Año IX
La Habana
25 de SEPTIEMBRE
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de 2010

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La crítica, el crítico, el medio

Lilianne Lugo • La Habana

 

Creo que hace mucho tiempo que el teatro dejó de ser para todos si alguna vez realmente lo fue. Creo que su propia identidad lo exime de serlo. Las diferencias culturales, idiomáticas, la distancia geográfica, la falibilidad del cuerpo del actor (en tanto humano), impiden la repetición infinita de un espectáculo, y los métodos de archivar una puesta en escena hasta el momento han demostrado ser incapaces de sustituir la experiencia del teatro tal cual: en vivo, ese momento inefable entre un actor y un espectador.

Creo que el crítico de teatro asume su tarea desde el imposible, hacer valer su opinión, sus conocimientos, ante quienes quizá no vieron la obra, quienes la odiaron, quienes la amaron, quienes la hicieron y probablemente no entiendan sus defectos. Y a pesar de eso el crítico escribe. El crítico desglosa una experiencia y la convierte en palabras. Intenta hacer, también, arte. Sin embargo, muchas veces su arte no es reconocido como tal, incluso, en ocasiones sus buenas (o malas) intenciones son tergiversadas o asumidas desde su opuesto.

Creo que el crítico de teatro carga con la responsabilidad de ser un espectador lúcido, que debe ver y comentar desde el conocimiento y no desde el gusto, desde la verdad y no desde la conveniencia.

Creo que una publicación como Tablas, que asume el difícil reto de ser memoria y actualidad del teatro cubano, que intenta sobrevivir por y para el teatro, que intenta difundir y archivar opiniones, fotos, palabras sobre ese acto efímero que es una puesta en escena, no podría existir sin una política basada en el respeto por todos y hacia todos. Un respeto para el crítico que intenta ser certero, objetivo, constructivo, el que intenta ejercer su oficio sin lacerar a nadie; para el actor que suda, se lastima y trabaja durante meses en procesos de montaje muchas veces agotadores; para el director que aúna voluntades, genera ideas, inventa sentidos; para diseñadores, productores, maquillistas, acomodadores; y, por supuesto, para el público que busca un rato agradable.
 

Creo que Tablas tanto en su formato en papel, como en su sitio web, no presenta un modelo único de crítica que funcione como paradigma, sino que ha sido capaz de adaptarse a las nuevas tentativas de la escritura, de la investigación, sin por ello perder las características que la hacen accesible, amena, útil. 

Creo que su interés por abordar todo género de creación escénica, los espectáculos para adultos, para niños, cubanos, extranjeros, los espectáculos callejeros, performances, el teatro comunitario, las lecturas dramatizadas, el ballet, la danza, hablan de una intención que desborda lo inmediato de las carteleras citadinas para inmiscuirse además en eventos, festivales, premiaciones, para generar la polémica, la dinámica intercultural, el deseo de un mejor arte.

Creo que solo la ética y el compromiso pueden generar una buena crítica.

Creo que Tablas ha sido un medio, una vía, para criticar constructivamente.

Creo que las formas van y vienen, pero solo la Verdad permanece.

Creo que Tablas, desde su posición de juez y parte, pervive por su compromiso con esa verdad.               

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2010.
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