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Creo que hace mucho
tiempo que el teatro
dejó de ser para todos
si alguna vez realmente
lo fue. Creo que su
propia identidad lo
exime de serlo. Las
diferencias culturales,
idiomáticas, la
distancia geográfica, la
falibilidad del
cuerpo del actor (en
tanto humano), impiden
la repetición infinita
de un espectáculo, y los
métodos de archivar una
puesta en escena hasta
el momento han
demostrado ser incapaces
de sustituir la
experiencia del teatro
tal cual: en vivo, ese
momento inefable entre
un actor y un
espectador.
Creo que el crítico de
teatro asume su tarea
desde el imposible,
hacer valer su opinión,
sus conocimientos, ante
quienes quizá no vieron
la obra, quienes la
odiaron, quienes la
amaron, quienes la
hicieron y probablemente
no entiendan sus
defectos. Y a pesar de
eso el crítico escribe.
El crítico desglosa una
experiencia y la
convierte en palabras.
Intenta hacer, también,
arte. Sin embargo,
muchas veces su arte no
es reconocido como tal,
incluso, en ocasiones
sus buenas (o malas)
intenciones son
tergiversadas o asumidas
desde su opuesto.
Creo que el crítico de
teatro carga con la
responsabilidad de ser
un espectador lúcido,
que debe ver y comentar
desde el conocimiento y
no desde el gusto, desde
la verdad y no desde la
conveniencia.
Creo que una publicación
como Tablas, que
asume el difícil reto de
ser memoria y actualidad
del teatro cubano, que
intenta sobrevivir por y
para el teatro, que
intenta difundir y
archivar opiniones,
fotos, palabras sobre
ese acto efímero que es
una puesta en escena, no
podría existir sin una
política basada en el
respeto por todos y
hacia todos. Un respeto
para el crítico que
intenta ser certero,
objetivo, constructivo,
el que intenta ejercer
su oficio sin lacerar a
nadie; para el actor que
suda, se lastima y
trabaja durante meses en
procesos de montaje
muchas veces agotadores;
para el director que
aúna voluntades, genera
ideas, inventa sentidos;
para diseñadores,
productores,
maquillistas,
acomodadores; y, por
supuesto, para el
público que busca un
rato agradable.
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Creo que Tablas
tanto en su formato en
papel, como en su sitio
web, no presenta un
modelo único de crítica
que funcione como
paradigma, sino que ha
sido capaz de adaptarse
a las nuevas tentativas
de la escritura, de la
investigación, sin por
ello perder las
características que la
hacen accesible, amena,
útil.
Creo que su interés por
abordar todo género de
creación escénica, los
espectáculos para
adultos, para niños,
cubanos, extranjeros,
los espectáculos
callejeros, performances,
el teatro comunitario,
las lecturas
dramatizadas, el ballet,
la danza, hablan de una
intención que desborda
lo inmediato de las
carteleras citadinas
para inmiscuirse además
en eventos, festivales,
premiaciones, para
generar la polémica, la
dinámica intercultural,
el deseo de un mejor
arte.
Creo que solo la ética y
el compromiso pueden
generar una buena
crítica.
Creo que Tablas
ha sido un medio, una
vía, para criticar
constructivamente.
Creo que las formas van
y vienen, pero solo la
Verdad permanece.
Creo que Tablas,
desde su posición de
juez y parte, pervive
por su compromiso con
esa verdad.
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