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Con un empeño
inquietante y
conmovedor, Katia Ayón,
Estate de Belkis Ayón,
cuida, organiza y
cataloga desde hace 11
años la obra de su
hermana. Nunca imaginó
incursionar en el arte
y, menos, llevar a cabo
un proyecto tan grande y
de tanto trabajo como el
libro que presentó
recientemente en Cuba:
NKAME. Belkis Ayón.
Esta mujer se observa
fuerte como un roble,
como si las heridas
hubieran quedado
guardadas y solo en la
complicidad de la noche
se sentara a curarlas.
Y así, cómplice también,
me sentí cuando fui a
visitarla. Conversamos
mucho, incluso cuando la
grabadora, por un
supuesto punto final, se
detuvo. De cuándo y cómo
surgió la idea de este
catálogo, y cada
resquicio que tuvo que
recorrer para lograr
hacerlo realidad, fueron
algunos de los temas que
surgieron en su
encuentro con La
Jiribilla.
“Sin título”
“Fue una experiencia
nueva para mí. No
pertenezco al mundo de
la cultura: soy médico
profesional, así que
cuando Belkis murió, con
la ayuda de Cristina
Vives, comencé a
organizar poco a poco su
obra. Hice un inventario
de todo lo que poseía,
de todo lo que había
hecho durante su vida
como artista. Fue ahí
cuando surgió la idea de
hacer un catálogo
razonado donde se
pudiera agrupar todo lo
que se conocía de su
obra y lo que pudiéramos
rescatar gracias a sus
libretas de apuntes,
pues era muy organizada
en lo referente a su
trabajo.
“En ese entonces
Cristina Vives era la
persona con la cual
tenía mayor confianza en
cuanto al tema de mi
hermana. Fue ella quien
me presentó a José
Veigas, una eminencia en
arte cubano. Él nos
podía ayudar en lo que
queríamos llevar a cabo,
aunque al principio dudó
un poco. No sabía cómo
enfrentar lo que le
estábamos proponiendo,
pues justo por ese
tiempo conformaba
también el catálogo
razonado de Mariano
Rodríguez. Al final
logramos convencerlo, y
así, el 24 de julio de
2004, fue Veigas por
primera vez a mi casa
para comenzar la
producción del libro.
“El trabajo más intenso
en un inicio era el que
teníamos que realizar
Veigas y yo: la
catalogación y
organización de toda la
información que se
poseía sobre Belkis, de
cada exposición en la
que había participado,
de cada papel que había
escrito. Después vino la
promoción: tratar de
difundir entre amigos y
conocidos la idea del
catálogo para ver cuánto
más salía a la luz.
“Llegamos a tener
muchísima información,
tanta, que pensamos que
no podríamos agruparla
en el libro: ensayos,
testimonios, catálogo
razonado, glosario de
términos abakuá ―para el
cual nos apoyamos en el
libro de Lydia Cabrera,
La lengua sagrada de
los ñáñigos―, el
currículum, la biografía
y nueve textos críticos
de especialistas que
escribieron sobre su
obra. Era demasiada
información, así que
decidimos dividirla: una
estaría en el libro y la
otra en soporte
digital.”
“Mucha información, pero
a su vez mucho trabajo
―afirma Katia, a quien
la tarea de reunir a
colaboradores y amigos
para la conformación de
este libro no resultó
difícil—. La idea de
hacer un libro sobre
Belkis fue del agrado de
cuanta persona supo del
proyecto, y todos nos
apoyaron”.
Para Katia Ayón y su
amiga y colaboradora,
Cristina Vives, este
libro tenía que tener
“vuelo”. “Tenía que
convertirse en un libro
de arte en toda su
extensión. Que la gente
disfrutara de su obra al
tiempo que recibía
información. Fue una
verdadera escuela
―recuerda Katia―
“aprender cómo
distribuir información y
saber colocarla en el
lugar adecuado, es algo
bien complejo.
Estructurarla de manera
coherente. Todo eso fue
nuevo para mí, pero el
empeño hizo posible que
este libro de arte
saliera a la luz”.
Pocos fueron los
referentes que el equipo
de realización de
NKAME tuvo la
posibilidad de consultar
para la conformación del
catálogo razonado de
Belkis Ayón. En la Isla
solo se conocían uno que
años atrás habían
intentado hacer sobre
Amelia Peláez y otro que
sobre Mariano Rodríguez
llevaba a cabo, por esa
época también, José
Veigas. “En Cuba no
había ninguna referencia
sobre el tema, por lo
que comencé a leer sobre
catálogos razonados de
diferentes lugares. El
primero que revisé era
de Marcel Duchamp, en
Casa de las Américas, y
otra de las mayores
referencias fue uno de
Wifredo Lam, en francés,
que se encontraba en el
Centro del mismo nombre.
Buscando de aquí y de
allá, tomando elementos
que nos podían servir de
uno y otro, conformamos
una ficha lo más
completa posible de cada
pieza: el número de
catalogación, el título
de la obra, las
dimensiones, la técnica,
las ediciones, el número
de piezas,
observaciones,
exposiciones en las que
participó, colección a
la que pertenece y sobre
la obra, breves apuntes
de la propia autora o
especialistas sobre
determinada pieza”.
“Nuestro deber”
“Salir en busca de las
obras de Belkis que se
encontraban dispersas
por todo el mundo,
constituyó, de manera
general, una tarea
fácil, aunque ―afirma
Katia― hubo quienes
fueron un poco más
reticentes al respecto.
Sin embargo, al final
primó la colaboración,
tal vez porque a medida
que fue avanzando el
proyecto, la gente se
convenció de que el
libro era un sueño que
podía convertirse en
realidad. Tenemos
razones para creer que
después del lanzamiento
del libro aparecerá
mucha más información
que por diferentes
motivos no llegó a
nuestras manos.
“Después de concluir el
gran proyecto, salir en
busca de alguien que lo
respaldara, fue bien
difícil” ―comenta la
Estate. Daros
Latinoamérica, por
ejemplo, apostó por la
producción del libro
hasta el final; sin
embargo, no era
suficiente, se
necesitaba una editorial
que llevara al papel
tantos sueños y años de
investigación.
“Hablábamos con las
personas y les
explicábamos el
proyecto, pero no fluía,
entonces me di cuenta de
que no se podía hablar
más, había que llevar
algo en concreto. Decidí
entonces no visitar a
nadie más y terminar la
maqueta del libro para
salir en busca de
alguien que nos ayudara.
Todo cambió, y la gente
apostó por Belkis. Uno
de los detonantes
también para que esto
sucediera fue la gran
exposición (NKAME)
que organizó Cristina
Vives en 2009 en el
Convento de San
Francisco de Asís. Ese
fue el paso definitivo
que nos llevó el 1ro. de
mayo de 2010 a Madrid, a
la Editorial Turner.
“Estuvimos dos días de
arduo trabajo en la
imprenta, pero solo
cuando vimos los
primeros pliegos fue
cuando nos dimos cuenta
de que el libro existía
de verdad. En tres
semanas, el libro estuvo
terminado, y el viernes
22 de mayo en horas de
la mañana tuvimos el
primer ejemplar en
nuestras manos. Vivimos
días intensos, pero
fueron de mucha
satisfacción. Ver que
NKAME se hizo
realidad, fue algo
impresionante.”
Otro de los elementos es
el diseño. Durante todos
estos años la figura de
Belkis ha estado
asociada al color negro,
tal vez por la temática
que estudió en sus obras
o por las incógnitas que
rodean su fallecimiento;
lo cierto es que este
catálogo, perfectamente
diseñado, elaborado y
curado nos brinda otra
imagen de Belkis, esta
vez llena de luz porque
refleja la vida y no la
muerte.
Después de analizar todo
el material recogido en
unas 300 páginas, ver la
manera en la que los
testimoniantes hablan de
la artista y los ensayos
sobre su obra, el
catálogo conduce al
lector a una incesante
búsqueda de luz, “es una
obra blanca, porque no
relata un final, sino un
momento de vida. Nos
pareció magnífico”.
“La consagración”
Procedente del mundo de
la medicina, para Katia
Ayón no ha sido fácil
complementar dos
profesiones. Si bien una
se basa en saberes y
constataciones objetivas,
el arte y la obra
artística en sí, siguen
siendo para ella un
terreno peligroso. No
obstante, después de la
muerte de Belkis, Katia
ha asumido con una
responsabilidad
escalofriante la obra de
su hermana, aunque para
ello haya tenido que
renunciar a lo que algún
día decidió que sería su
vida. “Tuve que
sacrificar mi profesión
y no me arrepiento de
haberlo hecho. La
medicina la ejerzo, pero
no de la manera
convencional a la que
estamos acostumbrados.
Cuando Belkis murió, yo
había terminado mi
maestría en toxicología
clínica, entonces tuve
que agregar a mi carrera
todas las cosas de mi
hermana. Al poco tiempo
me di cuenta de que era
demasiado: las cosas de
Belkis, mi trabajo, la
familia y el libro que
queríamos comenzar a
hacer. Fue cuando tomé
una decisión, lo más
importante en ese
momento era Belkis y
toda la obra que había
dejado. La medicina
podía seguir en otro
momento. Cuando quieres
hacer algo bien, buscas
todas las posibilidades
y abarcas todo lo que
puedes, y eso lleva un
rigor porque para que
salga bien debes
dedicarle todo el tiempo
que puedas. Lo consulté
con mi familia, y me
dijeron que tenía que
seguir adelante con lo
que me había propuesto:
por la obra de Belkis
bien vale dejarlo todo,
vale el sacrificio que
hice. Extraño lo que fui
y mi trabajo, pero no me
siento mal por haberlo
dejado, además sé que lo
hice por una buena
causa”.
Regresar sobre el pasado
puede remover heridas
que nunca han sanado,
pero puede también
ayudar a comprender.
“Cuando Belkis estaba en
plena carrera, yo
también estaba
estudiando. Teníamos la
mejor de las relaciones,
nos comunicábamos mucho;
pero ella estaba en el
arte y yo en la
medicina. Mi carrera me
ocupaba bastante
espacio, por lo que no
siempre podía estar en
sus actividades y, por
supuesto, hubo muchas
cosas de ella que me
perdí. Entonces, ver a
todos sus amigos,
escuchar cada uno de los
testimonios de los que
la conocieron y pudieron
compartir cosas que yo
no, me ha servido de
mucho, pero
fundamentalmente para
confirmar la clase de
mujer que era como ser
humano, como hermana.
“Yo sabía cómo era
Belkis, es mi hermana y
siempre supe de lo que
era capaz, pero todo
este trabajo me ayudó a
comprenderla un poco
más. Ahora solo guardo
los buenos recuerdos,
los míos y los de
quienes la conocieron.
Trato de no acordarme en
lo absoluto del último
día de su vida porque no
tiene remedio. Solo
recuerdo quién era.”
¿Se siente Katia Ayón
satisfecha con lo que ha
logrado?
Sí. Estoy satisfecha, y
feliz, en parte
―completamente si Belkis
estuviera a mi lado,
aunque sé que ella
siempre está conmigo.
Ahora que ya está el
libro, quiero seguir
haciendo cosas, tenemos
muchas ideas. Queremos
en un futuro tener un
espacio donde poder
exhibir de manera
permanente la obra de
Belkis, donde podamos
hacer exposiciones de
grabado y dedicarle a
esa manifestación el
espacio que se merece.
Es lo que hubiera
querido ella.
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