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Desde el próximo 28 de
octubre y hasta el 7 del
mes siguiente, cuando
las cortinas del 22
Festival Internacional
de Ballet se descorran,
La Habana será otra vez
una capital en puntas.
Cuando el 6 de noviembre
de 2008 la sala García
Lorca despedía la
21 edición
del Festival, una joven
cronista apuntaba en las
mismas páginas donde hoy
escribo: “solo resta la
espera por que el
tiempo, que danza
constantemente, nos
devuelva el espíritu de
los festivales. Y ojalá,
permítannos soñar, antes
de lo previsto”. Así
fue. En julio del año
siguiente, las cortinas
de la catedral cubana
del ballet revelaban,
para fortuna de los
devotos, una de las
compañías más
importantes del mundo:
el Royal Ballet de
Londres se presentaba
por primera vez en Cuba.
Y al año siguiente, hace
apenas unos meses,
seguimos desde las
páginas de nuestros
diarios lo que sería el
preludio de la gran cita
de octubre: en la ciudad
norteamericana de Nueva
York, el American Ballet
Theater celebraba los 90
años de Alicia Alonso,
la bailarina que hizo
historia en esa compañía
justamente con su debut
en Giselle.
Acto I
Noviembre de 2008. La
sala García Lorca del
Gran Teatro acoge la
clausura del 21 Festival
Internacional de Ballet
de La Habana. Fueron
diez días de danza. En
cada función, un
estreno. En cada
función, el Ballet
Nacional de Cuba junto
con una compañía
extranjera.
No hizo falta que
transcurrieran dos años,
para que pudieran
percibirse con claridad
los legados del 21
Festival. Al calor de
aquellos diez días,
artistas y críticos se
aventuraban: “Otro
festival de esta
envergadura, en realidad
no lo conozco. Esta
edición en particular ha
sido importante en ese
sentido y además es
impresionante cómo lo
han organizado, teniendo
en cuenta lo que el país
ha sufrido en estos
meses cercanos”, decía
el ex bailarín ruso
Azari Plisetski,
haciendo referencia a
las notables pérdidas
económicas que acababan
de dejar tras sí dos
poderosos huracanes. Y
añadía el crítico
venezolano Carlos
Paolillo, de visita por
entonces en Cuba: “Creo
que hay muy pocos
festivales de este tipo
en el mundo. El resto
busca otro tipo de
conexiones. Este
mantiene su sello
inicial de difundir los
valores del ballet, sin
hacer concesiones”.
Vimos al Ballet Kim Sun-hee,
de Corea del Sur; al
Ballet Teresa Carreño,
de Venezuela; al Centro
Coreográfico de
Valencia; parejas de la
Ópera de Berlín y el
Colón de Buenos Aires;
presentaciones de María
Pagés y Cristina Hoyos.
Y junto con ellos, la
celebrada actuación de
los jóvenes bailarines
de la compañía cubana,
por entonces figuras
anónimas en quienes ya
se vislumbraba el
talento de los grandes.
Vimos coreografías de
Tania Vergara, Michel
Descombey, Ramón Oller,
Maurice Bejart, Héctor
Sanzana, José Parés,
Mijaíl Fokin, August
Bournonville y Alicia
Alonso. Vimos el tercer
acto de Napoli,
al estilo danés; vimos
La bella durmiente
del bosque, en
versión de Alicia sobre
el original de Marius
Petipa.
El 21 Festival
Internacional de La
Habana fue una gran
fiesta del arte. Lo
sabíamos quienes
aplaudimos en aquella
gala de clausura, el 6
de noviembre de 2008.
Pero Alicia adivinó en
aquellas ovaciones la
tristeza de quienes
también sentíamos que
diez días, en dos años,
se nos van como el aire.
Inaprensibles, efímeros.
Y advirtió: “no hemos
terminado; estamos
empezando”.
Acto II
Julio de 2009. En la
sala García Lorca del
Gran Teatro de La
Habana, el Royal Ballet
de Londres se presenta
por primera vez en Cuba.
La compañía, considerada
entre las cinco primeras
del mundo, homenajea a
la prima ballerina
assoluta Alicia
Alonso y al Ballet
Nacional de Cuba, en su
aniversario 60.
Coincidía la fecha de
aquel 15 de julio con la
presentación histórica
de Alicia en el
Covent Garden, de
Londres. Sesenta y tres
años después de aquella
cita, bailarines del
Royal Ballet y del
Ballet Nacional de Cuba,
compartían el escenario
del Gran Teatro de La
Habana para dar vida
conjunta a varios pas
de deux de sus
repertorios.
Les vimos en Tema y
variaciones, Don
Quijote, El cisne
negro, Giselle
y El Corsario.
Percibimos dos compañías
que respiran tradición
por cada resquicio de
sus trajes al mismo
tiempo que se desnudan,
libres, a la
contemporaneidad. Del
clasicismo a la
abstracción. Volvimos a
tener en Cuba a nuestro
Carlos Junior Acosta,
esa vez acompañando a la
primera bailarina del
Royal, Tamara Rojo, en
una nueva interpretación
sobre tablas cubanas. Y
les vimos en su célebre
Manon,
coreografía de Kenneth
MacMillan que cerró con
broche de oro las
presentaciones del Royal
Ballet en Cuba. Con su
carta de triunfo se
despidieron en el Karl
Marx, ovacionados por un
público al que supieron
suyo.
Acto III
Junio de 2010. La
temporada que anualmente
ofrece el American
Ballet Theatre (ABT) en
la célebre Metropolitan
Opera House, de Nueva
York, el acontecimiento
danzario más esperado en
esta ciudad, tiene esta
vez una invitada
especial: la prima
ballerina assoluta
Alicia Alonso. El ABT
festeja el cumpleaños 90
de quien ―para muchos
especialistas― fue la
figura más importante de
la compañía durante sus
primeros 20 años.
El pasado 4 de junio,
los cubanos vimos en las
páginas principales de
nuestros diarios una
noticia que nos emocionó
a todos: como sucedió
incontables veces hace
más de medio siglo, los
neoyorquinos volvieron a
inclinarse frente al
virtuosismo de Alicia
Alonso.
En la noche del día 3,
quienes ocuparon las más
de 4 mil localidades de
la Metropolitan Opera
House, vieron subir al
escenario a la directora
general del Ballet
Nacional de Cuba, de la
mano de José Manuel
Carreño, uno de los
pilares de la escuela
cubana de ballet y
figura relevante de la
compañía norteamericana.
Estuvieron allí esa
noche antiguos colegas
de Alicia y otras
personalidades, entre
ellos algunos ex
miembros del American.
Junto a ellos, la
nonagenaria bailarina
cubana presenció un
Don Quijote
interpretado por jóvenes
de distintos países.
Entre ellos, Carreño,
quien estuvo a cargo del
acto final: el tan
conocido pas de deux
que Alicia bailó por
primera vez en 1944,
precisamente en esa
ciudad, como principal
figura del Ballet
Theatre.
Quienes tuvieron la
suerte de presenciarlo,
compartieron sus
impresiones en crónicas
memorables. Al menos,
así sentimos los
lectores de Juventud
Rebelde el texto del
crítico cubano Ahmed
Piñero: “La noche del
tres de junio en Nueva
York no se aplaudía a
una mujer, no se
ovacionaba a una
artista, se aclamaba a
un símbolo de la nación,
porque allí, con la
Alonso, estaba un
pueblo, una Isla, una
patria: Cuba”.
Epílogo
Septiembre de 2010. Los
cubanos amantes del
ballet esperan con
ansiedad a que
transcurran los casi 30
días que les separan de
la principal fiesta de
la danza en la Isla.
Tras dos años de intenso
quehacer, el Festival
Internacional de Ballet
de La Habana regresa en
octubre para marcar otro
hito. Justo en el año en
que celebramos sus 50
años de existencia y los
90 de la legendaria
bailarina que le diera
vida.
Se ha previsto que la
vigesimosegunda edición
del Festival de La
Habana ocupe la oncena
que transita entre el 28
de octubre y el 7 de
noviembre próximos. Con
una frase, sus
organizadores tienen en
ascuas a todos los
balletómanos de una
ciudad: es el Festival
con más estrenos
mundiales de toda su
historia. Muerte de
Narciso y La
noche del eclipse,
son coreografías de
Alicia Alonso que serán
vistas por primera vez
en este Festival. Igual
suerte correrán, entre
otras piezas, El amor
brujo, del español
Antonio Ríos “El Pipa”;
Le Papillon, de
Peter Quanz; El
perfume, de Luc Bouy;
y Ellos bailan
preludios de Chopin,
de Iván Tenorio.
Dieciocho países han
confirmado su presencia
en la cita habanera.
Acompañarán a las
principales figuras del
Ballet Nacional de Cuba
y a su mundialmente
reconocido cuerpo de
baile, estrellas del
Royal Ballet de Londres
que han decidido
regresar a nuestros
escenarios, intérpretes
del English National
Ballet, Ballet de la
Ópera de Dresde, Ballet
de la Ópera de Berlín,
Ballet de la Ópera de
Munich, Compañía
Nacional de Danza de
España, Ballet Estable
del Teatro Colón,
Malandain Ballet
Biarritz, Ballet del
Teatro Teresa Carreño,
estrellas del New York
City Ballet y la
agrupación española
SóLODOSneodans, entre
otras. También regresan
a Cuba figuras del
American Ballet Theater,
para rendir nuevos
tributos a Alicia
Alonso, esta vez en sus
predios.
Entre las
presentaciones, se
anuncia la reposición de
algunos clásicos que
forman parte del
repertorio de la
compañía cubana. Subirán
a escena La bella
durmiente del bosque,
Giselle,
Coppelia, El lago
de los cisnes y
Shakespeare y sus
máscaras, versión
que hiciera Alicia a
Romeo y Julieta. No
obstante, especial
interés han despertado
las Galas especiales que
se han previsto: las
noches dedicadas a los
centenarios de los
natalicios de la
legendaria estrella del
ballet soviético Galina
Ulánova y del poeta
origenista cubano José
Lezama Lima. También se
anuncia una presentación
de igual magnitud en
homenaje al ex bailarín
ruso Vladimir Vasiliev.
Como es habitual, una
noche se dedicará al
estreno de las obras
ganadoras del Certamen
Iberoamericano de
Coreografía Alicia
Alonso. El 22 Festival
presentará Espectral,
de la coreógrafa cubana
Maysabel Pintado y
Entomo, de los
españoles Elías Aguirre
y Álvaro Esteban. Ambas
resultaron premiadas en
la séptima edición,
correspondiente al 2010.
Por fortuna, la
intensidad de estos dos
años parece habernos
devuelto “el espíritu de
los festivales” antes de
lo previsto. El arte
danzario ha sido
convocado en esta ciudad
para unir naciones, para
acercar esencias y
voluntades. Vuelven a
descorrerse entonces las
cortinas de La Habana
para recibir al mundo en
punta de pies: vuelve el
Royal Ballet de Londres
y el American Ballet
traza un itinerario al
reverso. La danza
mundial viaja a Cuba
para homenajear a ese
“Ícaro mujer” que aun
nonagenaria, le
prestigia. Y los cubanos
la reciben, la aplauden
y agradecen. Otra vez.
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