Año IX
La Habana
25 de SEPTIEMBRE
al 1 de OCTUBRE
de 2010

SECCIONES

Página principal Enlaces Favoritos Enviar correo Suscripción RSS

EL GRAN ZOO

PUEBLO MOCHO

NOTAS AL FASCISMO

LA OPINIÓN

APRENDE

LA CRÓNICA

EN PROSCENIO

LA BUTACA

LETRA Y SOLFA

LA MIRADA

MEMORIA

LA OTRA CUERDA

FUENTE VIVA

REBELDES.CU

LA GALERÍA

EL CUENTO

POESÍA

EL LIBRO

EPÍSTOLAS ESPINELAS

RETABLO ABIERTO

EN FOCO

POR E-MAIL

ENREDOS

¿DÓNDE QUIERES QUE
TE PONGA EL PLATO?

 

Un brindis por los 100 de María Luisa

Paquita Armas Fonseca • La Habana

Foto: Cortesía de la autora

 

A principios de los años 80 del siglo pasado, la cineasta Belkis Vega estaba realizando entrevistas para el documental España en el Corazón. Con esa manera especial que tiene a la hora de contar historias (Viviendo al límite, La Casa de Bernarda Alba, Santa Camila de la Habana Vieja, Corresponsales de Guerra…) lograba desnudar el alma de sus interlocutores. María Luisa Lafita era una de las voces imprescindibles para esa pieza, pero cuando la realizadora la estaba entrevistando habló de su matrimonio, su amor de toda la vida Pedro Vizcaíno y Belkis comprendió que aquello no formaría parte de su documental sobre la guerra civil española, pero sí le serviría para una historia de grandes valores humanos y siguió filmando las imágenes. En 1985 estrenaría su obra de 10 minutos María Luisa.

De todo esto conversó la cineasta con un grupo de amigos de María Luisa en la Sala Caracol de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba. Contó que la combatiente no quería esa obra, pero logró que al verla quedara satisfecha y autorizara su divulgación. “Es un canto —dice Belkis— a la fidelidad y al amor que sintió esa mujer singular”

La poeta y Premio Nacional de Literatura Nancy Morejón, con la pasión y ternura que solo una mujer tocada por la magia de poesía puede mostrar, comentó de su encuentro con María Luisa, sus enseñanzas y cómo un grupo de sus compañeros hicieron de los encuentros con la maestra y pedagoga una suerte de intercambios inolvidables en los que guerra, revolución, matrimonio, hijo, amor, España, se daban la mano para ilustrar a los participantes de aquellas charlas.

Pedro Vizcaíno, el hijo de los dos guiteristas, combatientes en la Guerra Civil Española y en la clandestinidad en Cuba, habló de su madre (que este año llegaría a centenaria) como lo hacen los vástagos formados a golpe de ejemplo y entrega por parte de sus progenitores.

Había dos estudiantes universitarios, dirigentes de la FEU (Federación Estudiantil Universitaria) que aprehendieron una faceta más de la vida en su centro docente, lleno del recuerdo de la cubana nacida en Madrid, que junto a Tina Modotti cuidó a Dolores Ibárruri, la Pasionaria, en momentos en los que la legendaria luchadora estaba enferma y podían matarla.

Otro original poeta, también Premio Nacional de Literatura y presidente de la UNEAC, Miguel Barnet, compartió la tarde de recuerdos sobre la mujer que simboliza como pocas el espíritu internacionalista cubano.

El pretexto para la reunión de amigos fue ver, algunos por primera vez, el documental María Luisa y recordarla con esa fuerza que ofrece la imagen en movimiento. No pudo ser: razones técnicas lo impidieron, pero es tan fuerte su presencia entre sus descendientes y amigos, que allí estaba, como cuando contó:

“Siempre me gustó treparme en los caballos y salir corriendo y corriendo… Con solo siete años empecé a tirar con escopeta de motas, unas balitas pequeñitas y punteagudas, con una motita atrás. Con el tiempo papá me adiestró en el manejo de las armas. Él había sido campeón de tiro. Me enseñó a tirar con perdigones, con balines y, luego, con todo tipo de armas. Eso me sirvió muchísimo en la Guerra Civil Española donde se necesitaba tirar y tirar bien.

“Después que mataron a papá, continuamos solas mi madre y yo. Nos mudamos para San Miguel y San Nicolás, en Centro Habana, cerquita de mi actual casa y del malecón habanero. El apartamento era grande, tenía como ocho o nueve habitaciones y sirvió de refugio para muchos revolucionarios, estudiantes, líderes, como Menelao Mora, Ramiro Valdés Daussá y otros que andaban huyendo”.

“Vizcaíno fue mi único amor, con quien compartí alegrías y penurias. Era muy cariñoso conmigo. Floro Pérez Díaz —uno de los jefes de Acción Directa de los estudiantes en la Universidad de La Habana—, y Pedro habían estado presos tres veces cuando el Machadato. Eso fue antes de que yo lo conociera. Pedro vino muchas veces a casa, algunas huyendo de la porra machadista, integrada por matones a sueldo. Cuando el atentado a Arsenio Ortiz, un tipo de la peor calaña, un asesino sin escrúpulo, cae preso. Lo envían a Isla de Pinos y allí conoce a Pablo de la Torriente Brau. Los dos hicieron una verdadera y profunda amistad.”

“Salimos de Cuba en el vapor Orbita. Contra Pedro había una orden de detención y eso, en aquella época, era muerte segura. Llegamos en abril de 1935. Casi a la semana de estar en Madrid, lo primero que hicimos fue fundar la Asociación de Revolucionarios Antimperialistas Cubanos, fíjense la frase, esa asociación la fundamos Pedro Vizcaíno y yo, y a los pocos días empezaron a llegar adhesiones. Se sumaron muchísimos compañeros para el ejecutivo: Moisés Raigorovski, Alberto Sánchez, Wifredo Lam y otros revolucionarios puertorriqueños, también exilados. En aquella época el Socorro Rojo Internacional estaba dirigido por Vitorio Vidali, el comandante Carlos y por Tina Modotti, con la cual participé como enfermera en la guerra. Tina y yo nos llevábamos como dos hermanas. Vidali y Tina llevaban en España apenas un año cuando nosotros llegamos y les contamos sobre la situación de Cuba, lo que estaba pasando, la intromisión del imperialismo yanqui... Tina nos dijo que nos pondría en contacto con María Teresa León, la compañera de Rafael Alberti, pues ella había creado una organización que se llamaba Ayuda, que tenía una gran representación política; la integraban comunistas, socialistas, troskistas, anarquistas, gente de izquierda, progresista; había escritores, cineastas, en fin, intelectuales que estaban contra el fascismo…”

Y así pudo haber seguido con los detalles de España, la lucha clandestina en Cuba, el trabajo con el Che, el vínculo con organizaciones revolucionarias del continente, su gran amor por Pedro, el piano, la música, los dulces que hacía para los niños del barrio, sus perros… toda esa vida que hoy llega a la centuria sin estar borrada por la muerte.

 

ARRIBA

Página principal Enlaces Favoritos Enviar correo Suscripción RSS
.

© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2010.
IE-Firefox, 800x600