Año IX
La Habana
25 de SEPTIEMBRE
al 1 de OCTUBRE
de 2010

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Amado del Pino • La Habana

 

La Editorial Tablas-Alarcos surge —como saben muchos— como una continuidad y enriquecimiento de la revista Tablas, que se edita desde el ya casi lejano 1982. 

Recuerdo los días del nacimiento de Tablas, protagonizado por Rosa Ileana Boudet y Juan Carlos Martínez como editores. También resultó decisivo en esa arrancada el aporte del diseñador Félix Beltrán.  

Con la revista pasé bastante rápido de verla como algo lejano y exquisito, a colaborar en sus páginas y después convertirme en miembro del equipo de redacción. En el 82 era estudiante de 5to. año de Teatrología y Dramaturgia; en el 85 apareció mi nombre en sus  páginas por primera vez y unos meses después comencé a trabajar en Tablas

Sobre Tablas-Alarcos he escrito y comentado bastante. Resulta evidente que ha significado una gran oportunidad de puesta al día en cuanto a dramaturgias y estéticas internacionales, a la vez que ha dado a conocer buena parte de lo mejor de la reflexión crítica y la creación dramática en nuestro ámbito. Omar Valiño ha logrado nuclear un equipo pequeño en número pero muy laborioso y poco convencional. 

En cuanto a los concursos, me cuesta comentar pues me tocó jugar un rol de protagonista en las convocatorias iniciales. Tuve la buena suerte de ganar las primeras ediciones del Virgilio Piñera para dramaturgos (en 2002) y también del Rine Leal, que comenzó a convocarse al año siguiente y está destinado a investigadores y críticos. Después celebramos juntos que El zapato sucio, la obra ganadora del Virgilio, se convirtiera en el primer Premio de la Crítica para la editorial. Los concursos se han mantenido y contribuyen, como la editorial toda, a que el teatro sea valorado como género literario. Además, al convertirse en una tradición, van dejando una bibliografía de cara a la memoria peculiarmente quebradiza en el caso del hecho teatral. 

Más tarde tuve la oportunidad de formar parte del jurado de estas lides y calibrar la excelente acogida en cantidad y calidad. El año de mi participación en esa siempre espinosa labor se impusieron dos obras formidables: el texto teatral El concierto, de Ulises Rodríguez Febles, y el sabio ensayo de Elina Miranda sobre las resonancias de la cultura griega en nuestro ámbito escénico. 

Tablas-Alarcos es una editorial teatral y lo es no solo por la temática de sus libros. La concepción de su catálogo, el proceso de edición y hasta la circulación de los títulos se producen al calor de la vida teatral cubana de hoy. En temporadas, festivales o muestras, los libros forman parte viva del hecho artístico. Cuando algún título provoca debates y hasta exalta pasiones, estamos ante otro síntoma de la implicación de los editores y también de la febril atención de sus lectores más próximos. 

Felicito a Tablas-Alarcos. Les deseo muchos años para colaborar, aplaudir y, cuando venga al caso, también discrepar.
 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2010.
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