Año IX
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Omar Valiño:

El feliz alumbramiento de Tablas-Alarcos

D. M. Vento • La Habana

Fotos: Antonio Pons

 

Omar Valiño atesora en su casa todos los números de la revista Tablas. Comenzó a coleccionarla desde su primera salida en 1982, cuando él era estudiante de la Escuela Vocacional Ernesto Guevara, de Santa Clara. En aquellos primeros días de acercamiento al teatro, en un grupito pretenciosamente llamado Constantin Sergeyevich Stanislavski, el adolescente viajó hasta los lejanos escenarios de la capital gracias a las páginas de la joven revista.

Dieciocho años después de aquel primer encuentro, Omar Valiño se convirtió en director de la misma Tablas que llenaba los estantes de su casa. Su arribo definitivo a la publicación promovió todo un movimiento editorial a favor de las artes escénicas cubanas. Actualizar el diseño gráfico, reconceptualizar algunos espacios y promover otros, fue solo el principio de un trabajo aún empeñado en renovarse.

De la mano de Valiño y de un equipo de jóvenes teatrólogos y dramaturgos, la tímida revista, con tirada breve y trimestral, dio a luz la Casa Editorial Tablas-Alarcos, la única en Cuba que, hace ya una década, apostó por las artes escénicas.

“Antes del año 2000, los libros de teatro apenas existían, las editoriales que empezaban a recuperarse de la larga crisis de los años 90 tenían el teatro entre relegado y abandonado. La mesa estaba servida para la idea que había propuesto al Consejo Nacional de Artes Escénicas (CNAE) sobre hacer un sello editorial aprovechando el camino ya desandado por la revista. Yo tenía experiencia editorial en el mundo revistero, pero no en el de los libros, y aunque son dinámicas y exigencias diferentes, aquel mismo año le fuimos arriba al problema. En términos legales resultó menos engorroso de lo que esperábamos”.

¿Para crear la Editorial nuclearon todo el proyecto alrededor de los presupuestos de la revista o partieron de cero?

Queríamos que Tablas se convirtiera en un centro de expansión de las artes escénicas, en un proyecto cultural. No queríamos quedarnos en la mera edición trimestral. Los premios y el segmento de eventos especiales que empezó con Los Noventa Virgilios, en 2002, Los Ochenta Estorinos y Los Setenta Eugenios, se iniciaron después que ya estaba creado el sello, incluso, separados en el tiempo.

Pero desde que nació Ediciones Alarcos en 2000 no hay duda de que se convirtió en el gran edificio que nos dimos a la tarea de construir en estos años. La Editorial cuenta ya con 75 títulos publicados. Es un sello con la enorme ventaja de ser especializado, y aunque eso puede parecer estrechez para algunos, es en realidad una ventaja. Incluyendo los libretos de las revistas hemos publicado 312 obras teatrales completas de autores europeos, latinoamericanos y cubanos fundamentalmente. Libros de técnica teatral, repertorio para títeres, ensayos y teorías han ido llenando el librero de la Casa Editorial.

Hemos publicado muchos libros únicos, incluyendo los de los autores más importantes del catálogo. Y Alarcos tiene el mérito colateral de haberles llamado la atención a otras editoriales sobre el teatro. Es imposible que lo abarquemos todo, y lo que otros sellos han hecho, nos alegra muchísimo.

Cuando reconstruimos desde la prensa impresa las relaciones políticas y culturales que se dan en las sociedades, descubrimos que las revistas especializadas reflejan los mayores dilemas inherentes a cada proceso. ¿Cómo valora ese papel de testigo de Tablas-Alarcos en la escena cubana?

Ha tenido un papel importante en el reposicionamiento de la dramaturgia cubana; ha sido parte del movimiento que ha mostrado a los autores nuevos que están escribiendo textos valiosos en estos momentos. La única colección de Alarcos que no publica a autores cubanos es Escenarios del mundo, dedicada a publicar la dramaturgia y teoría que se hace en otros países. Pero Aire frío ―la primera de la Editorial, que nació con El baile, de Abelardo Estorino― tiene en este momento 30 títulos, muchos de los cuales tienen más de un autor hasta sumar casi 70.


Escenarios del mundo.

Los libros y las revistas toman vida propia, no me gusta perseguir la repercusión de lo que hacemos, porque sé que las tienen de manera natural, y llegan las referencias en los lugares más insólitos. Ese para mí es el pago absoluto de esta aventura que es la Casa Editorial.

Vivian Martínez se refiere a la revista Tablas de los primeros años “como vehículo de promoción, diálogo y jerarquización de la escena desde el efectivo estímulo a la crítica”. ¿Cómo calificaría a la Tablas revista que ha dirigido en estos últimos diez años?

En la revista los objetivos se han mantenido intactos a lo largo de casi 30 años, pero digo intactos en la relación con la historia y el presente del teatro y de las artes escénicas en general. El movimiento legitimado por la crítica se ha ensanchado mucho, y la revista ha tenido que desplazarse del teatro a las artes escénicas.

El terreno a abarcar es amplio, y está lleno de nichos diferentes porque ni siquiera se trata solo del teatro y la danza; también se incluyen el circo, el arte lírico y las especialidades de cada uno. Esos subgéneros son parte de las dificultades mayores de la revista porque el movimiento crítico tiene que abordarlos.

La publicación tiene otra diferencia muy marcada con sus primeros años, y no solo que ha sido madre del proyecto mayor que es la Casa Editorial, también que ha incentivado mucho el activismo en términos de eventos, actividades, madrinazgo de proyectos que llegan, incluso, al borde de la producción escénica misma, y que trascienden sus páginas.

Tablas surgió como un medio casi periodístico, para luego convertirse en un espacio informativo del Consejo Nacional de las Artes Escénicas. Sin embargo, hoy luce como si intentara equilibrar esas funciones, pero con una tendencia marcada al pensamiento teórico.

Las revistas se parecen mucho, a veces demasiado, a la gente que las hace. En la acción fundacional de Tablas estuvo Rosa Ileana Boudet, cuyo oficio principal era el periodismo, y aunque no renunciara, por supuesto, a otros géneros de pensamiento, la revista tenía ese corte muy legible, en función del contacto con el lector. Creo, además, que ella lo concibió con toda intención, porque al lector de los años 80 había que conquistarlo. En aquella etapa apenas existían revistas especializadas, y Tablas llegó en el momento en que se reconstituía el tejido del teatro cubano, roto por las políticas culturales de los años 70.

En nuestro equipo de estos diez años no han trabajado periodistas. Cuando llegamos a Tablas, ya tenía su lugar en el mundo revistero y había asumido una política más reflexiva, teórica a veces y mucho menos periodística. Posición acentuada aún más en esta última etapa porque el equipo del último lustro es de gente muy joven formada en el Instituto Superior de Arte (ISA), a quienes el pensamiento, la reflexión y la teoría les interesan más que la crítica misma.

¿Con esta tendencia a la teorización no siente el riesgo de privilegiar alguna jerarquía entre los creadores y hacedores de teatro cubano?

Ese es el dilema fundamental de la revista, porque la tela que debe cortar es cada vez más grande, y cada vez está más extendida por todo el país. Las dificultades para cortar dentro de esa tela están muy relacionadas con las del movimiento teatrológico cubano, sobre todo porque aborda más el teatro que otras especialidades. Pero ni nosotros ni los lectores podemos olvidar que esa tijera, que es toda revista especializada, corta un espacio constituido desde una jerarquía. Tablas no es la libreta de abastecimiento que lo poco que reparte lo reparte por igual para todo el mundo.

Es indudable que Argos Teatro, Buendía, Teatro de las Estaciones, Estudio Teatral de Santa Clara, Teatro El Público, El Ciervo Encantado, están más en la revista porque su producción y sus resultados merecen ser privilegiados. Y a su vez esa jerarquía no puede olvidar los otros caminos.

Aún con esas dificultades, si miramos a Tablas sin prejuicios podemos observar el amplísimo espectro de las artes escénicas que ha contemplado en estos diez años. Tenemos todas las estadísticas y las vamos actualizando número a número, en autores, en referencias, en eventos, no solo desde la palabra escrita e impresa, también desde los espacios gráficos. Por supuesto que en la búsqueda de ese balance también nos equivocamos, pero al menos partimos siempre de un debate consciente de lo que hacemos.

La búsqueda de ese equilibrio se produce en medio de una curiosa situación: en Cuba se habla mucho de la escasez de un movimiento teatral juvenil, sin embargo, en el ejercicio de pensamiento que se ha dedicado a hacer la revista e, incluso, en el trabajo de la Casa Editorial, sucede todo lo contrario. ¿Cuáles son los retos y las ventajas de trabajar con un equipo tan joven?

Son muy críticos con lo que ven en el teatro cubano, a veces radicalmente críticos. En el fondo yo también lo soy, pero el tiempo me ha limado, y hoy medio en esa relación entre esa radicalidad crítica de los más jóvenes y el resto del equipo. Y esa es la dinámica que la revista vive en todo su diseño conceptual, editorial y gráfico.

No sé, cabalmente, si he preferido trabajar con un equipo joven o ha sido un suceso coyuntural; pero estoy seguro de que prefiero trabajar con un equipo con mucho por aprender, que con uno vencido por la inopia. Es cierto que a veces uno se siente agobiado cuando alguien ya formado en el oficio se va, y el malestar no es por ningún prurito de orden personal, sino porque en ese pequeño equipo de Tablas nos hemos aportado mucho unos a los otros. Y lo que siento cuando alguien se va es que deja de aportar lo ganado.

Ese equipo joven que por uno u otro motivo hoy forma Tablas-Alarcos me aporta lo mismo que las clases que imparto en el ISA: una visión permanentemente diferente del teatro. Eso enriquece el espacio de conflictividad que es la revista.

¿Cree que el público lector, principalmente el especializado, se enfrenta prejuiciado a una Casa Editorial coordinada en su mayoría por jóvenes?

Han sido años en los que el teatro cubano y las artes escénicas en general han recuperado un espacio que habían perdido. Y al crecer el público que va al teatro, creció también el interesado en la producción editorial relacionada. No tengo estadísticas, pero los lectores de Tablas y de la Editorial Alarcos han crecido mucho en estos años. Es cierto que la revista es un vehículo de mediación entre un pensamiento y la recepción de ese pensamiento; pero siempre digo que el peor enemigo que tiene la tradición teatral cubana ―y quizá todas las artes escénicas― es la tradición misma y las personas que se creen poseedoras absolutas de esa tradición.

Tablas es muy consciente de esa dificultad y parte de los proyectos fundamentales que la Casa Editorial promueve se concentran en tironear de la tradición. Me parece un deber permanente y estratégico sembrar futuridad, y ese compromiso se enfrenta al muro de los autodenominados poseedores de la tradición, que en su mayoría viven de la repetición de un ejercicio mediocre.

¿Tubo de ensayo es uno de esos tirones de la tradición?

En algún momento pensé que, contrario a mi generación, a este grupo de teatrólogos, de dramaturgos, les faltaba un catalizador para estimular su creación. Pero si algún papel tengo en Tubo de ensayo es solo incentivarlo.

En Yohayna (Hernández), en William (Ruiz), en Dianelis (Diéguez), en (Amarilis Pérez) Vera y en otros, noté que solo les faltaba concientizar cuál era ese espacio. Lo han ido conceptualizando, y hoy me parece de lo más interesante entre lo subterráneo y no tan visible que está ocurriendo en el teatro cubano en los últimos años. Grandes resultados no tiene todavía el proyecto, pero los dará. Apostar eso en arte es siempre muy riesgoso, pero en Tubo de ensayo hay una dramaturgia que está cambiando muchas perspectivas, hay atisbos de dirección escénica y otros procesos que empiezan a generar contactos con el público y con otras manifestaciones parecidas fuera de Cuba.

Siempre digo que el mejor resultado del teatro cubano aún no se ha visto, por eso es necesario mover las piedras, y no quedarse en el muro de la tradición.

Y el sitio web de Tablas-Alarcos en Internet, ¿cuánto les ha aportado a esa perspectiva plural de su trabajo?

Siento que todavía no se aprovecha suficientemente el espacio Oficio de la crítica. Ahí podrían estar los dosieres de buena parte de lo que sucede en las artes escénicas cubanas, durante un espacio largo de tiempo y en un espacio prácticamente infinito de aproximaciones a un mismo espectáculo. La convivencia de una crítica con otra es un suceso que quisiéramos tener en las revistas impresas, pero un suceso inalcanzable a falta de espacio.

Ya tenemos el diseño y la organización de una nueva web, encargada para la integración que en un año aproximadamente vamos a tener en El Tándem.

Pero El Tándem es el boletín mensual de la Casa Editorial...

El antiguo cine Olimpia, en las calles Línea y B, en Plaza de la Revolución, es un espacio que, de conjunto con el Consejo Nacional de las Artes Escénicas, concebimos para reapropiarnos del espacio. Una sala teatral que se llamará Raquel Revuelta y un espacio físico mayor que el de San Ignacio 166, permitirá a la Casa Editorial trabajar coherente y sistemáticamente en los proyectos en los que hoy tiene regados por toda Cuba.

En cuanto el plan constructivo comenzó a concretarse nos planteamos buscarle un nombre que por sí solo enunciara la aproximación que queremos lograr con el público. Se nos ocurrió El Tándem, porque es el espacio central de un ingenio azucarero, es como una enorme maquinaria donde se unen herramientas diferentes para moler la caña y llegar hasta el azúcar. Para nosotros esa única producción en función de la que movemos todo nuestro trabajo es el teatro, de ahí nuestro pequeño homenaje en el centro del Vedado al proceso que nos hizo el país que somos.

Es un nombre que a nosotros mismos nos ha explicado mejor cómo queremos ser. No quisimos esperar por la apertura del espacio porque apropiarse de un nombre es muy difícil, así que fundamos el boletín El Tándem. Y nos encanta esto que hemos hallado: El Tándem, un ingenio de producción teatral.

¿El boletín y el sitio nacieron para suplir el defasaje temporal que tiene la impresión de la revista?

Esa es nuestra desgracia y se debe a tres motivos fundamentales: en el 2006 Tablas estaba al día, pero se produjo un recambio de la mayoría del equipo, y el nuevo era muy pequeño y sin la experiencia del anterior, por lo que los procesos de realización se demoraron más. A partir de ese mismo año, la Editorial Alarcos comenzó a crecer hasta desplazar a Tablas en atención. Y la revista quedó paradójicamente como un espacio subordinado. El tercer elemento es el choque casi permanente con los problemas poligráficos.

Este año nos propusimos poner la revista al día, y aun cuando estamos en septiembre, no hemos renunciado a ello. Preparamos un anuario en 2009, el número más grande de la historia de la publicación, que reúne cuatro números y es un verdadero libro sobre el teatro y la Revolución. Pero lleva ya tres meses y medio en la imprenta. Otros dos números sencillos, el uno y el dos de 2010, están en la misma fase. Lo único bueno de este desfasaje es que reforzamos el equipo realizador de la revista, para que no se vuelva a repetir el atraso.

¿Cómo ve desde Tablas-Alarcos la salud de la escena cubana actual?

Los eventos de la Casa Editorial se concentran en jerarquizar la figura de grandes dramaturgos cubanos, también le hemos dedicado eventos a la dramaturgia misma, a pensarla, discutirla, espolearla y jerarquizarla al mismo tiempo. El panorama de los últimos meses del teatro cubano muestra la existencia de dramaturgia cubana en procesos de montaje, en escena y por razones absolutamente naturales.

Estaba claro que si ocurría un movimiento de acercamiento y diálogo como el que se dio tanto dentro como fuera de Tablas, la dramaturgia cubana llegaría a los escenarios de manera natural y no como un mandato burocrático. Reafirmo esto con cierta pasión porque todavía hay quienes creen en esos mandatos burocráticos y así no funciona el arte. Una entidad editorial puede servir de vehículo porque indirectamente propicia acceso a determinado material, y hoy existe un grupo en Pinar del Río montando Caridad Svich o a Abel González Melo, de Abel González Melo, o un grupo en Sancti Spíritus preparando una obra de Amado del Pino. Además de que todo el teatro cubano no tiene que ser de dramaturgia cubana.

Con panorama tan alentador, en el que Tablas-Alarcos ha jugado un importante papel, ¿por qué ha pensado en dejar la dirección de la Casa Editorial?

Porque aunque lucho permanentemente contra mi cansancio, no quiere decir que a veces no esté cansado. Pero siempre Tablas-Alarcos me incentiva. Es un movimiento pendular, y casi siempre sus estímulos llegan en el momento en que estoy más “obstina´o”. Cuando llega el resultado de algo que hicimos antes, me confirma que sí tiene sentido seguir.

Estos trabajos tienen la parte especializada, técnica, hermosa; pero exigen también la construcción de la base logística, que a veces me abruma. Lo que pasa es que al final siento que vale la pena llenar el estante, descubrir en cada libro y en cada revista esa utilidad insólita del arte… Y también porque todo lo demás que se puede hacer desde la UNEAC (Unión de Escritores y Artistas de Cuba), es un aporte social; pero mi trabajo profesional como teatrólogo se cumple en Tablas-Alarcos.

 

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La Habana, Cuba. 2010.
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