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En las últimas décadas
del humorismo cubano han
ocurrido hechos que
contribuyen a su
reconocimiento social y
a que se tome más “en
serio” a ese gremio.
La realización en el ya
lejano diciembre de 1993
del 1er. Festival
Nacional del Humor
Aquelarre, y que para
sorpresa de todos es un
evento que se ha
mantenido contra viento
y marea, fue un paso
importante. Bien entrada
la década de los 90, se
creó el Centro Promotor
del Humor, institución
que respalda a los
humoristas y que
también los regaña
“cuando se portan mal”,
que es casi siempre. Por
último, la inclusión de
obras de muchos de los
creadores de ese
movimiento, en las
publicaciones de
Tablas-Alarcos, desde la
primera etapa, es otro
elemento a tener en
cuenta.
Los humoristas, entre
los que tengo la falsa
inmodestia de incluirme,
son seres pensantes, y
parafraseando a Les
Luthiers, podríamos
decir que casi son seres
humanos. Pero son
individuos muy
especiales, atentos a
las circunstancias en
que viven, pendientes de
qué es lo último que
está en la calle,
capaces de mantener
durante más de dos
horas a un público
doblado de la risa, y al
otro día recordar apenas
el 50 por ciento de lo
que hicieron para lograr
ese éxito. Si a estas
características le
agregamos los lógicos
recelos de que otros
utilicen sus chistes, el
desinterés por publicar
“esas cosas cómicas” y
otras manías y
prejuicios, se darán
cuenta de que lograr
seis títulos en estos
años ha sido algo épico.
La persistencia, el
tacto y hasta el asedio
psicológico de un
pequeño equipo, entre
los que también me
incluyo, han hecho
posible que Telones,
Cincomedias, Monólogos
(Personales e
intransferibles),
Comedias sin lente
y, recientemente,
Anodido y la lámpara
maravillosa y
Para-dos en la
escena, lleguen a
manos de familiares,
amigos, fanáticos,
especialistas e,
incluso, de algunas
personas.
La imagen de estos
autores, alegres como
muchachos, el día de la
presentación, mostrando
orgullosos lo que salió
prácticamente de sus
cabezas para el libro,
porque en la mayoría de
los casos no existía ni
manuscrito para guiarse,
indica que el esfuerzo
fue y es válido.
Los humoristas han ido
comprendiendo que esto
es una forma de que sus
obras, tan importantes
como las dramáticas,
tengan un mayor alcance
y perduren en el tiempo.
Muchos ya se ven con los
nietos sentados en las
rodillas repasándoles
las páginas,
explicándoles cada
sketch, e
ilustrándoles los
chistes, para que puedan
captar la esencia de
esos años en que “Éramos
tan cómicos”. |