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Gracias a la Editorial
Letras Cubanas, y
especialmente a su
director el escritor
Rogelio Riverón, por
estas palabras, por
evocar el mundo en que
estamos, por entrar en
el ámbito “lezamiano”,
por acercarse a aquellos
que han existido,
existen y, por suerte o
por desgracia,
existirán; también por
traernos, a todos
nosotros, otra vez, esta
tarde, al espacio de la
cubanía, del tiempo
insular y acechante.
Jardines invisibles que
José Lezama Lima recrea
tanto en el verso,
como
en la prosa. Siempre
poeta.
Se cumple una misión,
aquí, en uno de los
centros irradiantes de
La Habana, de la Ciudad,
porque la Ciudad no se
limita a La Habana
Vieja, sino que se
extiende y ensancha al
amplio entorno de la
Patria.
Lezama, decía, para
hablar de grupos de
ociosos y de
trabajadores, tratando
de satirizarlos o
disfrutarlos con un
toque humorístico, que a
veces salía de los
límites de la ciudad ―la
calle de Belascoaín―, de
la acera de los números
pares, para palpar de
cerca la turba y su
habla popular, para
escuchar, deleitándose,
con un buchito de café
por medio, en el relato
cotidiano de la
concurrencia. La palabra
coloquial que puede
engendrar sabiduría y
lírica belleza, como
límite imaginativo de la
ciudad tradicional.
Y la remembranza trae a
la mente dos referencias
imprecisas a partir de
las propias oraciones
lezamianas: “novia
china, buena suerte” y
“estoy como lo soñó
Martí”.
Incorporaciones, ambas,
con referencias no solo
populares, sino también
etílicas…
(Capítulo IX de esta
misma novela Paradiso:
cuando “un tipo de
excepción, el que se
apartaba de la necesidad
menor, el anárquico
escapado de la cofradía
de los lupurales, el
guajiro rezagado que
hace esperas de turno o
se desorienta en unas
vacaciones, el amante de
la comadrona, el
billetero que guarda el
azar en el bolsillo de
la guayabera, en el
descanso de su
mercadería errante. Cemí
se sonrió al ver un
guajiro almidonado, ya
por la tercera carrilera
lupular, que hipante y
con los labios
espumantes decía: estoy
como lo soñó Martí, la
poesía sabrosa y sacada
de la guitarra con
azúcar, con el lazo azul
que le puso mi chiquita.
Clara, clarita, clara
como el agua, siempre
viene bien.”)
(En la cantidad
hechizada, en la
sección inicial
“Preludio a las eras
imaginarias” declara:
“Estoy en un café de la
mesa donde están
aposentados los
jugadores, sale una voz:
“todo el que tiene una
novia china, tiene buena
suerte”. Enseguida, nace
un verso, de la raíz de
los versos que nos
gustan: “Novia china,
buena suerte.” Me parece
realmente deslumbrante.
Fue la voz tan solo lo
que oí, porque cuando me
fijé en el grupo observé
que me era imposible
precisar de quién era
esa voz, la raíz humana
de ese verso. Poética la
voz, anónimo el rostro.
Buena señal.
La novia china y la
suerte, ¿en qué región
de las emigraciones
imaginarias se habían
detenido? El epicúreo
cálculo pascaliano de
las posibilidades venía
a resolverse en la
imaginaria novia china.
Y el azar que allí se
busca para fijarlo, aquí
venía sonriente a
encontrar la voz que lo
aclare.)
Y ahora está usted
comprando Paradiso
en El Vedado. Y vamos a
conversar entonces sobre
esta hermosa edición
cubana, cubanísima, con
esa foto maravillosa del
Chinolope en portada, su
toque artístico
exquisito y el entorno
cubano que agrega mucho
a su encuadernación
formal.
Por tanto, debemos
platicar un poco, no
hacer historia, y mucho
menos historieta: La
primera y bellísima
edición de Paradiso,
preparada por el poeta,
pintor, escritor y
editor Fayad Jamís, no
tuvo presentación. El
libro sí salió. Estaba
ya en algunas librerías,
pero no hubo
presentación. El
misterio aún no ha sido
develado del todo.
Otra edición que se
había preparado de
Paradiso fue
anunciada para ser
distribuida en el
Palacio del Segundo
Cabo, ya mucho después
de que las tempestades,
aparentemente, habían
amainado y por razones
de clímax y tal vez de
anticlímax o por
motivaciones de pasión
de multitudes, tampoco
tuvo presentación.
Para aquellos años de la
década del 60 y los que
vinieron después, el
libro ―como dice
agudamente Cintio Vitier
en uno de los párrafos
de su invitación a la
lectura de Paradiso―
causó problemas, porque
era escandaloso o porque
era oscuro, para el
momento. Opiniones
compartidas por algunos
intrigados e
intrigantes.
Entonces, ya casi desde
los primeros instantes,
estos argumentos pesaron
tanto que después de que
el libro estaba en
librerías, fue
desapareciendo. Sin
embargo, era más
concurrente el azar. La
diversión lezamiana,
quizá, quiso que el
libro circulara de
cierta manera limitada
más allá de las
fronteras insulares. Ya
se gestaba un pequeño,
pero in crescendo
escándalo; porque en
esos momentos la Unión
de Escritores y Artistas
estaba celebrando los
primeros concursos
nacionales, con un
jurado integrado por
escritores cubanos, pero
también con algunos
intelectuales
extranjeros reconocidos
en el ámbito
internacional. En el
alojamiento, los jurados
compartieron el hotel
Habana Riviera también
con Salvador Allende,
quien todavía no había
sido electo máximo
mandatario de Chile.
Ese año fungía como
Presidente de Honor del
evento el gran poeta
griego Yannis Ritzos.
Así que contra los
enemigos de la cultura y
de la cubana, que a
veces se esconden para
vetar la avanzada de la
supuesta heterodoxia, el
libro escapó de la Isla
y hubo que actuar de una
manera distinta.
Quiero decir ―y pido que
me perdonen por este
“teque” al hablar de una
obra maestra, “teque” de
charla literaria, aunque
no exento de
connotaciones
pseudopolíticas y a
veces enemistosas― que
en aquel mismo momento,
en el mundo ya se
gestaba un pequeño pero
desbordante escándalo
sobre Paradiso.
Extrañó a muchos que
aparecieran en la
revista UNIÓN
―bajo la dirección de
Nicolás Guillén, también
presidente de la
institución de
Escritores y Artistas
Cubanos, contra todo lo
que aviesamente se ha
comentado sobre una
supuesta enemistad
cultural y poética entre
Lezama y Guillén, cosa
que desde luego niego
rotundamente― dos
trabajos sobre la novela
en el mismo año 1966. El
autor del primero es
precisamente quien ahora
les habla y el segundo,
revelador y magnífico
ensayo de reconocimiento
y comprensión, fue
escrito por Julio
Cortázar: “Para llegar a
José Lezama Lima”.
Es bueno reiterar y
llamar la atención sobre
el hecho que una
institución ya
establecida destacara
estos comentarios, pues
no es habitual en el
mundillo literario que
en tan breve plazo se
repitan dos críticas
favorables al mismo
libro, como a las que
estamos haciendo
referencia, que por
cierto fueron incluidas
en la Valoración
Múltiple, compilada
por Pedro Simón para el
tomo “Recopilación de
textos sobre José
Lezama Lima” en la Serie
Valoración Múltiple de
la Casa de las Américas,
Ciudad de La Habana,
1970.
Más tarde vuelve a
aparecer el libro y
nuevamente pasa
inadvertido a los
interesados ojos de
quienes debían darlo a
conocer; y se mantiene
el pretexto de que el
mismo era contentivo de
cuestiones lesivas a la
moral, pues hacía una
descarnada descripción
de actos sexuales en el
capítulo VIII. Aunque la
actividad erótica no
solo se limita a ese
capítulo.
A decir verdad, y con el
perdón de todos los que
esgrimieron este
elemento, para poder
asociar con la
pornografía el susodicho
capítulo y poder caer en
actos de manipulación
sexual de los órganos
genitales, debe tenerse
a mano un diccionario de
la lengua española, pero
uno de los copiosamente
editados por la Academia
de la Lengua o por otra
autoridad competente,
porque resulta casi
imposible ubicarse con
plena seguridad en la
palabrería clásica
utilizada por Lezama en
los acontecimientos
narrados; que realmente,
con perdón de los aquí
presentes, considero que
sería harto difícil para
quien practicase la
masturbación, pues
poder mantener la
excitación genital
buscando constantemente
el significado de
ciertos términos resulta
una aventura eréctil y
machista tanto riesgosa
como prácticamente
imposible. Tal como
comentaba frecuentemente
el propio Lezama
salpicando su verbo de
asmáticas carcajadas.
Sin embargo, y es de
rigor, con el fin de
intentar la fidelidad a
lo ocurrido, señalar la
diferencia de actitudes
en los creadores cubanos
que se destacaban en
aquel momento.
Hubo la lectura
entusiasta, serena y a
la vez apasionada, de
escritores como Raúl
Aparicio, José Soler
Puig, Salvador Bueno,
entre otros. Sin
insistir en los entonces
más jóvenes. Algunos de
estos fueron y fuimos
testigos de lo
conmovedor del encuentro
telefónico de Virgilio
Piñera y José Lezama
Lima. Ambos se mantenían
distanciados desde hacía
alrededor de una década
y cuando apareció la
obra que ahora nos
ocupa, Virgilio Piñera
quien, precisamente,
desde las terrazas de la
UNEAC nos convocó a un
pequeño grupo de amigos
entre los cuales se
encontraban Pablo
Armando Fernández,
Armando Álvarez Bravo,
Heberto Padilla, Manuel
Díaz Martínez, Luis
Suardiaz y tal vez
algunos que no se me
pueden escapar de la
memoria como Miguel
Barnet y Rafael Alcides
―llamó a José Lezama
Lima y con su voz más
virgiliopiñeriana que de
costumbre exclamó:
―Lezama, soy Virgilio
Piñera, te llamo porque
no puedo estar peleado
con el poeta que ha
escrito semejante libro.
A lo cual José Lezama
Lima contestó, también
con su voz más lezamiana
que nunca:
―Sí, Virgilio Piñera, le
juro por la memoria de
mi madre y por la
poesía, -elementos
sagrados para mí- no
solo que esperaba su
llamada, sino que bajo
mi mano izquierda, la
del corazón y la
inteligencia, tengo el
ejemplar de Paradiso
esperando por usted,
precisamente reservado y
con palabras para usted.
La reconciliación
alcanzó su plenitud,
como lo demuestran los
textos que ambos se
fueron dedicando en el
transcurso de los años,
relativamente pocos, que
pudieron sobrevivir a la
ignorancia, la ignominia
y el olvido interesado,
hasta hoy, cuando la
plenitud y la justicia
poética demuestran la
magnificencia de sus
respectivas obras.
Una prueba de todo ello
es el soneto que
apareció entre los
textos de Virgilio,
fechado el día del
deceso de Lezama y que
el autor de los
Cuentos fríos, tal
vez por pudor y recato
entrañable, nunca había
mostrado a nadie:
El hechizado
A
Lezama
en
su muerte
Por
un plazo que no puedo
señalar
me
llevas la ventaja de tu
muerte:
lo
mismo que en la vida,
fue tu suerte
llegar primero. Yo, en
segundo lugar.
Estaba escrito. ¿Dónde?
En esa mar
encrespada y terrible
que es la vida.
A ti
primero te cerró la
herida:
mortal combate del ser y
del estar.
Es
tu inmortalidad haber
matado
a
ese que te hacía
respirar
para
que el otro respire
eternamente.
Lo
hiciste con el arma
Paradiso.
―Golpe maestro, jaque
mate al hado―.
Ahora respira en paz.
Vive tu hechizo.
Virgilio Piñera
9 de agosto de 1976
Pero al fin y justo
ahora que Lezama arriba
a su primer centenario o
primera secularidad,
podemos presentar el
texto, no solo como
homenaje a su autor por
su cumpleaños número
cien, sino por lo que él
mismo representa para la
literatura cubana,
hispanoamericana,
universal. Sin temor
alguno se puede aseverar
que Paradiso ha
vencido el tiempo y el
espacio.
Cumplimos así ese
compromiso inconcluso
que por tantos años se
mantuvo en el aire, y
esperamos que los que
ahora asisten a este
acto y tienen en sus
manos el volumen con las
sugerencias señaladas
por Cintio Vitier y por
Roberto Méndez, hagan,
hagamos, justicia
leyendo con deleite e
inteligencia, al cabo de
tanto tiempo, la novela
poema Paradiso.
¡Muchas Gracias!
Presentación del volumen
Paradiso de José
Lezama Lima, primer tomo
de sus Obras completas,
Editorial Letras
Cubanas. |