|
A principios de los años
80 del siglo pasado, la
cineasta Belkis Vega
estaba realizando
entrevistas para el
documental España en
el Corazón. Con esa
manera especial que
tiene a la hora de
contar historias (Viviendo
al límite,
La Casa de Bernarda
Alba,
Santa Camila de la
Habana Vieja,
Corresponsales de
Guerra…)
lograba desnudar el
alma de sus
interlocutores. María
Luisa Lafita era una de
las voces
imprescindibles para esa
pieza, pero cuando la
realizadora la estaba
entrevistando habló de
su matrimonio, su amor
de toda la vida Pedro
Vizcaíno y Belkis
comprendió que aquello
no formaría parte de su
documental sobre la
guerra civil española,
pero sí le serviría para
una historia de grandes
valores humanos y siguió
filmando las imágenes.
En 1985 estrenaría su
obra de 10 minutos
María Luisa. De todo esto conversó la
cineasta con un grupo de
amigos de María Luisa en
la Sala Caracol de la
Unión de Escritores y
Artistas de Cuba. Contó
que la combatiente no
quería esa obra, pero
logró que al verla
quedara satisfecha y
autorizara su
divulgación. “Es un
canto —dice Belkis— a la
fidelidad y al amor que
sintió esa mujer
singular”
La poeta y Premio
Nacional de Literatura
Nancy Morejón, con la
pasión y ternura que
solo una mujer tocada
por la magia de poesía
puede mostrar, comentó
de su encuentro con
María Luisa, sus
enseñanzas y cómo un
grupo de sus compañeros
hicieron de los
encuentros con la
maestra y pedagoga una
suerte de intercambios
inolvidables en los que
guerra, revolución,
matrimonio, hijo, amor,
España, se daban la mano
para ilustrar a los
participantes de
aquellas charlas.
Pedro Vizcaíno, el hijo
de los dos guiteristas,
combatientes en la
Guerra Civil Española y
en la clandestinidad en
Cuba, habló de su madre
(que este año llegaría a
centenaria) como lo
hacen los vástagos
formados a golpe de
ejemplo y entrega por
parte de sus
progenitores.
Había dos estudiantes
universitarios,
dirigentes de la FEU
(Federación Estudiantil
Universitaria) que
aprehendieron una faceta
más de la vida en su
centro docente, lleno
del recuerdo de la
cubana nacida en Madrid,
que junto a Tina Modotti
cuidó a Dolores
Ibárruri, la Pasionaria,
en momentos en los que
la legendaria luchadora
estaba enferma y podían
matarla.
Otro original poeta,
también Premio Nacional
de Literatura y
presidente de la UNEAC,
Miguel Barnet, compartió
la tarde de recuerdos
sobre la mujer que
simboliza como pocas el
espíritu
internacionalista
cubano.
El pretexto para la
reunión de amigos fue
ver, algunos por primera
vez, el documental
María Luisa y
recordarla con esa
fuerza que ofrece la
imagen en movimiento. No
pudo ser: razones
técnicas lo impidieron,
pero es tan fuerte su
presencia entre sus
descendientes y amigos,
que allí estaba, como
cuando contó:
“Siempre me gustó
treparme en los caballos
y salir corriendo y
corriendo… Con solo
siete años empecé a
tirar con escopeta de
motas, unas balitas
pequeñitas y
punteagudas, con una
motita atrás. Con el
tiempo papá me adiestró
en el manejo de las
armas. Él había sido
campeón de tiro. Me
enseñó a tirar con
perdigones, con balines
y, luego, con todo tipo
de armas. Eso me sirvió
muchísimo en la Guerra
Civil Española donde se
necesitaba tirar y tirar
bien.
“Después que mataron a
papá, continuamos solas
mi madre y yo. Nos
mudamos para San Miguel
y San Nicolás, en Centro
Habana, cerquita de mi
actual casa y del
malecón habanero. El
apartamento era grande,
tenía como ocho o nueve
habitaciones y sirvió de
refugio para muchos
revolucionarios,
estudiantes, líderes,
como Menelao Mora,
Ramiro Valdés Daussá y
otros que andaban
huyendo”.
“Vizcaíno fue mi único
amor, con quien compartí
alegrías y penurias. Era
muy cariñoso conmigo.
Floro Pérez Díaz —uno de
los jefes de Acción
Directa de los
estudiantes en la
Universidad de La
Habana—, y Pedro habían
estado presos tres veces
cuando el Machadato. Eso
fue antes de que yo lo
conociera. Pedro vino
muchas veces a casa,
algunas huyendo de la
porra machadista,
integrada por matones a
sueldo. Cuando el
atentado a Arsenio
Ortiz, un tipo de la
peor calaña, un asesino
sin escrúpulo, cae
preso. Lo envían a Isla
de Pinos y allí conoce a
Pablo de la Torriente
Brau. Los dos hicieron
una verdadera y profunda
amistad.”
“Salimos de Cuba en el
vapor Orbita.
Contra Pedro había una
orden de detención y
eso, en aquella época,
era muerte segura.
Llegamos en abril de
1935. Casi a la semana
de estar en Madrid, lo
primero que hicimos fue
fundar la Asociación de
Revolucionarios
Antimperialistas
Cubanos, fíjense la
frase, esa asociación la
fundamos Pedro Vizcaíno
y yo, y a los pocos días
empezaron a llegar
adhesiones. Se sumaron
muchísimos compañeros
para el ejecutivo:
Moisés Raigorovski,
Alberto Sánchez, Wifredo
Lam y otros
revolucionarios
puertorriqueños, también
exilados. En aquella
época el Socorro Rojo
Internacional estaba
dirigido por Vitorio
Vidali, el comandante
Carlos y por Tina
Modotti, con la cual
participé como enfermera
en la guerra. Tina y yo
nos llevábamos como dos
hermanas. Vidali y Tina
llevaban en España
apenas un año cuando
nosotros llegamos y les
contamos sobre la
situación de Cuba, lo
que estaba pasando, la
intromisión del
imperialismo yanqui...
Tina nos dijo que nos
pondría en contacto con
María Teresa León, la
compañera de Rafael
Alberti, pues ella había
creado una organización
que se llamaba Ayuda,
que tenía una gran
representación política;
la integraban
comunistas, socialistas,
troskistas, anarquistas,
gente de izquierda,
progresista; había
escritores, cineastas,
en fin, intelectuales
que estaban contra el
fascismo…”
Y
así pudo haber seguido
con los detalles de
España, la lucha
clandestina en Cuba, el
trabajo con el Che, el
vínculo con
organizaciones
revolucionarias del
continente, su gran amor
por Pedro, el piano, la
música, los dulces que
hacía para los niños del
barrio, sus perros… toda
esa vida que hoy llega a
la centuria sin estar
borrada por la muerte. |