se va es que
deja de aportar lo
ganado.
Ese equipo joven que por
uno u otro motivo hoy
forma Tablas-Alarcos me
aporta lo mismo que las
clases que imparto en el
ISA: una visión
permanentemente
diferente del teatro.
Eso enriquece el espacio
de conflictividad que es
la revista.
¿Cree que el público
lector, principalmente
el especializado, se
enfrenta prejuiciado a
una Casa Editorial
coordinada en su mayoría
por jóvenes?
Han sido años en los que
el teatro cubano y las
artes escénicas en
general han recuperado
un espacio que habían
perdido. Y al crecer el
público que va al
teatro, creció también
el interesado en la
producción editorial
relacionada. No tengo
estadísticas, pero los
lectores de Tablas
y de la Editorial
Alarcos han crecido
mucho en estos años. Es
cierto que la revista es
un vehículo de mediación
entre un pensamiento y
la recepción de ese
pensamiento; pero
siempre digo que el peor
enemigo que tiene la
tradición teatral cubana
―y quizá todas las artes
escénicas― es la
tradición misma y las
personas que se creen
poseedoras absolutas de
esa tradición.
Tablas
es muy consciente de esa
dificultad y parte de
los proyectos
fundamentales que la
Casa Editorial promueve
se concentran en
tironear de la
tradición. Me parece un
deber permanente y
estratégico sembrar
futuridad, y ese
compromiso se enfrenta
al muro de los
autodenominados
poseedores de la
tradición, que en su
mayoría viven de la
repetición de un
ejercicio mediocre.
¿Tubo de ensayo es uno
de esos tirones de la
tradición?
En algún momento pensé
que, contrario a mi
generación, a este grupo
de teatrólogos, de
dramaturgos, les faltaba
un catalizador para
estimular su creación.
Pero si algún papel
tengo en Tubo de ensayo
es solo incentivarlo.
En Yohayna (Hernández),
en William (Ruiz), en
Dianelis (Diéguez), en
(Amarilis Pérez) Vera y
en otros, noté que solo
les faltaba concientizar
cuál era ese espacio. Lo
han ido
conceptualizando, y hoy
me parece de lo más
interesante entre lo
subterráneo y no tan
visible que está
ocurriendo en el teatro
cubano en los últimos
años. Grandes resultados
no tiene todavía el
proyecto, pero los dará.
Apostar eso en arte es
siempre muy riesgoso,
pero en Tubo de ensayo
hay una dramaturgia que
está cambiando muchas
perspectivas, hay
atisbos de dirección
escénica y otros
procesos que empiezan a
generar contactos con el
público y con otras
manifestaciones
parecidas fuera de Cuba.
Siempre digo que el
mejor resultado del
teatro cubano aún no se
ha visto, por eso es
necesario mover las
piedras, y no quedarse
en el muro de la
tradición.
Y el sitio web de
Tablas-Alarcos en
Internet, ¿cuánto les ha
aportado a esa
perspectiva plural de su
trabajo?
Siento que todavía no se
aprovecha
suficientemente el
espacio Oficio de la
crítica. Ahí podrían
estar los dosieres de
buena parte de lo que
sucede en las artes
escénicas cubanas,
durante un espacio largo
de tiempo y en un
espacio prácticamente
infinito de
aproximaciones a un
mismo espectáculo. La
convivencia de una
crítica con otra es un
suceso que quisiéramos
tener en las revistas
impresas, pero un suceso
inalcanzable a falta de
espacio.
Ya tenemos el diseño y
la organización de una
nueva web,
encargada para la
integración que en un
año aproximadamente
vamos a tener en El
Tándem.
Pero El Tándem es
el boletín mensual de la
Casa Editorial...
El antiguo cine Olimpia,
en las calles Línea y B,
en Plaza de la
Revolución, es un
espacio que, de conjunto
con el Consejo Nacional
de las Artes Escénicas,
concebimos para
reapropiarnos del
espacio. Una sala
teatral que se llamará
Raquel Revuelta y un
espacio físico mayor que
el de San Ignacio 166,
permitirá a la Casa
Editorial trabajar
coherente y
sistemáticamente en los
proyectos en los que hoy
tiene regados por toda
Cuba.
En cuanto el plan
constructivo comenzó a
concretarse nos
planteamos buscarle un
nombre que por sí solo
enunciara la
aproximación que
queremos lograr con el
público. Se nos ocurrió
El Tándem, porque
es el espacio central de
un ingenio azucarero, es
como una enorme
maquinaria donde se unen
herramientas diferentes
para moler la caña y
llegar hasta el azúcar.
Para nosotros esa única
producción en función de
la que movemos todo
nuestro trabajo es el
teatro, de ahí nuestro
pequeño homenaje en el
centro del Vedado al
proceso que nos hizo el
país que somos.
Es un nombre que a
nosotros mismos nos ha
explicado mejor cómo
queremos ser. No
quisimos esperar por la
apertura del espacio
porque apropiarse de un
nombre es muy difícil,
así que fundamos el
boletín El Tándem.
Y nos encanta esto que
hemos hallado: El
Tándem, un ingenio
de producción teatral.
¿El boletín y el sitio
nacieron para suplir el
defasaje temporal que
tiene la impresión de la
revista?
Esa es nuestra desgracia
y se debe a tres motivos
fundamentales: en el
2006 Tablas
estaba al día, pero se
produjo un recambio de
la mayoría del equipo, y
el nuevo era muy pequeño
y sin la experiencia del
anterior, por lo que los
procesos de realización
se demoraron más. A
partir de ese mismo año,
la Editorial Alarcos
comenzó a crecer hasta
desplazar a Tablas
en atención. Y la
revista quedó
paradójicamente como un
espacio subordinado. El
tercer elemento es el
choque casi permanente
con los problemas
poligráficos.
Este año nos propusimos
poner la revista al día,
y aun cuando estamos en
septiembre, no hemos
renunciado a ello.
Preparamos un anuario en
2009, el número más
grande de la historia de
la publicación, que
reúne cuatro números y
es un verdadero libro
sobre el teatro y la
Revolución. Pero lleva
ya tres meses y medio en
la imprenta. Otros dos
números sencillos, el
uno y el dos de 2010,
están en la misma fase.
Lo único bueno de este
desfasaje es que
reforzamos el equipo
realizador de la
revista, para que no se
vuelva a repetir el
atraso.
¿Cómo ve desde
Tablas-Alarcos la salud
de la escena cubana
actual?
Los eventos de la Casa
Editorial se concentran
en jerarquizar la figura
de grandes dramaturgos
cubanos, también le
hemos dedicado eventos a
la dramaturgia misma, a
pensarla, discutirla,
espolearla y
jerarquizarla al mismo
tiempo. El panorama de
los últimos meses del
teatro cubano muestra la
existencia de
dramaturgia cubana en
procesos de montaje, en
escena y por razones
absolutamente naturales.
Estaba claro que si
ocurría un movimiento de
acercamiento y diálogo
como el que se dio tanto
dentro como fuera de
Tablas, la
dramaturgia cubana
llegaría a los
escenarios de manera
natural y no como un
mandato burocrático.
Reafirmo esto con cierta
pasión porque todavía
hay quienes creen en
esos mandatos
burocráticos y así no
funciona el arte. Una
entidad editorial puede
servir de vehículo
porque indirectamente
propicia acceso a
determinado material, y
hoy existe un grupo en
Pinar del Río montando
Caridad Svich o a Abel
González Melo,
de Abel González Melo, o
un grupo en Sancti
Spíritus preparando una
obra de Amado del Pino.
Además de que todo el
teatro cubano no tiene
que ser de dramaturgia
cubana.
Con panorama tan
alentador, en el que
Tablas-Alarcos ha jugado
un importante papel,
¿por qué ha pensado en
dejar la dirección de la
Casa Editorial?
Porque aunque lucho
permanentemente contra
mi cansancio, no quiere
decir que a veces no
esté cansado. Pero
siempre Tablas-Alarcos
me incentiva. Es un
movimiento pendular, y
casi siempre sus
estímulos llegan en el
momento en que estoy más
“obstina´o”. Cuando
llega el resultado de
algo que hicimos antes,
me confirma que sí tiene
sentido seguir.
Estos trabajos tienen la
parte especializada,
técnica, hermosa; pero
exigen también la
construcción de la base
logística, que a veces
me abruma. Lo que pasa
es que al final siento
que vale la pena llenar
el estante, descubrir en
cada libro y en cada
revista esa utilidad
insólita del arte… Y
también porque todo lo
demás que se puede hacer
desde la UNEAC (Unión de
Escritores y Artistas de
Cuba), es un aporte
social; pero mi trabajo
profesional como
teatrólogo se cumple en
Tablas-Alarcos. |