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Tablas-Alarcos es una
casa, con su anfitrión y
su mesa servida, con
libros abiertos. Libros
de teatro, danza y hasta
circo, que casi
siempre son rara avis en
el mundo editorial. Una
casa donde Omar recibe,
y sus muchachos y
muchachas, sentados a la
mesa, imaginan otros
libros para cubrirla,
para que no falte nada y
el menú sea variado,
equilibrado,
estéticamente proteico y
bello.
En diez años la mesa ha
crecido y no cabe en la
casa de San Ignacio 166,
por eso sale por las
ventanas y puertas,
entre los laberintos de
La Habana, sobre la Isla
y el mar, como una
mesa-enredadera, donde
ellos no quieren que
falte un ingrediente de
la variedad de
generaciones, tendencias
y estilos que nos
caracterizan;
aunque siempre va a
faltar algo y algunos se
quejarán de que no están
los libros que debían o
notarán las ausencias de
otros, porque no todos
piensan lo mismo de la
mesa y de cómo la han
servido.
Insatisfechos han creado
concursos, colecciones,
han aplicado las nuevas
tecnologías para
—ambiciosos y con luz
larga— a pesar de la
escasez, de los
martirios que a veces
sufren los que sueñan y
paren libros, seguir con
la mesa dispuesta y
brindar sus resultados
de diez intensos años,
titánicos y
esplendorosos si
analizamos la carta, que
enorgullece cualquier
biblioteca
especializada, como la
que dirijo en la Calle
Milanés 28007 de
Matanzas, donde
Tablas-Alarcos ayuda
a proveer nuestra mesa,
para mostrarla orgulloso
y compartirla con otros,
expandirla.
Omar Valiño Cedré
siempre muestra sus
libros en cualquier
latitud del mundo (creo
que le falta el Ártico o
Islandia, no recuerdo
bien); los libros de
Tablas-Alarcos llegan
sin mesa, pero vitales y
palpitantes en las
maletas de gente que ama
el teatro cubano: la
dramaturgia, nuestra
historia y teoría están
conociéndose,
disfrutándose a partir
de una estrategia
inteligente y eficaz,
cuya esencia descansa
en que los libros
existen y, por lo tanto,
se pueden leer y
perpetuar como documento
para la posteridad.
Porque quizá lo más
importante de la casa,
de la mesa y de sus
anfitriones, es el
sentido que le dan al
presente; pero
especialmente, la huella
perceptible que dejan,
para un futuro que los
necesitará siempre.
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