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La Editorial
Tablas-Alarcos surge
—como saben muchos— como
una continuidad y
enriquecimiento de la
revista Tablas,
que se edita desde el ya
casi lejano 1982.
Recuerdo los días del
nacimiento de Tablas,
protagonizado por Rosa
Ileana Boudet y Juan
Carlos Martínez como
editores. También
resultó decisivo en esa
arrancada el aporte del
diseñador Félix Beltrán.
Con la revista pasé
bastante rápido de verla
como algo lejano y
exquisito, a colaborar
en sus páginas y después
convertirme en miembro
del equipo de redacción.
En el 82 era estudiante
de 5to. año de
Teatrología y
Dramaturgia; en el 85
apareció mi nombre en
sus páginas por primera
vez y unos meses después
comencé a trabajar en
Tablas.
Sobre Tablas-Alarcos he
escrito y comentado
bastante. Resulta
evidente que ha
significado una gran
oportunidad de puesta al
día en cuanto a
dramaturgias y estéticas
internacionales, a la
vez que ha dado a
conocer buena parte de
lo mejor de la reflexión
crítica y la creación
dramática en nuestro
ámbito. Omar Valiño ha
logrado nuclear un
equipo pequeño en número
pero muy laborioso y
poco convencional.
En cuanto a los
concursos, me cuesta
comentar pues me tocó
jugar un rol de
protagonista en las
convocatorias iniciales.
Tuve la buena suerte de
ganar las primeras
ediciones del Virgilio
Piñera para dramaturgos
(en 2002) y también del
Rine Leal, que comenzó a
convocarse al año
siguiente y está
destinado a
investigadores y
críticos. Después
celebramos juntos que
El zapato sucio, la
obra ganadora del
Virgilio, se convirtiera
en el primer Premio de
la Crítica para la
editorial. Los concursos
se han mantenido y
contribuyen, como la
editorial toda, a que el
teatro sea valorado como
género literario.
Además, al convertirse
en una tradición, van
dejando una bibliografía
de cara a la memoria
peculiarmente quebradiza
en el caso del hecho
teatral.
Más tarde tuve la
oportunidad de formar
parte del jurado de
estas lides y calibrar
la excelente acogida en
cantidad y calidad. El
año de mi participación
en esa siempre espinosa
labor se impusieron dos
obras formidables: el
texto teatral El
concierto, de Ulises
Rodríguez Febles, y el
sabio ensayo de Elina
Miranda sobre las
resonancias de la
cultura griega en
nuestro ámbito
escénico.
Tablas-Alarcos es una
editorial teatral y lo
es no solo por la
temática de sus libros.
La concepción de su
catálogo, el proceso de
edición y hasta la
circulación de los
títulos se producen al
calor de la vida teatral
cubana de hoy. En
temporadas, festivales o
muestras, los libros
forman parte viva del
hecho artístico. Cuando
algún título provoca
debates y hasta exalta
pasiones, estamos ante
otro síntoma de la
implicación de los
editores y también de la
febril atención de sus
lectores más próximos.
Felicito a
Tablas-Alarcos. Les
deseo muchos años para
colaborar, aplaudir y,
cuando venga al caso,
también discrepar.
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